Seguidores

PRIMER LIBRO LOS JUEGOS DEL HAMBRE CONTINÚAN

Hola a todos, queridos lectores.
En esta página (HOY DOMINGO 22/09/13 ACTUALIZADA) podéis leer el primer libro del blog ‘los juegos del hambre continúan’. Se ha decidido dividirlo en dos los la extensión. Aquí encontraréis la historia según ha sido publicada. Ahora mismo estamos revisando toda la historia, releyéndola y reescribiendola, cambiando las increíbles faltas de ortografía que cometo al querer escribir rápido para publicar etc... lo cual nos llevará unos meses. También alargaremos los capítulos y los dividiremos como realmente se haría en un libro normal, además de seguir un nombre y de ponerle su título correspondiente a cada uno. Cuando esto finalice, se pasará a PDF para uso y disfrute de aquel que quiera leerlo.
P.D: el primer libro consta de una extensión de 238 hojas de Word, lo que equivale más o menos a 476 páginas de un libro normal.
Un saludo enorme,
Andrea Carrillo
***


Habían pasado casi veinte años desde que el Capitolio había caído… Cinco años exactamente tardó Peeta en convencer a Katniss para tener hijos. La primera fue una niña, una niña hermosa, más hermosa aún que su madre. Diez años después tuvieron a Gale, la idea de ponerle ese nombre no fue de Katniss, Petaa quiso hacerlo desde el principio. Katniss y Gale no se hablaban desde su encuentro después de la muerte de Coin. Un día Peeta tuvo que dejar el distrito 12 porque llevaba una semana sufriendo flashback mucho peores de los que sufría con normalidad, al principio pensaron que no se recuperaría pero Haymitch pensó en mandarlo de nuevo a hacer terapia. Viajó al distrito 2 para empezar sus pruebas, apenas dos días después de su llegada se encontró con un viejo conocido, Gale. Pasaron varias horas sin hablarse pero al final Peeta no aguantó y se lo preguntó. “¿Por qué? ¿Por qué la dejaste?” Al principio Gale dudo, pero no tardó mucho en comprender que decir por qué lo hizo no iba a arreglar nada, y tampoco a estropearlo. “Cuando la bomba estalló comprendí que había perdido a Katniss, no tuve nada que ver con la bomba, ni siquiera sabía que Coin planeaba usarla, pensé que si se lo explicaba a Katniss me perdonaría pero luego recapacité. Ella jamás podría separar el momento de la bomba de mí, yo invente la bomba que mató a su hermana… Si me quedaba, si luchaba por ella, lo único que le haría es daño. Quiero decir,  verme le recordaría a Prim, eso haría que sufriese y yo no podía verla así. Lo mejor era retirarme, dejarte ganar, dejarla vivir.”  Peeta al principio se sintió un poco mal, pero él no habría dejado de luchar por Katniss. Le contó que estaban bien, que les costó superarlo todo, que había mañanas en las que Katniss no sonreía, y había otras en las que volvía del bosque y se preguntaba cómo estaba Gale. Le contó también que Katniss estaba embarazada, en un principio pensaba no decirlo, pero pensó que evitar la noticia dadas las circunstancias era una tonteria y cuando lo dijo Gale dejo de sonreír, aunque al final se alegro por ellos. “Yo siempre quise formar una familia, me alegro de que Catnip se decidiese a formar también una”

Pasaron unas semanas y mandaron de nuevo a Peeta a 12, cuando le recibieron lo hicieron de una manera especial. El parto de Katniss se adelantó y un nuevo miembro en la familia esperaba a su padre. Cuando llego vio a Katniss como nunca la había visto, la vio como el día que canto en clase cuando solo eran niños, la sonrisa de Katniss prometía una nueva vida, prometía un futuro.

Pasaron cinco años desde la caída del Capitolio, desde la muerte de Finnick,  de Coin, de Prim… de tanta gente, pero también pasaron cinco años cuando Katniss decidó seguir adelante, y lo hizo, con su primera hija. Cuando la llevaba dentro Katniss sintió que podría haber acabado, que podría empezar de nuevo su vida, junto a Peeta. La niña nació nueve meses después, bueno algo menos de nueve meses, y fue como un faro de esperanza, el 12 lo festejo a lo grande, incluso el tío Haymitch como le llamaban ahora dejó la bebida para jugar con la pequeña. Sí, todo cambio cuando Amy nació. Annie volvió al 12 con Finnick, su hijo, que ya tenía cuatro añitos para celebrar el nacimiento. Todo iba genial, la vida prometía un nuevo futuro y todos lo cogieron con muchas ganas. El libro de los recuerdos empezó a crecer, su primer viaje al distrito 4, a la playa, cuando Annie les invito a pasar el verano antes de que Amy naciese. Los primeros pasos de la pequeña, la primera carrera, el primer cumpleaños, la primera palabra, el primer día de clase, el primer arco, fotos de todos juntos de nuevo, de reuniones de tributos, de amigos. Y otro gran recuerdo vino diez años después con el nacimiento de Gale. Katniss y Gale se reconciliaron cuando él apareció con Peeta el día que volvía del distrito 2, en realidad les llevo un par de días, pero cuando se encontraron en el bosque... volvieron a cuando tenían 12 años, y simplemente ocurrió, ahora son como antes, amigos, los mejores amigos. Cuando le preguntó a Peeta que nombre quería ponerle al niño, Gale entró por la puerta y Peeta lo dijo, quería llamarlo Gale. Katniss no se negó para nada, pues que su hijo llevase el nombre de su mejor amigo era más de lo que hubiese imaginado nunca. Peeta lo hizo por una razón, porque gracias a él estaba con Katniss, no solo porque se fue al 2 sino porque años atrás le había salvado la vida, y aunque a ambos les costaba reconocerlo con el tiempo las heridas se curan y sus celos se fueron apagando poco a poco hasta que un día ya eran amigos. Aún así a veces las miradas de Gale cuando le veía con Katniss hacían ver que aunque es imposible olvidar, a veces merece la pena intentarlo por la persona a la que quieres o un día quisiste.

Pasaron otros cinco años tranquilos y la vida era perfecta. De vez en cuando una pesadilla de los juegos aparecía, o un mal recuerdo como la muerte de Prim, Rue, Cinna desaparecido… pero todo se arreglaba con un abrazo de sus hijos, un dibujo que traían del colegio, una tarde en el lago o un ramo de flores que recogían por el camino. Si, había juegos horribles pero todos los juegos acaban con un vencedor, y esta vez ellos habían ganado. Pero ahora habían pasado casi veinte años desde que el Capitolio había caído, y la historia se repetía. Todo empezó una mañana en la que todas las televisiones de los distritos, del capitolio se encendieron para dar una noticia.

- Bienvenidos a la televisión del nuevo capitolio, o antiguo, depende como lo miréis, si lo habéis oído bien. No acabasteis con todos rebeldes, nos ha llevado veinte años, y nos hemos recuperado, ¿no es así Clover?
-Así es querido amigo, veinte años sin juegos, ¿cómo lo habéis soportado?
- Yo lo he llevado muy mal Clover, pero eso se ha acabado, ¿no echáis de menos a nadie vencedores?
- Así es, podéis buscar, en la cama, en el colegio o por toda casa, pero no lo vais a encontrar. Un hijo y una hija de cada vencedor de todos los distritos ha sido traído hasta aquí, tranquilos solo hemos cogido dos por distrito ¿recordáis las reglas no? Un chico y una chica de cada distrito, ¿por qué no hijos de vencedores esta vez? Para recordaros quien es realmente el Capitolio.
-Clover resulta que había un distrito en el que hemos tenido que coger hermanos ¿no?
-Sí, no queríamos hacer luchar hermanos entre sí, pero el distrito 12 es el único que no nos ha dado otra lección ya que solo había una pareja de vencedores con niños. Aunque nos hemos levantado de la nada, no hemos conseguido todavía una población. Tenemos edificios, hospitales, esto es como el Capitolio pero en pequeño, eso sí, lo primero que construimos fue la Arena, no os molestéis, no podréis encontrarla.
-Exacto Clover, tendremos población cuando acaben los juegos, hay muchos distritos a los que someter. Pero tal y como lo has dicho no hay población, por lo tanto no hay patrocinadores. Las reglas cambian un poco en estos Juegos del Hambre, sin patrocinadores los niños tendrán que arreglárselas solas, y no solo es eso, Clover que tal si les explicas como va a ir todo.
-Bueno básicamente ya lo saben, no hay patrocinadores, no hay ayudas. Pensamos en traer a los padres para que hiciesen de mentores pero nos pareció cruel y pensamos que era mejor que lo vieses desde casa, sin poder hacer nada. Sí, eso es aún más cruel, al parecer tal y como queríamos. Tranquilos el año que viene saldrá a sorteo, este año no podíamos permitirnos perder así el tiempo. Pero no nos vamos a entretener más, seguramente queráis conocer a los tributos de los, Septuagésimo Sexto Juegos del Hambre.
- Empezaré con la lista Clover, distrito 1, Alexia y Chad; del distrito 2 Cathy y Austin; del distrito 3, Evelyn y Colin; del distrito 4, Tedy y, vaya este chico seguro que lo conocéis todos, sus padres sufrieron una, llamémosla trágica historia de amor, Finnick; del distrito 5, Gisele y Joel; del distrito 6, Taylor y Loriyn; del distrito 7, Annick y Brendon ; del distrito 8, Gina y Rue, la segunda que aparece en los juegos, trágico el final de la primera Rue, esperemos que no se repita; del distrito 9, Madge y Parkert ; del distrito 10, Jennifer y Lauren; del distrito 11, Zoe y William; del distrito 12, vaya me encanta este distrito lleva 22 años contando historias increíbles, hoy os traemos otra historia que contaréis en el futuro, Amy y su hermano pequeño Gale; y por último, pero no menos importante, donde se llevo acabó todo, donde empezó la destrucción del capitolio, del distrito 13, Caly y Black. Una última sorpresa, desde el Capitolio, la mismísima hija de la presidenta también participará en los juegos.
- Esos son todos Clover, nos veremos en unos días. Ya no hay vuelta atrás. Los juegos van a comenzar. Los tributos deben salir a la Arena y luchar por sobrevivir. Ganar significa una nueva oportunidad, perder significa la muerte segura... ¡Que empiecen los Septuagésimo Sexto Juegos del Hambre! Y que la suerte esté siempre de vuestra parte.

Las televisiones se apagaron, un silencio invadía Panmen, el mismo silencio que hace treinta años acompañaba la cosecha. En todos los distritos los vencedores lloraban, en el 12 una madre dio un grito. Un grito desolador, un grito que hizo que el fuego se apagase, y un "NO" que hizo que las pocas llamas que quedaban en el corazón del Sinsajo, se apagasen por las lágrimas que ahora caían por sus mejillas.  En un principio Katniss Everdeen, no quería tener hijos, Peeta la consiguió que accediese porque al fin y al cabo el Capitolio se había hundido, nada podría hacer que los Juegos se repitieran, nada excepto lo que acababa de ocurrir esa tarde.

-Katniss mírame, mírame, los vamos a sacar de allí ¿vale? – gritaba Haymitch, un grito que se oyó por todo el distrito, pero la persona que tenía que escucharlo estaba demasiado concentrada en sus lloros, odiando demasiado como para entender nada de lo que los demás le dijesen - Escúchame Katniss, no dejaré que les pase nada, te juro que los traeré de vuelta, os sacamos una vez de la Arena, podemos sacarlos a ellos.
- Haymitch ¿cómo vas a hacerlo? Necesito ayudar, necesito hacer algo, mis hijos…
- Peeta, escucha, Annie y Gale van a venir en un tren, tardaran un par de días, cuando lleguen encárgate de Annie, está sola, solo tenía a su hijo y también se lo han llevado. Gale se quedará unos días ayudándoos y después volverá al Capitolio conmigo, allí ya están planeándolo todo, contamos con la ayuda de todos los distritos y sobre todo con la de la presidenta, ya que tienen a su hija. Peeta vamos a sacarlos, losSeptuagésimo Sexto Juegos del Hambre no van a empezar. Mirame, ahora debes ser fuerte, Katniss siempre lo ha soportado todo, ahora te toca a ti cuidar de ella ¿vale? Yo no puedo encargarme esta vez Peeta, no estaré detrás de la pantalla, ahora tengo que encontrar a vuestros hijos.
-Vale Haymitch, pero tráelos de vuelta.
- No lo dudes Peeta, no lo dudes.

Pasaron tres días, Gale y Peeta cuidaban de Katniss, la chica en llamas que sobrevivió a dos juegos, a una guerra, a la muerte en persona, lo único que hacía falta para hundirla era quitarle lo que más feliz le hacía, y lo habían hecho. A Annie le pasaba algo parecido, ella no hablaba, se limitaba a sentarse y mirar al frente, tal y como lo hizo cuando volvió de los Juegos, pero esta vez Finnick no estaba allí para sostenerla y su hijo tampoco.
Las vidas que habían construido, en un segundo habían sido derrumbadas. Su caída fue tan rápida como el Capitolio.
Los días pasaban, Gale ya se había ido para formar parte del rescate, en la televisión daban buenas noticias, decían que ya estaban más cerca de conseguirlo. Pero al igual que cuando Peeta fue rescatado del Capitolio, el único que era capaz de contarle a Katniss la verdad era Haymitch llamaba de vez en cuando para decir siempre lo mismo, no había cambios, era imposible localizarlos.
Un día Gale llamó, le explicó a Peeta que habían decidido recorrer los alrededores de Panmen a ver si encontraban algo, cualquier cosa que pudiera ayudarles, le pidió que cuidase de Katniss y le dijo que harían lo que pudiesen. Y aunque en realidad no tenían esperanzas, le prometió que les encontrarían. Su voz temblaba, cualquiera que le hubiese oído lo habría notado, lo de localizarles estaba siendo mucho más difícil de lo que habían esperado. Cuando colgó un grito se oyó el salón. Katniss había gritado de nuevo, cuando Peeta llegó lo comprendió todo. E ya no era la misma de siempre, le quitaron a su hermana, su madre se fue, vio morir a sus amigos por ella, aún así lo superó, lo superó todo pero estaba vez no iba a levantarse, esta vez no tenía más fuego, no tenía más fuerzas, no tenía más esperanzas, no tenía ganas de luchar. Quería levantarse, presentarse en el Capitolio y hacer lo que hubiese hecho hace veinte años, ser el sinsajo, realmente quería hacerlo, pero no podía, no podía despegarse del teléfono, de la televisión, porque ahora sabía por qué lloraba su madre al verla en los juegos y porque ella lo había vivido dos veces, y es una herida que ni siquiera el tiempo consigue curar.

-Por fin nos vemos de nuevo Clover, ¿qué tal si empezamos con el programa de hoy?, las entrevistas a nuestros queridos tributos, dos minutos por entrevista, eso es poco tiempo, nuestros tributos deberán aprovecharlo si quieren decirle algo a sus familias.
La entrevistas empezaron, una a una iban empeorando, algunos niños lloraban por miedo, otros prometían venganza y otros pocos contentos de estar allí porque sentían orgullosos de poder demostrarle a todos que ellos eran tan fuertes como sus padres.

- Colin, del distrito tres, pasa, siéntate, bienvenido.
-Muchas gracias Clover.
-Vaya se echa de menos una respuesta tan… amable
- Si, por aquí la gente ha perdido bastante las posturas ¿no es así?
- Vaya, vaya, este chico sí que merece la pena, si hubiese patrocinadores te aseguro que te los hubieses ganado.
- Si pero Clover ¿no los hay verdad? Una pena, la verdad es que puedo caer muy bien.
- Bueno eso puedes demostrarlo con tus habilidades, para las puntuaciones, no te ayudará con los patrocinadores porque no hay pero sí te ayudará a darle esperanzas a tu familia.
-Cierto, pero no hace falta, mi madre sabe que voy a luchar por estos juegos. Mi padre murió en la guerra por salvar l Sinsajo, yo no la debo nada, será un placer ganar a sus hijos.
-Esto sí es un buen tributo. Señores, Colin, del distrito 3. Y ahora por favor que pase la joven del distrito 4.

Katniss no sabía qué hacer, y Peeta tampoco, se limito a abrazarla, como hacia las noches de pesadillas, por desgracia esta pesadilla era real y por el momento no había forma de pararla. Le recordó que no era culpa suya, que gracias a ella la gente ya no moría de hambre, que el sinsajo era la esperanza, pero nada servía para animarla. Un poco antes de acabar la entrevista de la chica del 4 Annie habló, después de casi una semana, lo único que pudo decir fue, ahora viene mi hijo. Katniss se levantó, y se sentó a su lado, “todo saldrá bien Annie”. Fue lo único que se atrevió a decir, aunque no lo creyese, aunque no lo pensase, debía ser ahora el sinsajo, debía ser fuerte y dar esperanzas a Annie aunque solo fuese un rato, porque su amigo Finnick lo hubiese querido así.

-Bien, bien, la entrevista no ha ido como esperaba, si esto fuese la Arena, esa chica me hubiese matado. Ahora demos paso a nuestro siguiente tributo, Finnick, del distrito 4.
-Hola Finnick ¿qué tal está tu madre?
-No creo que muy bien
-¿Quieres a tu madre?
-¿Acaso no quieres tu a la tuya? Mi madre es lo más importante para mí, ella ya lo sabe.
-Una respuesta un poco seca, cambiaré de tema. Eres un chico muy guapo al igual que lo fue tu padre, de 19 años, eres el sueño de cualquier chica, seguramente deseado por muchas y además famoso, tus padres fueron ambos vencedores, seguro que tienes a muchas chicas detrás de ti. ¿Hay alguna especial?
- Bueno, no creo que el que mis padres hayan pasado por este infierno aporte nada bueno a sus vidas y sinceramente, no estoy aquí para hablar de chicas. En realidad no estoy aquí para nada productivo, tan solo me han secuestrado. Estos Juegos son estúpidos, lo fueron hace años y lo siguen siendo.
-Y además tiene es gracioso, si quisieses podrías mostrarte como eres en realidad, estoy seguro de que caerías genial.
-Ya caigo genial a la gente que me importa, no me interesa caerte bien a ti.
- Sí, supongo que no estamos aquí para hacer amigos. ¿Qué piensas hacer en estos juegos? ¿Vas a ganar?
-No, no voy a hacerlo, en un principio no iba a jugar, iba a esconderme y esperar a que todo acabase.
- Eso parece que va seguido de un pero ¿me equivoco?
-Sí que va seguido de un pero, no iba a luchar, pero entonces vi a una amiga entro los tributos. Así que he decidido que si voy a luchar, pero voy a hacerlo para salvarla, no para dar espectáculo.
-Finnick para serte sincero, no me importan tus motivos, lo que queremos es ver como os matáis entre vosotros.

Ese comentario fue exactamente lo que describirían los Juegos, un comentario que a Finnick no le sentó demasiado bien. Se levantó y se fue, Clover dio paso a su siguiente tributo.

Me quedé un rato pensando, callada, analizando la situación. Ya sé quién era Finnick, es el hijo de Annie, la amiga de mis padres. Después de Finnick no merece la pena contar las entrevistas, uno detrás de otro los tributos salían, algunos lloraban y suplicaban volver a casa, seguramente no duren mucho en los Juegos o tal vez su estrategia sea parecer débiles. Contaré una entrevista que sí que me hizo abrir los ojos y ver que estos Juegos eran reales, la anterior a la mía.

- Y antes de dar paso a la chica que seguramente todos estéis esperando, que pase William, del distrito 11.
-Hola Clover, un placer.
-Vaya, otro chico bastante educado, eso está bien, es todo un placer.
- Muchas gracias, aunque debo decir que para mí no es ningún placer estar aquí, soy educado porque me lo enseño así mi madre, aun así sigo pensando que sois despreciables.
-Eso me ha dejado helado, bueno si querías impresionar a alguien, lo has conseguido. Y bien, ¿vas a luchar por sobrevivir?
-Sí, creo que en realidad, todos acabaremos luchando por nuestras vidas, para volver a casa.
-Genial, eso está muy bien. Te voy a poner un ejemplo, imagínate que tuvieses que luchar con la chica de nuestra próxima entrevista, se llama Amy, es del 12.
-Bueno, para ser sincero creo que eso no va a ocurrir, la he visto antes,  una insignificante y débil chica como ella no dudará mucho en estos Juegos, y mucho menos si intenta proteger a su hermano, aunque no la culpo, yo también actuaría así en su lugar.
-Sí señor, menuda respuesta, bueno demos paso a nuestra siguiente tributo, Amy, del distrito 12.

Mientras caminaba con mi hermoso vestido hasta aquel sillón pensé en muchas cosas, pero cuando los ojos de William y los míos se cruzaron, su mirada me hizo quedarme en blanco, esos ojos verdes, sus palabras resonaban en mi cabeza, ¿tan débil parecía? No me conocían en realidad. Me recordé a mi misma que debía ser fuerte, como mi madre, ella caminaba con un vestido precioso hacia la entrevista años atrás. Su estrategia era caer bien, ahora sé cuál sería la mía, parecer dura, fría, todo lo contrario a insignificante, tenía que impresionarlos, tenía que demostrar que era hija del Sinsajo.

-Y aquí esta, la hija del Sinsajo, la chica a la que todos esperábamos impacientes, la hija de la chica en llamas, Amy del distrito 12. Bien, ¿qué espectáculo vas a ofrecernos?
-Oh, muy fácil, empezaré por conseguir un cuchillo, después me escapare de la asquerosa habitación donde me retenéis y a continuación iré a por ti, y tu hermoso cuello Clover sufrirá algún que otro daño, pero tranquilo, no es nada personal.
-Después de esa respuesta me da algo de miedo seguir preguntando, lo mejor sería que me separase un poco ¿no crees?
- No tranquilo, al fin y al cabo soy una chica débil e insignificante. Aunque si lo pensamos mejor, mi madre hundió tu querido Capitolio, tal vez si deberías separarte, el fuego se extiende ¿lo sabías?
- Sí, desde luego eres hija de Katniss, lo has heredado todo de ella, bueno en realidad tu eres mucho más guapa, eres preciosa, preciosa y fría, tu madre se mostró más amable en sus entrevistas no sé si alguna vez las has visto.
-Ya bueno, no hay patrocinadores, no merece la pena esforzarme, y aunque no lo creas soy dulce, amable y encantadora, solo me porto así con la gente que me produce nauseas, y vosotros me provocáis eso exactamente.
-Genial, seguramente esto no ha sido un cumplido, te voy a hacer una pregunta, ¿Qué te parece que tu hermano esté aquí?
-Es genial, sí, ver como un niño de cinco años lucha a muerte con 26 tributos mas y uno de ellos se hermana. – mi respuesta le impresiona, y no es de extrañar, pero sigo hablando, porque mis padres me están viendo y debo demostrarles que no pasará nada malo, que seré fuerte, como ellos- Que me preguntes eso me parece asqueroso, disfrutas ¿verdad? Más disfrutaré yo cuando mis padres entren aquí destrozándolo todo, pero no te preocupes, pediré que no te toquen.
-Vaya ¿en serio? Muchas gracias preciosa.
-No me las des, prefiero que lo hagas cuando estés de rodillas pidiéndome que no te mate.
-No puedes levantarte todavía, la entrevista no ha acabado, ¿me oyes? ¡vuelve aquí ahora mismo!
-Mire Clover, obedecer no es mi objetivo en este momento, y yo si he acabado con la entrevista, igual de acabado que estarás tu cuando Panmen nos localice. Y si espera que le dé un buen espectáculo, está muy equivocado, yo no voy a jugar en estos juegos. No voy a dar vueltas para que vea como mi vestido se envuelve en llamas, mi fuego lo demostraré cuando el Capitolio se hunda de nuevo.

Me fui, no pensé en nada más que en alcanzar a mi hermano, y en quedarme allí hasta que terminase su entrevista, la cual se me hizo eterna.

-Esto no ha sido exactamente lo que esperaba, estoy Juegos están llenos de sorpresas, los Juegos en si son una sorpresa. Ahora, demos una gran bienvenida a Gale, nuestra más preciada joya, distrito 12, ¡adelante!
-Hola- una voz de niño pequeño resonó en todas las televisiones de Panmen.
-Hola pequeño, ¿cuántos añitos tienes?
-Tengo ya cinco años, ya soy un niño grande
-Cinco años, si que eres grande, dime ¿sabes que haces aquí?
-Sí, mi hermana me ha contado que vamos a jugar a un juego.
-¿En serio? Y ¿a qué juego te ha dicho que jugamos?
- Me ha dicho que es muy divertido,  cuando un jugador toca a otro tiene que hacer como si estuviese muerto, y el ganador se lleva un premio enorme.
-Sí, tu hermana te lo ha explicado muy bien, asique no puedes dejar que te toquen.
-No, mi hermana me a enseñar a esconderme muy bien para que no me encuentre nadie.
-Y dime Gale, ¿echas de menos a alguien?
-Si, a mi mamá y a mi papá, pero mi hermanita me ha dicho que pronto voy a irme a casa.
-Eso esperamos Gale, ya puedes volver con tu hermana, tu entrevista ya ha acabado. Y que entre el próximo tributo.

Cogí a mi hermano aferrándome a él como si nadie más existiese, entonces dos agentes de la paz nos separaron y vi como se lo llevaban. Me solté, gritaba su nombre pero cada vez venían más agentes, aún así seguía luchando para volver con mi hermano, y lo hice hasta que me durmieron. Una jeringuilla se introdujo en mi brazo, y lo único que vi antes de caer al suelo fue a un chico de ojos azules, gritando que me dejasen. Lo siguiente que recuerdo es estar encerrada en una habitación, me sentía algo débil pero no tarde en recuperar mis fuerzas, solo me hizo falta acordarme de mi hermano y ya estaba dando golpes en la puerta, gritando que me dejasen salir. Una hora o dos después un agente abrió la puerta, y me dijo que le siguiese. No estaba en posición de discutir así que le seguí como me dijo. Me llevo hasta una sala enorme la cual reconocí en seguida. La sala para entrenar, eso significa que en menos de una semana estaría en la Arena. Nunca me había sentido tan nerviosa. Me quede parada en frente de esa sala, ni siquiera note que el agente se había ido. No calculé cuanto estuve parada, observando, solo sé que me despertó él. Agarro mi mano con fuerza y me susurro al oído.

-No es tan malo, ven –me llevo al centro de la sala- puedes practicar con lo que quieras, esa máquina es para que aprendas que plantas puedes comer, allí puedes aprender a hacer fuego, también hay cuchillos, espadas y tiro con arco, para camuflarse, para escalar, arboles para trepar y allí esta mi favorita, es donde se aprende a hacer nudos, aunque eso también puedo enseñártelo yo. Soy Finnick, tal vez no me recuerdes, solo tenías dos años cuando nos conocimos, aunque yo jamás podría olvidarlo.
-No lo recuerdo –mi voz era un hilo-yo... gracias pero tengo que buscar a mi hermano.
-Tranquila, hace un día que estamos practicando en esta sala, solo paramos para comer y dormir. Le he enseñado a hacer nudos, y ha aprendido las bayas que puede comer, pensé que podría ayudarle en la Arena. También ha aprendido como sobrevivir, pasamos dos horas en aquel puesto, son cosas básicas pero pensé que podrían servirle, además no sabía cuando vendrías, pregunta mucho por ti, tenía miedo de que te hubiese pasado algo.
-Gracias, no sé cómo agradecértelo, podrías haber aprovechado tu tiempo para practicar ¿por qué lo has hecho?
-Porque me importa… –su voz se paró de repente- porque yo no voy a jugar, si quieres agradecérmelo sigue viva, a mi también me tenias preocupado.

Cuando se fue pensé que si que tendré que jugar, si quiero salvar a mi hermano tendré que luchar. Él ya había hecho suficiente, me tocaba a mí ocuparme de mi familia. Fui hacia el puesto, mi hermano pequeño sabía hacer más nudos de los que yo había imaginado, tal vez Finnick no bromeaba con que podría enseñarme. Me consto mucho que dejase de preguntar, como cualquier niño pequeño quería saberlo todo. ¿Dónde has estado? ¿Cómo es el premio? ¿Cuándo empieza el juego? ¿Para qué aprendemos estas cosas? Cada respuesta que le daba era otra mentira, una tras otra, no paraba, pero era lo mejor, lo mejor para él era no saber a lo que se enfrentaba. ¿Cómo se le explica a un niño lo que está ocurriendo? Hay 27 tributos, solo uno vive, estoy perdiendo la esperanza de que logren encontrarnos, tocará luchar de verdad. El tiempo de luz está acabando, las sombras han vuelto. Debo cerrar los ojos y esperar a que todo pase, solo es una pesadilla. Pero cuando despierto sigo allí, si no puedo volver a casa, haré que mi hermano lo haga. La guerra vuelve a aparecer, el fuego se propaga, si estos Juegos siguen, si entramos en la Arena no habrá marcha atrás. Será solo vivir o morir, matar o rendirte, volver a casa o cerrar los ojos hasta que todo pase. Lo que necesitamos es mostrar que la luz no se ha apagado, que no hay suficientes sombras. Que hasta unos niños son más fuertes que ellos. Igual que lo hizo Haymitch, como lo hizo mi madre, como hace veinte años. Solo tengo que encontrar la manera, si quieren unos juegos inolvidables, hare que los tengan, pero primero tengo que poner a salvo a mi familia.

Han pasado tres horas, Gale casi lo consigue ya, casi ha aprendido a trepar un árbol. Eso lo ayudará a seguir, a salvarse, si yo fallo el podrá seguir. Aprenderá a esconderse también, y podrá sobrevivir aunque sea pequeño, Finnick le ha enseñado que comer, podrá conseguir bayas, sabe cómo encontrar agua, como buscar un refugio, aunque me encargare de todo eso antes de… bueno antes de morir. Algo me rescata de mis pensamientos, alguien me agarra del brazo, como la otra vez.

-Ey, deberías descansar, come algo y luego practica, si tu no sobrevives dudo que él pueda hacerlo.
-No puedo Finnick, ni si quiera puede trepar, esto no va a salir bien.
-Sí, si va a salir bien, además si tu fallas me tiene a mí, le llevaré de vuelta a casa, te lo prometo.
-Es mi responsabilidad, no puedo dejar que des tu vida para salvarle.
-Eso lo decidí hace mucho, es mi vida, yo decido como hacer mi juego Amy, vete a comer y después practica, yo le enseñaré a subir este árbol, ¿a que sí pequeño?

Cuando mi hermano asiente me rindo, Finnick es demasiado bueno, pero también es cabezota, decido comer algo, la verdad es que me muero de hambre. Miro atrás y veo que Finnick y Gale se llevan muy bien, supongo que ahora es como su hermano mayor, ya que su hermana ha estado ocupada metiéndose en líos. Cuando estemos en la Arena será diferente, Finnick ya no será un amigo y si quiere serlo no lo dejaré, no puedo dejar que se arriesgue por nosotros y ahora mismo estar a mi lado es como sujetar una bomba que no sabes cuándo va  a explotar. Camino hacia la comida, pero cuando voy por mitad de la sala, tres personas impiden que siga, puedo reconocerlas de las entrevistas, uno es Colin, Cathy y Austin, del 3, le acompañan. Veo un arco unos cinco metros más adelante, podría ser mi salida si la aprovecho. Finnick está demasiado lejos, ocupándose de mi hermano como para oírme, lo que en parte me alegra, no quiero meterle en más lios, tal vez ser amigo de Colin le ayude a sobrevivir asique mejor será no buscarle enemigos.

-Dejadme pasar ¿vale?
-Y que vas a hacer, como era… - su tono burlón me pone enferma- tu cuello sufrirá algún daño Clover.
-Tio, Colin dejala en paz – lo reconozco, es Joel
-Vaya te ha salido un defensor
-Joel, déjalo. ¿Te hace gracia Colin? ¿Quieres que le pase lo mismo al tuyo? –me giro a la niña que está a la derecha de Austin y al principio se asombra- Y tú qué Cathy ¿te ha salido un defensor? ¿Es lo mejor que se te ocurre? Tendréis que hacerlo mejor si queréis sobrevivir al primer día.
-¡Suéltala Austin! –esa voz… insignificante y débil niña…
-¿Qué pasa William? ¿Quieres problemas?-Austin me suelta el brazo y puedo comprobar cómo se desvanecen las marcas rojas
-Problemas tendrás tú en la Arena cuando suene la señal y vaya directo a por ti.
-Se acabó, William, Joel, no quiero meteros en líos, pero gracias – dudan un segundo pero cuando asiento se van, me alegra saber que no todo el mundo está contra mí, pero no puedo permitir que tengan problemas con Colin, y menos por mi culpa- Colin si tienes algún problema lo arreglaremos en la Arena, ahora apártate.

Me abro paso tranquilamente, pero sé que esto no acaba así, he visto como Colin miraba el cuchillo. Seguramente los padres de Colin eran profesionales, sobrevivirían así a la Arena. En otros tiempos el también lo hubiese sido, era rápido, fuerte y apostaría lo que fuese a que sabía utilizar más de un arma. Voy hacia el arco y cuando llego, sonrío para mí misma. Empiezo a contar hacia atrás. Tres, dos, uno… me agacho, el cuchillo ni me ha rozado. Me levanto cojo el arco y la flecha, me pongo en posición y lanzo, la flecha da justo al muñeco de entrenamiento que tiene al lado Colin, en el centro de la diana.

-Eres muy predecible, Colin. Si no quieres que te pase lo que a ese muñeco- su mirada se desvía y veo una mezcla ente el miedo y asombro en sus ojos- será mejor que no me subestimes, no soy tan débil e insignificante como pensáis.

El jaleo que había en la sala desapareció. Todo el mundo observaba. Algunos empezaron a hacer comentarios, reconocí a Joel cuando dejo caer la espada que tenía en la mano por el asombro y la risa de William fue inconfundible. En los ojos de Colin podía verse la furia, la rabia y el odio que me tenía. Al parecer el silencio devolvió a Finnick a la realidad y se acercó a ver qué pasaba, cuando se lo expliqué puso la misma cara que Colin.

-¿Has hecho eso en serio?
-Sí, te dije que no necesitaba entrenar tanto, quizá lo de las bayas me venga bien, y lo de los nudos. Sé luchar, mi madre me enseño a usar el arco de pequeña, nos gusta ir a cazar juntas. Sé que no lo necesitamos, pero cuando vamos al bosque, mi madre cambia, sonríe más y es diferente. Gale me enseño a hacer trampas, no mi hermano sino el amigo de mi madre, es como de la familia, muchas veces se pasa a vernos y me encanta cada vez que me trae una nueva, y luego está mi tío Haymitch, me enseño a luchar con el cuchillo. Al principio nadie quería enseñarme a luchar, y yo quería aprender, a mi padre le costó acceder a que me enseñasen, y a Haymitch también, supongo que no creerían que esto iba a repetirse…
-Entonces hicieron bien en enseñarte, ahora ya sabemos que tu hermano estará a salvo. Come, y después a la maquina a estudiar, de los nudos ya me encargaré yo tranquila.

Su sonrisa me hace pensar que quizás esto no sea tan malo, si salimos de esta habré ganado un buen amigo, y si no salimos habré pasado mis últimos días con una gran persona. Aquellos ojos azules, era como nadar, era como el lago del 12, con mi madre. Cuando miro esos ojos me siento más segura, tranquila, como si nada malo pudiese pasar. Pero son los Juegos del Hambre, un castigo para los rebeldes y 26 muertes para recordar. Esta vez si me siento a comer, hacia días que no probaba nada, el pan olía genial, las comidas que había era tal y como las describía papá cuando nos hablaba del capitolio, cogí el estofado, tenia ciruelas. Estuve comiendo durante dos horas, con calma, porque volver al entrenamiento me devolvería a la realidad, a los juegos y eso no me gustaba. Cuando acabo, me levanto, voy en  busca de esos ojos azules para que me diga algo que me tranquilice, mientras le busco un agente de la paz me agarra y me saca de la sala a la fuerza. Lo último que veo es a Finnick sujetando a mi hermano con fuerza para que no salga corriendo detrás de mí. 

Me despierto en una sala cerrada, tumbada en el suelo. Reconozco esa sensación, me habían vuelto a dormir. Intento ponerme de pie pero me encuentro muy mareada, incluso parezco más débil, no sé cuanto llevo encerrada pero tampoco tengo fuerzas para intentar averiguarlo. La cabeza me da vueltas, me pongo la mano en el estomago porque tampoco me encuentro bien. Agotada, me tumbo de nuevo, esperando que sea una pesadilla y que al abrir los ojos este de nuevo en la sala de entrenamiento, no tardo en dormirme por el cansancio, pero la segunda vez que me despierto, estoy empapada en sudor y no veo unos ojos azules, sino que veo unos grises que me recuerdan a la Veta. La Veta, la echo tanto de menos, yo vivía en la Aldea de los Vencedores pero me encantaba ir allí, a jugar con otros niños, con mis amigos. Mis amigos… lo pienso de nuevo, en todo el tiempo que he estado aquí no he pensado en ellos, sus recuerdos me reconfortan, me tranquilizan, quiero quedarme recordando hasta que vengan mis padres a rescatarnos. El hombre me ayuda a ponerme en pie y me sienta en una especie de banco que hay pegado a una pared. La primera vez que me desperté ni siquiera lo vi, estaba tan mareada que solo levantando la vista sentía que me caia. Se agacha y me mira a los ojos, todavía estoy algo mareada pero ya soy capaz de ver mejor. Tal vez ese señor me saqué de allí, a lo mejor ha venido a ayudarme. Pero no es así, su risa me estremece el cuerpo, empieza a reír una y otra vez, yo no consigo entender nada, pero entonces aparece Clover por la puerta para explicármelo. Me lleva hasta una especie de ducha y me coloca debajo, veo que aprieta un botón y acto seguido las gotas empiezan a car sobre mí, veo como mi ropa está empapada y como las gotas de agua caen por mis brazos. La verdad es que me reconforta, hace demasiado calor y el agua esta fría. No logró comprender que pretenden, así que Clover al ver mi expresión decide explicármelo.

-Hace tres días de la entrevista, al principio pensamos en matarte –mis ojos se abren, ¿de verdad quieren matarme? – te preguntarás para qué es el agua, bueno ayer diste un buen espectáculo con tu compañero Colin en la sala de entrenamientos. Fue entonces cuando vimos que eras nuestra joya, contigo la arena será mucho más interesante. Todos querrán ver como la hermana mayor intenta salvarle la vida a su hermano y además verán como cambias como te conviertes en una máquina de matar.
-Yo no voy a cambiar, en la Arena os demostraré que no sois lo suficiente fuertes para…
-Tranquila pequeña, ahora estoy hablando yo. Siento tener que interrumpir lo que estoy seguro habría sido un bonito discurso pero antes quiero contarte lo que vamos a hacer contigo. Te necesitamos viva, por varias cosas, la primera por el espectáculo, la segunda, para enseñarle a tu madre que todo esto es culpa suya y la tercera, si te matamos, estoy segura de que ese chico... ¿Cómo se llama?- se gira hacia una pantalla y la enciende, reconozco lo que aparece, es la sala de entrenar, enfoca a las mesas donde comemos. Todos los tributos están sentados, pero cuando enfoca, reconozco a dos. Finnick está con mi hermano, todavía cuida de él. Quiero tirarme encima de Clover, quiero matarlo pero los agentes me tienen sujeta – bien, gracias por aclararlo, sabemos que ese tal Finnick haría cualquier cosa por ti, estará bien verlo en la Arena. Lo dejó muy claro en la entrevista, aunque por tu mirada creo que eso tú no lo sabías. El caso es que tengo una buena noticia para ti, no vamos a matarte, pero tampoco podemos dejar escapar tu mal comportamiento. ¿Alguna vez has oído como el Capitolio torturó a Johanna Mason? Pues hoy comprobarás lo que la chica sintió, pero tranquila, solo lo haremos un par de veces, tienes que estar fuerte para los Juegos, no podemos permitirnos ninguna baja ahora.

Mi cuerpo no responde, mis ojos no se abren. El único cambio que noto es que mi expresión se ha endurecido, yo no respondo pero mi cuerpo está intentando recordarme que debo ser fuerte, yo misma lo dije. Rezo para que todo pase rápido, para no notarlo. Solo sé que no me resistí, y que no quise darles el gusto de gritar, aunque no pude evitarlo después de horas en ese sitio.
Noto que estoy tumbada pero no sé nada más, me limito a tener los ojos cerrados y a rezar para que los malos recuerdos se vayan. Sé que pasa el tiempo y que yo sigo ahí, pero es lo único que puedo hacer. Tengo ganas de llorar. Quiero despertarme pero me da miedo abrir los ojos. No sé dónde estoy, cuántos días han pasado. No sé dónde está mi hermano, y tampoco sé si los Juegos han empezado. Tal vez me hayan rescatado y este descansando en casa. La cabeza me da vueltas, mis recuerdos se mezclan y no consigo olvidar lo ocurrido con Clover. Lo único que me devuelve a la realidad es el sonido de una puerta abriéndose y a un agente gritando “solo tienes media hora muchacho” Oigo unos pasos y alguien se sienta a mi lado, noto como me quitan un mechón de pelo que tengo en la cara, cuando esa mano roza mi piel. Empiezo a temblar, unas lágrimas caen por mis mejillas, esa sensación, es como cuando las gotas caían sobre mí y después venía lo peor. Pero en vez de eso noto como alguien me abraza. La persona que está conmigo ya no está sentada, ahora se ha tumbado y siento como su brazo pasa por mi cintura, agarrándome con fuerza. Es entonces cuando me siento protegida y no me hace falta abrir los ojos para saber quién es, porque solo hay una persona en el mundo que me hace sentir así. Y me quedo cayada, apretando su mano con fuera, hasta que consigo dormirme, y no sé cuánto tiempo se queda allí, pero esa noche no tuve pesadillas.
La siguiente vez que me despierto me atrevo a abrir los ojos, estoy en mi habitación. No en la de mi casa sino la que me asignaron para los Juegos. Me siento poco a poco para que la cabeza no me dé vueltas y me apoyo en la pared, esperando a que alguien venga a decirme que día es, y que ha pasado con los Juegos. Empiezo a contar en voz baja para no volverme loca y entonces recuerdo lo que le obligaban a hacer a mi madre. Un día me lo contó en el bosque, decía que hablar conmigo le ayudaba a olvidar los malos tiempos, así que empiezo, despacio, tal y como hacia mi madre hace treinta años.

“Me llamo Amy Mellark Everdeen. Tengo 15 años. Mi casa está en el distrito 12. Mis padres son Katniss Everdeen y Peeta Mellark. Los dos estuvieron en los Juegos del Hambre. Escaparon. Hace treinta años el Capitolio se derrumbo. Todos estos años han sido tranquilos, hasta hace unas semanas. Estoy en los  Juegos del Hambre. El capitolio al que dimos por acabado me odia, al igual que a mis padres. Me han torturado. Mi hermano está aquí.”

Mi hermano esta aquí. Me levanto y voy a poner la mano en la puerta cuando alguien la abre. Veo a Clover. Tengo ganas de temblar pero debo olvidarme de eso, porque mi hermano esta aquí. Me mira despacio y al final suelta una de sus gracias. “Estas mejor preciosa, pensábamos que tendríamos que coger un sustituto.” Me llevan hasta la sala de entrenamientos, no han debido pasar muchos días si los Juegos no han empezado todavía. Cuando entro todos los tributos fijan la mirada en mí, algunos murmuran cosas, otros con cara de asombro dejan las armas y se quedan mirando. Tal vez si que hayan pasado bastante tiempo o tal vez muchos me diesen ya por muerta. Las puertas se cierran a mi espalda, y veo a Finnick, junto a Gale, mirándome desde el otro lado de la sala. No dudo en ir hasta allí, quiero correr pero no me lo permito, prefiero que me vean andar tranquilamente, que crean que no ha pasado nada. Pero si que ha pasado, y tal vez no pueda olvidarlo. ¿Qué voy a decirle a Finnick? No tengo que preocuparme de eso porque nada más llegar allí me da un abrazo, y me susurra al oído “pensé que no volvería a verte”. No sé cuánto tiempo estamos así pero una voz nos despierta a ambos.

-Amy ¿Dónde has estado?
-Hola mi rey, pues mira, he ido a ver el premio, me han estado enseñando las reglas para ganar, ¿sabes qué? Estoy segura de que el premio te va a encantar, es muy grande.
-¿De verdad? Y a mamá le va a gustar también ¿a que si?
- Claro que si cariño, mamá también sabe cuál es el premio, pero no podemos decírtelo porque es una sorpresa.
-Ey Gale, ¿por qué no vas donde las pinturas y le enseñamos a tu hermana como has aprendido a camuflarte? –mi hermano sonríe y sale corriendo, Finnick me agarra el brazo para que vaya más despacio- aquí todos pensábamos lo mismo Amy, creíamos que no ibas a volver, por eso todos te miraban. Amy, por favor dime qué te han hecho.
-Nada Finnick, hice unas entrevistas, quieren utilizarme para que el Sinsajo se hunda.
-Amy a mi no me mientas, todos lo oímos. Tus gritos se oían por todo Panmen- no doy crédito a lo que oigo, no solo era un castigo, era una muestra para enseñar a los tributos qué pasaba si no seguías las reglas del Juego- Amy, los Juegos se han atrasado una semana, llevamos entrenando cinco días, este va a ser el sexto desde que desapareciste, cuando esta mañana nos dijeron que iba a ser el último, que mañana eran los Juegos, pensamos que ya no vendrías, que estabas muerta.
-Pero, tú viniste a verme. –Su expresión muestra tristeza, sus ojos ya no brillan- Finnick, ¿viniste a verme o no?
-Sí, fui el segundo día. Después no me dejaron entrar más. Amy estabas temblando, en el suelo, como si te hubiesen hecho algo horrible, y llorabas, ¿qué pasó Amy?
-Nada, no paso nada.

Sabe que no puede hacer nada, sabe que no se lo contaré. No quiero que lo sepa, es mejor así. A parto la mirada y el me acaricia la mejilla, cuando ve que no puede hacer nada para que se lo cuente se limita a abrazarme y es lo mejor que puede hacer, igual que lo hizo aquel día, cuando estaba temblando. Mi hermano aparece con el brazo pintado, cuando me lo enseña sobre en el árbol es como si desapareciese. Mi padre y él se parecen mucho, seguro que no le costó mucho aprender a hacerlo, me encantaría que mis padres lo viesen ahora, tiene oportunidades de ganar, si yo sigo a su lado en la Arena tal vez vuelva a casa. Pero no es lo único que sabe hacer. Su velocidad a mejorado muchísimo, Finnick le ha estado entrenando, ahora también trepa con mucha facilidad, eso nos da más oportunidades. Aunque ahora me preocupa más que Finnick no haya entrenado lo suficiente. Hablo con el y como siempre lo niega todo, dice que esta bien y que no me preocupe. Tras discutir un par de veces me quedo con mi hermano para que Finnick practique, William se ofrece para enseñarle a luchar cuerpo a cuerpo, incluso lo hacen con cuchillos. Finnick podrá conseguir aliados para sobrevivir, por nosotros ya ha hecho suficiente. Tiro un par de veces con el arco y lanzo unos cuchillos, mi precisión no ha fallado ni una vez, Joel se ofrece para que luche con el cuerpo a cuerpo y mientras mi hermano se entretiene con la hija de la presidenta, que al parecer, está de nuestro lado. Le está enseñando hacer una trampa con una cuerda, lo que está bien teniendo en cuenta la cantidad de nudos que sabe hacer. Al final del día compruebo que he ganado unas cuantas amistades, Joel también se ha ofrecido para ayudar a Finnick con los cuchillos, ya que se le da mejor que a William, y yo le ayudé también con el arco, al principio Finnick era negado a usarlo pero ya lo consigue más o menos, no es malo, pero tampoco es su punto fuerte. William me da algunos consejos de donde conseguir los materiales para mis trampas, y como conseguir madera por si me quitan el arco. Me enseña cómo fabricar flechas, lo que me viene realmente bien. Me dan ganas de preguntarle por qué me está ayudando, pero cuando miro sus ojos verdes no puedo decir nada, así que imagino las razones y entre ellas escojo una, seguramente le de lástima. Cuando los entrenamientos acaban nos invitan a todos a un gran banquete. Antes de este, te visten y arreglan como si fueses a una gala. 
Primero me ducharon, tuvieron que hacerlo con morfina porque no dejaba de gritar, cuando me deserté ya estaba vestida. Una chica se acercó para peinarme, y tengo que reconocer que me dejo preciosa. A continuación me maquilló, en sus ojos podía ver que ella no pertenecía al Capitolio, me trataba con delicadeza y cuando acabo no logro contener las lágrimas, tras un lo siento salió de mi cuarto. Recuerdo sus ojos grises del color de la Veta, su mirada triste mostraba que buscaba algún recuerdo perdido. Tal vez ella tampoco estaba a gusto con los Juegos. Supongo que en el fondo hay gente con corazón por estos pasillos. Me quedé en frente del espejo un par de minutos, bueno la verdad es que no se cuantos. Me miraba y recordaba a mi madre, estaba preciosa, tal y como ella lo estuvo en las entrevistas de los Juegos, me parecía tanto a ella. No quería defraudarla, quería parecerme más a ella, demostrar que era fuerte como lo hizo ella, demostrar que el Capitolio no es invencible. Lo único que me faltaban eran unos zapatos, cuando me los trajeron casi me sentí en casa, se parecían a los que tenía que llevar mi madre en sus giras como sinsajo, yo siempre me los probaba aunque me quedaran grandes. Mama me vestía de pequeña con vestidos parecidos a los suyos, siempre que había una gira mandaba al Capitolio una carta para que los estilistas hiciesen otro vestido para su niña. Cada año lo mismo, para recordar a la población que ya eran libres. Libres hasta ahora claro.
Acabaron pronto conmigo asique me dejaron en mi cuarto hasta que empezase la cena. Encendí el televisor aunque no permitían ver nada que no fuese su cadena, volví a ver las entrevistas y me sentí orgullosa de mi comportamiento, por mucho que me costase después. Me pregunte qué sintió mi madre o mi padre al verlo, pero seguramente ya lo sabía, sintieron que el mundo se le venía abajo. Si hubiese venido yo sola a los juegos hubiese sido diferente, pero mi hermano también estaba aquí.

Acabé de ver las entrevistas, también el anuncio de que los juegos se atrasaban y he de decir que su escusa fue muy pobre, apague la televisión cuando sonó mi puerta y me preparé para mi último banquete.
Entré en la sala y vi lámparas enormes colgando del techo, era la habitación más lujosa que mis ojos habías visto, no me di cuenta de que todo el mundo estaba ya sentado hasta que empecé a oír hablar a la gente. Buscaba mi asiento, Finnick se levanto para ayudarme, estaba a su lado y al de mi hermano, por lo que deduje que los sitios se elegían, el Capitolio no habría tenido ese detalle conmigo. Finnick estaba nervioso y no supe porque hasta que me fije en los comentarios de la gente. “¿La habéis visto? Esta preciosa” “Que envidia, mira que bien le sienta ese vestido” “Esta increíble” Note como me ruborizaba un poco, ni siquiera Colin pudo aguantarse y soltó algún que otro cumplido hacia mí. Se suponía que yo no estaba oyendo nada pero creo que mis mejillas me delataron porque pronto todo el mundo comenzó a callarse, noté como la mano de Finnick se apoyaba sobre la mía y me decía algo. “Tranquila, solo están diciendo la verdad, no hace falta que te sonrojes. Estás preciosa” Poco a poco creo que volví a mi color natural, vi que al lado de Finnick se sentaba  Evelyn, era del mismo distrito que Colin aunque no parecían muy amigos, ella no paraba de mirar a Finnick, lo que reconozco que me estaba poniendo enferma. En frente de mí estaban Joel y William a los que también había oído comentar algo sobre mí y al lado de Joel, Cristina, era la primera vez que alguien participaba desde el Capitolio, la pobre no tuvo mucha suerte. Colin estaba con Cathy aunque Austin no paraba de mirarles lo que me resulto en un principio gracioso. Clover entró por la puerta de repente, anunciando su queridísimo banquete, el orgullo que sentía de estar sentado con nosotros y lo feliz que le hacía ver unos tributos tan especiales y animados. También nos dijo que los Juegos serían mañana, nos animaba a disfrutar del día y a dormir bien ya que lo necesitaríamos, después de dar un discurso sobre el por qué de estos Juegos dio paso al banquete y  empezaron a traer comidas que ni yo misma conocía. Después del discurso de Clover mis ganas de comer habían disminuido, pero sabía que al día siguiente no tendría nada, así que tenía que aprovechar y también tenía que conseguir que mi hermano comiese algo, aunque él no quisiese. Al final a Finnick se le ocurrió la idea de inventarse que era una comida especial, que nos daba más fuerzas para ganar el Juego. Mi hermano cogió en seguida sus cubiertos y empezó a comer como si no hubiese comido antes, tenía muchas ganas de ganar, aunque no supiese de qué juego se trataba.  

La comida estuvo entretenida, teniendo en cuenta que en unas horas nos mataríamos entre nosotros. La gente era muy amable, al final deje que Evelyn entretuviese a Finnick como ella quería porque no podía mantener una conversación con él sin que interrumpiese. Joel y William resultaron ser increíblemente divertidos, me lo pase realmente bien, o al menos cuando me quitaba de la cabeza los Juegos. Me hubiese encantado conocerlos en otras circunstancias porque sinceramente, la mayoría seríamos buenos amigos. La pobre Cristina no podía parar de pensar en la Arena, a penas probaba bocado. Estaba empezando a recordarme a mi hermano y no pude evitar decirle que comiese, le explique que seguramente lo que comiese hoy la mantendría con vida en la Arena al menos uno o dos días si no encontraba alimento. Parece que se lo tomó en serio porque su comida empezó a bajar del plato.
Solo hubo un momento de tensión en la comida, lo provocó Colin.

-Ey preciosa, ¿por qué no nos cuentas a todos como vas a sobrevivir en la Arena? Vaya, no me contestas, ¿se te han apagado las llamas, preciosa? –cuando dijo lo de las llamas quedó muy claro a quién se refería, yo me estaba pensando si contestarle o no pero siguió hablando - o prefieres contármelo a mí a solas
Cuando hablo de un momento de tensión fue porque después del comentario de Colin, Clover le rio la gracia, William y Joel se estaban conteniéndose para no hacerle nada a Colin como soltase otro de esos comentarios, lo que me resulto extraño, tal vez Clover se equivocó y en la entrevista caí mejor de lo que él pensaba. Cristina me miró y me dijo que no le hiciese caso pero tuve que hacerlo cuando Finnick perdió los nervios. Antes de que Finnick se levantase le agarré del brazo y le dije que no pasaba nada, aunque por la manera en la que apretó el puño creo que no pensábamos igual. Todo parecía calmarse cuando Colin tuvo que hablar de nuevo.
-Vaya, pues si que te han salido seguidores, pero seguro que a ti te pasa lo mismo que a mí, prefieres otro tipo de compañías. Qué me dices entonces, ¿te apetece contármelo a mí solo?
-Sí, Colin – no iba a parar hasta que le contestara, y eso era lo mejor que podía hacer, la mirada de Finnick fue fulminante, aunque no solo la suya ya que toda la mesa me miró igual- me encantaría contártelo a solas
-Justo la respuesta que esperaba- su risa se oía triunfante, creo que a Finnick  se le quito el hambre, su mirada era de decepción, pero yo no pude evitar sonreír - ¿te vienes conmigo sinsajo?
-Creo que me has entendido mal Colin, me encantará contártelo a solas, pero en la Arena, cuando tenga mi arco.

Tras mi respuesta la cena fue muy silenciosa, la gente apenas hablaba. Colin se quedo callado, mirándome fijamente, solo volvió en sí cuando su compañera Cathy le dio un tirón en el brazo para que se sentase. Clover a veces metía un nuevo tema de conversación sobre los Juegos y eso dejaba sin apetito a muchos. Al principio la gente tenía miedo de irse pero no muchos aguantaban lo que significaba estar allí, escuchando halagos sobre los Juegos, los Juegos en los que muchos moriríamos. Los tributos se fueron retirando poco a poco, cuando se habían ido ya unos once o doce, decidí llevarme a mi hermano para acostarle, el pobre estaba agotado y parecía que se iba a quedar dormido encima del plato. William, Joel y Cristina se despidieron de mí cuando me levante y me desearon buena suerte. Finnick ni siquiera me miró a la cara.

La habitación de Gale y la mía estaban cerca, ya no teníamos las salas de antes con un colchón malo en el suelo, ahora eran enormes, y en el centro una cama que serviría para cuatro como yo. Era una habitación lujosa, las paredes con estilos victorianos y lámparas de araña colgando en el techo. Había plantas repartidas por toda la habitación, y bambú en la pared, en la pared izquierda, asomaba una puerta a un enorme cuarto de baño. Este, era enorme, antes de acostar a Gale le bañe un poco por encima, me trague los malos recuerdos para poder hacerlo pero al final lo conseguí. Metí a Gale en una enorme bañera en la que incluso se podía nadar, estaba en el suelo y salían vapores y otras muchas cosas. Cuando apretabas un botón que había a la derecha aparecían muchísimos aceites y cremas, había esponjas, toallas y de todo en el baño pero no me moleste en admirar lo que había a mi alrededor. En cuanto sequé a Gale le puse el pijama que había encima de la cama. Muchos lujos para el poco tiempo que nos quedaba, estoy segura de que la mayoría de los tributos ni siquiera los utilizarían, simplemente se limitarían a tumbarse en la cama y recordar a sus familias hasta que se quedaran dormidos. Cuando tumbé a mi hermano me di cuenta de lo pequeño que era, no ocupaba ni un cuarto de la cama, le conté una historia pero cuando iba por la mitad se quedo dormido, le di un beso en la frente y me fui, porque por una vez me pareció seguro dejarle solo. Me levante de la cama y fui hacia la puerta, Finnick estaba allí, no sé cuanto llevaba y después de su mirada en la cena, me da hasta miedo cruzármelo, no sé qué pensaría de mí, pero tampoco me apetece hablar de ello. Paso a su lado y salgo de la habitación, voy hacia la mía pero cuando me agarra de la mano lo único que puedo hacer es pararme.

-Pensé que te irías con él
-Ya Finnick, se te notó cuando no fuiste ni capaz de decirme adiós
-No fue por eso, cuando le dijiste a Colin lo de la Arena no pude evitar sonreír, porque en un principio creo que pensé lo que todos, que si querías irte. – ¿lo que TODOS? ¿acaso él es como todos? Iba a contestarle pero lo único que hago es desviar la mirada, no quiero encontrarme con esos ojos azules de nuevo- Amy, no te he dicho adiós porque no quiero despedirme, despedirme de ti significa que todo ha acabado.
-Es que todo ha acabado, mañana son los Juegos y yo voy a morir en la Arena– mi voz es débil, porque no tengo la fuerza suficiente para decirle todo lo que me gustaría, así que me suelto de su mano y abro mi habitación, será difícil dormir con tantas pesadillas pero si no duermo algo mañana no seré capaz de hacer nada, antes de cerrar la puerta se me escapa una frase- para mi Finnick nunca has sido como todos.

Cierro la puerta porque no soy capaz de aguantarme más las lágrimas, porque en un día voy a perder todo lo que me importa, bueno no todo. Si estoy segura de algo, es que mi hermano va a seguir con vida. Finnick me pide que le abra una y otra vez pero creo que al final se da por vencido, porque sabe que no lo voy a hacer. Me tumbo en la cama con la esperanza de poder descansar, pero cuando cierro los ojos lo único que me encuentro son pesadillas.
A la mañana siguiente no encuentro mi traje para la arena, me impiden ir a ver a mi hermano así que lo único que puedo hacer es darme una ducha, lo que me llevo mi rato ya que al principio todavía temblaba. Cuando salí me seque, bebí un poco de agua del grifo y esperé con el albornoz a que me trajesen la ropa para poder vestirme, la cual tardó bastante. Estuve pensando en que haría, cuál sería mi estrategia. Estaba claro que quería alcanzar a mi hermano pero después de eso qué hacer. Pensé un rato en como escaparía con Gale en brazos y vi que tenía pocas opciones, si lo lograba tendría que encontrar un refugio para escondernos y una vez que estuviese segura de que nadie lo encontraría salir a por agua. Y me queda la comida, cazar será complicado si no tengo armas. En mi cabeza solo aparecen formas de morir y lo que yo necesito es una oportunidad, una manera de sobrevivir, pero supongo que es complicado. Empiezo a pensar en la Arena, a lo largo de los años la Arena a mejorado, se ha convertido en un lugar lleno de trampas mortales, ¿Cómo será esta vez la Arena? Si fuese un bosque tendría más oportunidades pero dudo que lo pongan tan fácil. Seguramente sea algo inesperado para dar más espectáculo. Una chica aparece con mi ropa, la deja encima de mi cama y sin mirarme a la cara desaparece. La ropa es sencilla y parece cómoda, un pantalón ajustado, unas botas, una camiseta básica… Todo parece muy práctico. Básicamente el mismo vestuario que llevo mi madre tiempo atrás. Aunque yo no tenía chaqueta, en vez de eso tenía un chaleco lo que me hace pensar que esta vez la Arena será un sitio caluroso, o eso o nos moriremos de frio si no encontramos un saco.

 Tenía cinco minutos para vestirme y llegar hasta el tubo, así que me puse la ropa, mi chaleco y empecé a correr para llegar a tiempo, podría haber llegado tarde, o no haber llegado, pero entonces ni si quiera tendría la oportunidad de luchar para vivir. Por el camino me hago una trenza, me doy cuenta de que es como la de mi madre, sin ni siquiera pensarlo me estoy pareciendo cada día más a ella. Me meto en un tubo claustrofóbico y escucho la cuenta atrás. Cuento los segundos que faltan para que mi vida sea un infierno y sin que me diese cuenta ya estaba en la Arena. Ya no había vuelta atrás. Cualquier cosa que estuviesen intentando desde el verdadero Capitolio para encontrarnos no había funcionado y dudo que logren hacer que funcione.

Veo las posiciones de los tributos, estamos colocados en círculo en frente de la cornucopia. Miro a la cara a mis adversarios, algunos asustados pero la mayoría parecen fuertes y decididos. Veintisiete, pienso. A mi espalda bosque, eso me da esperanzas, en frente arena. Una mina activada en frente de cada tributo para que nadie salga antes de tiempo, Gale no sabe eso.
Primero se oyó la voz de Clover, dando inicio a los Juegos del Hambre, dio un pequeño discurso como el de la cena, pero dirigido a la gente de los distritos. Les recordaba que una vez más el Capitolio había ganado, que todos estos años de libertad serán un castigo mayor del que había en el pasado, que se arrepentirían de haberse rebelado y que hoy empezaría el castigo a los rebeldes y después dijo una frase que no entendí muy bien. “Dado que hubo unos juegos que no pudieron terminar, tal vez sea la hora de empezarlos de nuevo”


A continuación sonó la señal, una última mirada hacia Finnick y salí corriendo. Todos iban a por mochilas, armas o comida, yo iba a por mi hermano.  De repente todo se convirtió en una matanza, los gritos venían de todas partes y aunque intentabas no cruzarte con la gente resultaba imposible. Me sentía atrapada en una de esas pesadillas en las que debes correr, correr hasta que no puedas más, sin lograr escapar, sin lograr despertar. Las piernas parecían moverse cada vez más despacio, mientras me esforzaba por llegar hasta mi hermano, aquí existe solo una salida “MATAR O MORIR” La única regla esta puesta, los tributos deben salir a la Arena y luchar por sobrevivir, matándose entre ellos.

Consigo ver a mi hermano y le cojo para irnos, no pienso en armas, en comida, solo pienso en salir de allí. Veo un arco, sé que es una trampa asique sigo adelante. Lo único que pretendo es adentrarme en el bosque que parece tan lejano. Una especie de círculo de arena enorme recoge la cornucopia en el centro. Voy más lenta pero no puedo soltar a Gale, avanzo como puedo. La arena que hay en el suelo ralentiza mi paso, es fina y me recuerda al distrito 4, voy a llegar al bosque cuando Colin se pone en medio. La voz de Gale preguntando qué está pasando resuena en mi cabeza pero tan solo como un eco porque estoy atenta a lo que pasa en frente de mí. Puedo ver dos espadas en sus manos, me saluda con un “hola preciosa”. No va a dejarme en paz, ni siquiera el primer día, ha venido a por mí sin pensarlo dos veces. Supongo que se trata de eso, primero hay que librarse del enemigo para asegurarse más tiempo en la Arena. Enemigo, lo pienso, mi enemigo no es él, es el Capitolio, no tengo que dar espectáculo. Algo me trae de vuelta a la Arena, algo que aleja mis pensamientos, de repente se oyen mas gritos de los que ya se oían, y por la cara de asombro de Colin no se trataba de una pelea en la Cornucopia, me giro sin pensarlo y veo como el circulo de arena se está convirtiendo en agua, forma una especie de mar, en el centro una pequeña isla sujeta la Cornucopia, pero no todo el circulo pasa a ser agua, también deja ver una especie de orilla. Recuerdo la frase de Clover, los juegos que no se acabaron… solo tengo una cosa en mente, tick tock, this is a clock. Va a ser como el reloj, esos juegos nunca pudieron acabar. La Arena es un reloj. Un horror cada hora. No sé cuantos tributos se habrán dado cuenta pero tal vez sea algo a mi favor, he estado despierta y atenta a lo que decía Clover, puede que me haya ayudado aunque él no lo sepa. Los gritos son de ayuda, de desesperación, la gente se ahoga. Veo como muchos consiguen llegar a la orilla y oigo las voces que se apagan de los que no sabían nadar. Empiezan a sonar los cañones. Ver tanta agua solo me recuerda a una cosa y siento que me quedo sin fuerzas. Las manos me sudan y las piernas me tiemblan. No soy la única que lo nota porque Colin me suelta “¿Qué te pasa? ¿Te da miedo mojarte? ¿Temes que se apaguen tus llamas?” Su comentario sarcástico me pone enferma porque no tiene ni idea de lo que pasa. Ya estamos a solas, como le prometí pero antes de acabar con el necesito poner a salvo a Gale. No sé cómo voy a salir de esta, Colin empieza a pelear con las espadas, yo me agacho y esquivo algún golpe pero llevar a Gale no ayuda mucho. El está asustado pero no más que yo, yo tengo miedo de perderlo. Consigo derribarlo con una patada pero no tarda en ponerse en pie con más fuerzas aún que antes. Una voz detrás de mí hace que me gire y entonces una de las espadas de Colin roza mi brazo, haciendo que empiece a sangrar. Finnick está justo detrás, le da su mochila a Gale y me dice que corra. Y en ese momento no pienso en lo que dejo atrás, sino en que mi hermano siga con vida. Corro tan rápido como me lo permiten las piernas, mi hermano tiene la mano en el corte que no para de sangrar pero no estoy atenta a lo que me dice, quiero mirar atrás pero sé que si lo hago pondré en peligro la vida de Gale y es algo que no puedo permitirme. Los cañones siguen sonando y solo puedo preguntarme si uno de esos cañonazos no será por Finnick.

El bosque es enorme, me recuerda al distrito 12, busco cualquier cosa que nos sirva para escondernos. Empiezo a caminar cuando creo que estoy lo suficientemente lejos, toco el musgo para comprobar si hay algún rio o lago cerca pero no veo nada, ni una gota de agua. Si la Arena es un reloj el agua estará dentro de los árboles, pero no, eso sería bastante obvio. Cuando Clover nos ha dado esa pista sobre la Arena era para despistarnos, tal vez si sea un reloj pero no el mismo, no nos dejará jugar con esa ventaja ya que muchos se habrán dado ya cuenta del significado de su frase y estarán perdiendo el tiempo buscando alguna forma de agujerear el tronco. Las horas pasan y empiezo a preguntarme donde acabara la Arena. Sigo caminando, oigo la voz de Gale pero estoy tan cansada que suena tan solo a lo lejos. El tiempo no pasa muy rápido, y casi lo prefiero. Decido parar un momento porque estoy segura de estar lo suficientemente lejos como para que me encuentren. El fenómeno de la arena y el agua me ha dejado boquiabierta. Noto como la sed empieza a aparecer y entonces me acuerdo de la mochila de Finnick.
Se la pido a Gale y él se la quita de la espalda. La mochila es naranja, como de las que hablaba mi madre. En el interior encuentro varias cosas. Empiezo a sacarlas una a una, y las examino, un botellín sin agua, una cuerda, un saco para dormir, y un cuchillo que debió meter Finnick. Teniendo en cuenta que cuando salí de la Arena no tenía nada para mí esto es más que un triunfo. La mayoría de las cosas son las que utilizó mi madre para sobrevivir, pienso en subir a un árbol como hizo ella pero me parece más seguro seguir caminando de momento y buscar algún refugio en tierra. Gale está agotado y ha dejado de hacer preguntas y para ser sincera lo prefiero ya que no se qué contestarle.
Me levanto y cojo a Gale en brazos. Me pongo la mochila a la espalda para que él no tenga que cargar con ella. Miro un poco a lo lejos y solo veo bosque. Me pregunto si al final habrá algo que me sirva para salir de aquí. No oigo ruidos y no veo tributos alrededor asique debemos habernos alejado de la playa bastante. Seguramente los tributos mas fuertes ya se hayan aliado y tendrán la cornucopia bajo su poder. Estarán bien situados, es un buen refugio y si quieres llegar hasta allí necesitas atravesar el agua, es decir, lo más probable es que te viesen antes de que consiguieses llegar al otro lado. Tendrán armas, comida y agua para refrescarse, lo único que les queda es algo para beber. Ellos sí que tienen más oportunidades pero aun así no puedo quejarme, Gale sigue vivo. Seguimos caminando cuando resbalo con el pie derecho. Un dolor punzante y pierdo el equilibrio. Caemos por un desnivel lleno de matorrales. Gale se suelta al instante. La caída se me hace eterna, recibo golpes en los brazos, piernas y tengo un dolor intenso en el costado por el golpe de una roca. Permanezco unos minutos en el suelo. Me llevo la mano derecha al costado y nada más rozarlo siento un dolor terrible. Parece que me ha pasado por encima uno de los trenes del Capitolio. Un poco magullada intento levantarme, primero apoyo  una mano, después la otra. Apoyo el talón que no me duele y con el otro hago un pequeño esfuerzo. Como me cuesta decido levantarme apoyando primero la rodilla.  Me quito el barro de la herida que me había hecho Colin, recojo la mochila y me pongo a buscar a Gale. No puedo evitar pensar en la caída, levanto un poco la vista, es un desnivel enorme. Miro entre los árboles y los matorrales, repito su nombre varias veces en bajo por miedo a que nos descubran. Nerviosa miro a cualquier lado, intento escuchar el mas mínimo sonido que me diga dónde encontrarlo, pero no veo ni oigo nada. Empiezo a preocuparme porque no lo encuentro y aún sabiendo que si grito podrían descubrirnos, tras escuchar un cañonazo grito su nombre. Un Gale que habrá puesto los pelos de punta a cualquiera que estuviese viendo los Juegos, un Gale que implica desesperación, miedo… Seguro que todas las cámaras me están enfocando en este momento. Grito una vez más, este Gale no es como el de antes, este es una súplica. Un grito que se apaga al igual que la esperanza de encontrar a mi hermano. Espero, nadie contesta, sigo esperando. Grito una vez más desesperada, tengo ganas de llorar, no he podido fallar, no tan pronto. Miro por todos lados y no encuentro a nadie. Me llevo las manos a la cabeza pero entonces oigo una voz, es Gale, pero parece lejana. Le grito que salga, que no pasa nada, que está a salvo y tras un poco de espera, veo una cabeza que se asoma con miedo desde unos matorrales. Voy hacia allí corriendo, siento como la alegría recorre mis venas, miro los  matorrales y cuando los aparto me doy cuenta de que hay muchos más detrás, me adentro un poco entre estos y cuando aparto unas ramas veo una cueva. Todavía no me lo creo, abro los ojos y mi corazón late con fuerza, me agacho para entrar porque si no es a gatas no paso. Gale entra con mucha más facilidad. En mi interior siento que una llama crece en mi, que mi corazón ahora es más fuerte, no sé explicar esta sensación pero creo que muchos la denominarían esperanza. Esa llama empieza a recorrer mi cuerpo y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Por dentro la cueva era mucho más alta, me pone de pie y aún así no llegaba hasta arriba. Era lo suficientemente oscura para que no se nos viese y desde que sonó la señal es la primera vez me alegro. Coloco las ramas delante de los matorrales para que la cueva no se vea, cuesta ver el exterior pero en este caso es una buena señal. Primero salgo con cuidado para comprobar que es imposible de localizar y cuando estoy segura vuelvo a entrar. Oigo la voz de Gale que me dice que no le gusta este juego, yo le sonrió y le prometo que pronto estará en casa. Coloco el saco de dormir al fondo de la cueva, a la izquierda se extiende un poco y desde allí ni siquiera se ve la entrada por lo que muevo el saco hasta allí. Como supongo que está cansado acuesto con cuidado a Gale y cierro el saco para que no pase frio ya que en la cueva la temperatura es algo diferente a la exterior. Ahora está a salvo, necesito encontrar comida y agua si queremos sobrevivir. Pienso en las horas antes de entrar en el tubo, parecen tan lejanas y ha ocurrido en el mismo día, mi estrategia era esta y no sé cómo pero está saliendo bien. Vengo de una familia de vencedores, su sangre corre por mis venas, eso tendría que animarme aunque en este caso todos los tributos tienen la misma ventaja que yo, seguramente todos cuenten con estrategias que usaron sus padres para ganar. Al principio dudo en dejarle solo pero al final me decido y salgo en busca de cualquier cosa. Mi plan para la cuerda era dejársela a Gale para que jugase pero prefiero utilizarla para hacer una trampa. Recuerdo a Gale, el amigo de mi madre, comienzo a hacer la trampa tal y como él me enseño. No sé si me estará viendo en alguna pantalla pero por si acaso dejo caer en el aire un gracias, con la esperanza de que lo oiga y no sea una simple palabra que se lleve el viento. Cuando ya está hecha la dejo entre unos matorrales y voy a buscar algunas bayas que se que si pueden comerse, decido que tengo suficientes así que echo a la mochila las que me quedan en la mano y voy a buscar la trampa. Ya han pasado varias horas desde que la puse.

Cuando llego encuentro un conejo atrapado, me da un poco de pena pero saco el cuchillo y lo mato. Cuando iba a cazar con mamá o con el tío Gale y veíamos un conejo a veces lo soltábamos porque tampoco lo necesitábamos para sobrevivir y a mí me gustaban mucho porque son muy bonitos, supongo que ahora las cosas han cambiado. De camino a la cueva cojo unas ramas para hacer un fuego pequeño con el que poder cocinar. Miro arriba y pensando que mis padres me estarán viendo digo en un susurro, ‘cuidaré de él como me enseñastéis’ 

No nos está yendo tan mal, tenemos comida y refugio, si Haymitch siguiese siendo mentor del 12 estaría orgulloso de mí. Pienso una vez más en Haymitch, él es muy importante para mí, me enseñó muchas de las cosas que sé y siempre le he admirado. Él me hizo ver la vida desde otro punto de vista, desde su punto de vista. Haymitch ha cambiado mucho en los últimos años, cada vez le veo más optimista y divertido, ahora vive de verdad, lo sé porque papá me ha contado muchas veces como era antes de que yo naciese. Recuerdo que si un día llegaba a casa y le veía con la mirada perdida le daba un abrazo para traerlo de vuelta porque cuando se sentaba y dejaba la mirada fija en un punto estaba pensando, y yo sé en qué pensaba, en los Juegos, en su familia y la chica de la Veta que mataron por él, lo sé porque cuando hacia eso sus ojos perdían brillo y poco a poco se humedecían. Pero aunque suene egoísta, yo me alegro de que Haymitch ganase esos juegos, sin él todo hubiese sido diferente. Como dice mama, siempre ha sido una pieza clave, no en los Juegos como mentor sino una pieza clave en nuestra familia.

Llego a la cueva pronto, Gale sigue durmiendo, enciendo fuego tras varios intentos y pienso en lo bien que me hubieran venido unas cerillas. Apago con la bota el fuego hasta dejar solo las brasas. Empiezo a despellejar el conejo, me miro las manos mientras lo hago, estan descuidadas, las uñas sucias, si Effie me viese ahora le daría un ataque. Acabo de despellejarlo y con los restos del fuego, lo preparo. Despierto a Gale para que coma algo, le doy casi todas las bayas para que alivie un poco su sed y comemos un poco de conejo. A penas tenemos hambre asique el conejo se queda casi entero. Vuelvo a acostar a Gale y me tumbo a su lado. Hemos sobrevivido el primer día, espero que Finnick también lo haya hecho. Esa noche duermo mejor, de vez en cuando me despierta alguna pesadilla, la mayoría de Finnick pero no puedo evitarlo, me despejo un poco y me siento al lado de Gale. Ahora sé de qué hablaba mi madre, ahora entiendo que hubiese mañanas en las que sonreír le resultase imposible, solo quiero ser tan fuerte como lo fue ella y encontrar la manera de salir de aquí cuanto antes. De repente empiezo a oír una tormenta, salgo y miro al cielo, tengo tanta sed que cuando las gotas rozan mi piel ni siquiera tiemblo, despierto a Gale enseguida y con cuidado salimos a fuera, con las hojas grandes bebemos el agua que cae y cuando ya no tenemos más sed, lleno el botellín. Le lavo un poco la cara a Gale y limpio mi herida, volvemos a entrar. Como no tiene hambre lo acuesto, pero antes decido que ha llegado el momento de hacer una cosa importante, ahora tenemos agua y comida y un lugar donde escondernos. Con el botellín y el conejo Gale tendrá al menos para un día, el conejo le durará más pero si no llueve pronto aguantará solo un día con el agua que tenemos. Tal vez haya una hora para conseguir agua, al fin y al cabo estamos en el reloj, tal vez tenga sentido. Me da miedo dejarle solo pero sé que nadie le va a encontrar. Antes de que se duerma le explico que me voy a ir un día, que si tiene hambre coma, pero que si tiene sed intente beber poco ya que solo tiene ese botellín. Le pido que si llueve salga con cuidado y que si por cualquier cosa tardo mas salga a coger bayas de los matorrales de cerca. Le recuerdo que en el juego no pueden tocarle asique si alguien le encuentra tiene que salir corriendo y subirse a un árbol donde no puedan encontrarlo. Me da miedo dejarle solo pero debo hacerlo. Después le doy un beso y me marcho a buscar a Finnick. Antes de irme, me encargo de tapar la entrada más y cuando estoy satisfecha saco el cuchillo y empiezo a caminar.

No sé cuantas horas han pasado pero me he alejado mucho de la cueva, tengo un día para encontrarlo solo un día. Podía hacerlo. Es de noche, el bosque ahora da más miedo que nunca, las sombras de los árboles me confunden por sus formas y decido ir más lento por si acaso. Sigo caminando durante unas horas y ya diviso el final del bosque. Todavía queda mucho pero verlo me da esperanzas. Tal vez Finnick este escondido cerca. Espero que no esté herido, tengo que encontrarlo lo antes posible. Mientras camino compruebo los arboles, pero no veo nada. En uno de ellos me subo y cuando estoy a la altura suficiente miro alrededor a ver si se encuentra cerca. Bajo cuando compruebo que no hay nadie y sigo caminando. Pienso en cómo estará Finnick, las caras salieron en el cielo justo cuando estaba dormida y no pude comprobar si la suya estaba entre estas. Yo solo espero que este bien, o por lo menos que esté vivo. Llego a la orilla una hora más o menos después, me escondo en los matorrales pero entonces me parece ver a alguien tumbado en la playa, si estuviese muerto ya se lo habrían llevado lo que significa que está vivo, podría ser Finnick. Y si es él seguramente sea una trampa pero no puedo evitar salir, y cuando me acerco veo que no es quien yo pensaba. Pero si reconozco a alguien, y no precisamente al cuerpo que hay en la arena, sino al que hay de pie detrás de mí. No me lo pensé dos veces, salí corriendo de allí, sin rumbo, con solo una idea en la cabeza, escapar. Corría como podía, pedía a mis piernas que fuesen más rápido pero no respondían y detrás de mí una risa inconfundible. Pero si Colin estaba detrás de mí, Finnick tal vez estaría muerto.

Quiero sacarme esa idea de la cabeza porque ahora es mi vida la que está en juego. Sigo corriendo, me adentro en el bosque con la esperanza de poder despistarlo, no sé cuánto tiempo ha pasado porque se me está haciendo eterno. Intento no tropezar porque no voy mirando el suelo, tan solo miro al frente esperando encontrar la manera de escapar. Colin lanza uno de sus cuchillos y me raja la camiseta. Noto como empieza a salir un poco de sangre, lo que es una buena señal porque significa que la herida es pequeña. Se para a recoger el cuchillo y eso me da una ventaja favorable. Corro más rápido y me meto entre los árboles. Me araño con algunas ramas pero eso no me impide seguir. Voy apartando las hojas, no veo nada de lo que tengo delante. Solo una idea en mi cabeza, escapar.  Al cabo de un rato creo que consigo despistarlo. Me paro, miro a todos lados buscando algo a lo que aferrarme, camino hacia atrás. Estoy segura de que le he despistado. Todavía tengo el cuchillo en la mano, podría haberlo utilizado y haber luchado contra él pero correr era más sensato. Pienso en cortar la circulación para no seguir sangrando pero estoy demasiado preocupada como para curarme la herida. No le veo por ningún lado. Aún así era solo cuestión de tiempo que me hallara, era débil e insignificante, pero no, demostré en la sala de entrenamiento que no lo era. Esta vez no sabía qué hacer, lo único que esperaba es que mi hermano se quedase en esa cueva. Lo peor es que sé que muchos no se  lo pensarían dos veces para acabar con mi vida, y Colin no es el único. Me doy cuenta de lo sola que estoy, de lo que realmente significa estar en la Arena. De que un día podría levantarme y ese, podría ser el último. Los latidos de mi corazón aumentaban, no tenía fuerzas,  y mis ganas de seguir luchando se habían ido.  Sentí como un brazo me tomaba por la cintura pegándome a su cuerpo y como una mano tapaba mi boca impidiendo que gritara, podía sentir su respiración en mi cuello, su aliento… el cuchillo se resbaló de mi mano, logro que me invadiera una ola de temor, pensé que moriría allí mismo, sin poder hacer nada para evitarlo.

-Te soltaré, pero no grites, Colin aun esta aquí- susurro levemente a mi oído, no era necesario girarme para saber quién era, conocía su voz a la perfección, la había oído en los entrenamientos, en la cena, pero en ese momento resonó en mi la frase que utilizo en la entrevista para hablar sobre mí, era William.

El chico de ojos verdes, ¿intentaba salvarme? ¿Por qué razón? Él mismo había dicho que una insignificante y débil chica como yo caería pronto en estos juegos, entonces ¿por qué me estaba ayudando? Si me dejaba morir tendría más oportunidades de vivir. ¿Por qué lo hacía? Las preguntas resonaban en mi cabeza sin respuesta alguna.

-Creo que ya se ha ido
-¿Por qué.. – no pude acabar la frase
-No dejaré que te pase nada, si algo te ocurriese no podría vivir con ello- quiero preguntarle por qué no se lo perdonaría, cuándo empezó a pensar así, pero él sigue hablando, como si fuese capaz de leer mi mente- el día de la entrevista, cuando saliste con ese vestido –coge el arco que lleva a la espalda y me lo da, yo lo cojo sin preguntar nada mas, atenta a sus palabras, el mira a todos lados preocupado, cuando se relaja un poco me mira a los ojos- cuando nuestras miradas se cruzaron.
-¿Cuándo deje de ser débil e insignificante?
-¿Quién te ha dicho que no lo sigas siendo? Acabo de salvarte la vida.
-Lo dicen tus ojos, ya no me miras igual.
-El día de los entrenamientos, cuando dejaste en ridículo a Colin- me tiene agarrada de la mano, habla susurrando y avanza lentamente, mira alrededor y está atento a cualquier sonido pero aún así no me pierde de vista.
- ¿Por qué sigues aquí?- me separo de él, lo dije histérica, ya me había ayudado, podía irse y desaparecer -No tienes razones para seguir aquí, lo mejor es que te vayas- lo decía con el nudo en la garganta. En realidad no quería tratarle así, una lágrima resbaló por mi rostro, no sabía por qué, ahora ya no era el chico gracioso de la cena, ahora era mi enemigo, era un tributo más, no me importaba. Para salvar a mi hermano no me lo pensaría dos veces, mataría a cualquiera. Entonces él se acercó, se acercó demasiado.
- ¿Qué no tengo razones?- una sonrisa se dibujada en su rostro- Tengo una y la más importante esta frente a mi ahora- apartó la lagrima que caía por mi rostro y acercó su mano dulcemente, acariciándome.
-Todavía no me has dicho por qué me has salvado.
-Creo que no hace falta que te lo diga

Y entonces un beso, en medio del fuego, de la guerra, de las llamas, del horror, en medio de los Juegos, un beso. Era cálido, no podría olvidarlo aunque quisiera, fue como la esperanza, no sabría explicarlo, solo sé que me dio fuerzas para luchar, para seguir adelante. Era lo que necesitaba, algo a lo que aferrarme. Sé que estuvimos juntos bastante tiempo, su mano volvió a rodear mi cintura y sus labios volvieron a juntarse con los míos. Sin pensarlo uno de mis brazos rodeó su cuello juntándonos aún más de lo que estábamos. Lo que sentía en ese momento era imposible de describir. Todas las emociones que sacudían mi cuerpo habían desaparecido. Todos los pensamientos, tantos buenos como malos habían dejado de existir. En ese momento nada pasaba por mi cabeza, tan solo él. Desde que salí de la cueva habían pasado horas. Mientras me besada comprobé que había amanecido asique era el segundo día. Ya había pasado un día de los Juegos y en ese momento nada me parecía tan malo. Pero si había pasado un día debía volver con mi hermano, pero qué le decía a Will, después de lo que había hecho no podía decirle que estaba buscando a Finnick. Como acababa de amanecer en realidad me quedaba casi un día entero para encontrarle, debía volver al anochecer a la cueva, todavía había tiempo. Lo peor es que no quiero separarme de Will, no quiero que este momento acabe.

-William, mi hermano, tengo que volver a por él.
-Lo encontraremos, tranquila- noto su piel, su mano me roza la cara como una caricia y después un abrazo, por primera vez siento que todo podría ir bien, pero no puedo quitarme de la cabeza una cosa, a Finnick. Estoy  preocupada, ni siquiera sé si está vivo, no he estado atenta a las caras que aparecieron la noche anterior. 
Cojo de nuevo el arco y pongo una flecha en posición, un arco para mí en ese momento era una oportunidad muy grande, una oportunidad para llevar a  mi hermano a casa. Mientras caminábamos me sentía segura, a gusto, no sabría describirlo pero era una sensación de seguridad, de esperanza. Will iba delante porque no quería ponerme en peligro, yo me acercaba a él cada vez más para no perderlo, cuando estaba rozando su espalda me di cuenta de que me sentía como en casa. Era la misma sensación que cuando cazaba en el bosque, tienes que ir con cuidado para no espantar a tu presa pero aun así no te preocupa nada más porque sabes que no corres peligro. Pero no entiendo porque me siento así, yo si corro peligro, en este mismo bosque hay gente que intenta matarnos. Muchas cosas encuentro en mi cabeza pero cuando pienso en Will se desvanecen y pierdo el miedo que siento en mi interior. Como si estuviese segura a su lado. Seguimos caminando un rato, iba diciéndole por donde ir para guiarle entre el bosque hasta la cueva. Sé que es seguro decirle donde esta nuestro refugio asique le llevo por el camino por el que vine. Si hubiese sido otro tributo tal vez no hubiese confiado en él tan rápido, pero Will me ha salvado, ahora mismo es una persona en la que sé que puedo confiar, y eso aquí en la Arena no hay que desaprovecharlo porque es difícil encontrar tributos así. Se tarda bastante en llegar y compruebo como pasan las horas, atenta a ver si descubro una hora nueva en el reloj. William me mira asombrado por la atención que tengo en el bosque, lo que me da a entender que no ha descubierto todavía que esto es un reloj, y si lo ha descubierto no ha caído en la cuenta de que estamos cambiando continuamente de zonas. Cada zona es una trampa mortal, cada hora es un horror y una vez que te encuentras en uno solo dependes de ti mismo. Observo y escucho alrededor de la zona, de vez en cuando miro al cielo para orientarme. Según la posición del sol es ya por la tarde. Mis tripas rugen pidiendo a gritos algo que comer y mi garganta arde como nunca lo había hecho. Repaso mentalmente, el primer día conseguí encontrar refugio, atrape un conejo y llene un botellín, estamos en el segundo día y ya es por la tarde, al anochecer tengo que estar de vuelta en el refugio para cuidar de Gale, pero antes debería encontrar a Finnick. Me siento culpable por lo que ha pasado. Miro a Will a los ojos y su mirada me tranquiliza, como si todo fuese a salir bien. Veo que se para y saca su mochila, en ella guarda un montón de cosas, también tiene un botellín vacio, una cuerda, cerillas, algo de fruta y una botella de agua que debió coger de la cornucopia, pan, bayas… No puedo explicarme como caben tantas cosas ahí pero mis ojos miran fijamente la comida. Me hace una señal para subir a un árbol y cuando empiezo a subir me sigue. Trepar se le da bien pero no lo suficiente para alcanzarme asique espero en una rama a que él suba. Cuando llega se coloca a mi lado, coge la mochila y saca la fruta, algunas bayas, pan y la botella de agua. Me extiende la mitad de todo y aunque al principio me niego a cogerlo porque es su comida, tras ver un par de veces su sonrisa no puedo evitar cogerlo. Comemos con ganas ya que ambos teníamos mucha hambre y la botella baja potencialmente. Las bayas eran frescas, tenían un sabor diferente, era como una explosión de sabores distintos en la boca y estaban deliciosas. La fruta era exótica, estaba realmente deliciosa, jamás había probado nada igual, ni siquiera en las visitas con mis padres al verdadero Capitolio.El pan estaba también exquisito. Me recordaba al pan que preparaba papá en casa, por fuera era perfecto, su textura suave. Cuando lo partías por dentro estaba tierno y la corteza justo como me gustaba. Hacía mucho que no comía un pan tan bueno, el que había en los entrenamientos era diferente, la corteza estaba dura y por dentro no era en absoluto esponjoso. Cuando estamos servidos bajamos  del árbol, seguimos caminando un poco y mientras le agradezco todo lo que está haciendo por mí. Durante el camino bromeamos un poco para olvidar que estamos en la Arena, una de las mejores cosas de Will es que sabe hacerme reír. Seguimos nuestro camino sin perder de vista los alrededores.

Lo siguiente ocurrió muy rápido, a penas puedo explicarlo, oímos un grito y salimos corriendo. Un grito en la Arena no significa nada bueno. Podría haber un tributo cerca que este peleando con otro, o tal vez sería otra hora del reloj. No solté su mano en ningún momento, corríamos tanto que mis piernas a veces no se coordinaban. Teníamos que salir de allí lo antes posible. Apartábamos ramas y seguíamos adelante sin que nada nos parase porque en la Arena, pararte es un sinónimo de morir. Llegamos a unos matorrales y nos escondimos, entonces apareció Austin. Su mirada era de odio. Austin no ha cambiado nada, sigue igual de fuerte y de grande. Seguramente se hubiese aliado con Colin, y Cathy también estaría con ellos. Buscaba algo por todas partes. Miraba entre los matorrales que había en frente nuestra. Se subía a los arboles y cuando comprobaba que no había nadie bajaba y cabreado daba un puñetazo a este. A quien estuviese buscando no le esperaba nada bueno. Teníamos que salir de allí, estábamos en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Will me hizo una señal para que no me moviese. No sé cómo pero Austin nos vio,  Will me aparto y cogió el cuchillo. Austin vino directo hacia nosotros, yo estaba tirada en el suelo porque William me había apartado pero no tarde en ponerme de pie. Austin cogió a Will y lo levanto tirándolo contra un árbol. Involuntariamente grite asustada y Austin que se había olvidado de mi existencia, vino directo hacia donde estaba. Sin esperarlo William se lanzo sobre él y ambos cayeron al suelo. Dieron un par de vueltas y cuando uno se ponía encima del otro todo cambiaba y volvían a girar en el suelo. Ahora William tenía el cuchillo y lo empujaba hacia su cuello pero Austin era demasiado fuerte y con las dos manos estaba evitando que el cuchillo llegase hasta él. Yo tenía el arco que me acababa de dar pero me sentía inútil, si disparaba me arriesgaba a dar a Will. Por muy buena que fuese, un paso en falso de uno de los dos y podría fallar. Cierro los ojos y lo único que recuerdo es el beso, intento no pensar en eso ahora, intento despejarme, concentrarme en la lucha. Tengo miedo pero aún así me acercó. Todo fue tan rápido, les veía pelear. Cuando Austin agarro a Will del cuello y lo puso contra el suelo pude disparar y lo hice, pero Austin era fuerte y aunque le había atravesado con una de mis flechas seguía luchando, aunque ahora era William quien llevaba ventaja. Cogí otra flecha y la volví a colocar en el arco, tense la cuerda para disparar pero no podía hacerlo hasta que no estuviese segura. Mis manos no temblaban, cuando cojo el arco no puedo permitirme dudas, no puedo permitir miedo, somos tan solo yo y mi presa, aunque en este caso mi presa fuese humana. Siguieron peleando, Austin consiguió poner a William de rodillas y entonces yo le disparé a la cabeza, y sonó un cañonazo. El de Austin. Había matado a una persona, ahora las manos sí que me temblaban. Lo único que me ayudaba era saber que por lo menos William estaba bien, cuando me acerque me salió un grito ahogado. Austin había conseguido ponerle de rodillas porque le clavo su cuchillo. Me agache en seguida, recuerdo mucha sangre. Le tumbé y intenté parar la hemorragia, primero apreté con las manos que en pocos segundos se tiñeron de rojo. Me levante y rasgué la camiseta de Austin por completo, la coloque sobre la herida y presioné, pero había demasiada sangre. Fue entonces cuando me agarro de la mano.

-¿Sabes una cosa? Me alegro de haberte robado ese beso.
-No me has robado nada- las palabras salían costosamente de mi, con un hilo de voz. No iba a dejarlo allí, no podía, tenía que salvarlo. - te vas a poner bien, ya lo verás.
- Escucha Amy, no hay nada que hacer, tienes que irte, si Colin te encuentra... – su voz se apagaba poco a poco, estaba viendo morir a William, el me había salvado y ahora no era capaz de hacer nada para mantenerlo con vida, por mi culpa estaba así. Las lágrimas caían por mi mejilla y aunque no tenía fuerzas seguía hablando, seguía preocupado por mi- encuentra a Finnick, el cuidará de ti, saldréis de aquí pronto, vendrán a rescataros. He visto como te mira Finnick, lo hace igual que yo, porque te quiere.  – con la mano me aparta las lágrimas y me acaricia, después la posa sobre la herida y esta queda cubierta de sangre- No te sientas mal, te lo mereces, él es mucho mejor. Cuando te vi, el día de la entrevista, pensé que querría pasar el resto de mi vida contigo, tan solo tuve que mirarte. Sé que le quieres a él, se te nota. Encuéntralo, y prométeme una cosa, prométeme que seguirás luchando, prométeme que vivirás.
Se moría, sus ojos verdes se apagaban poco a poco, cerré los ojos y se lo prometí, porque era lo único que podía hacer. Agarraba su mano con fuerza, le pedía que se quedara. William significaba algo para mi, algo importante, no solo por lo que había hecho por mí en el último día. El chico de los ojos verdad, el tributo más divertido que había conocido den la cena, con él que luche cuerpo a cuerpo en los entrenamientos, el que me enseño algún que otro truco para utilizarlo en la Arena, el chico que me había salvado la vida se moría. Se moría por culpa de los Juegos, por culpa del capitolio, por mi culpa… Después de notar las lágrimas caer, oí el cañonazo. Su cañonazo. Me negaba a aceptarlo, me negaba a dejarle ir. Coloque mis manos sobre su pecho y comencé a apretar, contaba para mí y seguía presionando. No ha muerto, era lo único que pensaba en ese momento. Seguí presionando, un, dos, tres, golpe. Un, dos, tres, golpe. El cañonazo se había equivocado. Tenía que haberse equivocado. ¿Queréis saber que paso después? Solo sé que alguien me agarró y me llevo a rastras, grite para que me dejasen pero no lo hicieron, lo último que recuerdo es un golpe en la cabeza.

Ocurría todo demasiado deprisa. Hace apenas once horas William me había salvado. Ahora estaba muerto, al igual que Austin, al igual que lo estaría yo pronto. Pero supongo que se trata de eso, son los Juegos, todo va deprisa, unos mueren y otros intentan sobrevivir. Un dolor intenso recorría mi cabeza al igual que miles de pensamientos hasta que cerré los ojos, mis fuerzas para gritar se desvanecieron y quede inconsciente. Ya no pensaba, no gritaba, no luchaba, no estaba dormida, tan solo me fui, me fui a otro lugar más tranquilo, parecido al de los sueños. No sé cuanto estuve así pero poco a poco fui despertando. Primero empecé a sentir de nuevo un dolor constante en la cabeza y mis ojos se fueros abriendo hasta que al final pude despertar. Lo siguiente que recuerdo es ver a Finnick luchando con Colin, todo borroso. El me agarraba del cuello y me amenazaba con un arma, mis piernas fallaban demasiado pero Colin me sostenía.

-Será mejor que la sueltes Colin
-Pensé que ya había acabado contigo pero al parecer eres escurridizo. Seguramente estabas aquí escondido ¿no es así? Te escondiste en el bosque esperando no desangrarte, o ¿saliste a buscarla a ella? Sí, debe ser eso, cuando peleamos y te adentraste el bosque querías alcanzarla, pero no lo lograste. ¿Sabes que hacia tu amiga en la playa? Vino a buscarte Finnick, utilicé el cuerpo de un tal Brendom como trampa, el pobre estaba casi muerto. La de las llamas se acercó susurrando tu nombre pero en seguida se dio cuenta de que no eras tú. Lo que más me gustó fue perseguirla por el bosque, estaba asustada, mucho la verdad. Parecía una niña pequeña. La perdí de vista pero volví a encontrarla tras mucho buscar. Estaba llorando, William estaba en el suelo. ¿Quieres saber cómo estaba Amy? Agarrando su mano- Colin se ríe y noto como Finnick me mira, veo que tiene heridas pero estoy tan mareada que no consigo centrarme- la di un buen golpe, aunque no para matarla. ¿Ves ese arco? Lo tenía cuando la cogí, no sé cómo se las apaño pero mato al grandullón, a Austin. Me apuesto lo que sea a que Cathy anda asustada sin él.
-Colin déjala en paz, acaba con lo que empezaste en la Arena, ¿o es que no eres capaz de matarme?
- Eres muy valiente, no lo serás tanto cuando te mate, pero no te voy a dar el placer de morir primero. Cuando estés medio muerto cogeré a Amy y la mataré delante de ti, sin que puedas hacer nada.

Me agarra del pelo y me lanza contra lo que parece ser un árbol, el golpe me duele demasiado pero aún así intento levantarme y llegar hasta el cuchillo que hay en el suelo. Caigo varias veces pero sigo intentándolo. Estoy magullada, demasiado. Me duele todo el cuerpo pero la cabeza sigue siendo lo que más. El segundo día en la Arena está siendo para mi peor que el primero, como siga así no sé si saldré viva. Me levanto una y otra vez y al final me pongo de rodillas. Oigo gritos y golpes, pelean entre ellos pero no distingo quien es quien, me duele la cabeza demasiado. Veo el arco cada vez más cerca pero me cuesta mucho moverme y sé que en este estado no podré lanzar flechas, no con la precisión necesaria. Muevo la cabeza con el fin de despejarme, cuando paro noto que me mareo, la vista se empieza a volver negra hasta que se cubre por completo del mismo color. Parpadeo un par de veces y me llevo las manos a la cabeza esperando a que mi vista vuelva. No es normal que un mareo me dure tanto pero en el estado en el que me encuentro lo veo incluso razonable. Comienzo a ver poco a poco, primero unos destellos de luz y después la mancha negra va desapareciendo hasta que se borra por completo. Veo los árboles, distingo formas lejanas. Vuelvo a la escena en la que me encuentro, miro a ver cómo van Finnick y Colin. Sangran, ambos sangran. Luchan entre ellos, veo como se tiran al suelo y vuelven a ponerse en pie, como se hace cortes mutuamente y se golpean. Tengo que darme prisa si quiero ayudar a Finnick. Mi vista cada vez es mejor, ya no veo nublado y distingo perfectamente el cuchillo en el suelo, entre las hojas. Mis manos son rápidas, muevo las hojas del suelo hasta que consigo coger el cuchillo. Giro la cabeza para ver cómo va la pelea de nuevo, Finnick y Colin están sangrando, no sabría decir cuál de los dos más. Veo como los cuchillos de Finnick rasgan la espalda de Colin, y como este pierde el equilibro. Alcanzo el cuchillo, con dificultad me pongo de pie porque sé que es mi única oportunidad, tambaleo un poco en el sitio y al final consigo caminar hacia delante y cojo a Colin del pelo como me había cogido él hace un rato con la idea de clavárselo en el cuello, consigue soltarse y se agacha pero no puede evitar que le clave el cuchillo en el estómago. Estoy dando un buen espectáculo para el Capitolio, tal vez si me este convirtiendo en una máquina de matar. En ese momento me da igual. Le grito a Finnick que corra pero veo que sigue parado, solo pienso en sacarlo de allí asique le agarro de la mano y tiro de él hacia el bosque, corriendo como puedo, intentando llegar a la cueva. Y es entonces cuando me viene a la cabeza mi madre, mi padre, todos los del 12, estarían viéndonos en sus pantallas, estarían buscándonos, o tal vez, simplemente, estarían tan desesperados como yo ahora. 

No sé como siguieron adelante después de estar en la Arena, como fueron tan fuertes para volver a casa, para olvidarlo todo, me gustaría ser como ellos, que estén orgullosos de mí. Me encuentro cada vez peor pero debemos llegar a la cueva, de vez en cuando miro atrás para ver si Colin viene. Sé que podríamos haber acabado con él, pero no es mi juego, ese no es mi juego. Mis pensamientos se desvanecen y poco a poco dejan una única idea en mi cabeza, ponernos a salvo. Finnick va un poco después de mí, sigo agarrando su mano y tiro de él pero cada vez tengo que tirar mas, corro por los dos pero no es suficiente, en la Arena nada es suficiente. Está empezando a anochecer y no veo muy bien, tropezamos un par de veces porque ambos estamos algo torpes pero seguimos corriendo. Me paró en seco y analizo las heridas de Finnick, noto en sus ojos que pierde fuerza pero le digo que queda poco, que va a estar bien. Coloco su brazo y lo paso por encima de mi hombro apoyando su peso sobre mí. Antes podía andar con dificultad, casi ni corría pero ahora toda su fuerza le ha abandonado y soy yo la que debe sostenernos a los dos. La poca fuerza que tengo no va a salvarnos pero no puedo dejar de intentarlo. Con dificultad veo la colina, y más adelante el desnivel, estamos cerca. Pienso en eso, queda poco, algo de esperanza aparece de repente, abro los ojos de nuevo ahora más decidida. Con la mano en la cintura de Finnick y la otra agarrando su brazo, pongo su peso sobre mi cuerpo y sigo adelante. Finnick pesa, pesa bastante pero eso no me impide seguir. Se lo debo, se que vamos a salir de esta porque nos lo merecemos. Hemos sobrevivido, esas son las reglas, SOBREVIVE. Pero todavía no ha acabado el Juego, se trata de eso, acabarlo. Mientras lo único que hacemos es dar espectáculo, sufrir para que ellos se diviertan y pasen un buen rato. Me dan ganas de parar, de rendirme, de enseñarle al Capitolio que no soy una ficha más de sus juegos. Si hago eso ellos habrán ganado, ellos siempre ganan, da igual si mueres dando espectáculo o rindiéndote, el caso es que mueres y si mueres el juego para ti ha acabado. No puedo permitir que acabe, tengo que seguir luchando, tengo que sacar fuerzas, tengo que guardarme la poca esperanza que me queda y aferrarme a ella. Estoy tan hundida en mis pensamientos que no noto que caemos hasta que mi rodilla golpea el suelo, a penas soy capaz de ver y estoy mareada pero como si fuese un acto reflejo me levanto. Me levanto, eso es lo que me diferencia del Capitolio. Me he caído, y me he levantado sin pensarlo, y si me he levantado es porque realmente quiero seguir adelante, y si quiero seguir es porque tengo esperanza de sobra, es porque sé que saldremos de esta. Podría haberme rendido, haberme quedado en el suelo y esperar a que un tributo me encontrase. Pero estoy de pie porque me he levantado, porque quiero seguir adelante, luchando, porque el Capitolio no conseguirá hundirme, no si creo que hay razones para luchar, y de esas tengo más que de sobra. Eso es lo que me diferencia de ellos, nuestras razones son diferentes. Ellos quieren enseñarnos que están al mando, que pueden controlarnos, acabar con nuestras vidas, que somos suyos, pero realmente les demostramos que no, porque no pueden controlarnos. Pueden encerrarme en este infierno y obligarme a sobrevivir, pero no han podido obligarme a matar a Colin, le he tenido en frente, he podido acabar con su vida pero no lo he hecho. Porque no soy del Capitolio, porque no pueden controlar mis actos, porque con eso he demostrado que solo yo soy dueña de mis decisiones. Porque si que tengo razones para luchar, por mi hermano, por mis padres, por Finnick, para que todos volvamos a casa. Incluso por mí, porque rendirme seria dejarles ganar, y mi madre siempre dijo no hay peor perdedor que aquel que no lucha por lo que desea. Lo que deseo es volver a casa, y está claro que lucharé por ello. Me estoy enfrentando a la muerte en cada momento que paso en la Arena, asique si tengo que morir, que sea luchando. Levanto a Finnick con cuidado y lo coloco en la misma posición de antes. Avanzar ahora no será un problema porque ya estamos en la colina. Camino más lentamente apartando los matorrales y por fin veo la cueva, avanzo con cuidado y tumbo a Finnick para poder pasar arrastrándole hasta dentro. Gale está dormido asique no ha visto nada, veo que la comida ha bajado y que apenas queda agua. Tapo la cueva con las ramas y vuelvo dentro, me rasgo la camiseta y ato un trozo de esta en la pierna para parar la hemorragia, con lo que me queda le limpio la sangre. Mi preocupación por el agua es mínima por lo que uso la que queda para limpiarle las heridas más graves. No abre los ojos y eso me preocupa pero me alivia pensar que quizá este dormido, que sigue consciente. Me apoyo en la pared agotada y sé que hoy no habrá guardias, nadie cuidará de nosotros. Hago un intento para mantenerme despierta pero no puedo, solo espero que nadie nos haya seguido. De repente me acuerdo de donde estamos. El reloj, pronto será la hora en la que llueva, es la única oportunidad de conseguir agua, faltarán dos horas como mucho. Todavía no he descubierto más horas en la Arena y eso que es el segundo día. Con un intento de desvelarme miro al cielo, donde empiezan a aparecer caras de los tributos muertos. Ya han caído trece, tan solo quedan catorce. Veo la cara de Austin y pienso, yo le mate, siguen apareciendo más caras, pero no tantas como la primera noche. La de Colin no aparece, en su lugar veo la de William y una lágrima me cae justo antes de cerrar los ojos. Debo haber dormido algo porque cuando me despierto está lloviendo, me encuentro algo mejor asique me bebo el agua que queda después de haber limpiado un poco a Finnick y despierto a Gale. Mi hermano se asombra de verme y me da un abrazo. El pobre me toca la cabeza y me pregunta que por que tiene sangre, mi escusa es pobre porque no tengo ganas de pensar y le digo que Finnick y yo nos caímos de un árbol mientras nos escondíamos. Al ver a Finnick se alegra y quiere despertarle, pero se lo impido para no llevarnos sorpresas. Salimos y bebemos agua con las hojas, como la otra vez, luego inclino la hoja y lleno el botellín. Cuando ya hemos saciado la sed entro, y limpio a Finnick con el agua que tenemos, le lavo las heridas y le mojo la frente varias veces, cuando el agua se acaba salgo a por más antes de que se pase la hora. Así repetidas veces, y una última porque Gale tiene más sed de nuevo. Miro las provisiones y veo que nos queda solo para por la mañana, debemos ir a cazar. He perdido el arco, no lo recogí cuando peleamos con Colin, pero nos quedan los cuchillos de Finnick, tiene dos asique uno para cada uno a ver quien caza mas. Me recuesto con mi hermano y le sigo contando la historia que le conté el día del banquete cuando la acabo cierro los ojos, y duermo, por primera vez sin pesadillas.  
A la mañana siguiente me despierto tambaleante, me toco la cabeza y compruebo que no sangro aunque el golpe me ha dejado un dolor punzante. Examino los cortes y compruebo que no están infectados, tengo moratones repartidos por el cuerpo pero uno en la espalda que me duele aún más, debió hacérmelo Colin cuando me lanzó contra aquel árbol. Me pongo de rodillas y avanzo como puedo hasta Finnick, sigue tumbado y con los ojos cerrados, le toco la frente y veo que tiene la temperatura algo alta, pero seguramente no tenga fiebre. Miro las heridas y las limpio con un poco del agua que tenemos, puede parecer insensato pero es más peligroso dejar que las heridas de la pierna de Finnick se pongan peor. Si se infectasen su vida podría correr riesgo. Le quito los trozos de camiseta que use la noche anterior para que corra la sangre y pienso en que haré a partir de ahora. Como Finnick respira mi preocupación disminuye. Mi hermano sigue dormido asique me acerco con cuidado para comprobar las provisiones. Con lo que tenemos no duraremos mucho asique me quedan dos opciones, salir a por bayas y algo de caza si la consigo con el cuchillo o arriesgarme a ir hasta donde Colin a por el arco y su mochila. Ambas opciones tienen consecuencias, en la primera podría no conseguir nada, podrían encontrarme y podría desvelar donde estamos porque no me separaría mucho de la zona, además con bayas no duraremos mucho tiempo, en la segunda veo más pegas pero también más oportunidades. Colin sigue vivo y tal vez esté con  Cathy y si me encuentran no duraría nada, el camino es más largo y podría cruzarme con más tributos pero también está más cerca de donde Will… trago saliva, las imágenes vienen a mi mente, cierro los ojos he intento olvidar pero de nada sirve, murió por mi culpa, solo por mi culpa. Entonces lo veo claro, no voy a ir hasta allí a por la mochila de Will ni a por la de Colin, ni siquiera sé si Austin tenía algo que me sirviese. Sé que está mal dejar a mi hermano solo, pero ahora hay más agua, y si Finnick despierta puede ayudarle. Necesito volver allí y hacer algo por Will, necesito ir hasta allí.

Despierto a Gale, le explico que tiene que hacer lo del día anterior, que de vez en cuando se acerque a Finnick y si le queda la frente le ponga un trozo de camiseta mojado en agua, pero no mucha porque no pueden desperdiciarla. Me despido de él y le repito una vez más lo mucho que le quiero, Gale esta vez no hace preguntas, agotado se vuelve a acostar y yo salgo con uno de los cuchillos, dejando uno a Finnick por si se despierta. También cojo la mochila para meter en ella lo que consiga por el camino.

Cuando camino miro a todos lados. Mi cabeza de vez en cuando da vueltas y necesito apoyarme en un árbol pero no tarda en pasarse y vuelvo a caminar. Reflexiono sobre la idea de que Cathy aparezca o me la cruce por el camino. Muchas ideas vienen a mi pero me doy cuenta de que Cathy no va a aparecer. A ella le gusta Colin y seguramente haya vuelvo a por él, pero Colin está muy herido, no se atreverá a dejarle solo, aunque él se lo pida. Por otra parte Colin estará jugando con ella, la necesita de su lado ahora que no se mantiene vivo él solo, si se aliaron con Austin han perdido un miembro asique Cathy tiene que encargarse de las provisiones también, con lo egoísta que es Colin no dudará un segundo en pedirle que arriesgue su vida por él, aunque eso implique enfrentarse a mí. Tal vez si haya una mínima posibilidad de que venga a por mí por venganza, pero teniendo en cuenta el estado de Colin, hasta a él mismo le dará miedo quedarse solo, esta más indefenso que nunca. Voy con cuidado escuchando cada pájaro, cada ruido… sigo el mismo camino que recorrí con Finnick solo que en dirección contraria. Me voy alejando cada vez mas de la cueva y me doy cuenta de que llegar a la orilla de la playa me llevo casi medio día, asique supongo que tardaré la mitad en llegar a donde Will. Voy examinando el terreno, se cuanto tardo en llegar a la orilla y también a donde Will, se por los caminos que puedo llegar a la cueva. He podido realizar un pequeño mapa de la Arena en mi cabeza pero la zona que he recorrido es demasiado pequeña en comparación a lo demás, si quiero estar segura y tener un mapa que realmente pueda ayudarme deberé investigar más allá de mis limites. Según el mapa que he dibujado en mi cabeza camino en dirección contraria a la cueva, subiendo el desnivel y hacia la orilla. Todavía no he investigado la zona de detrás de la cuenta, la de enfrente de la colina, tomo nota mentalmente, tal vez haya algo que nos ayude en esa zona. Mientras camino oigo un chasquido, como una rama rota, una pisada, no sé cómo describirlo pero me pongo en posición con el cuchillo porque tal vez esté en peligro. Lo más sensato es permanecer en el sitio, si salgo corriendo seré un blanco fácil, me descubriré yo misma. Giro en el sitio con cuidado intentando descubrir que ha sonado. Podría ser cualquier cosa, digo cualquier cosa porque dudo que sea un tributo, tal vez esté a punto de descubrir una nueva parte del reloj.

Sigo mirando y decido caminar hacia atrás, primero un pie y luego el otro, sin hacer ruido. Temerosa, no tengo miedo más bien estoy a alerta.  Camino hacia atrás con el cuchillo en la mano, intento ser lo más sigilosa posible y de vez en cuando me paro. Tengo una idea clara de cómo se siente una presa cuando va a ser cazada porque es exactamente la sensación que siento ahora mismo. Agudizo el oído y abro bien los ojos, tengo que mantenerme tranquila, los nervios no son de ayuda ahora. ‘Crack’ otra rama rota, miro mis pies, no he sido yo. Un tributo no haría dos veces lo mismo, sería como delatarse. Pero lo que ha aparecido en frente de mí no es un tributo, es un muto. Salgo corriendo, mi idea es solo una, llegar a un árbol lo suficientemente alto y fuerte para subirme a él. Corro como si me persiguiese algo horrible. Bueno, corro porque me persigue algo horrible, apenas me ha dado tiempo a verlo y doy gracias a que he reaccionado deprisa. Lo siento detrás de mi, oigo como respira, siento como corre porque hace que el suelo tiemble, lo noto cada vez mas cerca y un calor recorre mi cuerpo. Sigo manteniendo los ojos abiertos y los oídos atentos. Mis piernas no dan para mucho mas, corro lo que puedo pero parece no ser suficiente, el muto esta cada vez mas cerca. Aunque me meto entre los árboles para ralentizar su paso de nada me sirve así que corro tan rápido como mi cuerpo lo permite. Solo me fije en unas cosas, los enormes colmillos que tenia, su tamaño y los ojos. Eso es, veo un árbol y no dudo en subirme a él, pero esta vez no es para escapar. Tengo un plan. Puede verme, oírme y olerme, si consigo tapar mi olor y quedarme quieta tal vez me salve pero para ello he de encargarme de sus ojos. Si no me ve tardará más en localizarme porque necesitará escuchar o seguir mi rastro y eso me dará más tiempo para salir corriendo. Diviso una especie de lodo que ha debido formarse esta noche cuando ha llovido, es perfecto para tapar mi olor, es perfecto para burlar al muto, para burlar al Capitolio. Ellos mismos han creado ese lodo con la lluvia, me han dado mi oportunidad para escapar. Tal vez no sean tan listos como creían o tal vez me subestimasen una vez más. Cálculo que llegare en cinco minutos corriendo, un poco más a lo mejor. Una vez que tape mi olor no hará falta nada mas, solo esperar.

Tengo que agarrarme fuerte al árbol porque el muto está intentando derribarlo, da golpes contra él y en uno de ellos casi me caigo. Me mantengo en mi posición pero dispuesta a saltar. Tengo que caer justo en la cabeza si quiero clavar mi cuchillo en sus ojos. Lo veo potencialmente problemático teniendo en cuenta las ganas de comer que tiene. Veo una rama fina y se me viene una nueva idea a la cabeza. Subo un poco más arriba del árbol, trepo con dificultad porque me duele la espalda, y si a eso le añadimos los golpes del muto resulta bastante complicado subir. Me siento en una rama lo suficientemente fuerte para aguantar mi peso y acto seguido rompo la rama larga y fina que vi antes. Empiezo con el cuchillo a cortar, formando una punta en la rama, como una lanza. No tengo flecha, no tengo arco y solo tengo un cuchillo pero si consigo hacer una lanza o incluso dos podré clavárselas en los ojos y así no perderé el único arma que me queda. Sigo tallando y de vez en cuando miro abajo a ver si sigue ahí, aunque muchas veces no me hace falta porque el árbol tiembla por los golpes del muto. Pasan los minutos y se me hace el tiempo eterno. Mis manos me duelen, no solo de trepar sino de lo que estoy haciendo ahora. Aprieto fuerte la rama para que no se me escape y tallo con mayor velocidad, la giro y eso hace que raspe mi mano pero es un daño menos comparado con el que sufriré si mi plan no sale bien. Afilo la punta un poco más. Tengo la lanza acabada, podría hacer otra pero si el muto sigue dando al árbol no tardará mucho en derribarlo. Así que decidida me pongo de pie, cojo la lanza y espero al momento adecuado para lanzarla. Solo tengo un intento pero no pasa nada, tengo una precisión muy buena. Recuerdo la caza, siempre hay que atravesar el ojo, estoy más que acostumbrada. Mis padres estarían orgullosos de mí. Sigo esperando y mientras pienso en que el Capitolio estará disfrutando de este momento, si muero ellos ganan, si sobrevivió también, el caso es que les estoy dando justo lo que quieren, un espectáculo del que hablar. Con un brazo agarrado al tronco y la lanza en la otra mano, veo mi oportunidad y no lo dudo ni un instante, mi lanza sale disparada. Le da justo donde yo quería, el muto se echa para atrás y con una de sus enormes patas intenta sacarse el palo, es mi momento. Bajo de un salto, no me molesto ni en ir agarrada, el golpe me deja los pies con continuos pinchazos y la caída ha sido dolorosa pero sigo corriendo en busca del charco de barro. Mis pies duelen pero tengo que seguir si quiero salvarme, miro una y otra vez detrás de mí pero al muto le veo lejos, sigue intentando sacarse la lanza. Sus enormes garras lo dificultan pero para mí eso es un punto positivo. En tres minutos más o menos llegare al charco, ya lo veo, miro una vez más atrás. El muto no puede sacársela pero creo que ha decidido dejarla y seguir detrás de mí porque empieza a correr. Le ruego a mis piernas que vayan más rápido y por una vez me hacen caso. El muto corre a una velocidad impresionante, se abalanza sobre mi tan rápido que parece que apenas he corrido unos pocos metros, sus enormes patas lo hacen más fácil. No me rindo, si el va mas rápido yo también tendré que acelerar el paso. En estos días he comprobado que mi resistencia es mucho mayor así que le puedo pedir más a mi cuerpo, mis piernas ahora son más fuertes y rápidas y eso ahora mismo me aporta muchas oportunidades. Respiro hondo, unos pasos más y estaré dentro, cuando llego me meto sin dudarlo. Es asqueroso pero puedo soportarlo si eso me va a salvar la vida. Me unto por completo, de arriba abajo y me quedo tumbada, cubierta de lodo y esperando a que el muto no me reconozca. Cierro los ojos porque tengo miedo de abrirlos, de repente el suelo tiembla y la bestia se planta a pocos metros de mí. Los abro con cuidado, respiro más lentamente y no me muevo para nada. Veo que le sangra el ojo por completo y que tiene la cara totalmente arañada de cuando se ha querido quitar la lanza. El otro ojo se lo ha dañado el mismo asique tengo más ventajas de las que pensaba. Veo como mueve la oreja y como comienza a olisquear, por un momento pienso que no va a servir de nada lo que he hecho pero entonces se oye el grito de una chica. La bestia gira la cabeza en dirección del grito y duda un momento pero sale corriendo. Me quedo parada pensando en que habrá ocurrido pero vuelvo en mi y salgo corriendo, esta vez no hacia el interior del bosque si no hacia la orilla. Lo siento Will, me repito a mí misma, pero no puedo arriesgarme. La orilla aunque parezca mentira es el lugar más seguro por lo menos hasta que termine la hora de la bestia. Un grito de terror se oye, pero no es la misma chica, esta vez es una voz masculina, después se oye rugir a la bestia, de nuevo un grito, es la misma chica de antes. No quiero ni imaginar lo que está pasando, la bestia no ha tardado nada en llegar hasta allí. Esos gritos no eran de lucha entre dos tributos, el terror de las voces era inconfundible. Me paro un momento y cuento los segundos, siete segundos después suenan los dos cañonazos. Esto es horrible, tantos niños muriendo. Éramos veintisiete. Solo es el tercer día. Hago una nota mental intentándome acordar de los que han muerto ya, del Distrito 1, Alexia y Chad siguen vivos; del distrito 2 Cathy sigue viva y a Austin lo mate yo; del distrito 3, Evelyn y Colin, que yo sepa ambos siguen vivos; del distrito 4, Tedy y Finnick, están vivos; del distrito 5, Gisele y Joel, no sé nada de ellos pero no he visto sus caras de momento asique siguen vivos; del distrito 6, Taylor y Loriyn, no los recuerdo bien pero sé que ella era pelirroja y el chico tenia pecas, no he visto la cara de la chica en el cielo, el chico cayó el primer día; del distrito 7, Annick está muerta, murió en la cornucopia seguramente y Brendon está muerto también, es el chico que utilizo Colin, recuerdo que lo dijo; del distrito 8, Gina y Rue, a penas los recuerdo pero siguen vivos; del distrito 9, Madge y Parkert siguen vivos ; del distrito 10, Jennifer y Lauren creo que ambos murieron en el primer enfrentamiento; del distrito 11, Zoe está viva y William, Will murió por salvarme; del distrito 12, Amy y Gale, estamos vivos, y seguiremos asi; del distrito 13, Caly y Black y del Capitolio, Cristina, espero que ella sepa mantenerse viva. En total murieron Jennifer, Lauren, Loriyn, Annick y Brendon la primera noche, no estuve muy atenta pero Will me lo conto mientras caminábamos, Austin y William el segundo día, es el tercero y han caído dos más. Eso son nueve en total, quedamos dieciocho. Si lo piensas bien no han caído tantos, quedan muchos días todavía. Estos juegos no están siendo tan sangrientos, normalmente la mitad de los tributos caen el primer día y segundo otros tantos a causa de las heridas de la primera batalla. Solo sobreviven los más fuertes y astutos e incluso eso, a veces, no les sirve de nada. Seguramente el Capitolio este ideando algo para que muramos más rápido, o tal vez prefiere hacerlo de una manera lenta para que los vencedores sufran mas. Quiero quitarme esa idea de la cabeza, sigo caminando en dirección a la orilla para alejarme del muto. Por el camino veo unos arbustos llenos de bayas y me pongo a recolectar, veo que hay venenosas y esas las dejo donde están, cuando llevo más o menos una hora ya he llenado la parte de debajo de la mochila y como veo que hay suficientes paro de recogerlas. Algo llama mi atención mientras cierro la mochila, es una especie de pavo salvaje, está comiendo algo que debe haber en el suelo. Me acerco lentamente y cuando estoy a escasos metros lanzo el cuchillo como me enseño Haymitch. Le doy de lleno, orgullosa y con una sonrisa me acerco a recoger mi presa pero veo algo que no me gusta nada. A unos dos o tres metros de donde estaba mi presa veo unas botas como las que yo llevo puestas. Alguien esta tumbado entre los matorrales, lo que no sé es si está muerto. Vacilo unos segundos y decido mirar por si alguien necesita ayuda. Tal vez sean Joel o Cristina, jamás me perdonaría el no haberlos ayudado. Dejo la presa donde está y avanzo un poco hasta el lugar. Aparto un poco los matorrales. Es Gina, el chico del distrito 8. 
Está en el suelo con el cuerpo desgarrado. Lo primero que me viene a la cabeza es la bestia pero ya ha pasado la hora. Me fijo mejor en las heridas y no son de garras, son picotazos. Tiene todo el cuerpo ensangrentado como si los pájaros le hubiesen atacado de repente y se lo hubiesen intentado comer. Pero eso no es lo peor, lo peor es que todavía respira, todavía está vivo. Me agacho para ver si puedo hacer algo pero su cuerpo está sangrando y totalmente destrozado, ni siquiera sé como sigue vivo. Le subo un poco la cabeza y la apoyo en una raíz que sale del suelo para que respire mejor. Intento ayudarle, aprieto las heridas para que no sangren pero su carne está rota, desgarrada, hay trozos que faltan… No sé qué hacer, y el tampoco tiene fuerzas para nada. Me fijo en él y veo que intenta mover la boca pero le cuesta, su cara está destrozada, aun así se le reconoce. Leo sus labios y mis ojos se abren cuando acaba de decirme lo que quería. Una sola palabra, una súplica. “Mátame” No quiero, no puedo, no puedo matarle sin más. Pero está sufriendo tanto, se está muriendo poco a poco. Una lágrima cae por mi mejilla y la borro en seguida, si yo estuviese en su lugar desearía que alguien apareciese con un cuchillo y me matase. Corro hasta donde está el pavo y cojo mi cuchillo, me lo pienso una vez más antes de hacerlo porque una vez que lo decida no habrá marcha atrás. Cuando vuelvo a donde está Gina me agacho como estaba antes, soy capaz de leer un ‘Gracias’ de sus labios y lo único que puedo hacer es asentir. Tras un lo siento que va dirigido tanto a Gina como a sus padres o incluso hacia mí misma, le hago un corte limpio en el cuello. Un corte con el que no te da tiempo a sufrir ni a notar nada, el corte que se utiliza para matar a las presas de caza para que no lo pasen mal. Limpio el cuchillo con las hojas que hay en el suelo. Me acerco al joven y le cierro los ojos. Al principio dudo en coger la mochila que lleva pero tal vez me venga bien, de todas formas si yo hubiese muerto como él me gustaría que alguien recogiese lo mío y eso le ayudase para sobrevivir. Le digo una vez más que lo siento, cojo la mochila y voy hasta donde deje la mía al lado del pavo.  Estoy dada la vuelta cuando suena el cañonazo. Diez, pienso. Solo quedan diecisiete.

Como ya no me hace falta ir hasta la orilla porque estoy segura de que la bestia ha desaparecido decido alejarme lo más posible de ese lugar, no sé que le paso a Gina pero no quiero que me ocurra a mí también. El aerodeslizador bajará a por el cuerpo asique será mejor que me ponga en marcha. Camino durante varias horas sin ningún encontronazo, nada de tributos ni de mutos lo que en realidad me relaja. Supongo que será por la tarde, miro al cielo para comprobarlo pero el sol todavía no ha empezado a esconderse asique no es muy tarde. Mientras camino pienso en el reloj. Una hora se que pertenece a la lluvia, otra al muto o bestia y otra a los pájaros o lo que sea eso. Solo he descubierto tres horas, son doce. De las tres solo me gusta una, espero que las demás sean mejores. Aunque si no descubro mas tampoco me importa mucho.

Sigo caminando entre el bosque, voy en línea recta asique sé que no voy a llegar al final de la Arena. Pienso en como escaparon todos en el antiguo reloj. Rompiendo el campo de fuerza. Eso es, tengo que conseguir hacer lo mismo, pero esta vez no hay rayos asique tengo que ver como lo hago. Primero lo primero, necesito llegar a la cueva y comprobar cómo están los chicos. Mientras camino me acuerdo de la mochila de Gina, paro un rato a la sombra y me subo a un árbol para mayor seguridad. Cuando voy a hacerlo me miro las manos. Si que tengo que ir a la orilla, se me había olvidado por completo el barro. Ahora por lo menos estoy más cerca de la cueva asique el viaje de vuelta será más corto. Giro hacia la derecha para llegar a la playa, pienso en lo que me encontraré allí ya que seguramente esté alguno de los tributos más fuertes. Voy con cuidado examinando la zona. En una hora he avanzado más de lo normal y estoy casi en la orilla, me escondo tras unos matorrales. El calor de la Arena me está dando una sed que se que no puede ser saciada. Levanto la vista y compruebo la zona, veo una sombra que sale de la cornucopia, pero allí hay más de un tributo. Con cuidado me dirijo más a la izquierda para que no me vean. Cuando estoy en frente de una de las paredes de la cornucopia, lejos de la entrada, me dirijo a la playa. Antes de nada escondo mis provisiones por si acaso. Con cuidado y mi cuchillo en la mano voy sigilosamente, triunfante porque nadie me ha visto me baño en la playa. Me hundo en el agua de la playa que reconforta mi piel y quita el barro. Siento frescor en el cuerpo y con el calor que hace es una buena señal. Cuando me lavo decido salir de allí lo más rápido posible pero entonces oigo una voz. Mi cabeza se gira instantáneamente hacia la cornucopia.

-¡Caly ven aquí! – una voz masculina pega un grito, lo veo y lo reconozco, distrito 13, esto puede ser peligroso, me he metido en un lio.
-Dime Black
-Me ha parecido ver algo por allí, quédate vigilando la zona, voy a ver que ha sido

Me ha visto, me sumerjo y aguanto la respiración, pero no soy muy buena y no llevo ni un minuto cuando necesito salir de nuevo. Salgo un poco y respiro, me vuelvo a meter en el agua. Mi corazón se acelera y mi ritmo aumente. Puede que esta vez este mas en peligro que con la bestia. Pienso un poco, es del 13 así que le habrán escogido no por ser hijo de vencedores sino por ser hijo de un alto mando, de alguien importante. De ser así corro verdadero peligro porque le habrán enseñado a luchar para ser un buen soldado, el 13 siempre ha actuado de forma diferente a los demás, siguen reclutando soldados por si hubiese una nueva guerra. En todos los distritos, sobre todo en el 13 y el 2 y también en el Capitolio, los rebeldes siguen formándose por si hubiese una revelación por parte de los ciudadanos del antiguo Capitolio, aún así lo que hacen en el 13 me parece exagerado, reclutan a los niños una vez hayan cumplido diez años. La falta de oxígeno me devuelve a la realidad y me mareo un poco. Saco mi cuchillo de la bota y con él en la mano subo una vez más a tomar un poco de aire. Veo que Black está rodeando la zona, si no quiero que me vea tengo que intentar mantenerme más tiempo en el agua, sin respirar. Sin querer le he clavado el cuchillo a un pez, intento quitarlo porque posiblemente lo necesite, los ojos me escuecen por la sal. Muevo una y otra vez el cuchillo pero no tengo fuerzas para quitar el pez porque necesito salir a la superficie una vez más. Intento no hacer ruido, cuando salgo veo a Black más cerca, estoy asustada, parece que me ha visto. Va a acercarse cuando Caly grita. Black no duda ni un momento en ir a socorrer a su compañera y en cuanto le pierdo de vista salgo corriendo. Voy hacia los arbustos sin dudarlo un instante. Recojo mis provisiones y me alejo de allí lo más rápido posible. Hoy tiene que ser mi día de suerte, no lo digo solo por el pez que se ha quedado en mi cuchillo, ni por el pavo, he salvado dos veces mi vida y las dos por un grito. Pero aunque sea mi día de suerte no debo arriesgarme más, que la suerte este de tu parte en los Juegos es bueno pero abusar de ella es insensato. No puedo evitar alegrarme por mí pero me dan pena los dos chicos atacados por la bestia. Aún así no puedo sentirme culpable. Nada de esto es culpa mía, es solo culpa del Capitolio. Sigo caminando, ahora cabreada, cálculo que me queda dos horas y media de camino más o menos. Estoy fresquita lo que hace que mi paso sea más rápido porque el calor no me cansa. Supongo que cuando llegue Gale habrá acabado con el conejo, ya había durado demasiado. Tengo un pavo y un pez asique la comida de momento no me preocupa, además cuento con la bayas. Todavía no sé que hay en la mochila de Gina pero no voy a pararme para verlo, ya lo miraré cuando llegue al refugio. Miro a los lados y noto que me he desviado un poco, sigo en el camino que lleva hasta la cueva pero este sitio… es el mismo camino que recorrí con Will. No puedo evitarlo, salgo corriendo una vez más. Llevo las provisiones, la mochila en la espalda y el cuchillo en la mano. Podría descubrirme pero no me importa mucho. Me guardo el cuchillo en la bota de nuevo y sigo corriendo. Mi corazón se acelera, el ritmo aumenta y mi respiración es más acelerada que antes, mis piernas se mueven deprisa, una detrás de otra sin darme tiempo apenas en pensar. De repente freno, sin más. Estoy llegando al sitio donde murió, supongo que por un cuarto de hora que llegue más tarde no pasara nada. Llego a los matorrales donde nos escondimos y lo revivo todo de nuevo, esa roca enorme y al lado un roble altísimo, a la izquierda de este es donde apareció Austin. Los cuerpos ya se los han llevado y algún tributo ha debido pasar por aquí porque las mochilas no están. Pero no he venido por las mochilas. Me acerco hasta la roca y la toco con la mano, me agacho para dejar mis cosas y saco el cuchillo. Comienzo a marcar en la roca una frase.Rayarla cuesta demasiado, con las dos manos clavo el cuchillo y lo muevo grabando en la roca las letras que componen dos simples palabras. ‘Siempre Will’ Me gustaría escribir más pero cuesta demasiado rayar esa roca. Se lo debía. El Capitolio estará asombrado pero no me importa su reacción, pueden pensar que es un signo de revelación, yo se que en realidad es símbolo de lo que realmente me importó. Antes de macharme me beso la mano y la coloco encima de lo que he escrito. Pienso en lo importante que ha sido para mí  y dejo escapar una frase.

-Pagaran por todo, te lo prometo William. Nunca te olvidaré.
Cierro los ojos, ya he hecho lo que tenía que hacer. Recojo las cosas y camino sin mirar atrás, todo tiene que seguir adelante,  yo debo seguir adelante. Por Gale, por mama, por papa, por Finnick, por Haymitch, por William, por todos. Quiero demostrarle al Capitolio que no le pertenezco. Avanzo sin más, me queda un largo camino, empiezo a correr porque no estoy cansada, porque lo necesito, porque quiero despejarme, porque no quiero hundirme. Tengo ganas de llorar pero llevo tanto tiempo ocultándome tras una máscara que lo único que muestra es la persona fuerte en la que me he convertido, que temo, que al llorar se vaya el maquillaje y deje ver que en realidad no soy tan fuerte como aparento. Porque detrás de la máscara las cosas duelen, detrás de la máscara hay una chica que ha tenido que madurar más rápido para poder mantenerse con vida, para conseguir que su hermano no muera, una chica que sigue levantándose, que se pone de pie y continua su camino aunque no le queden casi esperanzas. Detrás de la máscara hay una chica que es fuerte, pero que tiene miedo de no serlo lo suficiente para aguantar el peso que tiene encima. Porque creo que si lloro no podré levantarme de nuevo. Puede parecer ridículo en las circunstancias en las que me encuentro, pero llorar, llorar es mi mayor miedo. Sigo corriendo para despejarme, para olvidar mis ideas, para salir de esta pesadilla. Pero hay pesadillas en las que por mucho que corras, si alguien no viene a rescatarte de ese mundo de sueños en el que te sumerges al cerrar los ojos, no logras encontrar la salida. Necesito que me rescaten de este infierno. De esta pesadilla en la que los del Capitolio me tienen retenida. Quiero que la máscara deje de existir, necesito mostrarme fuerte de verdad, porque realmente he superado tantas cosas que ya no la necesito. El Capitolio acaba de empezar a conocerme. A conocer quien soy realmente, la máscara de la entrevista ha dejado de existir, ahora soy yo. Ya no pueden conseguir que me derrumbe, este tiempo he ido construyendo una barrera que me impedía ver con claridad las cosas. Demostrarle al Capitolio que no pueden acabar conmigo, que no les pertenezco, esa es mi mayor arma, demostrarle a los rebeldes, a los distritos que han de seguir luchando, igual que estoy haciendo yo. La llama que había en mi interior se ha avivado y ahora se está convirtiendo en un fuego que recorre todo mi cuerpo. Pero el fuego es peligroso, el Capitolio ha jugado con él y eso no ha sido una buena idea. Solo tengo que calmarme, el fuego que hay en mi interior ahora mismo está alimentado de la fuerza, pero si la rabia lo controla puede ser mi perdición, necesito calmarme para ver cómo utilizarlo a mi favor. Mientras corro mis ideas desaparecen y me vienen canciones a la cabeza, canciones que me cantaba mi madre. Paro en seco, he avanzado más de lo que creía. Cantar, hace mucho que no canto. Papa siempre me decía que tenía una voz preciosa, más bonita aun que la de mamá. Me conto que se enamoró de ella el día que la escucho cantar en clase. Empiezo a caminar, con un paso más calmado. Una canción que me de fuerzas, esperanzas… Tartamudeo una melodía en mi cabeza y siento que necesito cantarla, porque necesito despejarme. No puedo hacerlo porque tal vez haya tributos cerca, pero lo necesito. Es la canción que cantaba mama, la cantaba para la tía Prim. Sigo caminando y mientras comienzo a cantar, al principio la voz casi no me sale porque no tengo la fuerza necesaria pero mientras canto recuerdo a mama, eso me da esperanzas, y si me oye cantar ella también se sentirá mejor. Empiezo de nuevo, esta vez de verdad, es tu canción mama pienso. Safe and Sound. Cierro los ojos y la empiezo. Camino con normalidad, como si estuviese dando un paseo por el bosque, entono la melodía y canto la letra. Cuando lo hago no puedo evitar sonreír. Me siento como en casa, en el bosque del 12, con mi madre. Ahora mismo es todo perfecto, es lo que necesitaba, ahora tengo más fuerza que antes, mas esperanza. ¿Qué estarán pensando en los distritos? ¿Y el Capitolio? Yo sé que no me he vuelto loca, desde que entre en ese tubo, desde que pise la Arena, mientras canto esta canción siento que de verdad podrían encontrarnos, que no está todo perdido. Mi canción ha acabado pero mi mensaje sigue en el aire. ‘Confío en vosotros’ 

Desde que apunte lo de Will en la roca ha debido pasar casi una hora porque diviso la colina y más abajo el desnivel. Avanzo mas, acelero el paso y sin quererlo me encuentro corriendo de nuevo, estaba tan absorta en mis pensamientos, tan tranquila con mi canción que apenas me he dado cuenta de que llevo todo el día fuera, de que ya ha anochecido. Me dirijo a la entrada no sin antes comprobar que nadie me sigue, es extraño ver que está todo tan tranquilo. El silencio en la Arena es como un descanso, como un respiro, pero a la vez tienes que estar atento, porque puede ser tu último silencio. Mi piel ya se ha secado, cuando me metí en el agua pensé en mi hermano, si salimos los dos de esta, si Finnick sale también, iremos al distrito 4 y haremos castillos de arena en la playa, nos bañaremos y disfrutaremos como nunca antes lo habíamos hecho. Será bonito de ver, de vivir.

Aparto los matorrales y entro en la cueva. Me aseguro de taparla bien para que no se vea nada. Coloco las ramas como siempre y después unas hojas que nos ocultan mejor. Miro por los pequeños agujeros que quedan y como apenas se ve nada decido dejarlo, estamos a salvo. Cuando entro Gale salta y me da un abrazo tan grande que ambos caemos al suelo, no puedo evitar reírme. Finnick está dormido, no sé si se habrá despertado en todo el día, espero que lo haya hecho. Le doy un beso a Gale en la frente, no quiero soltarlo, empiezo a hacerle cosquillas y ambos acabamos tumbados y riéndonos. Esto me recuerda mucho al 12, a mi casa. Mi hermano y yo estamos juntos, riéndonos como antes, no quiero que este momento acabe. Recuerdo a mama y a papa y me pregunto y abran sonreído al ver esta escena. Una voz dulce e inocente me trae de vuelta al mundo real.

-¿Dónde has estado Amy?
-Pues he ido a por algo de comer pequeño
- Menos mal porque tengo mucha hambre ¿Y la otra mochila naranja?
-Me la he encontrado por el camino, no sé que hay todavía, ¿quieres abrirla tu?
-Vale- se lanza corriendo a por ella y la abre, cuando me asomo la aparta- Yo la abro.
-Vale, tranquilo que no voy a quitártela- me siento en frente de él y sonrío- a ver, dime que tiene dentro
-Hay… - empieza a sacar cosas- una cuerda muy larga… una caja…
-¿Una caja? ¿Y que tiene la caja?
-No sé, espera un momento – veo como sus pequeñas manos intentan abrirla y como no puede se rinde y me la da - yo no puedo abrirla…
-Vamos a ver – la abro con cuidado y una sonrisa se dibuja en mi rostro- es medicina Gale, es una pomada para curar las heridas.
-¿Y también cura las heridas de cuando te caes de un árbol?
- Ahora veremos si las cura, pero seguro que si – no me puedo creer que se acuerde de lo del árbol, estaba casi dormida cuando lo dije, apenas me acordaba yo, dejo con cuidado la cajita a mi derecha y me dirijo a Gale- a ver qué mas tiene la mochila
-Pues tiene… tiene una bolsa de fresas y una caja de cerillas
-¿Fresas? ¿En serio? A ver déjamelas – cojo la bolsa intrigada, vaya el Capitolio lo ha pensado todo, en unas mochilas ponen un saco para que no mueras de frio y en otras fresas, medicina, una cuerda y cerillas, así no te mueres de hambre, ni de frio y mucho menos por una herida. Pero reconozco que estoy satisfecha. Hoy ha sido un buen día, un muy buen día, recojo todo lo que tengo y voy a la derecha de la cueva para organizar las provisiones, como veo que Gale se queda mirando le llamo para que me ayude- a ver pequeño, tráeme el botellín, ¿conejo ha sobrado? – Tras negarlo con la cabeza sonrío- ya lo suponía, ¿tienes hambre? Vamos a ver, coge tres fresas y te las comes mientras preparo la comida ¿vale?

Tras su tímida sonrisa las coge, se sienta encima del saco y se queda mirando lo que hago. Primero cojo los palos que nos quedan y empiezo a hacer una lumbre. Las coloco juntas y estreno la caja de cerillas, cuando está hecha, tapo con la bota hasta dejar las brasas. Tenemos bayas, fresas, un pescado y un pavo. Cuando voy a dejar la mochila en un lateral cae de ella un botellín. No me puedo creer que a Gale se le pasase algo tan importante. Esta vacio pero aun así es una buena noticia, esta noche tendremos aún más agua. Decido hacer el pescado porque sé que va a durar menos, cuando esta cocinado lo pongo sobre una especie de plástico que encontré al lado del botellín. Aviso a Gale para que coma lo que quiera y me dirijo hacia la caja que contiene la medicina. Rasgo un poco más mi camiseta y limpio las heridas de Finnick. No se ha despertado, pero respira.

Cuando Gale ha bebido agua y queda tan solo un poco decido usarla para limpiar a Finnick. Yo puedo aguantar un poco más, de todas formas no tardará mucho en empezar a llover, siempre llueve a la misma hora, justo después de los rostros de los tributos muertos. Limpio con cuidado cada herida y también le lavo la cara. Empiezo a untarle la pomada en las heridas, en algunas algo más porque son más profundas. Rezo para que funcione, como no puedo desperdiciar nada cierro la cajita y la guardo al lado del saco. Miro el poco pescado que ha dejado Gale y me lo termino. Estoy segura de que ha Finnick le hubiese encantado, el viene del distrito 4. Pensé que estaría despierto al llegar pero veo que está tardando más de lo normal. Tengo heridas superficiales de estos días pero no quiero malgastar la pomada.

Mañana por la mañana haré el pavo y nos daremos un buen festín, saldré a cazar  más cerca y buscaré algún palo largo que sirva para hacer una lanza. Puedo hacer unas trampas con las cuerdas y conseguir unas buenas presas asique no me preocupa si mañana gastamos el pavo. No quiero más riesgos, hoy he tenido bastante. Como tenemos suficiente comida decido darme un capricho y me como junto a Gale casi un cuarto de todas las bayas. Le digo que se acueste y que le avisaré cuando empiece a llover y no pone ninguna resistencia. Se mete en el saco, recuerdo el día que le acosté después del banquete. Es tan pequeño, le acaricio la frente y cierro el saco. Un beso en la frente y mi hermano cierra los ojos. Sonrió para mí misma y camino hasta el otro lado de la cueva. Me asomo por la entrada de la cueva y me quedo mirando las estrellas que hay en el cielo y pienso en como alguien que puede crear algo tan hermoso puede hacer cosas tan horribles.
Hipnotizada por las estrellas vuelvo a la realidad cuando suena el himno del Capitolio. Las caras de los tributos comienzan a aparecer. Madge y Parkert del 9 y Gina. Solo tres caras aparecen esta noche. Al parecer no paso nada en la cornucopia cuando Caly gritó, o tal vez hayan ganado un aliado. Madge y Parkert debieron morir por la bestia. No puedo evitar cerrar los ojos. Justo cuando acaba empieza a llover. No pierdo ni un segundo, despierto a Gale y le digo que coja los botellines. Me quedo vigilando mientras mi hermano sacia su sed y acto seguido hago yo lo mismo. Las grandes hojas están preparadas para que bebamos pero solo los tributos que hayan observado otros Juegos lo sabrían, por suerte yo veía videos para prepararme antes de que Haymicht me entrenase con los cuchillos, yo siempre quería impresionarle. Lleno los botellines y entro con Gale. Uso uno para mojar a Finnick y el otro para lavar a Gale que ha cogido algo de suciedad de estar en la cueva. Salgo una vez mas y repito lo de siempre. Al final Gale vuelve a tener sed y como estoy acostumbrada dejo que se beba un botellín entero. Durante esa hora nos refrescamos y bebemos hasta que no podemos mas, al final llenamos de nuevo los botellines y entramos de nuevo. Esta noche no va a haber guardias, me merezco un descanso.

He dormido tranquila, no recuerdo ninguna pesadilla ni ningún sueño. Me despierta un abrazo de Gale y una súplica de que prepare la comida. Tal vez se haya pasado la hora de desayunar, más bien es casi la hora de comer. No sé cuánto tiempo lleva Gale despierto pero lo que sé es que no había dormido tanto desde que nos secuestraron. Me siento totalmente descansada, renovada. Me levanto y le doy un abrazo a mi hermano, después le pido que coloque las ramas como lo hacemos siempre y compruebo que son las últimas que nos quedan. Hoy tengo que salir lo quiera o no, además no vendrá nada mal conseguir algo de caza. Utilizo un poco de agua para cambiarle a Finnick el paño, su temperatura ya es normal pero por si acaso, prefiero no correr riesgos.  Me siento para encender el fuego y le pido a Gale  que con las dos cuerdas haga nudos para hacer una trampa, el sabe hacerlas muy bien y eso me ahorrará tiempo a mí. Mientras las ramas prenden despellejo el pavo. Es más grande de lo que pensaba asique me lleva un rato. No me importa porque la recompensa es toda la carne que consigo. Desgarro con el cuchillo la carne para repartirla en cuatro trozos y así poder guardar unas reservas. Mientras lo hago me viene a la cabeza Gina y se me quita un poco el hambre. Guardo en el plástico tres trozos y el más grande comienzo a asarlo. Gale acaba las trampas justo antes de que termine de cocinar y reconozco que son perfectas. Ha pensado en todo, hay una que es más grande por si cazamos una presa de mayor tamaño y otra más pequeña para conejos o animales parecidos. Estoy tan orgullosa de él que no puedo evitar darle un beso. Nos sentamos a comer, divido el trozo cocinado en dos partes y aun así tenemos más que de sobra para ambos. Me preocupa que Finnick no despierte porque ya es el tercer día que no come ni bebe nada. Acabamos el trozo y Gale empieza a chuparse los dedos, le pregunto si quiere más pero niega con la cabeza. Estoy tan contenta con las provisiones que decido gastar un poco más. Como voy a salir de caza no me importa. Le entrego a Gale tres fresas y un puñado de bayas y cuando lo hago sus ojos se abren tanto que dan a entender que no se puede creer que comamos hoy tanto.  Como no tengo hambre dejo mi parte guardada, al fin y al cabo si Finnick despierta seremos tres, y tres comen más que dos. Nos queda aún un botellín y medio llenos de agua, es suficiente para todo el día. Descansamos un poco y dejamos que la comida repose. Hoy me encuentro perfectamente, no estoy cansada, no tengo hambre ni sed y me siento muy optimista.

De repente pienso en lo que no debería, todavía hay diecisiete tributos, son muchos, demasiados quizás. Muevo la cabeza haciendo un intento de olvidarme de eso. Cocino otro trozo grande de pavo y lo guardo de nuevo en el plástico por si a Gale le entra hambre  o yo vuelvo tarde. Recojo la mochila, paso todas las cosas a una sola. Cojo el cuchillo y las dos trampas, me despido de Gale que después de cuatro días tiene claro lo que debe hacer. Esta vez salgo menos preocupada, tiene comida de sobra y agua más de la necesaria. No cojo nada de comer pero si el medio botellín, no tengo pensado estar mucho tiempo fuera pero si las cosas se tuercen tampoco me apetece morir de sed. Me dirijo hacia la entrada pero antes de salir vuelvo hacia donde esta Gale y le abrazo de una forma que no había hecho antes, también me dirijo a Finnick y le susurro un ‘te pondrás bien’ Tengo que creerlo si no quiero derrumbarme. Supongo que necesitaba hacerlo, el abrazo más que nada. Quedan diecisiete tributos, quince si nos descontamos nosotros, es mucha gente que no dudará en matarme si así sobrevive.

Me alejo un poco pero no demasiado y coloco las trampas a unos diez metros una de la otra. Como no se cuánto tardarán en caer las presas decido investigar un poco la zona hacia dentro del bosque. Me conozco la zona de la cueva hasta la orilla pero nunca he llegado más allá de la cueva. Comienzo a subir el desnivel, resulta complicado pero la colina parece más empinada, queda un largo camino por delante. El sol me pega de lleno y eso hace que vaya mas lenta. Cuando consigo llegar a la cima miro hacia atrás, ha avanzado bastante pero necesito avanzar más así que sigo caminando.  Media hora después me tomo un descanso, me siento en lo alto de un árbol y observo la zona. Cuando estoy descansada empiezo a caminar de nuevo y veo algo que me sorprende, a unos veinte metros de mí. Corro hasta allí entusiasmada. Reconozco esa hoja, cuando estuve en el distrito 11 en una de mis visitas vi que cultivaban esta misma planta. Eran batatas. Me acerco con más detalle, hay pocas, pero las suficientes para alimentarnos un día o incluso dos. Comienzo a escarbar en la tierra y empiezo a sacarlas una a una. Me miro las uñas, no están muy estropeadas pero están sucias y llenas de tierra, si las estilistas de mi madre me viesen no quiero imaginarme como se pondrían. Ahora mismo eso no me preocupa asique sigo escarbando, sin perder de vista los alrededores, de vez en cuando levanto la vista por si algún tributo apareciese. Una ilusión crece en mi, más comida, las cosas no hacen más que mejorar. Las coloco en la mochila con cuidado. Como no hay demasiadas acabo en una hora más o menos. Con lo que me pesa la mochila no puedo seguir investigando asique decido retroceder, tardaré un buen rato en llegar asique empiezo el camino cuanto antes.

Mientras me dirijo a la cueva oigo un grito cerca de mí que me pone los pelos de punta, salgo corriendo sin dudarlo, sin pensar en que dejo atrás. Esta vez no puedo ayudar, no si eso significa poner mi vida en juego. Si yo caigo lo hace mi hermano y no estoy dispuesta a jugármela de esa manera. Corro tan rápido como me lo permite el cuerpo. Miro atrás y nadie me persigue, tal vez haya pasado desapercibida. Me voy alejando cuando veo a lo lejos una fogata, el humo va hacia arriba y deja ver la posición del tributo. Solo puedo pensar una cosa, debe ser una trampa. Cualquiera de lo que estamos aquí es lo suficientemente inteligente como para no caer en algo tan sencillo, aunque la gente desesperada hace cosas desesperadas. Decido alejarme cuanto antes de ese lugar, no quiero llevarme sorpresas. Sigo caminando pero esta vez llevo el cuchillo en la mano por si acaso. Oigo un cañonazo.

Mis manos empiezan a sudar y me pongo nerviosa, mis ojos se abren y mis oídos permanecen atentos a cualquier sonido. Un movimiento en falso podría ser mi perdición. Sigo hacia delante sin perder de vista cualquier punto del bosque, me estoy acercando a donde deje las trampas asique no hay problema. Veo una sombra  y no me lo pienso dos veces antes de salir corriendo, mi respiración aumenta al igual me que mis latidos, siento que me agito por dentro y que empiezo a sudar de nuevo. Un sudor frio recorre mi frente. Corro, correr es la única idea que tengo en mente. Y entonces ocurre algo inesperado. Descubro una nueva hora del reloj.

Estoy cerca de la cueva, a unos quince minutos, tardare menos si corro más pero mis piernas van tan rápido como pueden. Tengo el chaleco quitado y lo uso para taparme la cara. Tengo que salir de esa zona cuanto antes porque una hora encerrada aquí significa la muerte segura. Lo que me persigue no tiene patas, ni garras, ni colmillos, tampoco tiene picos que desgarren mi carne. El Capitolio decidió dejar algo de la antigua Arena, y eligió uno de los peores horrores que había en el reloj. Una niebla estaba por detrás de mí y yo corría para que no me alcanzase. Sé que el reloj va por zonas, solo tengo que aguantar un poco más para salir de esta, una vez que salga la niebla no puede alcanzarme. Miro alrededor de mí, nada me sirve, vegetación, arbustos, árboles… nada que me ayude a escapar. Miro mis opciones, no puedo subirme a un árbol, sé que no serviría, pararme significa morir asique lo único que puedo hacer es correr. Cada segundo que pasa me siento más débil, tropiezo con raíces que hay en el suelo porque voy tan deprisa que cuando las veo es demasiado tarde para reaccionar. Las ramas más bajas de los árboles arañan mi piel pero no me paro aunque cada golpe frena un poco mi paso. Sigo corriendo y noto como la niebla cada vez está más cerca, pero yo también estoy más cerca de la siguiente zona. Calculo que serán entre las cuatro y las cinco de la tarde según la posición del sol, ya sé a qué hora no debo salir detrás de la cueva. Ya queda menos, me repito lo mismo una y otra vez para darme esperanzas. Cuando ya veo la zona que no tiene niebla tropiezo con algo. Me intento levantar lo más rápido que puedo pero descubro que esta vez no es que haya tropezado. Siento un dolor en la pierna intenso. Miro debajo de mí. Alguien me ha agarrado el tobillo. Tiro una y otra vez intentando soltarme, noto como la niebla me alcanza y sé que si estoy mucho rato en esta comenzaré con las compulsiones y acabaré muerta. Lo siento mucho por el tributo que me está agarrando pero casi no tengo fuerzas para salvarme yo, si intento ayudarle voy a una muerte segura. Le golpeo la mano con el mango del cuchillo y me suelto. Tiempo atrás alguna lágrima habría asomado por mis ojos pero después de cuatro días en la Arena las cosas cambian, aún así yo no he cambiado tanto y mis ojos se humedecen un poco y un lo siento quiere salir de mi boca. No hay tiempo, me suelto por completo, tal vez nunca habría hecho esto pero por mucho que quiera ayudarle no puedo hacerlo. Me alejo, mis piernas comienzan a fallar por culpa de la niebla pero finalmente y tras un esfuerzo me tiro a la zona donde estoy a salvo. Oigo un cañonazo y veo el aerodeslizador a lo lejos. Tengo que alejarme asique a rastras me dirijo hacia los matorrales con el fin de que nadie me encuentre. Ya no soy dueña de mi cuerpo. Apoyo la cabeza en un árbol y dejo caer mis manos, estoy escondida y permaneceré ahí un rato, hasta que controle de nuevo mi cuerpo. Cierro los ojos y lo último que veo es a Taylor, la chica del 6 que agarraba mi pierna antes de que la abandonase para que muriese. 

Me despierto con el canto de los pájaros, diferentes pájaros a mi alrededor crean una música que en otra situación habría disfrutado escuchando. Muevo la cabeza e intento abrir los ojos. Lo primero que veo es como los árboles y todo el bosque que hay alrededor dan vueltas. Me encuentro algo mareada, cierro los ojos de nuevo y una sensación de lejanía entra en mi mente, apartándome de todo lo que hay a mi alrededor, alejándome de este mundo.
No se cuanto he dormido desde que abrí los ojos por primera vez pero el sol esta mucho más bajo. Tardo un poco en reaccionar y siento una punzada intensa en la cabeza. Me llevo las manos a la cara y me froto los ojos, una vez que estoy despejada intento mover las piernas, estas tardan en responder y aunque lo hacen con dificultad pero, cuando ha pasado un rato, responden. Cojo mi chaleco que se encuentra en el suelo al igual que mi mochila y me lo pongo por encima. Me cuesta ponerme de pie pero tras varios intentos, poco a poco, lo consigo apoyándome en un árbol, compruebo que no hay nadie en la zona antes de salir y cuando estoy segura me dirijo a donde puse las trampas. Por el camino descubro que estoy algo torpe, mis piernas a veces fallan e incluso se cruzan entre sí. Al caminar voy mejorando, como si estuviese aprendiendo a andar, cuando llevo un rato caminando mis piernas responden perfectamente. Tardo unos cinco minutos en llegar.  Estoy sedienta asique saco el botellín y bebo un poco. Aproximadamente serán las siete o las ocho, después de la niebla debí quedarme inconsciente o dormida. Es una sensación terrible, no se la recomendaría ni a mi peor enemigo. Todavía me duele la cabeza y siento punzadas en las piernas. Retiro los matorrales para comprobar a ver si he cazado algo y me desilusiono porque no hay nada en la trampa. Tal vez no haya sido un buen lugar donde ponerla. La recojo y la guardo en la mochila con las batatas. Este día no está siendo muy bueno aunque empezó bastante bien. Ahora mismo solo pienso en negativo, todavía estoy algo aturdida de la niebla y de vez en cuando me mareo un poco. Seguida voy a la siguiente trampa con un poco mas de esperanza y encuentro un conejo. Supongo que no es mucho pero me vale. Teniendo en cuenta que también he recolectado batatas tal vez no haya sido un día del todo perdido. Guardo la presa en la mochila que ya ha alcanzado un peso bastante importante. Cargo con ella en la espalda y decido ir a la cueva. Camino con facilidad puesto que no me cuesta tanto como cuando abrí los ojos. La verdad es que no estoy prestando mucha atención al bosque, si un tributo anduviese cerca puede que ni me diese cuenta, lo que en parte es muy peligroso pero en mi estado lo único que pienso es en llegar al refugio. Mientras me dirijo a la cueva veo una especie de ave en el suelo, no distingo muy bien lo que es pero no dudo en lanzarle el cuchillo. Tal vez mis piernas me fallen un poco pero los brazos siguen igual que siempre, me acerco a ver mi prisa y es irreconocible. Parece un pavo pero es algo más pequeño, lo dejo en un ave salvaje porque no se qué nombre tiene este bicho. Orgullosa limpio mi cuchillo y cargo mi nueva presa a la espalda. Estoy más satisfecha de antes porque tenemos bastantes provisiones. Seguro que mis padres están aliviados, me han visto pasar un mal rato pero ahora tengo algunas recompensas, me gustaría saber que piensa el Capitolio al respecto. Ni siquiera su niebla ha acabado conmigo, deben estar molestos y eso podría ponerme en peligro porque ahora no dudaran en poner más peligros en la Arena. La chica que murió en la niebla me da una ventaja, si no hubiese muertes en un día estoy segura que pensarían alguna manera para juntarnos en una nueva batalla de sangre. De repente noto una punzada aun más grande en la pierna. Me subo el pantalón para comprobar que me pasa y descubro que tengo una mancha de sangre enorme. Limpio un poco la zona con agua para ver qué es y veo una raja profunda que deja ver la carne al rojo vivo. No sé cuando me la he hecho ni con qué pero duele cada vez más. Siento pinchazos en la pierna, me mareo un poco. Tengo que cerrar un poco los ojos y apoyarme en un árbol mientras se me pasa. Vuelvo a abrir los ojos, entonces lo veo claro, recuerdo cuando tropecé. Tropecé porque me clavaron un cuchillo, tenía tanta prisa por escapar de la niebla que no preste suficiente atención. Cuando me libere me agarro con la otra mano, recuerdo la cara de desesperación de la tributo. Me siento culpable por no haberla ayudado pero sé que no podría haber hecho nada para evitarlo. O moría ella o moríamos las dos. De nuevo cargo a mi espalda todo lo que llevo y avanzo con un dolor que se hace cada vez más insoportable. La Arena no solo te destroza por fuera sino que también lo hace por dentro, con la muerte de cada tributo. Llego a la cueva al rato y con algo de alivio retiro las ramas y los matorrales que la ocultan. Estoy demasiado cansada, cansada por el día que llevo, cansado por todo lo que ha pasado en estos días, cansada de lo que está haciendo el Capitolio. Cansada de este infierno en el que me han encerrado. Solo quiero tumbarme a descansar pero por lo visto el día de hoy está lleno de sorpresas.

Solo quiero tumbarme a descansar pero por lo visto el día de hoy está lleno de sorpresas.
-Pensé que ya no volverías, pero siempre tu vuelves – una voz dulce y masculina que proviene del interior de la cueva resuena en mi cabeza, la voz proviene de alguien a quien le cuesta hablar pero aún así es la voz inconfundible, burlona y seductora de Finnick.
Entro en la cueva y suelto todo lo que llevo, lo primero que hago es lanzarme a sus brazos, me olvido de todo, de sus heridas y de las mías, de todo. Solo me encuentro con esos ojos azules, un azul que se mezcla con el verde del mar. Solo pienso en una cosa, ha vuelto, ha vuelto a mi lado. No sé si mis ojos se han humedecido pero de lo que estoy segura es que eso no apagará la nueva llama que crece en mí. Mi llama ha vuelto y ahora parece más fuerte que nunca, algo dentro de mí recorre mi cuerpo. El como si el fuego corriese por mis venas y alcanzase cada punto de mí, haciendo que sienta que ahora todo es posible. Lo llaman esperanza, yo no sé describirlo pero creo que es una mezcla entre la felicidad y la ilusión que siento en este momento. Un cosquilleo aparece en mi interior, no son las mariposas a las que hacía referencia mi madre cuando hablaba de cómo de enamoro de papá, son nervios. Nervios porque me he lanzado sin más a abrazarle, sin pensar en nada, ni siquiera en lo que pasara cuando deje de hacerlo. Solo sé que no quiero dejar de abrazarlo– Si que te alegras de verme – tose un par de veces después de decirlo lo que me recuerda que aun esta débil, no me había fijado en lo cerca que estábamos el uno del otro, nuestras caras, nuestros cuerpos, puedo notar su respiración en mi cuello, el tacto de sus dedos rozando mi piel, y el calor de su cuerpo aviva mi llama cada vez mas. Me separo de él en seguida y voy a por él botellín de agua.

-No sabes cuánto –una sonrisa se dibuja en mi rostro, la felicidad recorre mi cuerpo. Quiero parar las agujas del reloj para que el tiempo se detenga, para que este momento no se escape jamás y pueda vivirlo para siempre. Para que pueda seguir a su lado el tiempo que quiera sin temor a lo que hay fuera de la cueva. El cosquilleo es cada vez más intenso, no desaparece y cuando me acerco a Finnick siento que no se irá nunca- toma, tienes que beber un poco Finnick, llevas cuatro días sin tomar ni una gota de agua.

-Tranquila, Gale me dio un poco de agua antes de quedarse dormido, no la desperdicies – me sonríe e intenta incorporarse, yo no dudo en ayudarle pero cuando lo hago, él se da cuenta de que no es el único herido, su cara cambia completamente- ¿Qué te ha pasado? Estas sangrando Amy, ¿Quién te ha hecho eso?

-Tranquilo, estoy bien, son solo unos rasguños y lo de la pierna no es más que un corte superficial.

-No, no es ningún corte superficial, solo te lo repetiré una vez, estas sangrando – intenta moverse, se acerca hacia mí, preocupado, pero me aparto en seguida, no quiero que vea como son realmente las heridas. Me agarra la mano para que no me aleje y su mirada se endurece- Coge el agua y límpiate la herida y después te echas medicina, me ha dicho Gale que tenemos una caja entera.

-No Finnick, tú necesitas la medicina más que yo…

-Amy, o te das la medicina o te juro que salgo de esta cueva y voy directo a un tributo para que me mate, así tendrás medicina de sobra para ti.

-Si sales de esta cueva no te dará tiempo a llegar a ningún tributo porque te mataré yo misma por insensato- mi tono ya no es tranquilo, es una mezcla entre enfado y preocupación, después de todo lo que hemos pasado no me creo que me diga eso- me echare medicina, será mejor que te acuestes, te despertaré para cenar, lo mejor es que descanses.

Estoy seria, enfadada, preocupada, rabia es lo que encuentro en mi interior, rabia porque Finnick está peor que yo, porque lleva cuatro días inconsciente y rabia porque aun estando así sigue preocupado por mí. He demostrado muchas veces que soy capaz de sobrevivir, no necesito que me vigile, que se preocupe, solo necesito que se recupere. Me observa durante un rato y como sé que no va a parar me lavo la herida con el agua que queda en mi botellín y me doy un poco de pomada, reconozco que el efecto es increíble, no sé cómo estará mi pierna mañana pero ahora la siento mucho más calmada, casi ni me duele. El alivio es más que inmediato.

Descanso un poco apoyada en la pared, cuando me siento mejor recojo las provisiones que deje casi al ras de la entrada. Me dirijo hacia donde lo guardamos todo y me viene a la cabeza lo afortunados que somos. Todavía no han encontrado la cueva y tal vez no lo hagan porque está muy bien oculta, tenemos provisiones para varios días y sabemos de sobra donde conseguir agua. Compruebo que las fresas siguen igual, y las bayas también, el trozo de pavo que deje cocinado ha desaparecido lo que me hace pensar que Finnick habrá comido un poco. Tanto pavo no cabe en un niño tan pequeño como Gale. Coloco el conejo y el ave al fondo y las batatas también, con lo que he conseguido hoy tenemos mínimo para tres días. El agua sabemos cómo conseguirla asique tampoco nos escasea, en este momento solo puedo ver puntos positivos. Cuando cojo los dos trozos grandes de pavo que quedan para cocinarlos me doy cuenta de que no hay palos para hacer fuego, entonces recuerdo que esta mañana no apagué las brasas asique con suerte no se habrán consumido aún. Miro hacia donde cociné esta mañana y efectivamente queda lo suficiente como para cocinar, no sé en qué estaría pensando para olvidarme de algo tan importante pero me alegra haberlo hecho.  Sé que tardaré más en hacer la comida porque las brasas que quedan son escasas pero no me preocupa porque no tengo prisa.

Dejo los dos trozos de pavo haciéndose y voy de nuevo hasta las provisiones. Hoy Finnick ha despertado y tenemos que celebrarlo. Reparto todas las bayas en tres montones, y veo que hay muchísimas más de las que pensaba, a estos montones les añado una fresa a cada uno. Tal vez ahora que somos tres, resulte insensato hacer este reparto, pero aquí en la Arena no sabes cuándo va a acabar todo, y las buenas noticias son ocasiones que hay que celebrar ya que aquí, escasean. Vuelvo a ver cómo va el pavo y le doy la vuelta para que se haga por el otro lado. Soy mejor cocinera de lo que pensaba, si volvemos a casa le pediré a papa que me enseñe a hacer postres como los que hace él. Recuerdo levantarme por las mañanas con un olor a pan recién orneado, bajaba las escaleras con la mano apoyada en ellas, los pies descalzos sobre esa alfombra de terciopelo y mi camisón puesto, me imaginaba bajando con un vestido de gala de mamá, unos zapatos de tacón altos y un recogido hermoso en el pelo. Al llegar al final de las escaleras volvía a la realidad, y mi realidad no dejaba nada que desear. Cruzaba el pasillo hasta la cocina donde mi padre orneaba dulces de repostería, cuando me veía se acercaba y me daba los buenos días, un abrazo y uno de sus bollos recién hechos, siempre me los hacía con forma de luna y me decía que si la luna fuese la mitad de bella que yo, brillaría con más fuerza.  Siempre he sido la niña de sus ojos, sé lo que el antiguo Capitolio le hizo a mi padre y siempre me he preguntado como a una persona que le han sucedido cosas tan horribles puede ser así de buena, de bondadosa, mi madre siempre dice que papá es como el pan que hornea, por fuera una corteza dura que soporta grandes golpes y por dentro tierno como es él. Quiero volver a verle ornear, quiero seguir siendo la niña de sus ojos. Reparo en que eso es imposible, ya que los juegos del hambre solo tienen un vencedor. Compruebo una vez más el pavo y veo que en unos minutos estará listo. Mientras, me planteo la idea de quedarme mañana descansando en la cueva. Supongo que podemos sobrevivir un día sin caza teniendo en cuenta nuestras provisiones y algo de reposo no me vendrá mal. Ya lo decidiré cuando me levanta, todo depende de cómo me encuentre. Me acerco al fuego y retiro el pavo, con el cuchillo desgarro uno de los trozos. Me planteo darle el grande a Gale pero Finnick lleva días sin comer y seguramente necesite mas. Me acerco a él y le despierto con delicadeza,  estoy un poco enfadada por su comentario pero se que solo se preocupaba por mí. El abre lentamente los ojos, esos ojos azules que me hacen pensar que estoy a salvo. Sus labios tienen la intención de moverse para decir algo pero yo me adelanto y le pido que coma. Le ayudo a incorporarse un poco y le entrego el trozo de pavo. Al principio se espera pero yo insisto en que coma, que yo lo haré después. Me cuesta convencerlo e incluso tengo que enseñarle mi trozo, se queja porque el suyo es más grande pero le digo que tenemos comida de sobra. Se sorprende al ver tanta y tiene ganas de preguntar cómo lo he conseguido pero tras un gesto que le hago empieza a comer el pavo en seguida, y se ve en la expresión de su cara, que necesitaba llevarse algo a la boca. Al rato me dice algo que termina en delicioso pero yo no le presto mucha atención porque estoy ocupada despertando a Gale.  Cuando Gale abre los ojos lo hace emocionado, primero me abraza como hace siempre, a continuación me dice que Finnick se despertó y después comienza a contarme el maravilloso sueño que ha tenido. No había quien callase a Gale, se le veía tan emocionado que consiguió que yo acabase como él. Tras un rato escuchándole hablar Finnick y yo nos reímos, el pregunta que nos hace gracias pero no se que responderle. No recuerdo haberme reído tanto en semanas y eso hace que mis ojos muestren algo de ilusión. Miro a Finnick lleno de heridas, aun no ha acabado de comer. Esta riéndose al igual que yo, tiene una risa maravillosa, una risa que me hace sentir bien, que me da esperanzas, que me da ganas de abrazarle. Me gustaría pensar que al salir de aquí podría oír esa risa cada día pero eso no va a ocurrir, de aquí solo sale uno y tiene que ser mi hermano. La voz de Gale me rescata de mis pensamientos, no sé cómo se acuerda de todo el sueño. Antes de que el pavo se enfríe le digo que empieza a comer y ambos nos sentamos a comer junto a Finnick. Cuando hemos acabado todos estamos satisfechos, pero como ha sido un día especial, podemos darnos el lujo de acabar por completo con nuestro hambre. Me levanto a por las bayas y la fresa, solo he querido coger una para cada uno porque no quiero desperdiciarlas. Cuando Gale la ve, se le dibuja una sonrisa, yo sé que es su fruta favorita, le encantaba que mama las trajese cuando las compraba en el Quemadero. El recuerdo de mama aparece continuamente en mi cabeza y lo que más pena me da no es no volver a casa sino, no poder abrazarla de nuevo. Les doy a cada uno el montón que le corresponde y Finnick me mira con incredulidad, como si no se creyese que pudiese comerse todo. Me rio y empiezo a comer las bayas que estas deliciosas, una explosión de sabor y un toque refrescante que alivia un poco la sed que tenemos. La fresa voy a dársela a Gale pero Finnick me ha leído la mente y ya le ha dado la suya. Él siempre piensa en todo, me acerco y con la fresa en la mano sin que él pueda verla, le pido que cierre los ojos. Al principio no quiere pero los acaba cerrando. Abre un poco uno para ver qué voy a hacer pero ya es tarde, le meto la fresa en la boca antes de que pueda negarse y con una sonrisa me da las gracias. Ahora sí, apago las brasas y apunto mentalmente el ir a por ramas mañana, tal vez no tenga que salir a cazar pero si queremos comer necesitamos madera. Cojo los botellines y se los doy a mis dos tributos favoritos, esta noche lloverá de nuevo asique tenemos el lujo de gastar todo el agua. Gale no duda ni un momento en empezar a beber y cuando está satisfecho me dice que si quiero un poco. Bebo casi todo lo que queda pero antes de acabar el botellín vuelvo a preguntarle si quiere más, con una sonrisa y un gracias que sale de su boca coge el botellín y se encarga de acabárselo. Finnick me convence para compartir el otro, me siento a su lado, cuando me toca a mi beber hago que trago el agua pero en realidad no la bebo, él la necesita más. Cuando lo acabamos los dejo a mi lado para salir en unas horas a llenarlos. Decido dormirme hasta entonces, solo son un par de horas pero me vendrá bien el descanso, cierro los ojos tranquila y me tumbo en el frio suelo de la cueva, sé que no va a pasar nada, Finnick se queda cuidando de nosotros.
Despierto en mitad del bosque, me levanto agitada, preguntándome que hago allí. Busco a Gale rápidamente pero no está a mi lado y Finnick tampoco. El calor se pega a mi cuerpo lo que me da a entender que estoy cerca de la orilla pero no sé por qué. Una humedad pegajosa invade el ambiente. Desesperada intento buscar algo que me explique porque me encuentro en este lugar. Las ideas se pasan por mi cabeza pero ninguna tiene sentido, me acosté en la cueva y he despertado aquí. Solo se me ocurre una cosa, el Capitolio esta juntando a los tributos, pero tampoco es razonable, nunca antes habían movido a un tributo, siempre han buscado alguna forma de atraerlos a un mismo sitio. Camino dudosa entre los árboles, apoyándome en ellos para ayudarme a avanzar. Sigo dándole vueltas a la idea del Capitolio sin acabar de entenderla, a lo mejor necesitan que los Juegos acaben ya porque Panmen está a punto de encontrarnos. Un foco de esperanza intenta lucir en mi interior pero no lo consigue, sé que es imposible, que no nos encontrarán. Ahora solo me interesa saber cómo he llegado hasta aquí, y lo más importante, qué ha pasado con Gale. Me siento agotada, las piernas no avanzan casi y mi respiración es cada vez más lenta. Los latidos de mi corazón disminuyen y al mismo tiempo me empiezo a marear. Siento como la cabeza se me va a los lados y como confundo los sonidos del bosque. Hago un intento por seguir avanzando pero como no puedo  me apoyo en un árbol para ver si se me pasa. Las preguntas pasan por mi cabeza y no tengo respuesta para ninguna. No sé qué hago allí ni donde están Gale o Finnick. Recuerdo acostarme en la cueva pero cómo he llegado a parar aquí entonces. Mi cabeza arde cada vez más y siento fuertes pinchazos. El dolor es similar a cuando Colin me corto con su espada, primero sientes el corte y después diferentes punzadas hasta que empieza a escocer, ahora no escuece simplemente recibo una y otra vez las punzadas. Me llevo las manos a la cabeza y mis rodillas se doblan buscando el suelo. Me gustaría levantarme y buscar a mi hermano pero no tengo fuerzas. Quiero hacerlo fácil, quiero cerrar los ojos y que pase lo que tenga que pasar. Empiezo a ver todo borroso y las formas las confundo, esa sensación hace que me maree aun mas y siento la necesidad de tumbarme. Decido quedarme allí hasta que descubra como he llegado a esta zona. De repente algo hace que tenga que abrir los ojos y en un intento de ponerme de pie tropiezo y caigo raspándome todo el brazo. La sangre que empieza a salir de este, pero no me preocupa. Detrás de mí, está Colin, con sus dos espadas en la mano. Tengo miedo, las manos me sudan y mis piernas no responden, me giro completamente en el suelo y mis ojos se encuentran con su mirada, llena de odio y rabia. Cierro los ojos pensando que todo ha acabado cuando oigo una voz lejana que me llama. Reconozco esa voz, es Finnick. Repite una vez mi nombre, otra más, lo hace continuamente. No puedo evitar preguntarme donde esta, si habrá venido a ayudarme, abro los ojos buscándole entre el bosque y entonces todo se vuelve oscuro.
-Ey, Amy mírame, Amy abre los ojos – noto que alguien me mueve, alguien me llama, mi cabeza da vueltas y no consigo centrarme- Amy por favor, despierta. Ha sido una pesadilla, estoy aquí Amy. Despierta.

Una suave voz que empieza a sonar a suplica, es la voz de Finnick. Le oigo lejano, ni siquiera sé lo que dice, suena un eco constante, solo logro captar las últimas palabras. ¿Una pesadilla? No sé donde estoy, ni que me pasa. Empiezo a abrir los ojos lentamente. Unos ojos azules me reciben, una sonrisa va seguida de estos. Me incorporo con cuidado, la mano de Finnick me ayuda delicadamente subiendo mi cuello. Apoyo la espalda en la fría roca de la cueva e intento centrarme un poco. Miro a mi alrededor, Gale está dormido, Finnick está a mi lado, estamos en la cueva. Lo primero que hago es llevarme la mano al brazo contrario, compruebo que no sangro y eso me alivia. Respiro hondo, tranquilamente. Me tomo mi tiempo para asimilar lo que me ha ocurrido. Solo ha sido una pesadilla, aunque me he levantado más cansada que antes, parecía tan real. Solo una pesadilla me repito.

-¿Estas mejor? Pensé que no ibas a despertarte, estabas sudando y no parabas de moverte, me tenías preocupado.
-Tranquilo Finnick, estoy bien, he soñado con Colin- mi voz se quiebra un poco al recordarlo, todas las sensaciones, parecía tan real todo- era una pesadilla…
-Lo sé, si hubiese sido un sueño habrías soñado conmigo- lo ha vuelto a hacer, es la misma voz que pone cuando bromea, es una voz seductora que para mí resulta incluso cómica. Aún así lo consigue y me arrebata una sonrisa, le miro a los ojos y no puedo evitar pensar que me alegra tenerle aquí. – Deberíamos salir a fuera, se que estas demasiado ocupada admirando mis ojos pero si queremos conseguir agua deberíamos salir ahora.

Mis mejillas han debido sonrojarse porque un calor inconfundible las recorre, me levanto sin mirarle a la cara y despierto a Gale para salir, cojo los botellines y voy a salir cuando Finnick se pone de pie.

-No, tú te quedas aquí, ahora entraremos Gale y yo con los botellines para que bebas lo que quieras y te curaré las heridas – veo que Finnick va a rechistar pero antes de que lo haga me niego una vez más a que salga- te quedas aquí y no voy a discutirlo más, espera a que volvamos.

De la pesadilla a la vida real, necesitamos agua para sobrevivir, no se me puede olvidar que estamos en los Juegos del Hambre, que nos estamos jugando la vida. Creo que ya no diferencio cual de las dos situaciones es la verdadera pesadilla. Aún así, tener a Finnick a mi lado hace que este infierno queme menos, que sea más fácil de sobrellevar.
Salimos con cuidado, como siempre yo primero por si acaso y además llevo el cuchillo. Después de la pesadilla creo que debería llevar protección en todo momento. Miro al cielo, una vez más me he perdido las caras de los tributos, no se a cuantos nos enfrentamos. Nos dirigimos a las hojas de siempre, lavo a Gale y después dejo que beba lo que quiera. Yo hago lo mismo. Lleno los botellines con prisa y cuando Gale no tiene más sed me lo llevo dentro con Finnick. Al entrar le entrego un botellín a Finnick para que beba lo que quiera y después voy a pon la pomada. Mientras bebe le lavo las heridas y después le unto un poco de la pomada. Empiezo con las piernas, sigo por la espalda, los brazos, cuando llego a la cara agarra mi mano y la dirige hasta mi hombro. Yo quedo completamente bloqueada porque no se qué hacer, mis dedos rozan la herida untando así la pomada. Lo que siento es un alivio inmediato. Después Finnick coge un poco más y me da por la cara, y sigue así hasta que llega a mi pierna, donde está el corte. Con delicadeza coge un poco más de la pomada y empieza a extenderlo con un suave masaje. Respiro profundamente, me relajo, no voy a pedirle que pare, ni que guarde la pomada para él, por primera vez voy a hacerle caso. El sigue haciéndolo delicadamente, de vez en cuando levanta la vista y me mira a los ojos, por un momento el tiempo se detiene pero cuando baja la mirada y vuelve a darme la pomada vuelvo a la realidad. Cuando termina sigo por donde me había quedado y le cubro cada una de sus heridas. Sonrío mientras lo hago porque no puedo evitarlo. Espero un poco a que la pomada se absorba por completo. Al acabar me levanto y me dirijo fuera para rellenar los botellines porque la hora estará a punto de acabar. Mientras los estoy llenando veo una sombra a unos metros de mi, con el cuchillo espero a que se mueva otra vez, siento como un escalofrío recorre mi cuerpo de arriba abajo. Espero, en silencio, parada. Cuando pienso que han sido imaginaciones mías vuelvo a ver la sombra y sin dudarlo un segundo lanzo mi cuchillo contra ella. Este queda clavado en algo. No sé porque lo he hecho, porque he reaccionado así. ¿Y si era un tributo? Espero a oír un cañonazo, un grito de dolor o algo que me indique que acabo de lanzarle el cuchillo a un ser humano pero ninguna de esas señales viene. Miro a mi alrededor, dudosa, al final decido ir a comprobar a que he dado. Ando con cuidado, las gotas de lluvia caen en mi piel empapándome, esta lluvia impide que vea bien lo que significa que también le impide la vista a otros tributos asique tal vez no corro tanto peligro. Aparto unos matorrales y suspiro aliviada al ver que mi cuchillo ha atravesado un conejo que pasaba por allí. Recojo mi presa, inconscientemente he cazado un bonito conejo, la suerte está hoy de mi parte. Me alegro de que no haya sido un tributo. Recojo los botellines del suelo y me dirijo de nuevo a la cueva, estoy empapada y tengo frio, espero que se me pase rápido. Cuando entro la expresión de Finnick entre preocupación y asombro me hace reír.

-Tardabas mucho, me has asustado.
-Bueno, he traído un compañero- le enseño el conejo y Finnick abre los ojos impresionado
- Pensé que la sangre era tuya. Se supone que ibas a por agua.
-Ya, yo tampoco me lo esperaba, ni siquiera vi que era un conejo- se lo digo sonriente, dejo el conejo donde tenemos las demás presas y me agacho para guardar los botellines, también dejo el cuchillo. Miro a Gale que está durmiendo tranquilamente y después vuelvo con Finnick- Mañana no hará falta ir a por comida, tenemos de sobra, y también agua asique solo saldré a por ramas por la mañana. Nos quedaremos aquí durante todo el día, es lo más seguro, cuanto menos salgamos menos riesgos.
-Mientras tú no corras más riesgos me vale, ya has hecho demasiado.
-No podría haberlo hecho si no me hubieses salvado primero
-Sabes que volvería a hacerlo, lo haré las veces que hagan falta.


Sonrío. Siento la necesidad de quedarme a su lado, de dormir abrazada a él. No quiero tener pesadillas, solo quiero estar a su lado. Me tumbo y pasa su brazo por encima de mí, apoyo mi cabeza en él. Cierro los ojos tranquila, mañana será un nuevo día.
No sueño, duermo tranquilamente toda la noche, un rayo de sol que se cuela en la cueva me despierta. Abro los ojos lentamente y un bostezo sale de mi, cuando me siento miro alrededor de toda la cueva. Algo me inquieta. Miro asustada, me levanto y comienzo a dar vueltas intentando encontrar una respuesta. Finnick ha desaparecido. Despierto a Gale y le pregunto si le ha visto pero el parece tan asombrado como yo y lo único que consigo es que se preocupe. Le digo que ha ido a poner unas trampas y que se le había olvidado una de ellas, que era solo para saber si había vuelto a por ella mientras yo dormía. Consigo tranquilizarle y pienso en como tranquilizarme yo. Compruebo que falta un cuchillo y mil ideas pasan por mi cabeza. Tal vez no quiera estar con nosotros, tal vez se considere una carga o algo parecido. O a lo mejor a salido a por bayas. Recuerdo nuestra conversación de ayer intentando buscar una pista que me diga donde esta, como encontrarle. Las reservas están igual que antes, un conejo, una especie de ave que todavía no sé que es y el pavo. También está la bolsa de fresas, la medicina y dos botellines enteros de agua. Lo único que falta es su cuchillo pero un cuchillo no le servirá de mucho en tu estado. Me fijo mejor y descubro que si falta algo, la mochila naranja vacía que uso cuando voy de caza. No me puedo creer que se haya ido de esta manera, sin despedirse ni nada. Sin llevarse reservas para poder sobrevivir. Quiero pensar que está cogiendo bayas y que va a volver pronto pero el tiempo pasa y nadie aparece en la cueva. Sigo mirando una y otra vez a la entrada, estoy nerviosa y no paro de mover las manos. Acabo cogiendo un trozo de cuerda y practico los nudos que aprendí en los entrenamientos para poder mejorar mis trampas. No puedo hacer comida porque o hay leña pero no quiero salir y dejar a Gale solo, quiero esperar por si vuelve Finnick. Cuando me quiero dar cuenta han debido de pasar varias horas, sigo apoyada en la pared, sentada, con la cabeza hacia atrás. Me miro los dedos, unas ampollas han aparecido en estos, decido dejar la cuerda al menos durante un rato. Se me vuelve a pasar por la cabeza la idea de salir a buscarle. Respiro uno y empiezo a contar, tengo que ser inteligente, hacer lo primero que se me pase por la cabeza no es ninguna estrategia. Gale está durmiendo y le veo tan indefenso que soy incapaz de dejarle aquí e irme a buscar a Finnick. Me pregunto dónde estará, cuánto tiempo llevara fuera y lo peor, me pregunto si se habrá cruzado una vez más con Colin. Decido que lo mejor es calmarme y esperar, no tengo hambre porque todavía no es la hora de comer por lo que me tumbo al lado de Gale y le abrazo porque me da miedo que el también desaparezca.
Al cerrar los ojos caigo de inmediato en un sueño profundo. Tengo una pesadilla extraña, la bestia me persigue una vez más por el bosque, recorro los mismos pasos que aquella vez pero cuando me subo al árbol y le voy a clavar la lanza en los ojos, estos cambian y se convierten en unos ojos azules, los reconozco en seguida. Solo Finnick tiene ese azul, un azul verdoso que hace que puedas ver el mar. Me quedo paralizada la bestia sigue abajo y soy incapaz de reaccionar, solo miro esos ojos. Despierto de golpe, sudando. Me toco la frente que esta ardiendo e intento respirar con calma. Aliviada de que fuese una pesadilla solo, ya que el muto me ha puesto los pelos de punta, me incorporo. Deben ser las tres o las cuatro, hemos dormido mucho. Un olor a pescado llega hasta mí, mis cejas se arquean en señal de confusión. Me levanto con cuidado para no despertar a Gale y cuando me doy la vuelta, sorprendida me encuentro a Finnick cocinando. Quiero gritarle y decirle todo lo que pienso pero verle ahí me deja sin palabras, reacciono exactamente igual que en mi pesadilla y me quedo paralizada, aun así nada hace que mi rabia desaparezca.

-¿Se puede saber dónde has estado toda la mañana? – me corta y hace un intento de excusarse.
- Amy yo solo salí a…
-¿Saliste? Solo Finnick, hay tributos ahí fuera que no se lo pensarían antes de matarte y a ti no se te ocurre otra cosa que poner tu vida en juego. Estas herido y eres más débil ahora, un cuchillo no te hubiese servido de nada si hubieses tropezado con alguien. Además ¿Qué pasa si te hubiesen seguido Finnick? Estamos juntos en esto, no puedes ponerte a jugar solo. Finnick por si no te has dado cuenta, este juego es peligroso.
-Amy, lo sé. Mírame –me agarra de los hombros y me mira, me siento culpable por cómo le he tratado pero tenía que hacerlo, no puede arriesgarse sin más. – Tú has cuidado de Gale y de mí, has conseguido comida, agua, un refugio… Lo has hecho todo Amy, solo quería que descansaras, quería ayudar. Me desperté antes de que amaneciese, era de madrugada y estaba completamente desvelado. Pensé que salir a por ramas sería una buena idea, anoche dijiste que necesitábamos y como me encontraba mejor decidí salir yo. Tuve cuidado de que nadie me viese. No pensaba tardar tanto pero vi una rama más grande y pensé que si afilaba la punta podría usarla de arma y cuando acabe se me ocurrió que podía acercarme a la orilla y pescar algo, aunque reconozco que se tarda bastante en ir.
-¿Has estado en la orilla? –mis ojos se abren de repente, no había pensado en el pescado que estaba cocinando porque estaba ocupada mirando a ver si Finnick se encontraba bien. De repente tengo ganas de gritarle, no me creo que se haya arriesgado tanto. Creo que estoy enfadada porque dentro de mi arde algo que no puedo controlas, ya no soy dueña de mis palabras- Es que ¿acaso no sabes que en la cornucopia están los tributos más fuertes?, Finnick se han aliado y la tienen bajo su control. Montan guardias para que nadie se acerque hasta allí, ni siquiera sé cómo has salido con vida. ¿Y todo por algo de comer Finnick? ¡Tenemos más que de sobra, podemos mantenernos con esto! ¿No piensas Finnick? ¡Podrían haberte matado! No estamos en el distrito 4, aquí no puedes salir a pescar sin más, aquí te juegas la vida. Finnick esto son los Juegos del Hambre, vamos a morir, ¿lo entiendes? No puedes salir y arriesgarte a que te maten, los demás no se lo pensaran dos veces antes de acabar con tu vida. Solo eres una pieza más en los Juegos, como todos nosotros. Esta vez nadie va a aparecer para rescatarnos, estamos perdidos. Se trata de nosotros, de mantenernos con vida el mayor tiempo posible, no de jugártela sin más.

Mis palabras duelen, lo sé. La verdad es dura, difícil de asimilar. Creo que es la primera vez que me doy cuenta de lo que significa estar aquí, tenía que decirlo para creérmelo yo misma. Nadie va a rescatarnos, nadie va a venir a por nosotros. 27 tributos han entrado en la Arena y solo uno podrá salir.

Siento rabia por dentro, pero el amargo sabor de culpabilidad hace que desaparezca. Finnick no ha hecho nada malo, tan solo quería ayudar. Ha traído ramas de sobra para un par de días, ha traído mas comida e incluso ha hecho una lanza que podría sernos muy útil. Y yo le he gritado. Siento la necesidad de llorar. Porque esas palabras no solo iban hacia Finnick, en el fondo también iban para mí, para que me diese cuenta de lo que realmente está pasando. Noto como mis ojos se humedecen y veo a Finnick acercarse. Él me abraza y sin querer ya estoy llorando, esta vez no podía aguantarlo más. Lo necesitaba. Finnick me susurra que no pasa nada, que está ahí. Eso es lo que más me duele, que él siempre está ahí. Jamás podré estar a su altura, no quiero perderle, no ahora. Le pido perdón, una y otra vez pero él me repite que no pasa nada, que todo está bien. En realidad lo nuestro es lo único que está bien, los Juegos del Hambre están acabando conmigo poco a poco. Los tributos vencedores no cambian porque tengan que matar a gente, cambian por lo que viven en la Arena. Porque sé que cuando salga de aquí para mí todo va a ser diferente. Porque si consigo salir las pesadillas inundarán mis sueños y si no lo consigo habré vivido mis últimas horas en una pesadilla de la que nunca pude escapar. Gale se despierta preguntando qué pasa, dice que por qué discutíamos y yo con una sonrisa le digo que no pasa nada malo. Me agacho y el con la mano borra mis lágrimas. Tiene una mano muy pequeña, lo que me recuerda lo pequeño que es él. ¡No me gusta verte llorar’ me dice, y no puedo evitar sonreír por tener en frente mía a la persona más bonita de este mundo. Le cojo en brazos y le doy una abrazo como el que le daba cuando era más pequeño. De repente sus tripas empiezan a rugir.

-¿Tienes hambre tigre? ¿Has oigo como rugían?
-Sí, parecía que iban a comerte
-Venga pequeño, será mejor que comas algo, no queremos que ese tigre que hay dentro de tu tripa salga a comernos a nosotros.

Finnick ha preparado tres pescados, uno para cada uno. La hora de comer ya ha pasado y es tarde así que los cogemos con ganas y la verdad es que están deliciosos. Después comemos dos fresas cada uno. A este ritmo la bolsa ha bajado y tan solo quedan tres. Una para cada uno, las guardamos para una ocasión especial. Estamos completos y casi no bebemos agua porque el pescado no nos ha dado mucha sed. Vuelvo a curar las heridas de Finnick que muestran una gran mejora. Se la doy como siempre, con cuidado. A veces pone caras de dolor pero se lo aguanta, cuando lo hace yo le acaricio delicadamente la zona para que se relaje y funciona porque puedo ver el alivio en su cara. Yo no me echo aunque Finnick insista. No hay que desperdiciarla, ha bajado en estos días bastante. Además, las mías apenas se ven, la pomada es medicina del Capitolio sin duda alguna. Me quedo hablando un rato con Finnick y al final le digo que voy a salir. Me pregunta que por qué y utiliza casi los mismos argumentos que yo antes pero yo le digo que no tardare mucho y que voy a por una cosa que escondí el día antes de que el despertase. Al principio duda y no me extraña porque la excusa que le he dado es realmente mala pero al final accede y un poco antes de irme se acuesta agotado. Cojo una mochila vacía, un cuchillo y una cuerda por si acaso. Necesito salir de la cueva e investigar un poco más. No suena coherente después de lo que le he dicho a Finnick pero me he dado cuenta de que si quiero salir de la Arena tengo que encontrar la manera. Todos los años la Arena era ‘cubierta’ por un escudo protector, siempre había un punto débil. Tal vez ese escudo cumpla una doble función, tal vez nos oculte y por eso Panmen no puede localizarnos. No puedo dejar que el Capitolio vea mis intenciones asique me limitaré a buscar algo que me sirva para sobrevivir estos días y si por casualidad encuentro algo que pueda utilizar contra el Capitolio eso sumará un punto a mi favor. Camino decidida hacia el lado de la cueva. Subo con dificultad el desnivel y antes de llegar arriba del todo miro hacia el cielo e intento ubicarme. Más o menos serán las tres y media, decido darme prisa para salir cuanto antes de esta zona, no es que me traiga buenos recuerdos 


Avanzo rápidamente, intento ir por la sombra porque el calor es insoportable, se pega al cuerpo e impide respirar cuando llevas un rato bajo el sol. En unos quince minutos habré atravesado la zona de niebla. Un escalofrío recorre mi cuerpo y revivo aquel día sumergida en unos recuerdos e imágenes que ojalá algún día sea capaz de borrar. Me subo a un árbol para ver mejor la zona. Mis manos ahora son más duras y subo con más facilidad. De vez en cuando un dolor donde tengo la herida de la pierna hace que tenga que parar pero tras esperar un poco sigo trepando. Cuando estoy arriba me siento en la rama más gorda para mayor seguridad, compruebo que no hay nadie alrededor y bajo de nuevo. Bajar es más complicado que subir, para mí siempre lo ha sido. Tienes que ir probando donde poner el pie y tienes que ponerlo en el sitio correcto si no quieres caer. A la altura que estoy y calculando la caída no creo que saliese muy bien parada si eso ocurre. Recibo algún que otro pinchazo en la pierna pero no puedo parar en la bajada, es muy complicado. Cuando bajo un suspiro sale de mí, miro a lo lejos y solo veo bosque, parce que la Arena no acabe nunca. Sigo caminando porque por mucho que camine sé que no llegare al final hoy y si quiero descubrir algo he de ponerme en marcha. Voy observando el bosque y pienso que en otras condiciones seria un bonito lugar donde pasar el día. Los arboles son tan altos que proporcionan unas sombras increíbles, hace calor pero el aire es húmedo y se pega a tu cuerpo, las plantas que encuentras cuando caminas son diferentes incluso añadiría que cada vez son más bonitas. Me agacho a oler una inconscientemente y recuerdo los ramos que le hacía a mamá cuando era más pequeña. Solo había una flor que nunca cogía, la rosa. Mama las odiaba aunque nunca entendí muy bien el por qué. Camino tranquilamente porque tampoco tengo prisa aunque me obligo a acelerar el paso porque tengo que estar de vuelta lo antes posible, no quiero que Finnick se preocupe y acabe saliendo a buscarme. Mientras camino me doy cuenta de que voy a pasar la zona de la niebla y no puedo evitar preguntarme qué clase de peligros habrá en esta otra zona. Niebla venenosa, lluvia, bestia, pájaros, me quedan muchas horas por descubrir en el reloj aunque la verdad es que no tengo prisa por hacerlo. Veo una sombra un poco más adelante. Avanzo más despacio por si acaso. Voy tan atenta a mis pensamientos que no me doy cuenta de que mi pie ha golpeado algo hasta que oigo el ruido. Rápidamente miro alrededor a ver si alguien más lo ha escuchado. Observo detenidamente y cuando creo que estoy fuera de peligro miro al suelo para averiguar que ha producido el ruido metálico. No descubro que ha sido porque oído algo moverse entre los arbustos, miro a la derecha hacia dónde viene el ruido  y me doy cuenta que es de donde vi anteriormente la sombra. Salgo corriendo sin dudarlo un segundo, cada vez estoy más lejos de la cueva pero ahora eso no me importa. Tendría que haberme quedado allí y no haber salido a buscar problemas, tendría que haber hecho caso a las palabras que le dije a Finnick. Con el cuchillo avanzo sin mirar atrás por temor a lo que pueda perseguirme. Podría ser un animal, un muto o incluso un tributo. Y la verdad, no se cual de los tres sería peor. Corro cada vez más deprisa, tengo energías suficientes para hacerlo. Intento girar el mayor número de veces para despistar a lo que me persigue, veo un árbol grande y pienso que es mi oportunidad. No sé cuantas veces me habrá salvado el saber trepar a lo largo de estos Juegos. Cinco días han pasado ya desde que entre en la Arena, parecen menos, aquí el tiempo vuela, vas siempre con prisas intentando sobrevivir y corremos tanto que ni siquiera disfrutamos de los pocos días de vida que nos quedan. Podría decirse que un tributo ya muere cuando entra en la Arena, los días que pasas aquí dentro luchando para salir no cuentan cómo vida, esos días te vas matando poco a poco. Miro atrás antes de trepar el árbol y no veo nada a mi espalda. Subo con cuidado, primero una mano, luego otra, un pequeño impulso y ya tengo la pierna subida. Ahora es lo mismo de siempre, solo que más rápido por miedo a que me encuentren. Mi mano esta sudorosa y resbalo cuando voy ya por la mitad. No tardo en incorporarme y sigo subiendo. Me doy más prisa que antes y cuando llego a una de las ramas altas me pongo de pie sobre esta y me agarro al árbol para que se me vea lo menos posible. Decido rodearlo y ponerme en el lado contrario para no ser un blanco fácil, me cuesta un poco porque cuando miro al suelo me mareo un poco pero cuando ya estoy me siento más aliviada. Asomo la cabeza para ver lo que pasa y me encuentro un tributo que viene corriendo hasta aquí.

Desde aquí arriba puedo ver todos los alrededores, es una buena posición. Tengo el cuchillo metido en la bota porque si no, no podía trepar aunque aquí arriba no me va a servir de mucho a no ser que lo lance. Me fijo mejor en la tributo, en la mano lleva el arco que me dio William hace tres días. Cuando pienso en él un escalofrío me recorre, tenía que estar cerca de nosotros, de Finnick, de Colin... Si estaba tan cerca para coger el arco ¿por qué no nos ayudo? Me fijo mas en ella, la tributo es una chica joven. Tendrá unos diecinueve años, veinte quizás. No puedo verla bien la cara desde aquí arriba pero es una chica alta, lleva el pelo recogido con una coleta. Se ha girado hacia mi lado, escondo rápido la cabeza. Suspiro esperando que no haya conseguido verme y poco después vuelvo a asomarme para comprobar que no me ha visto, entonces le veo la cara. Mis ojos quedan fijos en su rostro y su cara se graba en mi mente trayendo recuerdos de los días antes de entrar en la Arena. Evelyn. La chica que hablaba con Finnick en la cena, la que me miro con esa cara cuando me levante para irme, la que se sonrió cuando le dije a Colin que si me iría con él. Esa chica que parecía tan dulce resulta que no lo es tanto, seguro que en cuanto me vio vino a por mí. Evelyn, la compañera de Colin, seguramente le ayudo cuando estaba herido, no creo que le dejase tirado, aunque sea lo haría por su distrito. Es una chica fuerte, se le nota en los brazos. Es del distrito 3, en otros tiempos para mí eso sería terrible. Un tributo del distrito 3, uno de los distritos con más vencedores junto al 1 y el 2, contra un tributo del 12, con tan solo tres vencedores, dos de ellos, mis padres. En el 12 siempre morían los tributos, la trágica historia del 12, aunque al parecer esa trágica historia no ha acabado aún. Veo como mira a los lados y da una patada al árbol cabreada. El miedo recorre mi cuerpo al igual que la furia el suyo. Sigue buscándome pero si me muevo lo más mínimo se dará cuenta de que estoy encima de ella. Con el arco podría alcanzarme perfectamente si es buena. No sé cuánto tiempo permaneceré arriba pero mi vista es abarca mucho terreno, decido observar los alrededores a ver si descubro algo contra el Capitolio pero, hasta donde me alcanza la vista sigue siendo todo bosque. Lo único que puedo comprobar es que el reloj es enorme, enorme y redondo. No veo nada que me sorprenda ni que me diga que hay una nueva hora en el reloj pero algo hace que mi vista quede fija en un punto. Cierro un poco los ojos para fijar mejor la vista, agarrada al árbol para no caerme me inclino un poco hacia delante sin moverme demasiado. Dos tributos se dirigen hacia aquí, calculo que tardarán un rato pero si no se aleja Evelyn podría ser muy peligroso para ellos. Quiero buscar la manera de avisarles pero me resulta imposible sin ser descubierta antes. No puedo poner mi vida en riesgo. Evelyn comienza a dar vueltas alrededor del árbol mirando a todas partes, se dirige a unos arbustos y mira a ver si estoy allí. Yo me pego más al tronco con la esperanza de que no me vea. Estoy nerviosa, que me tiemblen las piernas no es una buena opción en este momento asique intento calmarme, si permanezco así no tiene por qué encontrarme. Temo que lo haga, podría ser el fin de mis Juegos. La situación no puede empeorar, o tal vez si puede. Los otros dos tributos siguen avanzando en esta dirección, en unos minutos esto podría convertirse en un baño de sangre. Espectáculo para el Capitolio y más muertes para Panmen, esto no puede ser bueno. Seguramente Clover esté comentando lo que sucede, me lo imagino narrando una asombrosa historia y preguntándose qué haré para salir de esta. Ya les he sorprendido en varias ocasiones asique espero no decepcionarles esta vez. Vuelvo a mirar abajo, la he perdido de vista, tal vez se haya ido. Miro alrededor y por desgracia, la vuelvo a encontrar. Evelyn está cabreada, no sabía que tuviese tantas ganas de matarme. Decido apartar la ista para no ponerme más nerviosa, analizo la situación y recuerdo a los dos tributos. Miro hacia donde estaban antes, siguen avanzando, van con cuidado, ahora los veo más de cerca pero no diferencio gran cosa. Son un chico y una chica, no puedo ver nada más. Seguramente sean del mismo distrito, aunque no sé cuantas parejas quedan. Empiezo a notar que tengo sed, si sigo aquí arriba mucho más tiempo voy a morir asfixiada, el sol me está matando. Evelyn ha vuelto al sitio de antes y se ha sentado a la sombra del árbol, los otros dos chicos cada vez se acercan más y más. Quiero sentarme pero si lo hago tal vez Evelyn se dé cuenta. Espero a que pase el tiempo, cierro los ojos y me apoyo en el árbol. Noto el sol encima de mi cabeza y el calor asfixiando mi cuerpo, abro los ojos y miro hacia arriba. Siento que me mareo un poco, todo empieza a volverse negro y noto que la cabeza me da vueltas, debe ser por el calor. Cierro los ojos de nuevo y respiro calmada esperando a que se me pase. No sé cuánto tiempo pasa pero cuando los abro de nuevo los dos tributos están a unos doce metros más o menos. Evelyn también les ha visto porque no duda un ponerse de pie y esconderse detrás del árbol. Tiene una piedra en la mano y no entiendo muy bien que pretende hacer con ella. Los dos tributos se acercan más, cuando están a unos siete metros Evelyn lanza la piedra a unos arbustos que hay a la derecha. Los dos tributos lo oyen e inmediatamente se giran hacia el sonido, me fijo un poco más y distingo la cara de la chica. El otro tributo la sujeta con cuidado y la pone detrás de él, la cara de preocupación y miedo de la chica es inconfundible.
Hasta donde me llega la vista es Cristina, la hija de la presidenta. El Capitolio debe estar disfrutando de este momento. Su madre no tanto. Y yo, sinceramente tampoco estoy a gusto con esta situación. Las risas del día del ‘banquete’ me vienen a la cabeza, esa chica tan risueña con la que tanto hablé tal vez no dure mucho aquí. Cuando me fijo en el chico siento que me rompo a pedazos, mi corazón se para, mi respiración se acelera. Mis manos sudan y mis ojos se quedan fijados en él. Siento que me voy a caer, que voy a dejar de respirar de repente, es Joel. Podría ser cualquier tributo, ¿pero por que ellos? Se trataba de proteger a mi hermano, de no hacer amigos, de sacarle con vida. Ahora las emociones me golpean, mi corazón me ruega una cosa, mi cabeza me ordena la contraria. Evelyn se encuentra justo debajo de mi rama, vuelve a dar la vuelta al árbol y se coloca enfrente de ellos apuntándoles con el arco. Lo hace con delicadeza, regodeándose de que lleva la ventaja. Coloca tranquilamente la flecha y tensa el arco lentamente. Cristina hace el ademan de salir corriendo pero Evelyn la apunta y Joel se pone delante en un acto reflejo. Ella no ha soltado la flecha todavía, como si esperase algo. Podría hacerlo, ahora que está entretenida podría huir sin más. Pero no voy a hacerlo, es mi momento, no de salir huyendo ni de correr, es el momento de actuar, de enseñarle al Capitolio que no soy una pieza más en sus Juegos. De demostrarles que no me conocen, que no saben cómo voy a actuar. Que ellos no mueven, muevo yo. Yo soy la que decide y solo yo actuó. Seguramente estén esperando un baño de sangre y la huida de Amy Mellark pero eso no va a pasar. No me he convertido en un peón, esta vez yo decido cómo jugar. Empiezo a bajar con cuidado, ninguno de los tributos me ha visto aún, bajo despacio para no hacer ruido y lentamente voy poniendo un pie tras el otro. Intento no escurrirme, ignoro las punzadas en mi herida. Olvido mí alrededor, me concentro solo en la bajada. Oigo como Evelyn ríe pero desde donde estoy no puedo ver nada, el tronco me tapa todo. Cuando llego al suelo bajo con un pequeño salto para no hacer ruido. Miro hacia donde se encuentran los tributos esperando no encontrar un arco apuntándome. Joel me ha visto pero le hago un gesto con la mano y pongo el dedo sobre mi labio como muestra de silencio. El cambia completamente la mirada y vuelve a estar atento a Evelyn. Sería capaz de dejarme escapar, me salvaría. Oigo la voz chocante de Evelyn, el sarcasmo la invade, la confianza la lleva y el odio es la que habla.

 - Yo que vosotros no correría, con este arco podría alcanzaron en poco tiempo, mi flecha os atravesaría y moriríais desangrados.

-Evelyn no tienes por qué hacerlo, seguramente estén intentando rescatarnos, estarán buscando…

-¿El qué? ¿La manera de encontrarnos? ¿De verdad lo crees? Yo pienso que la única manera de salir de aquí cuanto antes es matar a todos los tributos –oigo sus palabras pero no la presto atención, se que está ahí, que yo estoy ahí también. La oigo hablar. Cada palabra, cada frase, las guardo en mí pero no las asimilo. Con la mano saco el cuchillo de mi bota y me acerco a ella, veo la expresión de Cristina que abre los ojos porque no me había visto pero si dice algo estoy muerta- Cristina ¿qué te pasa? A juzgar por tu expresión diría que esperabas que mama viniese a buscarte ¿verdad? Os propongo un trato, a ti Cristina te dejare correr y te perseguiré hasta que te mate y a ti Joel, si intentas ayudarla disparare ahora mismo está flecha que te atravesará sin dudarlo por un instante, y si no la ayudas, dejaré que te alíes conmigo.

-No voy a dejar que la hagas daño Evelyn, puedes dispararme si quieres- Joel está ganando tiempo para que pueda acercarme, su vista se desvía disimuladamente hacia mí, asiento para que no se preocupe. Estoy a unos dos metros pero tengo que ir despacio y con cuidado para que no me oiga, quiero pedirle a Joel siga entreteniéndola pro no hace falta - ¿me oyes Evelyn? Dispara ya, no voy a dejar que la mates sin más.

-Es una pena chico, tenia buenos planes para ti

-Yo tengo otros planes para ti Evelyn –no le da tiempo a reaccionar, es mi oportunidad, nota mi voz en su espalda pero es demasiado tarde para que se mueva o para intentar liberarse, rápidamente paso mi brazo por encima de ella y con el cuchillo en la mano le hago una raja en el cuello haciendo que se desangre. La sangre baja lentamente y cada vez es más abundante, se desliza por su cuello y me empapa la mano. El terror ha debido aparecer en su cara al escuchar mi voz, este se ve reflejado en la expresión de Cristina y poco después cuando reacciono en la mía. No sé si me he convertido en una máquina de matar, no sé si esta noche tendré pesadillas, intento no sentirme culpable porque yo solo pretendía salvar a Joel y a Cristina pero lo que siento por dentro es la peor sensación que he tenido hasta ahora. Es peor que morirse de hambre o de sed, es peor que tener miedo porque un tributo o un muto te persiga, es peor que todo eso porque me siento como el Capitolio, no puedo mirar mis manos llenas de sangre, no puedo pensar en otra cosa. No soy tan diferente a ellos. Noto como Evelyn cae de mis brazos hacia el suelo y oigo un cañonazo. Un cañonazo que yo he provocado. El cuchillo se resbala de mi mano  cae al suelo lentamente. Mis manos tiemblan y no soy capaz de mirar a Joel o a Cristina a la cara por miedo a lo que piensen de mi, veo la mochila de Evelyn y el arco y quiero agacharme y cogerlos, quiero sacar de aquí a Joel y a Cristina pero algo en mi interior me lo impide. Quiero mover una pierna y después otra, empezar a caminar pero mi cuerpo no reacciona. Las ordenes no llegan, tan solo estoy parada. Parada en el tiempo, en el momento que he matado, todo se repite una y otra vez en mi cabeza sin descanso. Cada persona que mato, cada tributo que muere por mi culpa es como si una parte de mi muriese con él, por dentro me siento rota, me siento mal. Mis padres no pueden estar orgullosos de mí, ni yo misma lo estoy. Un sentimiento de culpabilidad aparece en mi. Al final le he dado un buen espectáculo al Capitolio, como ellos querían. Cuando quiero darme cuenta, Joel esta en frente de mi. Tiene un trozo de la camiseta de Evelyn en la mano que ha debido de rasgar y me está limpiando la sangre que tengo. No sé a dónde miran mis ojos porque no siento que este allí con ellos. Me siento en un lugar apartado lejano, solo hay una cosa que me trae de vuelta. Un sincero gracias que sale de Cristina. Esa palabra golpea mi corazón y me rescata de la pesadilla. Un gracias que lo que en realidad significa es ‘gracias por haberla matado’ El infierno de los Juegos arde en mí, mi llama ahora no es de esperanza, mis manos están machadas de sangre. Solo una cosa pasa por mi cabeza, no soy tan diferente a ellos.

-Creí que íbamos a morir pero tú nos has salvado Amy, gracias, de verdad.
-Cristina tiene razón Amy, si no hubiese sido por ti estaríamos muertos – acaba de limpiarme la sangre de las manos y me mira a los ojos y con la mano sube mi barbilla hasta que nuestras miradas se encuentran- no has hecho nada malo, no tienes la culpa de lo que ha pasado.
-Joel, Amy, tenemos que salir de aquí, pronto bajara el aerodeslizador para llevarse el cuerpo.
-Vamos – Joel se agacha y me coloca el carcaj en la espalda, después me da el arco y como no reacciono agarra mi mano y lo coloca sobre ella, la mochila se la da a Cristina y noto como me coge la mano y la aprieta con fuerza. Cristina asiente, recoge el cuchillo, empieza a avanzar y después de ella vamos nosotros. Me susurra algo que hace que me encuentre de nuevo –No dejes que esto acabe contigo, es lo que quiere el Capitolio, que te sientas mal, que te destruyas poco a poco. Amy nos has salvado la vida, has evitado dos muertes mas, eso no es malo. No dejes que ellos ganen, no juegues su juego.

De repente vuelvo a la realidad, por muy mal, por lo rota que me sienta,  que este no puedo dejar que esto acabe conmigo, no después de todo lo que he pasado, no ahora que Gale está a salvo. Joel tiene razón, no puedo jugar su juego, tengo que jugar el mío. Sabía que iba a matar a Evelyn, tenía que hacerlo. Yo misma lo dije, es hora de que yo juegue con mis reglas. No puedo dejar que me hundan. Esto es lo que me destrozaría, Clover me lo advirtió, la Arena te cambia, te destroza pero si en realidad me siento así tal vez no haya cambiado tanto. No soy una máquina de matar, mi humanidad sigue en mí. Puedo notar el dolor de su muerte, puedo notar ese amargo sabor de culpabilidad, puedo sentir que lo que he hecho está mal. Si siento todo eso, por muy malos que sean mis actos sigo siendo yo misma. No puedo permitir que todo lo que he construido se destruya. Las ideas surgen en mi, los acontecimientos que han pasado pasan por mi cabeza pero después de esto tenemos que seguir adelante y eso supone un problema. Analizo la situación y permanezco callada unos segundos, cuando estoy segura de todo hago un mapa mentalmente. Cojo mi arco más fuerte y miro a Joel a los ojos.

-Tenemos salir de aquí cuanto antes, ¿veis esa zona de allí? Tenemos que atravesarla lo antes posible porque hay una niebla venenosa, si visteis los últimos juegos sabréis que ahora mismo estamos en un reloj, como el de la otra vez. Cada hora un nuevo horror –sus caras son de asombro parece que ellos no habían descubierto esa parte pero yo sigo hablando. No me detengo, se que hablo rápido, no hay tiempo y este es un lugar peligroso, cualquier tributo podría vernos- la niebla venenosa empieza en esa zona a las cuatro o las cinco de la tarde, por la posición del sol eso será –titubeo, miro arriba para ubicarme. Me pongo la mano en la frente para tapar un poco el sol y cuando distingo su posición hago cuanto me explico Gale en el bosque. Calculo el tiempo que queda, mi voz se quiebra un poco- en media hora.
-Amy, si lo que estás diciendo es verdad- le corto antes de que acabe la frase
-No nos da tiempo a atravesarla Joel, ya me he dado cuenta, avanzaremos hasta el límite y esperaremos a que pase la hora escondidos, no podemos hacer otra cosa. Lo mejor es que nos pongamos en marcha cuanto antes.

Joel sonríe al verme tan decidida, este cambio tan brusco ha sorprendido a Cristina que camina a mi derecha. He cogido una flecha del carcaj y la he colocado en el arco por si acaso. No lo he tensado pero seré más rápida por si pasa algo. El bosque tiene zonas diferentes, algunas fáciles de divisar por lo que son más peligrosas, otras en cambio son frondosas y no se te ve a penas. Observo las dos opciones y estudio la situación, cuando lleguemos tendremos que esperar a que acabe la niebla por lo que pisa realmente no tenemos. Decido ir por la zona frondosa. Es difícil de atravesar y nos va a retrasar pero también nos da más oportunidades a la hora de pasar desapercibidos. Agarro a Cristina del brazo y le hago una señal a la otra zona. Su cara muestra confusión ya que debe pensar que estoy loca por ir por el camino más complicado pero no tarda en comprender porque lo hago. Joel nos sigue y empezamos a caminar. Aunque tenemos que ir quitando ramas y arbustos, esquivando raíces que sobresalen del suelo y estando atentos a los animales que haya, nuestro paso no va tan lento como pensaba. Temo que salga algún animal o muto ya que reaccionaríamos tarde. Esta zona es buena para ocultarse pero al igual que nos ocultamos nosotros podrían hacerlo los mutos, o peor, los demás tributos. Siempre hay un riesgo pero esperemos que haya también una recompensa aunque solo sea esta vez. Caminamos rápido ya que Joel y Cristina no están cansados y me pregunto qué haremos cuando crucemos la zona. Me planteo la idea de llevarles a la cueva conmigo pero si hago eso luego será peor. A la hora de la verdad todos querremos sobrevivir y yo daría cualquier cosa por mi hermano. Ya es difícil pensar en que Finnick podría llegar a la final con nosotros asique no quiero imaginar cómo sería con Joel y Cristina. Tengo que buscar otra manera de ayudarles. Miro a Cristina mientras camina, es una chica dulce, aparenta ser débil pero si ha llegado hasta aquí es todo lo contrario. No me refiero a fuerte en el sentido de levantar grandes pesos, matar a quien ella quiera o ese tipo de cosas, existe mucha gente así en Panmen pero para sobrevivir en la Arena se necesita otro tipo de fuerza. Una fuerza que haga que te levantes por las mañanas y sigas luchando. Una fuerza que no te deje rendirte, que no te abandone, que te obligue a levantarte y a tener esperanzas. Una fuerza interior que te diga que todo puede salir bien. Cristina ahora tiene un aspecto frágil, esta algo sucia y ha perdido peso en estos días, su cara es un poco más pálida pero aun así esta guapa. Calculo que tendrá más o menos mi edad, año arriba, año abajo. Es una chica rubia con una sonrisa preciosa, tal vez parezca inocente pero espero que pueda sorprendernos en la Arena y sepa luchar bien, eso la mantendrá a salvo, aunque no la he visto utilizar ningún arma nunca. Joel en cambio es mayor que nosotras, él es fuerte, en todos los sentidos. Seguro que ha mantenido con vida a Cristina gran parte del tiempo, a él se le ve más optimista, dispuesto a luchar. Joel es el chico por el que cualquier chica caería rendida, el es apuesto, no lo niego, pero es más que eso. Joel es una buena persona, es simpático y gracioso, el día de la cena se mostró como era realmente y vi en él un chico encantador. Joel para mí sería un gran amigo, en otras circunstancias claro. No sé qué hare cuando crucemos la zona pero debo irlo pensando. De repente me doy cuenta de donde estamos. Estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me he dado cuenta de lo rápido que hemos avanzado. Mis brazos se abren y me paro en seco, dos cuerpos distraídos chocan contra ellos. Me miran de forma extraña y me limito a contestar.

-Parad, un paso más y estaremos en la zona.

-Amy, ¿puedo preguntarte algo?- la voz de Cristina es como un hilo y yo asiento para darla algo de tranquilidad- la niebla de la que hablas ¿es exactamente igual que la de los juegos anteriores?
-Sí Cristina, y te aseguro que la sensación no es agradable –Joel me mira preocupado pero yo evito su pregunta, no me apetece hablar de ese día. El parece preocupado y arquea las cejas pero niego con la cabeza- cambiemos de tema, aún nos queda una hora, la niebla está empezando, deberíamos alejarnos un poco. ¿Cómo habéis sobrevivido hasta ahora?
-Muy buena pregunta –Cristina parece entusiasmado por contarlo y cualquier cosa me vendrá bien para despejar la mente y distraerme, Joel sonríe y se sienta a la sombra, por lo que parece esto va a ser largo, yo hago lo mismo y Cristina empieza a hablar- Reconozco que cuando me metieron en el tubo me sentí perdida, aparecimos en medio de la nada y oía la voz de Clover.  Estaba tan nerviosa que no sabía lo que decía, no tenía ni idea de que haría en la Arena. Oía sus palabras pero no asimilaba nada, tan solo estaba ahí, con las piernas temblando y a mi lado un montón de tributos más fuertes que yo que no dudarían nada en acabar con mi vida. Empecé a ver todas las cosas que había en frente nuestra y cuando sonó la señal estaba tan distraída que tardé en reaccionar, me chocaba con los demás tributos, algunos sangraban y otros caían al suelo. Pensé que todos tendrían alguien en quien apoyarse, el tributo de su distrito pero yo no tenía compañero. No quería acercarme a por armas, lo único que quería era salir de allí asique tropecé con una mochila y me agache para cogerla, salí corriendo tan rápido como pude y de repente choque con un tributo, él se puso en frente de mí con un cuchillo y si no hubiese sido por Joel habría muerto en ese momento. Él apareció sin más y se libro del otro tributo, con Joel iba la chica de su distrito, Gisele. Vi que Joel llevaba una mochila como la mía y ella otra igual, el me agarro la mano y me dijo que le siguiese. Lo hice sin dudarlo, estaba tan perdida que no entendía nada, no era capaz de hacer absolutamente nada. Mientras corríamos Gisele fue rápida y cogió una bolsa de manzanas que se he había caído a un tributo del distrito 1, casi la mata cuando se la quito pero escapamos. Pelearon un poco pero ella fue lista y consiguió escapar. Estábamos yendo en dirección hacia el bosque cuando nos caímos al agua, ni siquiera lo vimos venir. Casi no sé nadar pero Joel me ayudo bastante. Me sujeto por la cintura y me ayudo a llegar a la orilla. Gisele era muy rápida y lista, se adelantaba a todos los movimientos y casi no tardó nada en salir del agua. Ella nos estaba esperando fuera, no escapo, no nos dejó tirados, tan solo nos esperó. Salimos los tres del agua y nos dirigimos al bosque. El agua no nos vino mal para refrescarnos. Estuvimos andando todo el día y cuando anocheció estábamos lo suficientemente lejos para descansar, nos ocultamos entre unas plantas que había altas y esa noche no hubo guardias, estábamos demasiado cansados, demasiado agotados pero sobre todo estábamos destrozados por lo que estaba ocurriendo. Mientras dormíamos empecé a notar que me mojaba y sí que lo estaba haciendo porque llovía. Sacamos nuestros botellines y los llenamos varias veces. En las mochilas teníamos cerillas, un saco la de Gisele, algo de comida y los botellines. Además contábamos con la bolsa de manzanas que eran bastantes. Por la mañana nos comimos dos manzanas cada uno porque la comida de las mochilas decidimos reservarla, era un poco de cecina, algo de carne y una bolsa llena de fruta diferente. Tuvimos suerte de no cruzarnos con ningún tributo en los dos primeros días porque no teníamos armas para luchar. Nos limitábamos a quedarnos escondidos, comer, dormir y hacer guardias. El tercer día nos quedamos casi sin manzanas, empezamos a perder fuerzas porque no nos aportaba todo lo necesario. Buscábamos un refugio donde estar más protegidos pero no encontrábamos nada útil asique seguimos caminando, como cada noche llueve llenamos nuestros botellines asique no pasamos sed. El cuarto día, bueno ayer, ocurrió algo extraño, oímos un grito y decidimos irnos de allí, íbamos corriendo cuando tropezamos con un tributo, estaba lleno de picaduras, su cuerpo estaba inflamado por completo y estaba muerto, parecía que acaba de morir, ni siquiera había llegado el aerodeslizador. Decidimos alejarnos del lugar. Encontramos unos arbustos enormes que dejaban un hueco en el centro y nos pareció un buen lugar para escondernos. Gisele dijo que tendríamos que ir a por comida y se ofreció voluntaria para buscar bayas o algo para alimentarnos, le pusimos pegas al que fuese sola pero ella insistió. Anoche vimos su cara en el cielo –su voz se corta, miro a Joel y no me encuentro con sus ojos, el está mirando al otro lado y respira hondo para contenerse, le agarro la mano a Cristina y suelto un ‘lo siento’ Cristina me sonríe y sigue hablando- esta mañana pensamos en seguir caminando, conseguir bayas y eso, como la idea que tubo Gisele, y lo demás ya lo sabes. He intentado resumirte estos cuatro días lo más posible. Nuestro paso por la Arena no ha sido muy interesante.
-Es casi mejor así Cristina, a veces lo interesante no es bueno –quiero cambiar de tema pero no encuentro la forma, Joel sigue mirando al otro lado, como si no estuviese aquí – es increíble que hayáis durado tanto sin armas, y con solo manzanas y lo de la mochila. Tenéis mucho merito.
-No es mérito Amy, solo ha sido suerte –la voz de Joel suena diferente- además las manzanas se acabaron, la comida de la mochila también, salimos porque no teníamos otro remedio y si no fuese por ti estaríamos muertos, no creo que duremos mucho mas.
-Joel no digas eso, habríais encontrado la manera. –estoy rota, oírle decir eso duele. Tiene razón, no todos saldremos de aquí, ni siquiera sabemos cuánto tiempo vamos a durar. Lo único que podemos asegurarnos es de seguir luchando y no perder las esperanzas- Queda un poco para que acabe la niebla, después seguiremos adelante, tendréis que esperarme en una colina que hay, yo bajare un subnivel e iré a por unas cosas, después volveré con vosotros.
- ¿A dónde vas a ir?
- No puedo decírtelo Cristina pero necesito que confiéis en mí
- Acabas de salvarnos la vida, confiaría en ti para cualquier cosa

Me alegra oírlo, tengo un plan. Quiero ayudarles y eso es justo lo que haré. Joel es un chico muy fuerte, sé que sabrá cuidar de Cristina. Me siento en una roca y observo como Joel mira al horizonte. Me pregunto que estará pasando por si cabeza ahora mismo. Cristina se sienta a su lado e intenta animarle, debe haber ocurrido algo que yo no sé o tal vez haya dicho algo que no estuviese bien porque ahora Joel está diferente. Cuando digo diferente hablo de que se comporta de una forma distinta, su mirada e incluso la expresión de su cara a cambiado. Me atrevería a decir que ya no estoy viendo al mismo chico de antes, alegre, esperanzado, risueño, positivo… Cristina me sonríe y me dice que no me preocupe y como no se qué hacer asiento y decido hacer algo productivo me subo al árbol para ver si hay mas tributos en la zona, la niebla nos tiene atrapados y no podemos continuar, tal vez a algún tributo le haya ocurrido lo mismo. Será mejor que me fije bien, necesito saber a que me enfrento si quiero tener más posibilidades de salir de esta. Quiero tenerlo todo controlado. Trepo con más facilidad de lo que lo hacía hace unos días, creo que ahora soy un poco más ágil o a lo mejor mi cuerpo se ha acostumbrado un poco más a la Arena. Lo noto en todo, mi resistencia y mi fuerza han aumentado, creo que incluso yo misma estoy cambiando un poco, mi forma física ha mejorado y eso me facilita algunas cosas. Escalo con facilidad ya que no supone para mí ningún problema. Me coloco en una de las ramas más altas, el sol me da de lleno y es una sensación de tranquilidad que me gustaría sentir más a menudo. Me agarro al árbol y miro los alrededores, si hay algún tributo cerca debe estar escondido porque no consigo ver ninguno. Eso consigue animarme un poco, cuidar de los dos tributos que están debajo de mí no va a ser fácil y atravesar la Arena tres personas sin cruzarnos a nadie ni tener ningún problema es algo difícil de esperar. Decido echar un último vistazo y todo lo que abarca mi vista lo cubre un silencio reconfortante y a la vez peligroso. No le doy más vueltas y bajo con cuidado y me siento al lado de Joel.
Miro al cielo, el color del cielo hoy es hermoso, me fijo una vez más en la posición del sol. Sonriente le digo que no queda mucho para que acabe la niebla y eso parece animarle. Hablamos un poco de nuestras familias y de nuestra vida antes de la Arena, recordamos historias graciosas y sucesos inolvidables. Nos reímos de las cosas que hacíamos de pequeños y nos sorprendemos al descubrir que nuestras vidas no son tan diferentes. También comentamos un poco como son nuestros padres, nuestros amigos y nuestra vida en general. Las sonrisas de nuestras caras se borran cuando todos pensamos en que no volveremos a casa pero la voz de Cristina que está llena de optimismo nos dice que no hay que rendirse tan fácilmente. Estamos tan absortos en nuestras historias que no nos damos cuenta de que  la niebla está empezando a desaparecer. Poco a poco se ve como se desvanece e igual que apareció, se va. Cogemos nuestras cosas y cargamos con nuestras armas, esperamos hasta estar completamente seguros y cuando comprobamos que la niebla ha acabado por completo, yo doy el primer paso. Seguimos avanzando.
Al principio no hablamos pero cuando llevamos caminando un rato la energía de Cristina y su inagotable intento por empezar una conversación hace que acabemos hablando todos. Joel esta a mi lado, ambos caminados atentos a cualquier movimiento. Miro como lo hace, camina atento al bosque y a la vez a sus pasos, tiene preparado el cuchillo que cogió Cristina de cuando mate a Evelyn. Joel tiene más oportunidades que cualquier otro en un combate cuerpo a cuerpo asique viendo las posiciones decido formarnos de otra manera. Cristina es más débil y tal vez no haya trabajado nunca, su vida en el Capitolio es diferente a la de los distritos. Aunque ahora los tiempos habían cambiado y todos éramos iguales, la gente de los distritos seguía haciendo lo que su distrito había hecho siempre, al fin y al cabo necesitamos comer, energía, transporte… La gente del Capitolio también hacía cosas, pero sobre todo se encargaban de otras tareas. Una de las principales tareas que tenía el Capitolio era encargarse de la salud de todo Panmen, contaban con numerosos hospitales llenos de cirujanos expertos. Unos aerodeslizadores iban al distrito que los reclamase si se encargaba de una situación de emergencia y en menos de diez minutos estabas en una camilla esperando para que te atendiesen. También se encargan de la economía y todo lo referente a Panmen, aún así el nivel de vida de la población era igualitario. En los distritos era diferente, aunque yo tuviese dinero de sobra me interesaba ir al bosque, al igual que a Finnick le gusto aprender a pescar y hacer redes. Aunque el distrito de Joel se especializa en energía seguramente aprendiese a luchar como lo hace porque sus padres se lo enseñarían, los vencedores no tienen que trabajar después de haber ganado los juegos, el dinero que tienen es suficiente asique se encargan de otras cosas para no aburrirse y muchos vencedores que conocí por mama y papa enseñaban a sus hijos a luchar cuerpo a cuerpo por el mero hecho de enseñarles algo práctico, al igual que mi madre me enseño a cazar.
Le pido a Joel que se ponga el último y a Cristina que avance hasta el medio de ambos, yo voy delante. Creo que estas posiciones están mucho mejor que las de antes, espero no equivocarme. Cualquier peligro que salga podré localizarlo, en cambio Joel será de gran ayuda yendo el último si queremos mantener a Cristina a salvo. Sin duda tengo razón en lo que he pensado antes y si Cristina es la más débil también se convierte en nuestro problema. Es un blanco fácil, y nuestro punto débil, pero la mantendremos a salvo por encima de todo. Hemos avanzado bastante desde que empezamos, habrá pasado más de media hora porque estamos por más de la mitad de la zona. De repente un cañonazo y después un ruido ensordecedor aparece. Con el arco en la mano, la flecha en este y la cuerda tensada me giro por completo sin dudarlo un segundo. Veo a Joel y a Cristina a salvo y eso me alivia, no hemos perdido a nadie. Hago una señal para que paren, un tributo a muerto. Subo con cuidado a un árbol, confiándole a Joel mi arco y a Cristina mi mochila. Subo con cuidado agarrándome bien y cuando estoy arriba diviso un aerodeslizador. A unas dos zonas a la derecha el Capitolio se lleva el cuerpo de un tributo. Bajo para decirles que no hay peligro, un pie, después otro. Una punzada en la pierna hace que resbale perdiendo el equilibrio, intento sujetarme con las manos pero lo único que hago es rasparlas con la corteza del árbol sin lograr frenar la caída. Por suerte Joel esta abajo y sin dudarlo un momento me coge antes de que choque contra el suelo.

-Deberías tener más cuidado
-Debería – me miro la pierna y veo que la herida se ha abierto y sangra un poco, en realidad sangra bastante, Joel me mira preocupado pero yo reacciono rápido- me clavaron un cuchillo, he sentido un dolor en la pierna y he perdido el equilibrio, por eso he caído. No hay peligro, podemos seguir.
-Creo que deberíamos parar un rato, no tiene muy buena pinta
-Será mejor que nos sentemos, tengo algo que podría ayudarte con esa herida- la voz de Cristina interrumpe la conversación que tengo con Joel, al final accedo y nos sentamos. Cristina abre su mochila y deja la de Evelyn en el suelo- tengo una venda que venía en la mochila, no la he necesitado hasta ahora pero estoy segura de que a ti te vendrá bien. Toma Joel, empieza a vendarle la pierna.


Cristina sonríe y guarda lo poco que queda en su mochila. Joel se pone de pie y se acerca hasta ella, coge la venda y viene. Yo le miro desafiante pero al final me convence. Joel comienza a subirme el pantalón, cuando esta por la rodilla decide vendar todo el gemelo que es donde básicamente se encuentra la herida. Tal vez sea más abajo pero él prefiere vendar toda la zona. Lo hace con cuidado, sus manos son rápidas y trabajan fácilmente. Parece que llevase haciéndolo toda la vida. Pinchazos aparecen de vez en cuando pero oculto mis muecas de dolor para que no se preocupen. Pasa la venda una y otra vez, no se acaba nunca. Yo no sé dónde mirar ya. Siento que debo romper este momento porque la tensión que siento es demasiada asique abro la boca sin decir nada inteligente.

-Cristina, ¿qué tiene la mochila de Evelyn?
-La verdad es que no lo he mirado –me mira y entiende lo que quiero. Acto seguido abre la mochila, empieza a sacar objetos y los nombra uno a uno, su sonrisa se agranda al sacar el primero- aquí hay un botellín y está lleno de agua, también hay un plástico, tiene carne, parece pavo o algo parecido, la verdad es que no había visto una carne tan rara hasta ahora, y las comidas del Capitolio no es que sean muy normales. Tiene una cuerda, es muy larga y hay un cuchillo, también tenía tres manzanas, podría haber sido otra fruta.
-Bueno, siempre que sea comida es bueno – Joel la mira y sonríe, se nota que han pasado malos momentos con la comida. En realidad el perdió a su compañera por salir a buscar algo para comer. No me quiero imaginar cómo debe sentirse. Acaba de vendarme y aprieta el vendaje con un nudo, me mira y sigue hablando- con esto bastará, en unos días se te habrá curado, recuerda que tienes que limpiarla y véndala cuando acabes, la venda hará que cure más rápido porque impedirá que se abra como te ha ocurrido antes.
-Muchas gracias Joel
-No ha sido nada. Pero no hagas tantos esfuerzos, según veo esa herida algo me dice que no has descansado desde que hemos entrado aquí. –me sonríe con confianza, yo asiento para darle a entender que se a lo que se refiere. Aún así seguiré haciendo esfuerzos, eso lo sé, en la Arena no hay descansos. Estiro un poco la pierna y me bajo el pantalón, el se sienta de nuevo- Cristina será mejor que no te quejes de lo que hay en la mochila, la mitad del contenido es comida y ya sabes que eso escasea por aquí.
-Cristina, déjame la cuerda- una idea me ha venido a la cabeza después del comentario de Joel, la comida escasea pero no si sabes cómo buscarla y ese es su problema, no saben cómo hacerlo- os quedaréis con todo lo que hay en la mochila
-No, tú mataste a Evelyn y debes quedarte con ella, ahora es tuya
-Tienes razón Joel, es mía y por eso os la regalo. Os vendrá bien –Cristina me pasa la cuerda atenta a mis movimientos- en la mochila hay algo de carne y fruta, eso os mantendrá con vida unos días pero tenéis que aprender a cazar. En la mochila también hay un cuchillo que os servirá para matar a vuestras presas. Joel, en los entrenamientos vi que lanzarlos no se te daba mal asique aprovéchalo para cuando veas un animal. Cristina se que a ti no se te dan muy bien las armas pero te voy a enseñar a hacer tres trampas básicas para que podáis cazar también de esta manera, con la cuerda aprenderás a hacerlas enseguida.

Ella me mira sonriente y noto el entusiasmo en su cara. Nos ponemos a hacerlas, paso a paso Cristina está atenta a cada movimiento. Para mi asombro aprende muy deprisa y su habilidad con los dedos facilita que ate los nudos necesarios. En unos quince minutos ya sabe más o menos hacer las tres trampas. Le digo que practique lo que nos queda de camino y guardamos todo en las mochilas. Es hora de ponerse en marcha de nuevo. Como dije, en la Arena no hay descanso. Joel saca uno de sus botellines lleno de agua y me lo ofrece, al final lo repartimos entre todos. La sensación del agua pasando por mi garganta es reconfortante, sentía sed desde hace mucho pero no quería que desperdiciaran el agua que les quedaba. Después me ofrece un puñado de bayas que recolectaron antes de encontrarse con Evelyn y las acepto porque sé que quieren agradecerme lo de sus vidas, lo de la mochila y aunque yo solo quiero que lo olviden se que se sienten mejor ayudándome de esta forma.

Como no estamos cansados, recorremos el camino con facilidad. Nuestras piernas no nos piden parar asique seguimos adelante aunque atentos a nuestro alrededor. El tramo más complicado quizás es la zona en la que hay que atravesar una parte muy frondosa del bosque. Si no tienes cuidado recibirás arañazos de parte de las ramas y si no miras al suelo puede que tropieces con una de las enormes raíces medio enterradas en el suelo. No tardamos mucho en atravesar la zona que nos quedaba y ya diviso el desnivel. Seguimos hablando durante el tramo que queda y cuando llegamos a este les hago una señal para que paren. Por sus caras creen que hay algún peligro pero no tardo en tranquilizarles. Tengo que llegar a la cueva sola y después volveré con ellos.

-Voy a ir a por una cosa, necesito que confiéis en mí, vaciad una de vuestras mochilas y dádmela.
-Pero Amy, ¿qué vas a hacer?
-Tienes que confiar en mi Cristina – necesito que confíen, no puedo explicarles ahora nada. Me muerdo el labio nerviosa. Creo que no lo harán pero in más, ella vacía su mochila y pasa sus cosas a las de Joel en la que hay espacio de sobra para ambas, no vacila ni un momento y me entrego la mochila de inmediato junto a las tres manzanas, un botellín y mi cuchillo. Al principio no lo entiendo pero acabo viendo cuáles son sus intenciones – no puedo aceptar esto Cristina
-Amy, has hecho ya mucho por nosotros, acéptalo –la voz de Joel se abre paso, tan segura y melodiosa como siempre- Yo estoy de acuerdo con Cristina, quédate eso, no podemos ofrecerte mucho más pero espero que te sirva de algo. Seguramente te venga bien un botellín para hermano, nosotros con dos tenemos de sobra, de verdad.
-Muchas gracias Joel, y a ti también Cristina – son unas personas tan increíbles que el no poder llevarlas conmigo hace que me sienta cada vez peor pero no puedo hacer más por ellos. Me convenzo a mí misma. Sé que no puedo decirles que me acompañen, solo hay un ganador, un vencedor, uno vuelve a casa y los demás mueren. Ese es el Juego. Si llegásemos a la final tendría que matarlos y no quiero que eso ocurra.  Miro al cielo y compruebo que ya es tarde– anochecerá en pocas horas y deberéis seguir vuestro camino asique será mejor que me de prisa. Tenéis que esperadme, no tardare mucho, esconderos entre aquellos arbustos. Por favor no me preguntéis nada, solo confiad en mí.

Veo como Joel asiente y coge a Cristina del brazo, ambos se alejan hasta los matorrales. Yo me giro y empiezo a bajar con cuidado el desnivel, llego abajo en seguida ya que se baja con facilidad. Aunque me resulta un poco molesta la herida gracias a la presión de la venda me duele menos. Cuando llego abajo intento mirar hacia arriba por si Joel y Cristina se han movido. Al comprobar que siguen a salvo continúo. Voy hasta donde los arbustos ocultan la cueva y los aparto como siempre. Respiro hondo y no tardo en entrar. Dentro me encuentro a Finnick y a Gale. Al verme con el arco y las dos mochilas y Finnick no sabe cómo reaccionar. Esta sentado mirándome, su cara muestra confusión, enfado, alivio… No dice nada, no hace nada, tan solo me mira, como si me estuviese castigando por algo que haya hecho. Es tardísimo, no pensé que me entretendría tanto cuando le mentí acerca de dónde iba. Voy a abrir la boca pero él se pone de pie y dice una única frase ya que no es capaz de decir más.

-No voy a dejarte salir más sola, esta vez sí que pensé que no volverías
-Pero ya estoy aquí Finnick, te dije que volvería y lo he hecho –intento decirlo sin que me tiemble la voz pero el tono de Finnick era tan duro que no consigo hacerlo, aún así, mi voz suena fuerte, e incluso me atrevería a decir que tiene un toque de insensibilidad.  Por una parte, me alegra que se preocupe tanto por mí pero por otra, no sé si eso es lo que quiero. Finnick ahora me mira a la cara y temo por lo siguiente que tengo que decirle- Ahora tengo algo de prisa, me marchare tan solo un momento.
-No Amy, tienes un arco y una mochila y no sé si quiero saber cómo lo has conseguido porque no me creí lo de que ibas a buscar una cosa que escondiste, tanto tu como yo vimos que el arco se quedo donde Colin y no creo que te hayas arriesgado y hayas salido a buscarle.
-Finnick solo serán unos minutos y después volveré, te lo prometo.
-No, te he dicho que no vas a salir más. ¿Sabes lo que ha sido escuchar dos cañonazos y que tú no estuvieses aquí? No ha sido uno Amy, han sido dos. Podrías haber sido tú, podría haberte perdido para siempre. Llevo mirando la entrada de la cueva todo el día, han sonado dos cañonazos y tú no venias Amy. Gale no paraba de preguntar, solo estuvo tranquilo un rato y aún así preguntaba dónde te habías ido. Si no lo haces por mí, hazlo por él pero por favor quédate en la cueva.
-Finnick, lo siento, no pensé que fuese a ocurrir algo así – me acerco a él y dejo todo en el suelo, con la mano en su cara le miro a los ojos – estoy bien Finnick, de verdad. Solo serán unos minutos.
-Entonces dime dónde vas a ir, y si en media hora no has vuelto saldré a buscarte.
-No hará falta, volveré en unos minutos. Joel y Cristina están encima de la colina, en unos arbustos escondidos, les prometí que les ayudaría…- él me corta, pregunta que de donde han salido Joel y Cristina y que hacen aquí pero yo le tranquilizo – están bien, no te preocupes. No tienen comida ni armas y pensé que podría llevarle algo de lo nuestro, al fin y al cabo tenemos de sobra y con el arco podré conseguir más comida. Ellos nos necesitan Finnick, te prometo que no tardaré mucho.
-Vale, pero ten cuidado y dale recuerdos míos.

Creo que noto una sonrisa en su rostro. Me suelta la mano. Me dirijo al final de la cueva y veo a Gale dormido, no sé cómo puede dormir con los gritos que dimos al principio, Katniss siempre decía que tenía un sueño profundo. Voy hasta las provisiones y dejo el botellín vacío, las tres manzanas y el cuchillo lo dejo en la mochila. Sé que les vendrá bien un cuchillo mas y teniendo en cuenta que tengo el arco, a mi no me hace falta. Ellos tienen un poco de carne que no les durará a penas un día, deben ser las sobras del desayuno de Evelyn porque estaban en aquel plástico ya cocinadas. Las bayas las comimos por el camino asique solo les queda eso. Miro nuestras provisiones; dos conejos, un ave, bastantes batatas, tres botellines de agua, tres manzanas y tres fresas. También está el gran trozo de pavo cocinado de anoche, el cual pensábamos cenar hoy los tres. Tenemos comida de sobra para mantenernos. Meto en la mochila de Evelyn un conejo y el trozo de pavo, también añado unas cuantas batatas, tenemos suficientes para alimentarnos durante un día e incluso sobrarían asique no echare en falta unas cuantas. Por lo que se aportan bastante energía y eso en la Arena está bien. Cojo también una cuerda, sé que solo tenemos dos pero con el arco no necesitaré trampas. Cierro la mochila y me dirijo a fuera, antes de irme me despido de Finnick que ha decidido empezar a preparar nuestra cena ya que he cogido lo que teníamos pensado cenar. Observo que es lo que elige, hoy tenemos conejo. Eso nos deja con un ave, las batatas y la fruta. Suficiente para nosotros tres. Salgo fuera y coloco las ramas de tal manera que no se vea.

Comienzo a subir la colina, subir ese desnivel es más difícil que bajarlo. He cogido el arco por si acaso pero para subir tengo que colgármelo al igual que la mochila. Cuando tengo aseguradas mis cosas y bien sujetas a la espalda, miro mis manos raspadas, con un suspiro decido seguir adelante. Aprovecho las piedras que me golpearon el primer día en la Arena para apoyarme y subir mejor. Me fio mas de mi pierna izquierda después de lo del árbol así que, la derecha tan solo la uso de apoyo.  Con las manos raspadas tardo un poco más pero en unos pocos minutos estoy arriba. Después de estos días en la Arena estoy tan acostumbrada al dolor que incluso a veces consigo ignorarlo. Me dirijo a los arbustos y silbo para que sepan que me acerco. Salen despacio, a juzgar por sus caras pensaban que ya no volvería.


-Hola chicos-dejo mis cosas en el suelo y me agacho para abrir la mochila de Evelyn. Mientras estoy agachada rebuscando las cosas alzo la vista y les miro seria, antes de que digan nada les explico los planes que tengo para lo que he traído, no les dejo interrumpirme por lo que no les queda más remedio que escuchar atentamente-toma Cristina, un cuchillo. Joel te defenderá siempre pero tal vez tú lo necesites, no quiero que te niegues a cogerlo porque tengo otro en el lugar del que vengo. Joel, os traigo algunas previsiones, no son muchas pero espero que os sirva. Hay un conejo, con eso podréis pasar un día y si no os llega podéis comer algo más de lo que he traído. Contáis con un trozo de pavo, esta cocinado, es como la mitad porque lo demás ya nos lo comimos Gale y yo pero os dará para un día más. Comed lo primero el pavo, esta cocinado así que os durará menos tiempo. También os traigo unas batatas que recolecte, con esto y la carne de Evelyn quizás duréis tres días aunque no os aseguro nada, tendréis que ser vosotros los responsables de repartir la comida. No puedo hacer nada más. También he metido una cuerda, he pensado que os vendría bien para las trampas pero también para más cosas. Las cuerdas que nos da el Capitolio son muy grandes, no solo para que cacemos, también tienen otros planes útiles para ellas. He pensado que por la noche si no encontráis refugio podéis ataros a un árbol para dormir, tenéis que buscar uno que sea alto, con muchas ramas y hojas que puedan ocultaros, deberéis trepar hasta lo más alto posible para esconderos mejor de los demás tributos. Con esta cuerda y la de la mochila de Elvelyn tenéis dos. Llevad una cada uno, si perdéis una mochila por cualquier cosa será mejor que perdáis una cuerda y no ambas. Practicar de día trepando árboles porque si os encuentran, trepar rápido será vuestra mayor ventaja. No debéis hacer hogueras con ramas verdes, el humo os descubriría. Quemar tan solo unos palos y apagarlos corriendo con la bota, así cocinareis con las brasas y no habrá humo del cual preocuparse. Acordaros de ocultar los restos de la hoguera para no dejar pistas de por donde vais. Para cazar podéis usar las cuerdas o los cuchillos, pero no desperdiciéis nunca la oportunidad de una presa, las provisiones no os durarán mucho asique debéis aprender a cazar. Intentad no cruzaros con tributos, caminad de día y subiros a un árbol alto de vez en cuando para mirar los alrededores. Tened cuidado con las horas y estad atento al reloj. Podréis conseguir agua cuando llueva, es justo la hora después de que las caras de los tributos aparezcan, aprovechad para llenar los botellines porque es la única oportunidad hasta el día siguiente. Haced guardias y por nada os acerquéis a la orilla. Los más fuertes se aliaron, se hicieron con la cornucopia y ahora la playa les pertenece. Alejaros lo más que podáis de allí, pero también de esta zona. Dirigiros al bosque, si veis una sombra salid corriendo. Me gustaría poder hacer más por vosotros pero daros esta comida es lo único que he podido hacer, lo siento.
-¿Sentirlo?-Joel me agarra de los hombros y me mira fijamente- Amy, nos has salvado la vida, acabas de darnos comida para sobrevivir y tus consejos nos mantendrán con vida unos días. Has hecho mucho por nosotros. Nadie te hubiese reclamado nada si nos hubieses dejado morir, aún así nos ayudaste, te lo debemos todo Amy.
-Es verdad Amy, jamás se nos habría ocurrido lo de los árboles, no sabía hacer trampas y ni siquiera teníamos comida o armas, tú nos has dado la oportunidad de vivir más tiempo, es más de lo que te habríamos pedido. Has hecho todo lo que estaba de tu mano –Cristina se deja ver y Joel se aparta, ella me da un abrazo y sus ojos se humedecen un poco- gracias por todo, espero verte cuando nos rescaten, si salimos de esta siempre serás bienvenida en casa.
-Saldremos Cristina- Joel me mira, ambos sabemos que lo que digo es mentira pero es la única manera que encuentro de consolarla, él se acerca y me abraza también. Me da un beso en la frente y las gracias. Tras eso se despide, Cristina coge la mochila y me dice adiós con la mano, lo único que sale de mi es una frase que de verdad siento, un susurro que se lleva el viento – Espero volver a veros

Antes de que cualquier tributo pueda encontrarme me dirijo de nuevo a la cueva. La bajada es fácil y como ya no llevo la mochila, nada excepto el arco dificulta el que baje más rápido. Tal vez mis raspadas manos no sean ahora una gran dificultad pero no puedo evitar el leve dolor que aparece al apoyarlas. Supongo que la agilidad que he cogido estos días me permite saber ya donde poner los pies sin mirar las rocas, me doy cuenta de que bajo con mucha facilidad. No tardo en llegar a la cueva para sorpresa de Finnick. Oculto la entrada con las ramas evitando cualquier hueco. Me fijo en que la cena esta casi lista y huele de maravilla. Gale está al lado de Finnick viendo como cocina asique debió despertar poco después de que yo me fuese. Entro con el arco, lo apoyo en la pared con cuidado y me siento a su lado. Al principio bajo la cabeza y me quedo pensando en silencio pero la reacción de Gale al verme me impide escuchar mis propios pensamientos. Tan solo oigo su voz, está llena de ilusión.

-Hola Amy, te he echado de menos – me da un abrazo y después señala el arco con una sonrisa que ilumina su rostro- ¿Es como el de mama?
-No, el de mama es mejor –le cojo en brazos y voy hasta donde Finnick- pero ¿a que es bonito?
-Sí, es dorado, parece que está hecho de oro
-Es verdad, parece de oro – le dejo en el suelo y me siento con ellos, miro a Finnick y el parece darse cuenta- te dije que no tardaría
-Lo sé, y me alegra que no tardases. La cena esta casi, si quieres puedes acostarte un rato.
-Estoy bien, gracias. Prefiero quedarme aquí – Gale se sienta encima mía de repente y me sonríe. Mirar a mi hermano a los ojos y ver que estos siguen brillando con la ilusión de siempre me arrebata una pequeña sonrisa. Él está feliz, no sabe lo que ocurre, tan solo está aquí porque yo le he dicho que estamos jugando a un juego. A él le basta con eso, confía demasiado en mí. Algún día entenderá que le mentí para regalarle una vida. Espero que no me olvide nunca, porque yo sé que no lo haré – creo que tu también quieres que me quede ¿verdad Gale?

Vuelvo a mirar a Finnick. Sé que no tiene sentido pero verle ahí hace que sea más optimista. Cuando le veo cocinando me recuerda a mi padre. Peeta Mellark, el joven que conquisto el corazón de Panmen, y el de mi madre. No puedo explicar con palabras lo mucho que quiero a mi padre. Mi padre es perfecto, mucho más de lo que merezco, al igual que mi madre. Es por ellos y por Gale por lo que debo llevarle de vuelta a casa. Pero a la vez Finnick me hace pensar en el futuro, el me trae recuerdos, muchísimos recuerdos. Pero lo que realmente querría es hacer mis propios recuerdos a su lado. Poder abrazarlo al lado del mar, en el 4. Eso que imagino, eso que mi mente convierte en un sueño es tan solo eso. Un sueño. Jamás se convertirá en un recuerdo, no tengo un futuro del cual hablar.
La sonrisa que había en mi rostro se ha apagad poco a poco, me concentro en mis pensamientos, la vista en un punto fijo y respiro con más dificultad. Mis pensamientos se apoderan de mi mente y ya no los controlo. La tristeza invade mi mundo. Un ‘Amy’ me despierta, Finnick me mira preocupado. Le dedico la mejor sonrisa que puedo pero parece que se da cuenta de que es falsa. Me da miedo que me pregunte qué me pasa, odio que la gente lo haga. Ellos saben que te pasa algo y tú también lo sabes, pero no te apetece hablar de ello, nunca apetece. Para que no se preocupe levanto a Gale. Le sonrío y empiezo a hacer algo práctico quitándome así todas las ideas de la cabeza. Cojo los botellines, los llenos los reparto entre nosotros como cada noche, los vacios los coloco cerca de la entrada. Hago mentalmente una lista de nuestras provisiones: los cuatro botellines de agua, un ave, batatas, tres manzanas y tres fresas. El conejo lo está cocinando Finnick. Mis cejas se arquean, parece mentira lo que puede hacer el dar algunas provisiones, ahora incluso me parece poco lo que tenemos pero nunca me arrepentiré, es más, ojalá pudiese haberles llevado más. Me centro en lo que tenemos y calculo los días. Hoy, el conejo, si sobra algo podremos desayunarlo mañana para tener algo de fuerzas. Mañana, pavo, lo repartiremos para el día y la noche, no sobrará nada. Necesitaré salir mañana, después de comer. Finnick no querrá que lo haga pero buscaré la manera de hacerlo, quiera o no. No estoy dispuesta a poner su vida en riesgo más veces. Su vida… al final su vida no contará. No puedo quitarme esa idea de la cabeza, he de llevar a mi hermano a casa y para ello Finnick tiene que morir. Duele solo el pensarlo, no quiero hacerlo, no quiero que muera, quiero que se quede a mi lado. Para siempre.

-Eh, te veo con mala cara, come y después duerme- su voz me despierta como otras tantas veces- yo me encargo de llenar los botellines y de recoger.

No rechisto a la invitación de Finnick, no lo hago porque quiero cerrar los ojos de una vez, quiero olvidarme de todo y sumergirme en un mundo de sueños donde las cosas no sean tan malas. Donde Finnick no tenga que morir para que mi hermano vuelva a casa.

Cojo el trozo de conejo que me corresponde y lo parto por la mitad, dejo el otro en el plástico donde Finnick ha colocado el sobrante. No tengo apetito, ni hambre. Miro a Finnick que me va a agarrar de la mano pero le niego con la cabeza. Bebo agua y me lavo las manos y sin pensarlo más tumbo en el frío suelo de la cueva cerrando los ojos. Mañana será otro día.

Amanezco despejada. Los rayos de sol que se cuelan entre las hojas de los matorrales iluminan débilmente mi cara. Hoy es un nuevo día. Eso significa muchas cosas. Antes de abrir los ojos hago una lista mentalmente, quiero buscar las cosas positivas de este día y empezarlo bien. Pienso, respiro y dejo que los recuerdos me invadan. Voy clasificándolos, me repito a mi misma que no hay recuerdos malos, tan solo recuerdos positivos.
Empiezo tranquilamente, hoy es un nuevo día, un nuevo día en el cual seguimos vivos. Gale y Finnick están un día más a mi lado. Hay menos tributos que el primer día lo que nos da oportunidades de volver a casa. Ayer salvé la vida de dos de mis amigos, les ayudé tanto como pude y lo más importante, les vi cuando pensé que no volvería a cruzarme con ellos. Tenemos provisiones para mantenernos y sabemos cómo conseguir agua.  La cueva la utilizamos de refugio lo que nos protege del frío o del calor. Bien, creo que con eso me basta. Supongo que de todos esos se pueden sacar puntos negativos como que hoy tenemos menos provisiones que ayer, que estaríamos mejor en la cornucopia, que hoy es un nuevo día para poder morir…. Prefiero mantener alejados esos pensamientos el mayor tiempo posible. Por lo menos hoy. Decido abrir los ojos y estrenar una bonita sonrisa. Puede que la gente no lo entienda cuando me vea en la pantalla, tal vez ni yo misma sea capaz de explicarlo. Puede que me llamen loca aunque hoy en día, es raro el que no lo esté ya. Después de todo lo que ha ocurrido en estas semanas tengo derecho a volverme loca, a hacer por una vez lo que a mí me apetezca. Tengo derecho a cambiar las normas y a convertir este infierno en algo menos caldeante. La chica en llamas, repito eso en mi cabeza. He adoptado el nombre que le pusieron a mi madre. Suena irónico, la chica en llamas está viviendo su mayor infierno. Puede que el infierno no sea tan malo para mí, yo estoy hecha de llamas. Llamas de rebelión, llamas de amor, llamas de libertad, llamas de deseo y llamas de esperanza. Llamas, al fin y al cabo. La chispa que hay en mí me dice que es hora de hacer las cosas a mi manera. De no sentirme mal, de no dejarme aplastar. De crear mis reglas, de jugar a mí juego. De mover la pieza yo primero. Si les demuestro que esto no puede acabar conmigo no habrá nada que consiga frenarme. Esto lo peor que pueden hacerme, pero es lo mejor que puedo demostrar. Aquí les ganaré en su propio juego. Lucharé para que Panem vea que no debemos rendirnos. Haré de los días que vivamos aquí los mejores recuerdos para mi hermano. Convertiré su fuego en el mío, lo convertiré en mi propia arma. Solo tengo que levantarme con una sonrisa que sea capaz de mandarle este mensaje a Panem. Dudo que si una niña no es capaz de rendirse, ellos lo hagan.
Me levanto y cojo el arco. Olvido todas esas ideas que he tenido en la cabeza estos días y decido aprovechar al máximo el presente. Ya que tenemos pocas provisiones lo mejor es salir a cazar algo. Despierto a Finnick con cuidado, su mirada cansada y juguetona me mira interrogante. Se frota los ojos como un niño pequeño y se pone de pie despacio. Algo dormido bosteza un par de veces y cuando veo que ya está algo más despejado le hablo tranquilamente.

-Finnick, tengo que salir a cazar. Si vienes y me cubres las espaldas podré estar más atenta a las presas y volveremos antes.
-¿Quieres que te acompañe?
-Solo si quieres, iremos más rápido y no tendremos que estar a penas fuera.
-Cogeré un cuchillo ¿quieres que despierte a Gale?
-No, déjalo, prefiero que duerma hasta que volvamos. Voy a ir retirando las ramas.

El asiente y se dirige a donde guardamos todas las provisiones. Escoge sus cuchillos y juega con ellos un poco lanzándolos al aire y cogiéndolos de nuevo.  No puedo evitar reírme. El disfruta con cualquier cosa, es capaz de estar tranquilo en todo momento, reírse de las situaciones o incluso aunque conmigo intenta aparentar ser serio y duro, en el fondo siempre esta sonriente. Miro el arco que tengo en la mano. Hoy mi plan es cazar y volver a la cueva. Pero dije que iba a cambiar las reglas. Hoy disfrutaré mientras cazo, imaginaré que estoy con mi madre en el bosque del doce y disfrutaré del momento que me regale mi imaginación.

Veo que una figura aparece por detrás, Finnick me hace una señal para salir de la cueva, no sin antes comprobar que la zona está despejada. Un beso de despedida a mi hermano en la frente y estoy preparada para irnos. Salimos uno detrás de otro y colocamos los matorrales. Salir de la zona es complicado porque hay que tener cuidado con las ramas que sobresalen de los pequeños matorrales que rodean la cueva para que no te rasguen la piel. Al salir de los matorrales le hago una seña para que elija por donde quiere ir. Nos rodea el bosque por lo que cazar, podré cazar en cualquier parte. No me importa que hoy decida Finnick.
Él decide ir por la derecha y no le pongo ninguna pega. Tampoco nos alejaremos mucho por lo que no me  preocupa. No creo que tardemos, mi plan es cazar un par de presas, ardillas, aves, cualquier animal que se pueda comer. Volver cuanto antes a la cueva y correr el menos riesgo posible. Jugarme la vida no está en mis planes, pero seguro que sí en los del capitolio por lo que tengo prisa. Eso sí, nada de acercarse a la orilla, la situación allí no nos conviene. Caminamos un poco uno al lado del otro para cubrirnos entre nosotros en caso de que ocurra algo. Cuando nos adentramos un poco en el bosque le hago una señal con la mano para que pare. Se me ha ocurrido una idea. Sonriente busco el objeto que necesito, al encontrarlo miro a Finnick y le señalo una piedra que se encuentra en el suelo aunque por la mueca que ha hehco, él no parece entender lo que le digo.

-Lánzala

Un débil ‘¿qué?’ sale de él sin entender nada de lo que le estoy diciendo. Pienso que es tan solo una palabra, una simple y clara palabra. “Lánzala” le había dicho. ¿Qué le parece tan complicado? Me mira y después mira a su alrededor, intentando averiguar que pienso. Verle tan descentrado hace que me entren ganas de reír. Él siempre lo tiene todo controlado, pero ahora no es capaz de controlar esta situación y creo que eso le resulta frustrante.   Se pasa un poco la mano por la cabeza tocando su pelo y vuelve a mirarme. Sigue observando a su alrededor como si buscase una pista. Mira los árboles y yo intento meterme en sus pensamientos. Tal vez piense que nos van a atacar, o que creo que hay alguien escondido y por eso quiero que tire la piedra. Parece descartar esa idea y sigue analizando la situación en silencio mientras yo observo cómo se complica intentando descubrir lo que pretendo. Pienso en lo que dije esta mañana y dejo que unas pequeñas carcajadas salgan de mí.

-Amy, ¿estás bien? No logro entender nada-veo como me mira y yo intento aguantarme la risa. Su mirada preocupada y ese arqueamiento de cejas… no tiene ni idea de lo que pretendo y está totalmente confundido. Mira la piedra y me mira a mí. Al final con una mirada divertida se rinde. Sus ojos brillan llenos de curiosidad y acaba riendo conmigo- está bien, me rindo. ¿Qué quieres?
-Es sencillo, coge la piedra. –Me mira dudoso, al final acaba cediendo y se agacha a por ella. La lanza al aire y la coge de nuevo. Le da vueltas para analizarla y no puedo evitar pensar en cómo se está complicando, me dan ganas de decirle que es tan solo una piedra normal. Veo que necesita una explicación y decido contarle mi idea- cuando iba al bosque con mi madre, cuando era más pequeña, jugábamos a un juego. Para medir mi puntería ella tiraba una piedra y yo con el arco debía dar a los pájaros que saliesen asustados. En realidad era divertido intentar darles, aunque no me daba cuenta que en realidad lo que estaba haciendo era aprender a apuntar.
-¿De verdad quieres que tire la piedra?
-Finnick, estamos aquí encerrados, no vamos a salir. Sé que suena raro viniendo de mí, que tal vez me haya vuelto loca o que debería estar calculando nuestras probabilidades para sobrevivir en vez de hacer esto, pero creo que después de todo lo que hemos pasado… creo que podríamos intentar divertirnos un poco
-Nunca pensé que te oiría decir eso. Está bien Amy, te tiraré la piedra.
-No, esto es lo divertido. Yo tiro la piedra y tú coges el arco y das a la presa. – Después de mis palabras me mira y dice ‘pretendes reírte de mí’ pero no es así, creo que puede conseguirlo, bueno, tal vez con un par de intentos- Venga, coge el arco. Ahora coloca la mano derecha aquí, coge la flecha. –Sigue mis indicaciones atentos, cojo su mano y la coloco en posición- ahora con esta mano tienes que tensar la cuerda. Cuando tu mano llegue a la altura de tu pómulo espera a que lance la piedra. Solo tendrás que ver tu objetivo y lanzar la flecha un poco más avanzada que este. ¿Listo?
-Sabes que no voy a conseguirlo ¿no es cierto?
-No eres tan malo, no es tu punto fuerte, pero puedes hacerlo. Sube un poco el codo. Voy a lanzar la piedra.

Con toda la fuerza que tengo en el brazo lanzo la piedra que logra golpear a las ramas de un árbol no muy lejos de nosotros. Las hojas se mueven y sin más empiezan a salir un montón de pájaros. Veo que Finnick se mueve con el arco por lo que ha localizado su objetivo. Puede que la primera vez no lo consiga pero sería bueno que aprendiese a utilizar el arco. Veo que se para decidido y suelta la flecha. Rápidamente la sigo con la vista. No puede ser. Veo que la flecha se clava en el ave y esta cae sin más. No me lo creo, le ha dado. Asombrada abro la boca involuntariamente y él se gira para ver mi aprobación. Parpadeo un par de veces y asiento impresionada. En sus ojos se refleja su orgullo, pero también la ilusión. Parece un niño pequeño cuando se pone así. Realmente no pensé que fuese a conseguirlo. Le sonrío, feliz porque lo haya hecho. Creo que es hora de ir a por su recompensa. Le hago una señal y salimos corriendo a por ella. La verdad es que correr hace que me sienta más libre. Me recuerda a cuando corría con Gale en la Pradera años atrás. A unos veinte metros vemos como un ave en el suelo está atravesada por una de las flechas de acero de mi arco. Finnick se acerca y lo coge, retira la flecha y me la da. Yo la guardo y él hace lo mismo con la presa, solo que en la mochila de caza.

Nos quedamos allí parados sonriendo, respirando cansados. Apoyo mis manos en las rodillas para descansar. De repente me paro a pensar. Trago saliva e intento ordenar los recientes acontecimientos en mi cabeza. Algo no va bien, puedo notarlo. No he sido sensata, no he sido nada sensata. Dónde ha quedado todo lo que aprendí de supervivencia. Pienso en lo que acabamos de hacer. Es peor que encender una hoguera con ramas verdes, el humo asciende y deja vez la posición del tributo. Nosotros lo hemos hecho con una bandada de pájaros, en mitad del bosque. He sido una ingenua. Acabo de descubrir nuestra posición. Me imagino a unos tributos viniendo hacia nosotros, con cuchillos u otras armas que nos hiciesen daño. Veo como nos tiran al suelo y nuestra vida depende de su decisión de matarnos, de su deseo de volver a casa. Cierro los ojos y las imágenes se vuelven más fuertes, me atraviesan hasta que al final una aparece. Somos Finnick y yo. Nuestros cuerpos descansan inertes en el suelo y reconozco el sonido del cañonazo.  Y mi hermano solo, esperando en la cueva. Cuando lo pienso mis ojos se abren llenos de terror. Le grito a Finnick que corra porque no sé cuantos tributos estarán en camino ahora. Tal vez no haya ninguno o tal vez haya muchos. El no entiende por qué le grito así que sin perder tiempo le agarro del brazo y tiro de él en dirección a la cueva. Solo pienso en salir de allí. Aún quedan muchos tributos en la Arena, y ninguno de ellos se lo pensaría dos veces antes de acabar con nosotros. Al fin y al cabo esto es la Arena, nadie vendrá a rescatarnos y todos queremos volver a casa.

Corremos sin tener en cuenta nada. Ni las ramas que rasgan nuestros brazos dejando ver un hilo de sangre, ni las presas que podríamos cazar que salen corriendo cuando pasamos, absolutamente nada de eso está en mi cabeza. Tan solo soy capaz de imaginarnos llegando a la cueva tranquilos.
Las imágenes de Finnick en el suelo y mi hermano solo esperando me atormentan. Si morimos él no sabrá que hacer, no puedo permitirme que algo así ocurra. Veo la explanada que hay delante de nosotros. Los arbustos que recorren la parte baja de la colina. Y la entrada, ocultada, de nuestra cueva.

<<Si alguien nos ha seguido sería imprudente entrar a la cueva sin más>>

Me paro en seco y busco un árbol para subirme y comprobar que nadie nos ha encontrado, cuando estoy segura bajo con cuidado.  Tras mi última experiencia apoyo bien ambos pies. Al llegar al suelo Finnick está relajado. Le encuentro apoyado en un árbol, una de sus piernas está doblada y la usa de apoyo. Tiene la cabeza apoyada en el tronco y está jugueteando con un cuchillo. Es irritante verle tan tranquilo, me pone nerviosa. Suspiro y empiezo a caminar a la cueva. Cuando se da cuenta, él me sigue. Al final entramos tranquilamente.

Gale parece haberse quedado dormido del aburrimiento, o tal vez no se haya despertado. Me gustaría hacer algo por él aquí, pero las opciones son muy limitadas.

Mientras Finnick tapa la cueva dejo lo que hemos traído y coloco mi arco cerca de mi sitio, por si acaso.

Mi plan de caza no ha salido como esperaba pero podemos salir más tarde, o quizás otro día. De todas formas tenemos comida suficiente de momento para mantenernos con vida. Ayer sobró conejo por lo que me acerco a las provisiones, busco lo que sobró y cuando lo encuentro, retiro del plástico la carne fría y la reparto entre nosotros.

Pienso en el error que he cometido hoy, he bajado la guardia y aunque no ha pasado nada, podría haber pasado. He sido una insensata al pensar que podría convertir la Arena en algo mejor. La idea de que pudiese haber ocurrido algo me atormenta. Aunque lo cierto es que no me arrepiento del todo, tengo un bonito recuerdo para recordar. He enseñado a Panem que aquí no nos rendimos, y que seguimos luchando para recuperar nuestras vidas. Les he regalado a mis padres la oportunidad de verme sonreír de nuevo. He disfrutado cazando como lo hacía cuando cazaba con mi madre. Tal vez el momento de angustia que he pasado no ha sido tan malo para todo lo bueno que me he llevado a cambio.

Llamo a mi hermano y le doy el trozo que me corresponde, yo me quedo con el suyo que es algo más pequeño. A Finnick le doy la parte más grande, no dejo que vea mi trozo porque sé que si no intentará que se lo cambie. Tampoco tengo demasiada hambre, el nudo que hace escasas horas ocupaba mi estomago no ha dejado mucho espacio para la comida.

Como sin ganas, en cambio la sed que tengo hace que mi garganta arda. Decido beber un poco de agua de uno de los botellines. Cuando me acerco a por ellos me doy cuenta de que apenas quedan ramas para encender el fuego de por la noche. Miro a Finnick y él parece darse cuenta.

-Salgo yo, cuando acabemos de comer.
-No puedes ir solo
-Amy, ni siquiera voy a alejarme, iré donde solemos rellenar los botellines y cogeré algunas ramas. Volveré en menos de media hora.
-Está bien, pero llévate varios cuchillos, y la mochila para meter las ramas. Necesitarás tener los cuchillos a mano si alguien te ataca.
-Deja de preocuparte tanto, nadie nos ha atacado todavía.
-Siempre hay una primera vez Finnick, llévate los cuchillos.

Entiende que es mi última palabra así que cuando acaba su trozo de conejo se quita la grasa de las manos con un poco de agua y acto seguido se levanta a por la mochila y los cuchillos. Veo como sale de la cueva e imagino por lo que pasa él cada vez que yo lo hago. 
<<Si en media hora no vuelve, saldré yo>> 

Me siento tranquila a esperar. Pasados diez minutos me he levantado varias veces, he colocado las provisiones, he limpiado mi arco y he contado las flechas en cuatro ocasiones, también he estirado el saco y me he asomado a la entrada un par de veces. Cualquiera diría que estoy nerviosa por algo, pero no. Inquieta es la palabra. Juego con mis dedos. Me fijo en que son como los de mi madre finos y largos,  nerviosa, entrelazándolos, apretando mis uñas fuerte contra mi piel, esperando que el daño se lleve mi nerviosismo. Pero no lo hace. Al final acabo sentada encima del saco con Gale y recordando historias de hace unos años. Me invento que hace poco hablé con nuestros padres y con Haymitch, le cuento que nos echan de menos, que tienen muchas ganas de que ganemos el Juego y que están deseando que volvamos a casa. También le digo que cuando volvamos Gale ha dicho que  le enseñará juegos con las cuerdas y también trampas, ya que ha visto por la televisión de casa que le gustan mucho. Eso es lo que imagino que más o menos nos dirían, pero dudo que ellos quieran que se acabe el Juego. Si se acaba es porque hay un vencedor. Uno solo.

Me quedo tranquila, con la vista perdida en un punto y empiezo a pensar en silencio, relajada. No sé cuánto tiempo lleva Gale sin ver el sol, decido hacer algo que resulta arriesgado pero no creo que tenerle encerrado sea bueno para él. Primero retiro las ramas y salgo para comprobar que no hay nadie. Cuando veo que la zona está despejada dejo que Gale salga y que corra un poco cerca de la entrada, me coloco en una posición en la que pueda ver cualquier cosa que sucediese y tenso la cuerda de mi arco, preparada. Le explico que si le digo que corra debe volver a la cueva sin mirar atrás y pase lo que pase, pero como estamos al lado no me preocupa realmente que tarde, en cambio hay otras muchas cosas que me preocupan. Como entiende todo perfectamente me relajo por un segundo, le hago una seña con la cabeza y sujeto con más fuerza mi arco, sé que es la única oportunidad que tendría en una lucha. Veo que se queda parado entre unos matorrales y me acerco para ver qué ocurre.

Me señala unas bayas que recuerdo perfectamente de la máquina que se encontraba en la sala de entrenamientos. Una vez más mi hermano me sorprenda, comenzamos a recolectar unas pocas. Utiliza la camiseta para guardarlas porque no hemos traído la mochila. Las coge divertido y de vez en cuando le veo comiéndose alguna. Cuando lo hace le hago cosquillas y se ríe como cuando era más pequeño. Seguimos recogiendo bayas durante unos minutos. Cuando me quiero dar cuenta tiene la camiseta llena. Decido que lo mejor es acercarnos a la cueva y dejarlas. Al llegar Gale me pide entusiasmado que  volvamos a por más así que cogemos la otra mochila y salimos de nuevo, no sin antes comprobar que no hay tributos cerca. Le gusta recolectar bayas, y mientras lo hace sonríe. Me sorprende ver como algo tan simple puede hacer feliz a un niño. De vez en cuando dejo de vigilar y cojo unas pocas yo también. La parte de debajo de la mochila comienza a taparse y eso me hace pensar que las bayas no nos vendrán nada mal.
Vemos que Finnick se acerca con la mochila llena de ramas, respiro un tanto aliviada, le hago una señal para que nos vea, al principio se sorprende pero no tarda en comprender porque le he sacado de la cueva.

Aún así, lo mejor es volver dentro cuanto antes. Finnick se acerca hasta donde estamos nosotros y me mira, después le coge en brazos y yo cojo la mochila. Me la coloco en la espalda y tenso la cuerda del arco de nuevo, sujetando mi flecha por si alguien decidiese aparecer. Cuando llegamos a la entrada me relajo, quito las ramas y dejo que pasen primero. Después coloco todo como siempre y dejo el arco en su sitio.
Finnick saca las ramas y las coloca en el montón, el cual ha crecido notablemente. Agradezco que haya decidido salir. En la mochila no caben muchas pero desde luego tenemos para varios días, y eso es suficiente. Metemos en la mochila todas las bayas que recogimos anteriormente y las dejo a un lado para comerlas por la mañana.

Nos sentamos de nuevo los tres, algo distraídos. Parece que la tarde de hoy transcurre deprisa. Una parte de mi quiere salir a cazar algo para reservar mas provisiones, la otra me dice que no mas riesgos por hoy. Al final algo dentro de mi me pide a gritos que descanse así que mientras Finnick juega con Gale me tumbo un rato y dejo que el sueño me invada cerrando los ojos. Consigo dormirme con las risas de Finnick y Gale de fondo, y por una vez, no tengo horribles pesadillas en la que la sangre es el color que tiñe el cielo de la Arena.

Al despertarme veo que ellos tampoco han aguantado. Gale esta tumbado sobre Finnick que está apoyado en la pared de la cueva y le tiene abrazado. Ambos están dormidos, aunque tienen una sonrisa en el rostro. Tenían que estar agotados para quedarse dormidos así. Me asomo a la entrada y veo que ya ha anochecido. Últimamente está todo muy tranquilo y dudo que el Capitolio lo permita mucho tiempo. Me da miedo lo que puedan estar planeando, solo espero que la tranquilidad dure al menos un par de días más. Me acerco a ellos con cuidado y les intento despertar con delicadeza. Como veo que no funciona, cojo un botellín y hecho un poco de agua en mis dedos. Me acerco de nuevo y les salpico un poco a cada uno. Sobresaltados abren los ojos y mientras Gale se ríe, Finnick me mata con la mirada. Las gotas de agua caen por su cara bajando por su cuello. Se seca la cara y me mira juguetón pero antes de que diga nada, Gale grita que  tiene hambre y con un bostezo se levanta y sale corriendo a por unas ramas.

Es hora de que comamos algo, pienso. Enciendo el fuego con una cerilla, veo que la caja tiene cada vez menos, pero no recuerdo que hayamos gastado tantas. He estado tan pendiente de la comida que no me he fijado en que las cerillas también son importantes. Antes de apagar con la bota el fuego nos calentamos todos un rato. Cuando nuestras manos ya no están frías apago el fuego ya que es peligroso que alguien vea desde fuera la cueva alumbrada.

Finnick se acerca a las provisiones, se agacha y escoge algo. Veo que empieza a cocinar una de nuestras presas, no me fijo mucho porque realmente no me importa que comamos. Tan solo el hecho de poder comer algo es lo que me importa. Me siento con Gale mientras Finnick cocina y comienzo a cantar en bajo con él las canciones que mi madre le solía cantar. Gale recuerda algunos fragmentos y los canta conmigo sonriente, al final cuando acabamos me pide que le cuente un cuento como hacía mi padre cada noche así que no me queda más remedio que ponerme a recordar. Empiezo a contarle la historia que más me gustaba escuchar cuando era niña. Eso me recuerda a mi casa, a mis padres. Una punzada atraviesa mi pecho convirtiendo en dolor la nostalgia pero me centro en la historia que ahuyentaba de noche mis pesadillas. Supongo que hace que me olvide de todos los problemas, de todo mí alrededor porque cuando me quiero dar cuenta Finnick nos está diciendo que ya podemos comer. No sé cuánto tiempo habrá pasado. Gale no me deja ir hasta que no le cuento el final de la historia pero le digo que nos quedan muchas noches juntos y que otro día acabaré de contársela. Solo espero que sea verdad, que nos queden muchos días juntos.


Nos sentamos alrededor de las brasas que Finnick utilizó para cocinar, el calor que sale de ellas es reconfortante, creo que hoy hace más frio que otros días y la humedad de la cueva no ayuda mucho. Todos estamos hambrientos, desgarramos los trozos de carne y los repartimos entre nosotros. Tengo que decir que a pesar de estar acostumbrada a las comidas que hacían en casa, lo que tengo entre las manos está bastante bueno. Sonrío con nostalgia al pensar que estaría mejor con un poco de pan del que horneaba cada día mi padre, pero supongo que jamás volveré a probarlo.

Finnick intenta animar un poco la cena, le dice a Gale que él conoce muchas historias que su madre le contaba de pequeño. Veo un destello en su mirada cuando menciona a su madre, tal vez algo de orgullo por ella pero sobre todo tristeza, me pregunto si tendré la misma mirada cuando pienso en mis padres. Mi hermano sonríe y con brillo en los ojos le pide que si le cuenta alguna. Me río porque sé que ahora no va a dejarle ni un segundo, pero Finnick parece encantado y le promete que cada noche le contará una historia para que se duerma. No puedo evitar pensar que Finnick sería un buen hermano mayor, por lo menos con Gale lo sería.

Acabo mi trozo y despejo mi mente para evitar pensar durante al menos lo que queda de día. Necesito estar distraída. Limpio la grasa de mis manos con algo de agua de uno de los botellines y bebo un poco. Seguidamente se lo paso a Finnick que hace lo mismo, y además le lava a Gale sus pequeñas manos. Veo que no ha sobrado nada así que hoy no guardaremos provisiones, intento no pensarlo pero cada vez tenemos menos.

El himno del Capitolio está sonando, Finnick se asoma a ver las caras de los tributos muertos. Yo me encargo de hacer que Gale se beba todo el agua que queda. Salgo a rellenar los botellines como cada noche, Gale me acompaña. Lo primero dejo todos en el suelo y empiezo a lavar a Gale entero, sobre todo la cara. A Gale le encanta jugar debajo de la lluvia y como no para quieto me cuesta lavarle. Después cojo un botellín del suelo y utilizo la hoja de siempre para que el agua escurra y caiga dentro del botellín, se lo doy a Gale y se lo acaba. La hoja está un poco lejos de la cueva y hay que andar pero tampoco es un camino muy largo asique no me da miedo que vaya solo. Utilizamos esas hojas por dos razones, la primera, es la forma más rápida para beber y llenar los botellines, la segunda, desde aquí no se ve la cueva, si un tributo nos encuentra es imposible que se imagine cual es nuestro refugio. Repito una vez más la acción con dos botellines cuando están llenos le mando a Gale a dentro para que se los de a Finnick, uno para beber y otro por si quiere lavarse. Relleno los que quedan, primero uno y cuando voy por el segundo una figura aparece detrás de mí. Me agarra por la cintura y me pone la mano en la boca. La última vez que alguien me hizo eso fue William pero esta vez no es él. Will murió. Él murió por mí.

La persona que hay detrás de mí agarra el botellín que tengo y lo tira al suelo. Intento soltarme y le doy un codazo tan fuerte como puedo en el estómago pero no parece que le haya hecho nada porque en seguida suelta mi cintura y con esa mano agarra mis dos muñecas apretándolas con fuerza. Un ligero pinchazo recorre mi brazo, siento como si la electricidad pasase por este y se extendiese por el resto de mi cuerpo. Intento soltarme, con el agua consigo resbalar un poco mis muñecas sin conseguir liberarme. Sin previo aviso el miedo invade mi cuerpo, lo recorre entero, como si fuese la sangre de mis venas. Intento que mi respiración siga su ritmo habitual pero soy incapaz de conseguirlo. Una lágrima cae por mi rostro confundiéndose con las gotas de agua que lo mojan. Siento el temor, no quiero morir. Pensé en mi muerte, en cómo sería pero en este momento soy incapaz de pensar que podría morir. Tendría que tenerlo asumido, estoy en la Arena, pero supongo que es algo que los tributos nunca podremos asimilar.

Comienzo a respirar con dificultad debido a la ola de temor que me invade. Cierro los ojos con miedo, esperando a que acabe pronto. Los recuerdos, las imágenes me vienen a la cabeza, las personas que más quiero, las preguntas, pero todo se vuelve oscuro y se va, dejando mi mente tranquila, esperando la muerte.

La persona que se encuentra detrás de mí gira mi cuerpo y lo pone de frente al suyo sin soltar mis muñecas. Puedo notar el dolor en estas por la presión de sus manos. Ha dejado de tapar mi boca pero no voy a gritar, no puedo gritar, si Finnick o Gale salen descubrirán donde están y les matarán también.

Rezo porque Finnick tarde en beber toda el agua, así Gale no volverá pronto. Pienso en cuando vuelva, me verá… muerta. Empiezo a calmar mi respiración como puedo, asumiendo que voy a morir esta noche. El temor que recorre mi cuerpo se ha llevado toda la esperanza. Sigo esperando un cuchillo que se clave en mi estomago, el hierro cortando mi cuello. Espero una sensación de dolor o alguna señal que me diga que estoy muriendo. Tengo los ojos cerrados y no puedo evitar preguntarme qué me va a pasar. Pero estoy más preocupada por la vida de Gale más que por la mía. Le he fallado, al igual que he fallado a mis padres. No podré llevarlo a casa.  

Siento como baja su mano arrastrando mis muñecas hacia abajo y con la otra mano me levanta la barbilla. Estoy confundida, no sé que pretende. Tal vez vaya a cortarme el cuello. Trago saliva conteniendo toda mi rabia, todo el temor, el miedo a morir. Voy a abrir los ojos cuando noto que sus labios se juntan con los míos, reconociendo a la persona que me estaba sujetando.

Noto su boca presionando la mía. Suelta mis muñecas acariciándolas esta vez. Siento su mano en mi espalda que me empuja hacia él dejándonos cada vez más juntos. Puedo notar su respiración, los latidos de su corazón, los del mío. Apoyo una mano en su pecho, le empujo hacia atrás con la mayor fuerza que puedo haciendo que nuestros labios se separen. Recupero un poco el aire y me acerco despacio, ahora que estoy en frente le doy tan fuerte como puedo en la cara.

La histeria corre por mis venas bloqueando mi mente, desearía gritar. Un grito de rabia, de odio, por el miedo que he pasado, por el temor de poder perder mi vida, pero solo me sale un susurro.


-No puedo creer que me hayas hecho esto, pensé… pensé que iba a morir.
-Tranquila… yo… lo siento, no quise asustarte –se toca la cara con la mano, una marca rojiza comienza a aparecer en su rostro, después me mira sonriente, se pasa la mano por el pelo, se acerca de nuevo a mí  y me abraza- jamás te pasará nada malo mientras esté aquí, te lo prometo.


Mi respiración es agitada, me aferro con fuerza a su abrazo. El temor que había en mí ha sido sustituido por calma, pero el susto no se me ha ido del todo de mi cuerpo. Tener la sensación de morir hace que pienses en todo, en lo que no podrás tener, en lo que no podrás vivir, en quienes dejas atrás. Te hace pensar en todo menos en tu vida. Si hubiese sido de verdad, si un tributo me hubiese matado les habría perdido, les habría perdido a los dos. Pensar en todo eso ha hecho que me olvide de lo que ha ocurrido. Finnick me ha besado. Estamos en la Arena y él me ha besado. Tengo la cabeza y las manos apoyadas en su pecho y él me rodea con los brazos. Soy capaz de notar cada musculo debajo de su camiseta empapada. ¿Qué acaba de pasar con nosotros?

Un grito de Finnick me rescata de mis pensamientos. Un grito que acaba con una respiración dificultada. Abro los ojos asustada, con la mano le levanto la cara que ahora mira al suelo. Tiene la boca abierta e intenta respirar pero es incapaz de hacerlo. Sus piernas fallan y su cuerpo pierde el equilibrio, le agarro con fuerza y descubro lo que ha pasado. Su camiseta está teñida. Teñida de sangre.
Está apoyado en mi prácticamente, no es capaz de sostenerse solo. Miro mi mano empapada tras haber tocado su camiseta. Empiezo a temblar un poco pero soy capaz de controlar mi impulso y me tranquilizo. Miro  al frente, sé que un tributo acaba de lanzarle un cuchillo pero antes de que pueda reaccionar ella sale corriendo. Lo único que he podido observar es que era una chica y parecía asustada. El peso de Finnick recae cada vez más en mí. Incapaz de sostenerlo cae de rodillas y yo caigo con él, le apoyo boca abajo y miro su herida. El cuchillo se ha clavado muy adentro pero necesito sacarlo. Le giro un poco para poner ver su cara, su expresión es de dolor e intenta decir algo pero le faltan las fuerzas. Le miro decidida y respiro antes de sacar el cuchillo.
-Escúchame Finnick,  ahora no puedes irte, no puedes dejarme. Me tienes que prometer que nunca lo harás ¿está bien? Voy a sacarte el cuchillo y tú vas a apretar mi mano. Después te curaré la herida en la cueva, no te vayas ahora, por favor.  Ahora no.

Mi última palabra a penas era un hilo de voz, el asiente y yo le giro de nuevo. Agarro su mano y con la otra cojo el mango del cuchillo. Su mano debería estar apretando la mía pero no tiene suficiente fuerza, está demasiado débil.

Respiro hondo y tiro del cuchillo, sacándoselo de la espalda. Un grito ahogado se oye por toda la Arena. Lo observo y empiezo a pensar. El cuchillo no es como los que tenemos nosotros. Parece estar hecho de acero, es duro y resistente. Su forma se adapta perfectamente a su mano obteniendo así gran seguridad a la hora de utilizarlo. La hoja es puntiaguda. La forma curva sirve para concentrar toda la fuerza en un punto lo que hace fácil el corte sin necesitar un esfuerzo excesivo, es un cuchillo para combatir de cerca. Prácticamente el corte sería como el de un hacha, pero un cuchillo así no es para lanzarlo. Recuerdo las lecciones de Haymitch, no tiene ningún sentido que lo lanzase. Habría tenido más oportunidades utilizándolo de cerca que lanzándolo a la espalda. Bailo el cuchillo en mis manos distraída. Soy una ingenua, si que tiene sentido. Se le ha desviado, este cuchillo no iba a parar a su espalda, en el cuello lo habría matado al instante. Sea quien fuere esa tributo, tenía muy claro lo que quería hacer. El miedo entra de nuevo en mí, tenemos que alejarnos de allí cuanto antes. 

A Finnick se le empiezan a cerrar los ojos. No, esto no puede pasar. Me niego a que ocurra. Cargo a Finnick en mis hombros y lo levanto poco a poco, pesa mucho pero puedo con él. Le llevo un poco a rastras pero consigo llegar hasta la cueva. Lo tumbo en el suelo como puedo. Tengo que salir de nuevo fuera. 


Miro a Finnick y decido que cuanto antes salga antes volveré. Dado que no he puesto las ramas al venir ahora voy más rápido. Cuando estoy fuera miro a todos lados e intento darme prisa. Cojo los botellines llenos, el cuchillo y unas hojas grandes. Entro de nuevo corriendo y dejo todas las cosas. Me arrastro hasta donde se encuentra Finnick. Su cara empalidece por momentos.  Sonrío nerviosa reprimiendo las lágrimas y le quito la camiseta. Le seco con esta y le pido a Gale que se aparte del saco. Le tumbo encima. Gale al principio estaba asustado y con los ojos muy abiertos, pero estaba callado. Ahora no para de hacer preguntas, yo misma no paro de hacer preguntas. Siento que  mi cabeza va a estallar de un momento a otro.

Vuelvo a respirar hondo para calmarme. Tengo que actuar rápido, Haymitch siempre decía eso. Cojo un botellín y limpio la herida. Le pido a Gale la pomada y la reparto por toda la zona. Gale está atento a mis movimientos pero está en silencio sentado. Mojo también la camiseta y se la ato alrededor de la cabeza a Finnick para controlar su temperatura. Quito la venda que tengo en mi pierna, vuelvo a por otro botellín y la lavo hasta que está completamente limpia. Parto en cuatro cachos una de las hojas grandes y la coloco sobre la herida con la pomada. Giro un poco el cuerpo de Finnick apoyándolo un poco sobre mi rodilla. Comienzo a dar vueltas con la venda alrededor del cuerpo de Finnick, paso la venda por su pecho y hasta llegar a la herida y así las vueltas que llegan haciendo que la hoja con pomada quede bien apretada. Ato con un nudo sencillo la venda y doy por finalizado mi trabajo. Cuando acabo salgo a rellenar los botellines que había gastado. Llevo conmigo el arco con tan solo una flecha.

Salgo cuidadosamente y me dirijo hacia las hojas donde relleno los botellines. Cuando he acabado miro alrededor de la zona en busca de la chica que lanzó el cuchillo. No encuentro a nadie, no me cruzo con nadie, por nuestro bien espero que se haya ido lejos, no es bueno tenerla cerca. Por si acaso decido que mañana no deberíamos salir. Empiezo mi camino de vuelta atenta a cualquier movimiento, señal o tributo. Estoy nerviosa y si me siguen temblando así las manos de nada servirá lo buena que sea o deje de ser con el arco.

Entro de nuevo en la cueva y guardo los botellines junto a las provisiones. Miro a ver como se encuentra Finnick su respiración es tranquila y su pulso no es tan débil como antes, se recuperará de esta. Debe hacerlo.

Gale está sentado mirándome. Le cojo en brazos y me siento con él. Cojo el chaleco de Finnick ya que se lo tuve que quitar y hago lo mismo con el mío. Los coloco en el suelo, uno seguido de otro y le digo a Gale que puede tumbarse. Curioso me pregunta si no voy a tener frio y con una sonrisa le digo que no. Es raro que no haga preguntas sobre que ha ocurrido, debe estar agotado, al igual que lo estoy yo. Se acuesta y lo hago a su lado, espero que la noche sea más tranquila que el día hasta ahora.

Mi sueño es intranquilo, despierto varias veces en mitad de la noche. Siempre que lo hago desvío la mirada a Finnick que respira con mucha dificultad. Le cambio una vez más la camiseta de la frente y decido acostarme de nuevo a ver si consigo descansar un poco. No quiero pensar en él porque me hace pensar en si no estuviera. Cierro los ojos poco a poco hasta que el sueño me invade.

De repente me viene a la cabeza un recuerdo, sé que estoy dormida, sé que estoy soñando, pero esto lo he vivido antes. Yo era muy pequeña cuando lo viví. Estoy tumbada en mi cama, en casa, en el distrito 12. Papa me acaba de contar una bonita historia y me ha dado un beso de buenas noches, mama está esperando en la puerta y cuando papa se va, ella entra. Esta preciosa, recuerdo que llevaba el pelo suelto y un bonito camisón de encaje. Se apoya en mi cama y me da la buenas noches también, entonces la agarro de la mano y le pido que me deje la luz encendida, que tengo miedo. Y ella, con una sonrisa me dice que estoy a salvo, que no va a pasarme nada. Me da un beso y me susurra algo al oído. “No dejes que el miedo te impida vivir. Que las pesadillas no desvelen tus hermosos sueños y que nada de este mundo te quite la esperanza mi niña”. Después de decirme eso se levanta y se va, la luz quedó apagada y yo dormí tranquila esa noche, fue la primera vez que me enfrente a mis miedos.

¿Por qué recuerdo eso ahora? Me despierto empapada en sudor, qué querrá decir ese sueño, no he perdido las esperanzas, o tal vez sí que lo haya hecho. Aunque no estés aquí tú me sigues ayudando mama, sigues manteniéndome viva. Sigues encendiendo esa luz, pienso.

Como estoy despejada y dudo que nadie nos encuentre, cojo el arco y me dirijo al bosque. Es de noche y la mayoría de los tributos estarán durmiendo o de guardias así que es el mejor momento para cazar, estoy segura de que llevar una buena caza les alegrara el día. Le alegrará el día a Gale mejor dicho, y Finnick quizás, cuando despierte, pueda comer bien para recuperar fuerzas.

Camino despacio, sin hacer apenas ruido para no encontrarme con sorpresas. Llevo la cuerda del arco bien tensada y la flecha colocada. Tiemblo con cada ruido. Tensando cada músculo de mi cuerpo por miedo a que aparezca esa chica que intento matar a Finnick. Solo soy capaz de relajarme cuando me doy cuenta de que tan solo es el viento. Tengo el oído bien abierto para escuchar cualquier movimiento. Unas hojas se mueven a mi derecha. Giro tan deprisa como me lo permite el cuerpo, no pienso, solo reacciono.  No dudo en soltar la flecha. Me acerco despacio para comprobar a que he dado, puede que mañana nos demos un banquete. Retiro las hojas de los matorrales y veo mi flecha clavada en algo que no distingo muy bien por la oscuridad.

Me acerco con cuidado, ¿por qué me ocurre siempre esto? Temo a que haya dado esta vez. Coloco mi arco en la espalda.  Me preparo para obtener una nueva presa. Me acerco al matorral lentamente y lo aparto. Para mi sorpresa no es una presa, mi cara se llena de horror y no reacciono. No sé qué hacer, no sé cómo ayudar a la tributo que tengo delante. La reconozco, es Zoe, la chica que acompañaba a William a estos Juegos. En su distrito deben odiarme, no puedo creer que haya ocurrido esto. Qué pensará Panem de mi ahora, qué pensarán mis padres.

Veo mucha sangre, tanta que apenas se que hacer. Mi madre casi nunca hablaba de mi abuela, lo único que sé es que ella estaba en el Capitolio en un hospital. Sus enseñanzas me habrían venido realmente bien esta vez. Solo se me ocurre una cosa, saco mi cuchillo, veo su cara de horror pero la mía ahora solo muestra seguridad.

Veo como una lágrima cae por su mejilla, acerco el cuchillo a Zoe y rasgo un trozo de su camiseta. Su cara se transforma y pasa a un estado de alivio. Pensaría que iba a matarla, no la culpo, acabo de lanzarle una flecha. La doy la mano y asiento. La digo que voy a ayudarla, que siento lo ocurrido pero aún reconozco el miedo en sus ojos. Le saco la flecha. Un grito se escapa de su boca y hace que me estremezca por completo, unas lágrimas salen continuamente de sus ojos y recorren su hermosa cara, la sangre empieza a salir. Necesito tener seguridad en mi misma, cojo la camiseta y presiono la herida.

Camino de vuelta a la cueva, sin presas, sin ganas de cazar. Mi preocupación es mayor que mis ganas de seguir luchando pero aquí estoy, caminando de nuevo para poder cuidar de los míos.
Y me doy cuenta de que no se trata de cambiar, sino de que te cambia. Esa tristeza que tiñe las noches en la Arena al recordar a los tributos muertos, esa culpabilidad porque han sido ellos en vez de tu, ese deseo por escapar que hace que te conviertas en la persona que nunca imaginaste ser, esa crueldad que crece en ti cuando aprietas el mango del cuchillo y lo único que tienes en mente es sobrevivir… cada una de esas cosas que van floreciendo dentro de ti, sin poder evitar frenarlas, sin evitar convertirte en un asesino, portador de una vida que robó a otros tantos como él.
Creo que la Arena me está matando por dentro, cada vez quedan menos tributos y algunos han muerto por mi causa. Me siento mal conmigo misma y no puedo hacer nada que evite quitarme el sabor a culpabilidad que tengo. Por más que quiero sacar esas ideas de mi cabeza soy incapaz, así que empiezo a recordar. A recordar a mi familia, a mis amigos, los buenos momentos que he pasado con ellos. Me refugio en mis recuerdos intentando viajar a una época más feliz, donde mi vida tenía sentido. Donde tenía una vida. Puede que ahora esté viva pero no como antes, a esto no se le puede dar ese nombre. Felicidad es algo que en este momento me escasea dadas las circunstancias. Debería ser una adolescente normal, viajar al Capitolio en busca de nueva ropa de mis estilistas, enamorarme, preocuparme de las giras con mi madre y mi padre, jugar con mi hermano pequeño y pasear por el bosque con mis amigos. En vez de eso estoy encerrada en una burbuja de la que no puedo salir, un bucle que se repite una y otra vez. Me levanto y sobrevivió. Sobrevivo sin pararme a pensar en las consecuencias. Sobrevivo  matando a otras personas.
Entonces le recuerdo a él. El chico sonriente de ojos verdes. El que me salvo la vida, el que me robo un beso, el que hizo que luchar tuviese significado. Un nudo aparece en mí y no sé qué significa. Lo único que pienso es en que ojala estuviese vivo, ojala estuviese a mi lado. Quería volver a sentir la seguridad de tenerle cerca. Quería volver a escuchar su risa. Quería volver a ver el brillo de sus hermosos ojos. Yo para él significaba algo importante pero creo que para mí, él podría haber sido una persona  importante en mi vida. Uno de esos amigos que no cambiarías por nada. De los que te sostienen en los peores momentos. De los que se quedan para siempre, sin importar cuán de lejos estén.
Cuando me quiero dar cuenta estoy de vuelta. Entro a enfrentarme a la realidad. Una imagen recorre la cueva, manchas de sangre de Finnick, el cual, está en el suelo tumbado con una costosa respiración.
Gale en cambio, sigue dormido. Ladeo la cabeza algo confundida, aguantando todo el dolor que siento, me acuesto de nuevo pero mi sueño vuelve a ser intranquilo, atormentándome cada vez que mis párpados se cierran y mis ojos se relajan.
Era madrugada, desperté sofocada, nerviosa, sudando. A penas quedaban tributos en comparación a los que habían entrado, una sola idea pasa por mi cabeza: un vencedor. Se supone que en el colegio nos contaban la trágica historia de los días oscuros y nos recordaban lo afortunados que éramos de no vivir esos días. Me encantaría estar allí ahora para decirles lo afortunada que soy.
Supuestamente íbamos a tener un futuro magnifico, de pequeños nos preguntaban que querríamos ser en un futuro, en que nos gustaría trabajar, incluso si teníamos pensado viajar a otro distrito. Mi futuro ahora está más que claro. Es un juego y yo solo soy el peón, la pieza más débil, la que muere por el rey. ¿Mi rey? Mi rey es mi hermano, y aunque solo sea una pieza de sus Juegos les demostraré que no pueden acabar con la esperanza de Panem y que haciendo lo que están haciendo tan solo conseguirán aumentar su ira, su dolor y su incomprensión hacia el mal que crece en el Capitolio. Algo que se ha construido durante veinte años no puede caer en unos días. Tal vez el Capitolio si cayó tiempo atrás, pero porque le faltaba lo más importante, el apoyo y confianza del resto de la población. Nosotros eso lo habíamos construido, nuestro sistema estaba basado en la igualdad, en cuidarnos los unos a los otros, por eso no caeremos. Lucharemos juntos como ya lo hicimos una vez. Eso es lo que debemos hacer, luchar.
Miro a mi derecha y está Finnick tumbado, descansa tranquilo después de una noche agotadora. Cuando intento centrarme veo que en un momento se ha dado la vuelta a todo, de repente Finnick se encuentra de nuevo luchando por su vida, y por desgracia, no sé cuanto pasará hasta que se recupere, si es que lo hace.
A veces pienso que no soy tan fuerte como intento aparentar. Estoy rota. Por dentro siento que quiero derrumbarme, que quiero dejar de luchar. No encuentro razones que me digan que seguir luchando va a hacer que gane, siento que nada de lo que haga tiene sentido. Si no sigo, si me rindo, todo sería mucho más fácil. Pero sigo luchando, no lloro, no me derrumbo, pongo una sonrisa falsa al despertar a mi hermano cada mañana y finjo que todo va bien aunque sé que lo que ocurre en realidad es todo lo contrario. Me gustaría ponerme a llorar y estar haciéndolo horas  hasta que me desahoga por completo, pero no me lo permito. Esa parte de mí sigue ahí intentando salir, quiere llorar hasta que me duerma del cansancio de tantas emociones. La otra parte de mi mantiene un muro que he creado a lo largo del tiempo y que impide todo lo anterior. Supongo que aunque yo sé que no soy fuerte, no quiero que los demás lo sepan. Supongo que es difícil derrumbar un muro que lleva tanto tiempo construido.
Agotada me tumbo preguntándome como estarán mis padres, que sentirán ahora, y si han perdido ya las esperanzas, las ganas de luchar. Esta vez si consigo dormir el poco tiempo que me queda, supongo que mi mente cansada decide descansar un poco apagando mis pensamientos y llevándome a un mundo más tranquilo, un mundo de sueños.
No tarda en amanecer para mi desgracia. Me despierto con los primeros rayos de sol y froto mis ojos. Lo que sucedió ayer me ha dejado algo afectada. Calculo los tributos que quedamos en la Arena y empiezo a pensar que realmente este Juego acabará como el Capitolio lo tiene planeado. Un escalofrió me recorre. Me pongo en pie y voy hasta la pomada. Le quito la venda a Finnick. Su herida ha mejorado un poco, un extraño moratón o más bien un hematoma interno, la rodea. Su color, entre rojo y morado y en el centro una raja profunda que poco a poco se va cerrando. Limpio con un poco de agua la zona y cojo otra de las hojas. Unto la pomada tan delicadamente como puedo y apoyo la hoja sobre esta. Vuelvo a pasar la venda una y otra vez hasta atarla lo más fuerte posible. Su torso desnudo es cubierto por la venda. Le apoyo otra vez en el suelo dejándolo encima del saco para que su cuerpo débil no coja frío.
Cuando acabo no se qué hacer y me apoyo con la cabeza en la fría pared rocosa de la cueva. El día de hoy será muy largo pero no saldré. No después de lo que pasó la última vez.
Durante un rato me quedo pensando en diferentes cosas. Una de ellas es en mis padres porque ahora soy capaz de entender por todo lo que han pasado. Se supone que antes también lo entendía pero no, solo me lo imaginaba. Pienso también en Annie, en como perdió a su marido y ahora a su hijo. Mis padres al menos se tienen entre ellos, y pronto tendrán a Gale de vuelta. Estoy segura de que Haymitch les ayudará a superarlo todo, él es una de las personas más buenas que conozco, es fuerte, divertido, seguro que podrá hacerles olvidar. Aunque no estoy muy segura de querer que se olviden, quiero que me recuerden de pequeña, prefiero que me vean sonriente y corriendo con Gale en la Pradera, o caminando por las calles de la Veta agarrada de la mano de mi madre. Mi madre es el Sinsajo, es fuerte, radiante como el sol, es una vencedora de los juegos, pero es más que eso. Perdió a mucha gente para convertir Panem en un lugar mejor por nosotros, estoy orgullosa de ella. Y mi padre, mi padre es mucho más que un dulce panadero, o un vencedor de los juegos. Mi padre es todo corazón y es el hombre más cariñoso que he conocido. Realmente creo los dos pasarán por lo mismo, pero ambos son muy valientes y fuertes y sabrán superarlo y cuidarse entre ellos. Haymitch y Gale podrán cuidar de mi hermano si algún día ellos están muy mal al principio, estoy segura que cuando sea más mayor podrán contarle la verdad de lo que ocurrió en la Arena.

-Amy, ¿por qué lloras?
-No estoy llorando pequeño- mi voz es dulce, tanto como siempre que hablo a mi hermano. Le cojo y le siento encima de mí- ¿Cuánto tiempo llevas despierto?
-Poco, pero tenía hambre y además quería ver si Finnick estaba mejor. Tienes que enseñarle a que no se caiga de los árboles- una pequeña sonrisa se me escapa, pensé que me preguntaría que le había pasado pero creo que ya ha sacado sus propias conclusiones- la última vez no fue mucho pero esta vez sí que se ha hecho una herida muy grande.
-Sí, es muy torpe. Se cayó y chocó con una roca enorme, como cuando tú y yo nos caímos el primer día.
-Sí, pero yo no soy torpe. Me caí solo esa vez y fue porque te caíste tú.
-Es verdad, tú no eres torpe, eres el chico más listo que he conocido.
-Lo sé, mamá siempre me lo dice
-Mamá… Esto… Gale ¿Tenías hambre? Podemos acabar lo que hay, ya no queda mucho. Queda para comer y para cenar supongo, ve y elige que quieres, corre.

-Debes... debes irte –su respiración es cortada y sus palabras salen con dificultad
-No, tranquila. Te pondrás bien, te lo prometo.
-No… Amy yo venía a matarte, ellos me obligaron-las palabras no le salen, son susurros que apenas oigo ero que entiendo perfectamente. Me iba a matar. Ahora creo que es ella quien puede ver el miedo en mi rostro- ellos me obligaron… yo no quería… me obligaron… siento lo de Finnick…
-¿Quién Zoe? ¿Quién te obligo? –mi voz es fría, más de lo que quería. No, no puedo ser egoísta. Es igual, ahora no puedo preocuparme por eso, se está muriendo delante de mí. Mantengo la seguridad en mi voz tanto como puedo- No voy a dejarte aquí, no voy a alejarme, siento todo esto Zoe.
-Tienes que hacerlo… yo… Amy déjame morir –no doy crédito a sus palabras, sus ojos me miran- huye, se que Will te quería, si supiese lo que iba hacer… el no me hubiese perdonado. Tienes… Amy tienes que dejarme morir… yo… no quiero seguir viviendo… para mi… vivir aquí es estar muerta. Por favor… quiero…
-¡No! ¡No! ¡No! No te mueras… por favor

Sus ojos se cierran poco a poco, parece que el dolor ha desaparecido de su rostro. Su respiración cesa, sus latidos se paran, su corazón ya no tiene sangre que seguir bombeando, ella ya no tiene vida para seguir luchando. Un cañonazo suena. La he matado. No puedo creer que la haya matado. Y no es la primera persona que mato. La Arena te cambia, y ahora lo entiendo, lo entiendo todo.

Cierro sus ojos y me marcho, decido coger el cuchillo que lleva. No tiene nada más que me pueda servir de utilidad. Me alejo de ese lugar con mil preguntas sin respuesta y un temor intenso ya que alguien quiere acabar con mi vida, aunque teniendo en cuenta que estoy en la Arena tendría que tener asumido que quieren matarme.
Me acerco a donde tenemos las ramas que Finnick había traído, elijo las menos verdes y busco la caja de cerillas. A penas quedan cerillas, necesitamos otra caja, pero es imposible conseguir una.

Gale elige un poco de la carne que queda y le doy una buena cantidad de bayas de las que recogió la tarde anterior. Mientras preparo las brasas para hacer la carne, él se las come en un abrir y cerrar de ojos. Pensar que está pasando hambre me hace sentir culpable. Me levanto y le doy mi ración, de todas formas yo no necesito comer tanto, o es lo que prefiero pensar. Él me mira con los ojos abiertos y brillantes y se las come sonriente, como si las pocas bayas que tiene en la mano fuesen el mayor tesoro de este mundo.

Empiezo a despellejar la carne un uno de los cuchillos. Me alegro de que mi madre me enseñase a despellejar ardillas un día en el bosque aunque mi padre no le aprobaba yo quería aprender, quería ser como ella en todo. Ahora me resulta muy práctico todo lo que mi madre me enseñó. Seguro que ella también lo piensa. Al principio resultó un tanto asqueroso, pero cuando hay necesidad ni siquiera lo piensas.

Cuando termino acerco la carne a las brasas que desprenden un calor reconfortante, el cual me recuerda a los inviernos encerrados en cada, en la Aldea de Vencedores, sentados juntos cerca de la chimenea mientras papá horneaba algo de pan para cenar. Dulces recuerdos que desaparecen como ese olor del pan caliente cuando se enfría. Desaparecen como el brillo de los ojos llenos de vida de alguien en la Arena, sin previo aviso, dejando un doloroso vacío.

Juego con la carne dándole vueltas para hacerla, distraída, pensando en nada en realidad. El olor de la comida despierta mi estómago, y al parecer no solo el mío. Como hay un trozo hecho se lo doy a Gale y pongo a preparar el mío. Al acabar de cocinarlo, olvido mis modales. Tanto pensar en el pan de mi padre ha hecho que me muera de hambre ahora. Desgarro el trozo sin más, comiendo casi con ansia diría. Sin pensar en lo poco que nos queda. Al terminar de comer estoy tan agotada por la mala noche que le propongo a Gale que nos tumbemos un rato cerca de las brasas.

Nos lavamos las manos y él se acurruca a mi lado. Empiezo a contarle una bonita historia, pero creo que mis ojos se cierran antes que los suyos y sin poder evitarlo, me sumerjo en un mundo de sueños.

Al despertar Gale está mirándome sonriente. Sin entender bien por qué está así, le hago cosquillas. Pienso en jugar un poco con él, creo que no le presto la atención suficiente. Quiero que mientras esté aquí, se sienta lo mejor posible.

-¡Para! ¡Para! –sus carcajadas son mi sonido preferido, se han convertido en mi esperanza de cada mañana, en mi sol de cada día- Amy, quieta… por favor
-Vale, vale. Yo paro si tú me dices que estabas haciendo despierto solo, ¿por qué no me despertaste?
-Estabas cansada, y me recordaba a casa. Cuando te quedabas dormida mientras papá nos contaba un cuento, yo siempre esperaba al final pero tú nunca.
-Pronto podrás escuchar de nuevo los finales que papá contaba, Gale. Pronto estarás en casa de nuevo.
-Primero hay que ganar el juego Amy
-Lo ganaremos, te lo prometo.

Volví a jugar con él, para alejar mi última frase que resonaba en mi cabeza. No sé cuánto tiempo pasó, pero estaba siendo uno de los mejores momentos que había pasado en la Arena. Mi hermano y yo, jugando de nuevo, como cuando estábamos en el 12. Como si siguiésemos allí. Olvidándolo todo. Perdiendo la noción del tiempo.

Y si bien las expresiones pueden cambiar, el mensaje de las miradas nunca varía, nunca se quebranta. Y lo que nunca se olvida son las intenciones que se ocultan tras cada una de ellas. Y mi mirada ahora lo decía todo. Cuando Finnick había parado de respirar momentáneamente, haciendo que yo dejase de respirar también.

Todo había sido tan rápido, estaba tranquila, con Gale, jugando. La respiración costosa de Finnick se había convertido en parte del ambiente, tanto que a penas la notaba. Hasta que por unos segundos el silencio de fondo fue mayor que las pequeñas carcajadas de Gale y giré mi mirada llena de preocupación a Finnick. Cuando le vi en silencio, con la frente sudorosa y un pecho al descubierto que ni subía ni bajaba creí que se me paraba el corazón.

Me levanté corriendo y fui hasta mi aliado colocándole lateralmente a ver si así su respiración volvía, pero al no pasar comenzaba a asustarme. Grité a Gale que mojase la camiseta con agua y la trajese para colocársela en la frente. Le coloqué boca arriba costosamente y apoyándole sobre la herida palpé la zona de las costillas buscando dos dedos más arriba la zona perfecta para comenzar las compresiones. Aquel minuto se me estaba haciendo eterno, y ahí seguía yo. Dando un gran espectáculo al capitolio. Intentando que Finnick respirase de nuevo. Evitando oír un cañonazo. Y… fallando.

O eso era lo que repetía mi mente en mi cabeza, que estaba fallando. En cambio algo dentro de mi me decía que debía seguir intentándolo, hasta que sonase el cañonazo no debía rendirme. Algo dentro de mí le quería de vuelta. Algo dentro de mí le necesitaba de vuelta.

Inconscientemente comencé a aumentar las repeticiones perdiendo incluso el ritmo que estas suelen llevar, nada me rescataba de mi idea. Absolutamente nada. Pero Finnick no respiraba y calculando por encima había pasado algo más de un minuto.

Si no respira tal vez, solo tal vez este muerto. Pero no, era imposible que dejase de luchar sin más, me prometió que estaría a mi lado y cuidaría de mí. Aunque hay promesas que no llegan a cumplirse.

Todo ha ocurrido tan rápido. Miro mis manos que se han posado sobre su cuerpo sin fuerza, como si hubiese perdido toda la esperanza. Cojo su muñeca temblorosa, por miedo a que no suene el uniforme sonido de las pulsaciones que me demuestre que aún hay esperanza. Mi respiración es irregular y mis latidos aumentan cada vez más, llevándome a pensar que los que a mí me sobran a Finnick le faltan, ya que  su pulso no volvía.

Respiré hondo, tranquilizando mi mente, haciendo desaparecer mis temores. Me coloqué a su derecha, preparada para comenzar de nuevo las repeticiones cuando los dedos que aún rodeaban su muñeca comenzaron a notar algo débil y parpadeante. Agarré su brazo y centré toda mi atención en su muñeca, en mis dedos, en sus pulsaciones. Pulsaciones que poco a poco volvían. Con un ritmo característico que paulatinamente se hacía más fuerte. Me quedé parada, sentada en el suelo, sin soltar su muñeca como si el tenerle sujeto hiciese que no se fuese de mi lado. Y comprendí, comprendí que no podía depender así de lo que le ocurriese. Que mi vida había estado ligada a la suya, como si al parar su corazón lo hiciese el mío. Y me di cuenta de que realmente era peligroso tenerle cerca.

Cansada, la única palabra capaz de describir mi estado de ánimo. Cansada de jugar, de sobrevivir, de todo. Con miedo, miedo a que Finnick se muera pues ha estado a punto de hacerlo hace un par de horas.
Desde que ocurrió eso me he sentado a su lado, con la cabeza apoyada en la fría y rocosa pared de la cueva. Mirando al frente, sin atreverme a dirigirle una sola mirada. De vez en cuando cierro los ojos y respiro hondo, trayendo a mí, recuerdos que me digan que no todo es tan malo. Hasta que los abro, y me doy cuenta de que sí que lo es.

Gale está sumamente aburrido, tanto que ha encontrado un trozo de roca para rayar la pared de la cueva. Bueno, más bien lo tira contra ella porque rayar, no rayaba mucho. Tras varios intentos de escribir su nombre se ha dado por vencido.

Me encantaría jugar con el pero no tengo fuerzas y ahora más que nunca quiero que permanezca en la cueva. Le miro y le mando a por algo de agua, si no le mando beber él no lo hace. Sabe que el agua escasea, no quiere desperdiciarla.

En el fondo me preocupa que descubra la realidad del Juego, pero es que algún día lo hará. Si llegamos a finalistas, no tendré la fuerza para despedirme, no sé como lo haré. Solo sé que le llevaré a casa.  Y llevarle a casa supone muchas cosas. Entre ellas mi muerte. Y esta no me preocupa, no tanto como la de Finnick, Joel, Cristina... No podré hacerlo, suena egoísta, pero prefiero que los maten antes. Que los maten otros, tributos sin remordimientos.

Veo como Gale frota sus ojos cansado y decido mandarle a la cama. Él viene hacia mí y me abraza, se queda así unos minutos. Al final acabo rodeándole con mis brazos, dándole un suave beso en la frente. No sé qué haría sin mi hermano, es lo mejor que tengo en este mundo. Le acaricio el pelo y le levanto la cara, sonriente le doy otro beso y le cojo en brazos. Me levanto y le llevo a la parte de atrás de la cueva, colocando los chalecos en el suelo y tumbándole encima. Tras un último beso en la frente, como el que siempre le daba nuestra madre por la noche, cierra sus ojos cansados, me susurra un te quiero y cae rendido. Yo decido sentarme de nuevo donde Finnick, por si deja de respirar una vez más.

Pierdo la cuenta, la noción del tiempo. Cierro mis ojos, recuerdo canciones de mi madre, recuerdo el sonido del piano, el sonido de los pájaros en el bosque, del agua del lado. Recuerdo el olor a pan recién orneado, la melodiosa voz de mi padre cuando me contaba una historia. Recuerdo las risas con Gale, cuando jugaba con Haymitch. Recuerdo la felicidad, sonrío sin apenas notarlo y abro los ojos de nuevo.

Gale lleva más o menos dos horas dormido, yo sigo en vela, mi sonrisa se borra porque estoy demasiado preocupada. Me sumerjo de nuevo en mis pensamientos evadiéndome del resto del mundo, pero algo me lo impide. Al principio pienso que son imaginaciones mías, luego me alegro de que sea la realidad la que me golpeé en ese momento. Finnick abre los ojos lentamente y pronuncia mi nombre. Se incorpora poco a poco. Estoy asombrada, voy directa hacia él y le agacho la cabeza para ver la espalda. Le quito la venda rápidamente, primero desato el nudo y se la quito poco a poco. Levanto la hoja que está un poco pegada a la herida y cuesta despegarla, pero no mucho. Una mueca de dolor aparece en su rostro. Esta sudando, la cara sigue pálida, como si de un acto reflejo se tratase le acaricio para calmarle. Vuelvo a mirar su espalda. La herida se ha transformado por competo y esta ya casi cerrada. Antes de que Finnick diga nada me levanto y le lavo la zona, de nuevo sigo los pasos de anoche, de esta mañana, de esta tarde, es la cuarta vez que lo hago. No puedo creer que hace unas horas estuviese intentando reanimar su débil corazón.

Le unto la pomada, coloco un trozo de la hoja apretada y vuelvo a vendarla, pero esta vez mas fuerte. Cuando acabo vuelvo a la realidad, el me agarra las manos y me susurra un ‘estoy bien’. Mis ojos llorosos se encuentran con los suyos que recuerdan a la espuma del mar. No puedo controlarme, mis manos acarician su cara suavemente, él las sujeta y de repente ninguno de los podemos detenernos. Esos ojos hacen que me vaya completamente de este mundo, de este infierno. Me olvido de todo, del Capitolio, de Panem, de mis padres, de Colin, de Zoe, me olvido de todo menos de él. Ahora solo pienso en mí, en nosotros.

 Con la mano en mi cara pone sus dedos en mis labios y los baja con lentitud hasta llegar a mi barbilla, me sujeta y me acerca a él. Sus labios y los míos se juntan como la primera vez, lo hace tranquilamente, es un beso pausado, lleno de calma y lentitud. Yo le correspondo. Poco a poco él se atreve a más y yo sin quererlo le sigo. Nuestro cálido beso se aviva poco a poco. A mitad del beso paramos, el me sonríe. Con esa sonrisa que hace que parezca un ángel, me quedo observándole unos segundos, pensando en lo perfecto que es, pero no tarda en lanzarse de nuevo. Nuestros labios se vuelven a juntar y cada vez vamos a más. Una chispa en mi interior empieza a arder. Nuestro beso se vuelve más apasionado. Una de sus manos mantiene levantada mi barbilla mientras que la otra sujeta mi espalda acercándome a él. Sin más, me siento sobre sus piernas. No pienso nada en este momento, mis brazos rodean su cuello y mis piernas se enredan por detrás de su espalda haciendo que estemos más juntos. Él me besa una y otra vez, yo le sigo el juego. Hay Juegos que al fin y al cabo no son tan malos. 

Seguimos juntos, sin más, nuestros labios se separan y su mano acaricia mi cuello. Un suspiro sale de mí. Sus labios van directos a mi cuello que lo empieza a recorrer poco a poco, y en cada beso una sonrisa. Sujeto con una mano su cabeza, mis manos se enredan en su cabello. Siento la necesidad de tenerlo de nuevo asique busco otro beso, el no tarda en corresponderme, con una sonrisa acaricia mi cara y de nuevo me besa. Esta vez con más calma, un beso que realmente me deja sin respiración. Cierro los ojos y respiro tranquila, a su lado me siento tan segura, tan a gusto. El acaricia mi pelo y posa mi cabeza en su hombro. Vuelto a la realidad, este sueño tan maravilloso se debilita por momentos, no quiero tener un presente con Finnick si no puedo tener un futuro a su lado. Me rompo a pedazos. Una persona tan grande se merece más que una falsa ilusión, yo se que jamás saldremos de aquí. Que jamás será un para siempre.

-Finnick… - mi voz es un susurro, él me manda callar, me da un beso en la frente y me dice que me acueste. Le hago caso, me tumbo a su lado y pasa su brazo por encima de mí haciéndome sentir segura, haciéndome vivir un sueño.

Al levantarme lo hago con temor a que ocurrirá  tras lo de ayer. Respiro calmada y escucho los sonidos que hay en la cueva. Tranquilidad, el silencio la invade al igual que a mí el miedo. Me preparo para lo más difícil, abrir los ojos. No tardo en hacerlo porque quiero que esto pase rápido. Esos ojos que han robado su color al mar. Su color es tan intenso, tan bonito, que me hundo en ellos. Un brillo especial hace que resalten aún más. Mi miran fijamente, observan mis pasos y finalmente me roban una sonrisa. Otra sonrisa se ve reflejada en el rostro de Finn. Después de lo que ocurrió la noche anterior no sé cómo reaccionar. Sigo apoyada en su pecho, un torso sin camiseta que me desconcentra.

Ambos nos estamos mirando, sus ojos lo hacen divertidos. Él simplemente me retira un mechón de pelo y me saluda con un ‘buenos días, preciosa’ Mi corazón, que antes latía rítmicamente ahora no es capaz de controlarse. Me siento tan confusa, tan dividida. Mi cabeza me ordena que me aleje de él, que lo aparte de mi vida. Quiere que le olvide y que me centre en lo que vine a hacer en un primer momento. En cambio mi corazón no me lo permite, tan solo quiere besar sus labios y no dejarlo escapar. No sé contra que luchar. No sé qué es lo correcto. Decido que por ahora lo mejor es dejar el tema aparte. Olvidar.

Me levanto sin decirle nada y voy a por algo de pomada. Deduzco que será la última vez que se la eche ya que anoche la tenía muy bien. La pomada del Capitolio es especial, jamás había visto curar heridas tan grabes en tan poco tiempo.

Empiezo con los pasos de siempre pero sin decir una palabra. Finnick me agarra la mano y no me permite continuar

-No, no puedes castigarme con tu silencio. Dime qué te parece mal, que todo esto no debería haber pasado pero por favor –mi cabeza que antes estaba agachada es levantada por sus manos, su expresión es triste y a la vez suplicante. Eso me deja rota por dentro, yo soy la chica fría, sin sentimientos, en mi solo debe haber odio. – por favor Amy, necesito que me digas algo
Tengo dos opciones decirle que no le quiero, que no tenemos ningún futuro, que vamos a morir. Decirle que en mi interior no hay amor, que tan solo hay odio. Explicarle que haré lo que sea para sacar de aquí a mi hermano y eso implica que ambos muramos en la Arena. Tengo esa opción, u otra más sencilla.
-Está todo bien Finnick- aparto mi odio y dejo salir de mi una sonrisa. Le regalo la mejor que puedo y esta seguida de un beso- ahora déjame curarte ¿vale?
-Está bien.

Él permite que le cure y no para de mirarme sonriente mientras lo hago. Definitivamente será la última vez que le eche la pomada. Su herida ha mejorado muchísimo. Cuando acabo de curarle le vendo como siempre. Voy a dejar la cajita donde las provisiones cuando agarra mi mano tirando de mí. Acabo sentada en sus piernas, el besa mi mejilla, la cual se enrojece rápidamente. Me levanto rápido y voy hasta las provisiones, dejo la caja y cojo las provisiones que quedan. Hoy acabaremos todo lo que tenemos ya que no es mucho. Con la escusa de preparar la comida hago que Finnick se aleje un poco de mi. Esta situación me incomoda mucho. Él intenta sacar desesperadamente un tema de conversación y como sé que no va a parar decido decir algo productivo.

-Hoy saldré a cazar. Nos hemos quedado sin provisiones ya.
-Puedo ir yo Amy, lo sabes.
-Estas débil, lo mejor es que vaya yo, seré rápida, no me entretendré  mucho
- Ya, eso dijiste la vez que estuve esperándote todo el día. Esta vez voy contigo.
-Pero Gale no se puede quedar solo…
-Lo dejaste solo cuando yo estaba inconsciente y no le paso nada. Amy, si vamos los dos lo haremos más deprisa. Volveremos cuanto antes.
-Finnick… ¿por qué tienes tantas ganas de arriesgar tu vida?
-Porque te quiero. ¿Acaso no es suficiente? Nadie te pondrá la mano encima mientras yo esté aquí Amy, nadie te tocará.
-Está bien –si sigo con esta conversación acabaremos discutiendo y no me apetece. Él se levanta y se pone detrás de mí, agachado. Mi da un beso y sonríe. Yo me aparto rápido, esto cada vez es más incomodo. No estamos de vacaciones, somos tributos, en los Juegos del Hambre- Finnick tengo que hacer esto, cuanto antes salgamos será mejor.

Él se aparta, cansado de que me resista tanto. Apoya la cabeza en la pared. Mira a Gale que se está despertando y mientras preparo la comida juega con él un poco.

Me distraigo pensando en cómo sería nuestra vida en el distrito 12. Si hubiese conocido a Finnick en un viaje de mis padres todo habría sido diferente. Me lo imagino jugando en el salón de nuestra casa con Gale, como lo hace ahora. Corriendo por la casa persiguiéndose el uno al otro. Tardes en el lago con nuestros padres. Las imágenes de mi cabeza son cada vez más numerosas, algunas nos muestran un poco más mayores, juntos en la playa. Vuelvo a la realidad cuando noto el fuego quemando mi mano. Suelto un pequeño grito y ambos se giran para mirarme preocupados. Miro mi mano y tan solo es una quemadura superficial, el fuego a penas ha rozado mi piel. La sacudo un poco y termino de cocinar lo que queda. Incluso el Finnick que hay en mi mente es un peligro para mí, me distrae con demasiada facilidad. Esta vez ha sido una quemadura, en la lucha con otro tributo habría significado la muerte.

Todo es demasiado confuso. Me acerco a ellos y reparto la comida. Como con tranquilidad, sin prisa, sin ganas. Gale en cambio parece que se ha levantado con mucha energía, termina de comer demasiado deprisa, me preocupa que se haya quedado con hambre. A pesar de que Finnick no está del todo recuperado juega con él en cuanto acaba. Pongo los ojos en blanco al darme cuenta de que les estoy observando distraída de nuevo. Acabo mi comida y lavo un poco mis manos. Aprovecho para beber un pequeño trago de agua.

Pienso en el espectáculo que estamos dando para el capitolio, estamos haciendo lo mismo que mis padres. No quiero que nos convirtamos en los amantes trágicos, no quiero que el capitolio pueda jugar con nosotros ni que se aprovechen de lo que sentimos o de lo confusos que estamos. ¿Y si garantizan que sigamos vivos para tener espectáculo y después nos matan a los dos? Según ellos yo era importante porque daría espectáculo mientras intentaba salvar a mi hermano. Ahora estoy haciendo lo mismo con Finnick y eso nos pone en peligro, nos utilizarán como hicieron con mis padres, aunque esta vez sí que les saldrá bien, no tenemos a nadie que pueda rescatarnos. Moriremos de todas formas, ellos solo intentarán aprovechar la forma de usar nuestra muerte en contra de Panem. 

Recojo un poco el desastre de cueva en la que estamos y cuando acabo me dirijo hacia dónde está mi precioso arco. Lo toco con cuidado analizándolo detenidamente. Es perfecto, ligero, simple, bonito y eficaz. Me encantaría probarlo en casa, con mi madre en el bosque. Estoy segura de que podría conseguir más presas que ella ahora que tengo algo más de práctica. Recuerdos melancólicos vienen a mi cabeza pero desaparecen rápidamente, convirtiéndome de nuevo en la fría Amy que muchos ven desde el televisor de su casa. Me sonrojo un poco al pensar que todos habrán visto como besaba a Finnick y me preguntó qué pensarían nuestros padres.

Despejo de nuevo mi mente preguntándome por qué todos mis pensamientos tienen que acabar en él. Decido que es hora de salir a por provisiones, después de todo lo que hemos pasado no me apetecería morir de hambre.

Salimos a cazar, bueno en realidad yo salgo a cazar. Finnick me acompaña porque dice que no quiere que vaya sola. Yo prefería que se quedase con Gale pero al final me ha convencido y creo que tiene razón, acabaremos antes si hacemos el trabajo los dos.

Cogemos nuestras armas, Finn sus cuchillos y yo mi arco. Cargamos nuestras mochilas vacías a la espalda y un botellín por si nos entra sed. Los otros dos se los hemos dejado a Gale por si tardamos más de lo previsto, cosa que esperamos que no ocurra.

Estas mochilas que llevamos deben volver llenas, o por lo menos con algo si queremos seguir sobreviviendo. De momento la caza no ha supuesto ningún problema. Verdaderamente hemos tenido muy pocos para estar en la Arena, tal vez el Capitolio piense que es hora de que nuestra suerte cambie. Quizás sea el último día que vea el sol.

Me despido de mi hermanito y salgo por la cueva al igual que Finnick. Nos encargamos de tapar la entrada para que no se vea la cueva y cuando está lista nos ponemos en marcha. Esta vez he revisado varias veces más la entrada, algo dentro de mi está inquieto.

Dado el peligro de la niebla decidimos no subir el desnivel y caminar hacia nuestra izquierda. Todavía no hemos investigado esa zona pero al ser bosque seguramente haya algún animal. Mientras nos alejamos Finnick recoge algunas ramas y las introduce en la mochila para poder hacer fuego más tarde. Caminamos seguros de nuestros pasos vigilando nuestro alrededor. No sabemos cuántos tributos puede haber en esta zona y tampoco conocemos los peligros que esconde. A veces me paro para mirar el terreno. La humedad de la tierra o el tipo de plantas puede ayudarme a descubrir que animales hay, aunque teniendo en cuenta que el Capitolio puede crear lo que desee, tenemos un problema. Sigo caminando, siento tirantez en mi pierna, molestia tal vez. Me sorprende lo acostumbrada que estoy al dolor, ni siquiera lo noto casi, cuando semanas atrás quizás me quedase en casa tumbada hasta que se pasara el dolor. De repente Finnick se para y me pregunta algo que hace que se me parase el corazón.


-¿Era mentira verdad? El beso de esta mañana. –Puedo notar como su voz está teñida de esperanza pero también de una tristeza que se apodera de esta. Baja la mirada entristecido, con melancolía y su voz se convierte en un claro ejemplo de dolor, un dolor que soy capaz de sentir cuando sus palabras me apuñalan una a una- era todo mentira.
-¿Por qué dices eso?
-Porque se te notaba que te pasaba algo, además no fue un beso como el de anoche. ¡Dios! ¿Quieres estar conmigo o no Amy? –el silencio invade el bosque, eso hace que compruebe los sonidos del bosque y que los aprecie a la perfección, no hay peligro alguno dice mi subconsciente. Comprendo porque me dice eso, porque quiere alejarse, alejarse de esta situación, de esa pregunta, quiere evitar una respuesta. Teme que el miedo hable por mí. - ¡Responde Amy!
-No – A penas me doy cuenta de lo que he dicho hasta que pasan unos segundos, y no lo comprendo, no entiendo mi respuesta. Mi corazón pierde el ritmo, es mi cabeza la que habla, no soy yo – no quiero estar contigo Finnick. No tenemos futuro. ¿Por qué no lo admites ya?, vamos a morir aquí. Nadie va a venir a rescatarnos, nadie nos salvara, tan solo podemos intentar mantenernos con vida el mayor tiempo posible. Finnick, no dudaré ni un momento en llevar a mi hermano a casa, así que no, no quiero nada contigo ahora si no voy a poder conservarlo en un futuro. Solo uno sale con vida Finnick, me da igual tener que matar si eso hace que mi hermano vuelva con mis padres. Entiéndelo, por favor. Esto… esto no está bien.


Trago saliva, no tengo palabras que describan como de rota me siento. Le miro, pero él evita mi mirada. No dice nada, se queda un rato mirando hacia su derecha. Se lleva una mano a la cabeza y mira hacia arriba. Al final se abre paso y sigue el camino, sin una palabra, sin una mirada, como si no existiese.

De vez en cuando se agacha a por palos y los mete en la mochila. Camina lentamente atento al bosque, sin mirarme a la cara. Sin más se para,  no me habla, tan solo señala a unos arbustos. Duele ver que no quiera hablarme pero lo que le he dicho es la verdad y tiene que asumirlo. Tal vez sea hora de que yo lo asuma también. Saco una flecha y la pongo en el arco.  Disparo en seguida y me acerco a recoger la presa. No le ha dado en el ojo, le ha atravesado por el corazón.

No sé qué me pasa, no sé si es dolor o ira pero ni siquiera cazando estoy a gusto. Me he sentido bien al disparar, al matar… No sé que me ocurre. La presa es un pavo, es grande por lo que nos valdrá para unos días. Sin duda la caza está siendo buena, a pesar de todo. Creo que no deberíamos entretenernos. Saldremos mañana, lo que quiero es volver al refugio con Gale.

De repente Finnick avanza hasta donde estoy y saca el cuchillo. Asustada le miro, él lo lanza sin dudar ni un segundo. Se clava en un conejo que iba corriendo. Giro mi cabeza y lo veo. Respiro aliviada. ¿Cómo he podido pensar que Finnick pudiese hacerme daño? Creo que la Arena me está volviendo loca. Creo que yo misma me estoy volviendo loca. Veo como él coge la presa y le saca el cuchillo.


-Con esto bastará Finnick, deberíamos volver. No es bueno estar tanto tiempo fuera.


Él no dice nada. Creo que mi voz ha sido incluso algo fría, pero también teñida de esperanza, esperanza de que me responda. Me da el conejo para que lo meta en la mochila y continúa el camino. Quiero que me hable, no puedo creer lo que duele no escuchar su voz. Sé que está enfadado y lo entiendo, pero el dolor que siento es incomparable a cualquier cosa que haya sentido antes.

Me acerco un poco a él y no recibo ninguna queja suya. Poco a poco estamos más cerca, el no se retira pero tampoco es capaz de mirarme. Tal solo sigue caminando. Está tan dolido que verle así hace que piense en cosas que no debería, en cosas que me vuelven débil. Coloco mi arco en la espalda junto a la mochila. Si él va delante podrá avisarme si sucede algo y entonces lo sacaré. Le miro continuamente distrayéndome de los alrededores. Intento centrarme, debería vigilar que ningún tributo viniese, no mirando esos ojos de mar. Esos que consiguen llevarme a otro sitio, alejarme de esto. Al final, no sé si es por temor a que pueda pasar algo o por necesidad acabo cogiéndole la mano. Temo que la rechaza pero para mí bien, él no la retira.

Pienso en que ocurrirá cuando todos los tributos mueran, si quedamos al final solo nosotros tres. Lo que está claro es que Finnick y yo tendríamos que morir. No sería capaz de matarle, podríamos coger un puñado de bayas tal y como hicieron mis padres tiempo atrás. Pero si desafiamos de esa manera al Capitolio tal vez sea mi hermano el que sufra las consecuencias de mis actos. Necesitaré ideas. Despejo mi mente y vuelvo a la realidad, que no es mucho mejor que mis pensamientos.

Estamos los dos juntos, volviendo a nuestro refugio, el único lugar seguro para ambos. Vamos de la mano, el delante y yo detrás, pegados. Tengo una mano en su cintura y la otra me la agarra con fuerza. Hemos discutido antes por una razón que él no llega a entender, creo que estoy empezando a enamorarme y no puedo permitirlo. No es algo que controle, es algo que siento, aún así no puedo dejar que lo sepa, no después de lo que le he dicho. Tengo razón, esto está mal, lo único que conseguiría sería distraerme y no puedo permitirlo, mi hermano debe volver a casa. La razón por la que evito estar junto a él es muy simple, es algo imposible, lo nuestro no tiene futuro. Nosotros no tenemos futuro. Cuanto antes lo acepte, mejor.

Él aparta las hojas y cualquier cosa que hay en mitad del camino, de repente se para y suspira. Mira hacia un lado y se queda parado, con la mirada fija en unas rocas que dejan ver una grieta lo suficientemente grande para que estén escondidos unos tributos. Empieza a correr en esa dirección sin soltar mi mano, le grito que pare, le pido explicaciones, le pregunto que le ocurre pero ninguna de las palabras que salen de mi parece que le lleguen. Golpeo su espalda sin reacción ninguna de su parte. Vamos directos a un lugar donde podría haber tributos escondidos, y si los hay, está claro que es una muerte segura. Ninguno está en condiciones de enfrentarse a nadie. Intento frenar su paso, mi mano golpea su espalda una y otra vez dejando libre su cintura. No sé que mas hacer, tal vez haya visto a alguien que nos perseguía e intenta que nos escondamos, Finnick no pondría nuestras vidas en juego por nada, así que decido confiar en él. Me dejo llevar, agarrada de su mano, él me guía con un único destino. No tardamos en llegar y cuando lo hacemos se mete corriendo por la grieta y dentro hay una especie de cueva pequeña, apenas hay hueco pero si el suficiente para tres tributos, dos quizás. Podría ser un refugio, no veo rastro de comida ni nada que nos dé una pista de si alguien ha pasado antes por allí.

Intento meterme en la mente de Finnick y descubrir que pretendía llegando hasta aquí. Sin más su mano y la mía se sueltan, va hacia una pared y pega un puñetazo. Cuando se apoya en la pared deja al descubierto una mano que ha empezado a sangrar. <<No por favor, no te hagas daño>>, pienso. Preocupada me dirijo hacia él sin entender nada de lo que ocurre. Finnick se encuentra de pie, con la cabeza en la pared rocosa y la mano ensangrentada. La sangre se resbala despacio, haciendo que pequeñas gotas vayan cayendo una y otra vez al suelo. Yo estoy a su lado, esperando que me diga que ocurre. Mis pies se mueven sin pensarlo y en pocos pasos me encuentro en frente de él. Esta situación hace que un cosquilleo invada mi cuerpo, un cosquilleo que se lo que significa. Cuando le miro, un silencio invade mi mundo. Suspiro, bajo la mirada intentando controlar las lágrimas que quieren caer. No pienso en mis padres, ni en mi hermano, ni en Finnick, solo pienso en mi misma, en superar lo que siento. Noto como una mano roza mi cara en forma de caricia y desciende hasta mi barbilla, levantándola. Me invade la esperanza y me deja sin aliento. Los latidos de mi corazón aumentan. Mi mirada y la de Finnick se encuentran, sus ojos de mar desvelan muchos sentimientos pero a penas puedo observarlos, cuando me quiero dar cuenta mis ojos se han cerrado, al igual que los de él. Su mano ha acercado mi cara a la suya y mis labios se encuentran con los suyos. Encajan a la perfección, como si estuviésemos hechos el uno para el otro. Como si de verdad pudiese haber futuro. Mi mano se apoya sobre su hombro y la suya agarra mi cintura acercándome a él cada vez más. En este momento no controlo mi mente, noto a Finnick tan cerca, sus labios y los míos, su cuerpo. Mi llama nunca había ardido tan intensamente.

Ese beso tiene todo lo que no me he atrevido a decirle. Pero no solo eso, tiene esperanza, sueños… Algo que jamás podremos cumplir. Nunca pensé que querer a alguien pudiese doler tanto. Este beso está lleno de dolor, de despedidas pero a la vez una llama de esperanza, de amor, lo aviva convirtiéndolo en algo especial.


-Nunca, nunca más volveré a dejar que te pongas en peligro Amy, y ahora, si quieres, puedes odiarme.


Creo que por primera vez desde que estoy con él soy yo la que al separarnos vuelve. Pero esta vez de verdad. No como el beso de esta mañana. Este está lleno de sentimiento. Al principio le sorprendo. Creo que Finn pensaba que me alejaría de él, después de lo que le he dicho no me sorprende para nada. Lo único que interrumpe nuestro beso es la necesidad de parte de ambos de respirar. El sonríe y creo que yo hago lo mismo. Pero esa frase sigue en mi cabeza ‘no tenemos futuro’


-Tengo miedo
-¿De qué Amy?
-De enamorarme de ti, Finnick.


Simplemente recibo un abrazo como respuesta. Una mano acaricia con fuerza mi pelo mientras la otra aprieta mi espalda. Me da un suave  beso en la frente, apoya la suya en la mia y susurra una frase que tiene más suplica que esperanza. ‘Saldremos de esta. Juntos Amy’ 






En el Capitolio


Llevamos varios días intentando localizar la Arena. Semanas si contamos desde el día que los secuestraron. Todo fue tan rápido que no puedo a penas comprender como sucedió. Como permitimos que sucediese. Vemos cada día los Juegos, tributos que caen y otros que sobreviven. Es desesperante. Sentir tanta impotencia resulta incluso enloquecedor. Todo está fuera de nuestras manos. De nuestro alcance. Cada día un distrito se viste de negro por la pérdida de uno de los suyos. Lo peor es no saber qué sucederá, lo peor es no poder hacer nada, lo peor es tener que vivir cada día sabiendo que no hiciste nada para impedirlo. El doce para mi alivio aún sigue intacto. Desde el Capitolio apoyamos a las familias e intentamos hacer lo imposible por localizarlos pero no somos capaces. Esa frase lo sentencia todo. Somos incapaces de localizarlos, de rescatarlos, de… somos incapaces de asegurar que puedan vivir algún día. Lo último que hemos visto nos ha destrozado, ahora está más claro que nunca, necesitamos encontrarlos cuanto antes.

Hoy está siendo una mañana muy larga y complicada. A penas había salido el sol cuando nos reunieron a todos en la sala de Juntas. Una habitación enorme, en la que guardias vestidos de blanco, antiguos mentores y gente del Capitolio trabajan juntos en la operación de rescate. La cual, a decir verdad, iba cada día peor.

De todos los que participamos en el proyecto, solo cinco nos quedamos cada día, sin ir a casa. No culpo a los demás por irse a dormir o a ver a sus familias. Me culpo a mí mismo, por no dar más de si, por no poder hacer nada, por observar como mueren mientras yo sigo aquí.

Cuando llegué esa mañana ya estaban todos trabajando, se movían de un lado a otro de la sala con prisa, manejando papeles, pasando coordenadas, con complejos aparatos que ha día de hoy no habían servido para nada. Tan solo había tardado dos minutos desde que recibí la llamada y en cambio, parecía que llevase meses sin aparecer, todos estaban diferentes, actuaban diferentes.

-Me voy un día a dormir a casa y tengo que volver corriendo. Informadme ya de lo que está pasando.
-Ven aquí Gale, tenemos que hablar.
-¿Ha ocurrido algo Haymicht?

Mi voz paso del orden y la calma, a la desesperación y preocupación que caracterizaban mis últimas semanas allí. Hago un pequeño repaso mental de lo sucedido desde que me fui. Amy debe haber vuelto ya a la cueva y pensar solo en cómo reaccionará me pone los pelos de punta. Le miró preocupado temiéndome lo peor. En realidad no quiero imaginarlo, dolería demasiado saberlo. No quiero oír lo que tiene que decirme, no si es lo que creo. Prefiero no ser testigo de esa realidad, prefiero seguir pensando que podremos sacarlos de allí pronto.

Anoche me mandaron a casa a descansar y no sé si desde lo último que vimos habrá ocurrido algo, temo que haya ocurrido algo grave. Algo más grave de lo que ocurrió mientras mi pequeña Amy salía a cazar. Haymitch va a contestar a mi pregunta pero Johanna Mason entra en la sala de reuniones alterada. Las puertas suenan abriéndose de golpe y chocando con las paredes dando lugar a un ruido ensordecedor, un sonido seco que paraliza a toda la sala. Su voz es alta, clara, pide explicaciones de por qué no se ha encontrado aún a nadie. Deduzco que debe haber visto ya las últimas noticias de los Juegos.

Por suerte, dado la cantidad de vencedores que hay en todos los distritos a su hijo no se lo han llevado. Sí, su hijo. El pequeño Mark va cogido de su mano. Al igual que a Katniss, a ella le costó mucho adaptarse, se casó y tuvo un hermoso niño. El chico tenía ya ocho años. Tal vez fuese madre un poco tarde pero sin duda es una gran madre. Nadie lo dudaba allí, no podían hacerlo pues actuaba de manera ejemplar con el crio.

Deja a su hijo en una silla y se dirige a la mesa central con paso firme. Después de lo ocurrido no le deja solo por nada del mundo pero si quiere cumplir su misión ha de estar apoyando a la Junta. Ella exige explicaciones y quiere que le informen de lo que está pasando. Muchos hijos de sus amigos están en la Arena, incluyendo a los hijos de Katniss y Peeta y al hijo de Annie y Finnick, su mejor amigo. Y estos, cada día corren más peligro.

El caso es que todo sigue igual. Y ese es el problema. Yo de vez en cuando llamo a mi amiga Katniss pero el único que lo coge es Peeta, aunque él tampoco es capaz aguantar más noticias. Ella no tiene fuerzas para hablar, no quiere separarse de la pantalla. Solo hubo una vez que lo cogió ella, recuerdo su frase perfectamente. ‘No permitas que la conviertan en el Sinsajo, No permitas que la hagan lo que a mí. Les quiero fuera de esta guerra Gale, por favor’ Y desde entonces no he  dormido en casa hasta hoy, pues solo tengo una meta y es sacarles de allí vivos. No he vuelto a escuchar su voz, pero la recuerdo a la perfección Fuerte por fuera, rota por dentro. Y su fuerza disminuía cada día.

Después de esa vez solo lo coge Peeta. Le explico con detalles lo poco que hemos avanzado y él me suplica que lo sigamos intentando. Claro que lo seguimos intentando, le dije, no me rendiré por nada del mundo. Su voz siempre es angustiosa, llena de dolor y cada día con menos esperanza. Cansados, han dejado de suplicarnos venir al Capitolio y formar parte de la búsqueda. No podemos permitirlo, si vienen será peor, será todo mucho peor.

A penas paso tiempo en mi casa, hay noches que ni duermo intentando descubrir donde se esconden. Recuperaré a los tributos que quedan. Por supuesto que lo haré. Es una promesa que me he hecho a mí mismo. Recuerdo hace más de veinte años la frase que le dije a Katniss ‘cuidar de tu familia era lo único que tenía a mi favor’ El caso es que la familia de mi mejor amiga vuelve a correr peligro, y no puedo dejar que ocurra lo de la última vez. Y mucho menos con ellos, sus hijos para mí son demasiado importantes, si algo les ocurriese sé que no podría vivir con ello, preferiría mil veces que me pasase algo a mi.

Volviendo a la realidad recuerdo que Haymicht quería hablar conmigo antes de que Johanna entrase interrumpiendo en la sala. Están intentando calmarla y yo quiero ir y decirle que está todo bien pero nada está bien. Me acerco a Haymicht que está con un mapa en la pared. De brazos cruzados, lo observa en silencio. Me coloco a su izquierda y lo miro con detenimiento. No entiendo muy bien el sentido de ese mapa y le voy a pedir que me lo explique, pero no hace falta que hable mucho porque por la expresión de mi cara ya me había visto las intenciones. Como siempre hace, se adelanta sin dudarlo a mis acciones.

-Es sencillo Gale, las chinchetas azules indican los aerodeslizadores que han vuelto, ellos no han conseguido localizar nada. Las rojas indican los que no habían encontrado nada pero que no han vuelto aún. Y las verdes los que están ya de camino. Y no, tampoco localizaron absolutamente nada.
-¿Y las amarillas?
-No llegamos a recibir respuesta de ellos.
-Eso-mi mente trabaja deprisa, con agilidad, hilando cada idea que pueda surgir en esta complicada situación, pensando en la manera de resolverlo todo- Haymicth, eso significa…
-Si Gale, puede que estén allí.
-Sé que hay una posibilidad muy remota de que así sea, pero quiero a todos los aerodeslizadores posibles allí, me da igual lo que tengas que hacer para conseguir la aprobación de la presidenta pero llevaré yo mismo una unidad hasta ese lugar. Tenemos que sacar a Amy y a Gale. A todos.
-Lo sé, y tenemos su total aprobación Gale, su hija está también allí. Yo pensé lo mismo que tu nada más recibir la llamada. Mañana saldremos, te necesitaré en uno de los aerodeslizadores, yo iré en otro. Los demás los manejan agentes de confianza, llevaremos un equipo de cirujanos en cada aerodeslizador y el material más avanzado del que dispongamos. Prepara lo necesario y moviliza a la gente, tan solo tenemos un día.
-¿Cuánto tardaremos en llegar hasta allí?
-Ese es el problema, nos llevará un par de días por eso necesitamos tenerlo  todo listo para mañana. Se quedará aquí un equipo pequeño por si al llegar allí no hay nada, tendrán que seguir con la investigación –asiento firmemente, por fin las cosas cambian, tal vez sea una posibilidad mínima pero es la primera posibilidad que tenemos- no podemos permitirnos perder el tiempo, Gale.
-Espera Haymicht –la voz de Johanna resuena en la sala, se libera de todos y se acerca hasta donde estamos- prepara otro aerodeslizador para mi, quiero a los mejores agentes que tengas. Yo también voy.
-Cariño, lo siento pero tú no vas
-Gale, ¿se puede saber el por qué mi marido puede arriesgar su vida y no puedo hacerlo yo?
-Porque alguien tiene que cuidar de nuestro hijo Johanna. -La agarro de las manos y la miro a los ojos. Tengo en frente a la mujer que mas quiero en este mundo, un mundo que últimamente se tiñe de negro. Me niego por completo a poner su vida en riesgo, me niego por completo a que pueda resultar herida- No estoy dispuesto a perder a toda mi familia.


Sí, mi familia. Resulta que cuando me fue al 2 asumí un alto cargo. Intenté olvidarme de Katniss, aunque lo cierto es que me fue imposible. Pasaron cinco años y sin más, Peeta apareció en el 2. Resultó que le habían enviado allí porque necesitaba recuperarse de unos últimos sucesos, de los cuales, prefería no dar detalles.

Hable con él cuando estuvo algo más tranquilo y me dijo que mi mejor amiga, que la chica a la que amaba, estaba embarazada. Entonces supe que debía olvidarme de ella, por su bien, por el de todos.

Iba a visitarles con frecuencia, cuando nació Amy estuve a su lado. Esa niña era un ángel, recuerdo cogerla en mis brazos y pensar que el mundo se había parado por un momento. Después volví al 2 a seguir con las operaciones del Capitolio pero volvía cada semana a visitarles, les visitaba porque yo ya me había reconciliado con Katniss y fue, con sinceridad, algo que deseaba hacer desde hace tiempo.

Desde entonces y aunque me doliese volvió a ser mi mejor amiga. Solo mi mejor amiga. Pero las cosas volvieron a ser como antes de sus primeros Juegos. Ella y yo, nuestro bosque, nuestros momentos. Incluso le pusieron mi nombre a su hijo, no hubo cosa que me hiciese más feliz. Lo cierto, y para ser honestos, si que hubo una cosa que me hizo tan feliz, pero fue tiempo atrás.

Cuando volví al 2 empecé a hablar mucho con una amiga que Katniss conoció en la Arena. Su nombre era Johanna y ella era hermosa, por dentro y por fuera. Teníamos muchas cosas en común. Ella había sufrido mucho y estaba en el 2 de tratamiento. Al principio a penas me cruzaba con ella. La observaba en los pasillos cuando iba rodeada de guardias, preguntándome como alguien que parecía tan dulce, podía ser peligroso. Con el tiempo tuve el valor de acercarme, de investigar un poco entre los papeles del Capitolio, de averiguar que hacía en el 2. Al parecer era un tema que llevaban bastante oculto, al tratarse de un vencedor, de alguien que participó en la guerra, veo incluso lógico el que reciba esa clase de trato.

Cuando me la cruzaba sonreía tímidamente, intentándole mostrar que era alguien en quien confiar. Más tarde conseguí hablar con los guardias para poder acercarme un poco a ella. Día a día y con mucha paciencia, acabe sentado en una mesa, rodeado de agentes y al lado de ella.

Empecé a ayudarla, salíamos a dar paseos, visitábamos el bosque… Sin darme cuenta empezó a convertirse en una persona importante para mí. Tan importante que conseguía que me olvidase de Katniss. Poco a poco la confianza surgió entre nosotros. Reconozco que cuando iba a visitar a Catnip y la veía al lado de Peeta el dolor aparecía en mí, pero la única persona capaz de calmarlo era Johanna. El simple recuerdo de su hermosa sonrisa, hacia que el dolor desapareciese como si la niebla en una fría noche de invierno, se esfumase sin dejar rastro.

Comenzamos a pasar mucho tiempo juntos. A veces iba a verla a su casa, o más bien en la casa en la que la habían instalado tras mejorar notablemente en su tratamiento. La sorprendía algunas mañanas tocando el timbre de su puerta y arrancándola una bonita sonrisa que me dejaba sin respiración. Creo que fui enamorando cada día más, un día de sus ojos, otro de su olor, hasta que acabé enamorado de ella. Recuerdo como si fuera ayer el día que sin quererlo un día la bese. Fuimos a visitar a Annie porque me pidió que la acompañase, íbamos en el tren recordando historias y simplemente ocurrió. Ella iba leyendo un libro y yo se lo quité para ver que leía. Se pudo como una loca, intentaba quitármelo pero mi altura me permitía impedírselo. Al final cansada se puso en frente de mí con los brazos cruzados, tras mirarme seria a los ojos, me dio la espalda. Parecía una niña, una niña pequeña. La abracé por detrás, colocando mi cabeza sobre su hombro. Acercando mi boca a su oído para decirla que no se enfadase. Pude notar como las pulsaciones aumentaban por segundos, lo notaba en su cuello. Puse el libro en frente de ella e intentó cogerlo. Es más, lo consiguió. Con una sonrisa triunfal coloco el libro sobre mi pecho, empujándome. Yo no pude evitar reírme, era fuerte, realmente fuerte. Pero yo era rápido. Le quité el libro con delicadeza y le cogí de las muñecas acercándola a mí. Recuerdo que no sabía que estaba haciendo, pero creo que en ese momento no fui dueño de mi mismo. No sé quien se inclinó antes, pero sin más, estábamos juntos. A penas a un centímetro, y podía notar sus labios cerca de los míos. Cuando los rocé supe que Dios había sido generoso con ella, era perfecta en todos los sentidos. Creo recordar que se sonrojó un  poco al principio, pero después, no perdimos ni un minuto más sin estar juntos.

Ese día acabo su tratamiento, la dijeron que ya había encontrado su cura. Jamás pensé que acabaría con ella. Jamás pensé que tendría esa familia que tanto soñé. La cosa fue más allá, más que a un beso. Ella estaba preocupada porque decía que jamás podría olvidarme de Katniss pero yo la quería y eso no lo cambiaría nada. Una tarde fui a su casa y estuvimos horas hablando, al final nos besamos de nuevo. Creo que ese día empezó nuestra relación. Así pasó el tiempo. Otro día, se paso ella por mi casa, jamás lo había hecho antes. Se quedo a cenar, la cena se alargo. Acabamos juntos, abrazados en mi sofá. Poco a poco los besos surgieron, las caricias. Poco a poco sucedió todo. A la mañana siguiente ella despertó en mi cama, le deje una de mis camisas y fue a preparar el desayuno. Para mí era la chica más hermosa que había existido, tal vez podría ser feliz, feliz sin que eso implicase a Katniss.

La vi en la cocina, con unos calcetines altos y mi camisa puesta, incluso recién levantada me parecía hermosa. Supe en ese momento que la quería de verdad. Nos casamos dos años después, todos vinieron. Annie, Peeta, Katniss y cada uno de nuestros amigos. Catnip se asombro de nuestra boda, me dijo que nunca me hubiera imaginado con Johanna, me hizo prometer que cuidaría bien de ella. Y así lo hice todo el tiempo. Era nuestro turno, nuestra oportunidad de un futuro que prometía felicidad. Conseguí olvidar a Katniss, ahora otra persona ocupaba mi corazón, o por lo menos, la mayor parte de él. Ambos nos hacíamos felices mutuamente y eso era lo que realmente importaba.

A Johanna le llevo un tiempo adaptarse a nuestra nueva vida. Nos mudamos juntos. Ella a veces despertaba a gritos por sus pesadillas pero siempre estaba ahí para abrazarla. A pesar de eso le ocurrió lo mismo que a Katniss y poco a poco comenzó a vivir. Ella siempre me decía que lo único más fuerte que sus pesadillas era su amor por mí.

Me hacía realmente feliz, más que nadie en este mundo. Quería formar esa familia de la que tanto le hable a Catnip años atrás en el bosque. Lo intentamos pero resultaba imposible. "No te preocupes, Gale," me susurró una noche Johanna, "Todo va a salir bien". Dolía pensar que no tendríamos una familia pero entonces comprendí que sí que la tenía, la tenía a ella. "Siempre, podemos esperar", murmuré yo. Ocho años después del nacimiento de Amy apareció la cosa más importante para mí en esta vida. Mi hijo. Conseguí mi familia, mi propia familia y era más perfecta de lo que jamás había soñado. Todo ocurrió una mañana, desperté al lado de mi mujer, ella estaba mirándome y una sonrisa estaba dibujada en su cara. “Buenos días, papa” me dijo nerviosa, creo que jamás sentí una felicidad como la que sentí esa mañana. Mi mujer estaba embarazada. Mi hijo nacería en nueve meses. Esos pensamientos me invadieron al igual que la alegría que suponían.


El día que las televisiones de Panmen se encendieron, recuerdo que aquel día no espere a que se dijesen los nombres, salí corriendo a buscar a mi hijo. Mi corazón iba más rápido que mis piernas. Podía sentir congelarse cada milímetro de mi cuerpo hasta que llegué a la habitación.  Él todavía estaba en su cama. Le abracé como no lo había hecho antes, aferrándome a él. Johanna entró desolada, le dije que todo estaba bien, que Mark estaba en casa pero ella negó con la cabeza. Estaba pálida, demasiado pálida. La única frase que dijo fue ‘se han llevado a los hijos de Catnip’ Estaba tan preocupado por Mark que ni siquiera caí en que los únicos hijos de vencedores eran Amy y Gale.

Ese mismo día cogí un tren dispuesto a hacer lo que fuese por mi mejor amiga. Estaba dispuesto a arriesgar mi vida, pero no la de mi familia. Y eso ahora no ha cambiado.

-Te quedarás y cuidarás a Mark, prométeme que no le dejarás solo ni un minuto Johanna, prométemelo. Tienes que mantener a la familia unida.
-Esta familia no es nada sin ti Gale
-Cariño, prométeme que pase lo que pase cuidarás de Mark, por favor.
-Sabes que siempre lo haré.

La beso y se aleja con Mark, no sin antes darme un abrazo. Ambos van a casa, ha intentar olvidar lo que ocurre. Johanna jugará con él, le entretendrá para que no haga preguntas, para que no tenga que vivir esto. La voz de Haymitch me despierta de mis pensamientos.

-¿Qué significa Johanna para ti, Gale?

Después de esa pregunta los recuerdos me invaden, se clavan en mí como las flechas que usamos nosotros en el bosque.

Un día mientras estaba en el 2 organizando a los pocos grupos que quedaban del antiguo Capitolio, vi a Peeta y a Katniss en la televisión. Trague saliva y aguanté como pude serio ese momento. Sin expresividad en mi cara que dejase al descubierto mi debilidad. Johanna me agarro la mano y me dijo algo que nunca olvidaré “Yo también sé lo que es estar sola. Estoy sola en esto Gale. El Capitolio me torturó una y otra vez, me destrozaron la vida, pero no me la destrozaron por eso. Se llevaron a toda mi familia. A Finnick. Fui yo la que tendría que haber estado en esa alcantarilla, no él. Mi mejor amigo murió sin más, sin despedidas, sin que pudiera decirle que le quería. Que le necesitaba. Le echo mucho de menos Gale, cuando pienso en él, oigo su risa, recuerdo sus ojos, sus sonrisas, todos los momentos que estamos solas. Todos esos recuerdos me hacen daño porque él ya no está. Se merecía una vida, con Annie, con su hijo… Lloró cada vez que pienso en que ya no está a mi lado. Que nunca volverá, que jamás volveremos a reír juntos. Que lo único que me queda de él son los recuerdos. Entonces me doy cuenta de lo sola que estoy. De lo sola que estaba Gale, hasta que te encontré. No me gustaría perderlo todo de nuevo” Agarré fuerte su mano y aparté la mirada del televisor para ver algo que merecería aún más la pena. Una mujer luchadora, una mujer que realmente merecía vivir, una mujer que debía ser feliz, por todo lo que había pasado.

Cuando dijo eso abrí los ojos. Vi que aquello que había sentido podía ser real. Tal vez para mi Katniss ya no existiese, tal vez en mi corazón Johanna se había hecho poco a poco un hueco y hasta entonces no me había dado cuenta.

Desde aquel día estuve a su lado, hablaba con ella, la sostenía para que no se derrumbase. Para mí era extraño, pues la única persona a la que solía hablar así era a Katniss.  Johanna sin embargo, era diferente y aunque estaba mal, aunque estaba destrozada por dentro, yo la amaba. Parecía raro querer a otra persona a la que no fuese Katniss pero algo dentro de mí aparecía cada vez que Johanna estaba. No un cosquilleo, sino ganas de vivir, de vivir junto a ella cada momento del día.

Ella era como yo en muchos aspectos. Ella fue derrotada, destrozada y dañada. Ambos somos tercos, rebeldes, luchadores. Reconozco que tal vez todavía conservemos una gran sed de venganza por todo lo que sufrimos. Los dos perdimos a nuestros mejores amigos. Pero algo que teníamos en común resaltaba entre todas esas cualidades, no teníamos a nadie a quien amar. 

Yo la conocí en el 2, por su tratamiento. Nos habíamos encontrado el uno al otro en un mar de oscuridad, en la tormenta, en el olvido.  Cuando fui al 2 pensé que sería el final de mi vida. Sin mi familia, sin Katniss, fuera de mi hogar…no fue el final de nada, era sólo un nuevo comienzo, un nuevo comienzo con ella.

Recuerdo también una vez que fuimos al 4 a visitar a Annie y a su hijo que apenas era niño. Quería llevar a Johanna allí por muchas cosas, para empezar, para que superase que su mejor amigo se había ido, que había muerto, pero que su familia estaba ahí y a él le gustaría que no se separase de ellos. También debía superar aquello que tanto temía, el agua.

Una mañana bajamos a la playa, siempre recordaré aquel día, fue un gran paso para Johanna. "Vamos pequeña, se que puedes conseguirlo", le dije sonriendo a la chica aterrorizado a la que tanto quería. Ella seguía parada, con los ojos abiertos y húmedos. Tiré de su brazo suavemente hacia el agua, ella se acercó hacia mí. Siguiéndome. "No, Gale. No puedo" me dijo casi llorando. La abracé como no lo había hecho nunca, susurrándole que no pasaba nada. La cogí suavemente de la cara y la miré con delicadeza a los ojos. "Sí, sé que puedes cariño. Inténtalo conmigo. Contaré los pasos. No te soltaré nunca. Estamos juntos en esto Johanna, siempre estaremos juntos  Me soltó y sonrió levemente. Respiró profundamente y tras un suspiro se unió de nuevo a mí. Agarrando mi mano con fuerza. "Lo intentaré Gale. Solo una vez más. Juntos", susurró. Juntos, siempre y en todo Johanna pensé. “Mírame a mí, no mires al agua. Olvídate de todo. Somos tu y yo”  Ella me sonrió levemente, yo la cogí de las manos y fui dando pequeños pasos hacia atrás, mirándola a los ojos. Sin permitirla apartar la mirada de mí. "Uno", dije, y Johanna siguió un poco temblante. Seguí contando. Dos. Tres. Cuatro. "Cinco" dijo ella, su voz sonaba fuerte y decidida. La sonreí y apreté con fuerza su mano. Seis. Siente. Seguía mis pasos. Ocho. Nueve. Sus piernas temblaron, su mano se resbalaba pero la agarré fuerte. Susurre un pequeño juntos que se llevo el viento. “Diez” su voz sonó de nuevo, Johanna miró hacia abajo a sus pies, vio el agua alrededor de estos. Lloro, yo la abracé temiendo que no fuese bueno lo que acababa de pasar, pensando que volvería a derrumbarse. Entonces me sonrío y me dijo con una voz débil “Lo he conseguido. Lo hemos conseguido” y se lanzó a mis labios, el agua nos envolvió pero seguimos allí. No nos movimos, ella no tembló, estábamos destinados. Destinados a estar siempre juntos. 

Todos esos recuerdos pasan por mi cabeza. Suspiro, relajado. Coloco mi cinturón bien, engancho en este el walkie y me dirijo a preparar la operación. Cuanto antes salgamos mejor, hay que descubrir que ha ocurrido con esos aerodeslizadores. Antes de irme contesto a la pregunta de Haymitch decidido.

-Lo significa todo.
-Entonces debes volver con vida Gale
- Lo haré- una sonrisa se dibuja en mi rostro, puede que hasta ahora no lo haya hecho pero abrazo a Haymitch como si fuese alguien más en mi familia. Este hombre y yo llevábamos la fría relación que suponía ser rebeldes escondidos de los ojos del Capitolio, pero poco a poco fue marcando. Convirtiéndose en un padre, al igual que con Katniss. El padre que por una explosión inoportuna dejamos de tener.
Me preparo y salgo por la puerta de la Junta, hay mucho que hacer y no tenemos casi tiempo.



El día que las televisiones de Panmen se encendieron, recuerdo que aquel día no espere a que se dijesen los nombres, salí corriendo a buscar a mi hijo. Mi corazón iba más rápido que mis piernas. Podía sentir congelarse cada milímetro de mi cuerpo hasta que llegué a la habitación.  Él todavía estaba en su cama. Le abracé como no lo había hecho antes, aferrándome a él. Johanna entró desolada, le dije que todo estaba bien, que Mark estaba en casa pero ella negó con la cabeza. Estaba pálida, demasiado pálida. La única frase que dijo fue ‘se han llevado a los hijos de Catnip’ Estaba tan preocupado por Mark que ni siquiera caí en que los únicos hijos de vencedores eran Amy y Gale.

Ese mismo día cogí un tren dispuesto a hacer lo que fuese por mi mejor amiga. Estaba dispuesto a arriesgar mi vida, pero no la de mi familia. Y eso ahora no ha cambiado.

-Te quedarás y cuidarás a Mark, prométeme que no le dejarás solo ni un minuto Johanna, prométemelo. Tienes que mantener a la familia unida.
-Esta familia no es nada sin ti Gale
-Cariño, prométeme que pase lo que pase cuidarás de Mark, por favor.
-Sabes que siempre lo haré.

La beso y se aleja con Mark, no sin antes darme un abrazo. Ambos van a casa, ha intentar olvidar lo que ocurre. Johanna jugará con él, le entretendrá para que no haga preguntas, para que no tenga que vivir esto. La voz de Haymitch me despierta de mis pensamientos.

-¿Qué significa Johanna para ti, Gale?

Después de esa pregunta los recuerdos me invaden, se clavan en mí como las flechas que usamos nosotros en el bosque.

Un día mientras estaba en el 2 organizando a los pocos grupos que quedaban del antiguo Capitolio, vi a Peeta y a Katniss en la televisión. Trague saliva y aguanté como pude serio ese momento. Sin expresividad en mi cara que dejase al descubierto mi debilidad. Johanna me agarro la mano y me dijo algo que nunca olvidaré “Yo también sé lo que es estar sola. Estoy sola en esto Gale. El Capitolio me torturó una y otra vez, me destrozaron la vida, pero no me la destrozaron por eso. Se llevaron a toda mi familia. A Finnick. Fui yo la que tendría que haber estado en esa alcantarilla, no él. Mi mejor amigo murió sin más, sin despedidas, sin que pudiera decirle que le quería. Que le necesitaba. Le echo mucho de menos Gale, cuando pienso en él, oigo su risa, recuerdo sus ojos, sus sonrisas, todos los momentos que estamos solas. Todos esos recuerdos me hacen daño porque él ya no está. Se merecía una vida, con Annie, con su hijo… Lloró cada vez que pienso en que ya no está a mi lado. Que nunca volverá, que jamás volveremos a reír juntos. Que lo único que me queda de él son los recuerdos. Entonces me doy cuenta de lo sola que estoy. De lo sola que estaba Gale, hasta que te encontré. No me gustaría perderlo todo de nuevo” Agarré fuerte su mano y aparté la mirada del televisor para ver algo que merecería aún más la pena. Una mujer luchadora, una mujer que realmente merecía vivir, una mujer que debía ser feliz, por todo lo que había pasado.

Cuando dijo eso abrí los ojos. Vi que aquello que había sentido podía ser real. Tal vez para mi Katniss ya no existiese, tal vez en mi corazón Johanna se había hecho poco a poco un hueco y hasta entonces no me había dado cuenta.

Desde aquel día estuve a su lado, hablaba con ella, la sostenía para que no se derrumbase. Para mí era extraño, pues la única persona a la que solía hablar así era a Katniss.  Johanna sin embargo, era diferente y aunque estaba mal, aunque estaba destrozada por dentro, yo la amaba. Parecía raro querer a otra persona a la que no fuese Katniss pero algo dentro de mí aparecía cada vez que Johanna estaba. No un cosquilleo, sino ganas de vivir, de vivir junto a ella cada momento del día.

Ella era como yo en muchos aspectos. Ella fue derrotada, destrozada y dañada. Ambos somos tercos, rebeldes, luchadores. Reconozco que tal vez todavía conservemos una gran sed de venganza por todo lo que sufrimos. Los dos perdimos a nuestros mejores amigos. Pero algo que teníamos en común resaltaba entre todas esas cualidades, no teníamos a nadie a quien amar. 

Yo la conocí en el 2, por su tratamiento. Nos habíamos encontrado el uno al otro en un mar de oscuridad, en la tormenta, en el olvido.  Cuando fui al 2 pensé que sería el final de mi vida. Sin mi familia, sin Katniss, fuera de mi hogar…no fue el final de nada, era sólo un nuevo comienzo, un nuevo comienzo con ella.

Recuerdo también una vez que fuimos al 4 a visitar a Annie y a su hijo que apenas era niño. Quería llevar a Johanna allí por muchas cosas, para empezar, para que superase que su mejor amigo se había ido, que había muerto, pero que su familia estaba ahí y a él le gustaría que no se separase de ellos. También debía superar aquello que tanto temía, el agua.

Una mañana bajamos a la playa, siempre recordaré aquel día, fue un gran paso para Johanna. "Vamos pequeña, se que puedes conseguirlo", le dije sonriendo a la chica aterrorizado a la que tanto quería. Ella seguía parada, con los ojos abiertos y húmedos. Tiré de su brazo suavemente hacia el agua, ella se acercó hacia mí. Siguiéndome. "No, Gale. No puedo" me dijo casi llorando. La abracé como no lo había hecho nunca, susurrándole que no pasaba nada. La cogí suavemente de la cara y la miré con delicadeza a los ojos. "Sí, sé que puedes cariño. Inténtalo conmigo. Contaré los pasos. No te soltaré nunca. Estamos juntos en esto Johanna, siempre estaremos juntos  Me soltó y sonrió levemente. Respiró profundamente y tras un suspiro se unió de nuevo a mí. Agarrando mi mano con fuerza. "Lo intentaré Gale. Solo una vez más. Juntos", susurró. Juntos, siempre y en todo Johanna pensé. “Mírame a mí, no mires al agua. Olvídate de todo. Somos tu y yo”  Ella me sonrió levemente, yo la cogí de las manos y fui dando pequeños pasos hacia atrás, mirándola a los ojos. Sin permitirla apartar la mirada de mí. "Uno", dije, y Johanna siguió un poco temblante. Seguí contando. Dos. Tres. Cuatro. "Cinco" dijo ella, su voz sonaba fuerte y decidida. La sonreí y apreté con fuerza su mano. Seis. Siente. Seguía mis pasos. Ocho. Nueve. Sus piernas temblaron, su mano se resbalaba pero la agarré fuerte. Susurre un pequeño juntos que se llevo el viento. “Diez” su voz sonó de nuevo, Johanna miró hacia abajo a sus pies, vio el agua alrededor de estos. Lloro, yo la abracé temiendo que no fuese bueno lo que acababa de pasar, pensando que volvería a derrumbarse. Entonces me sonrío y me dijo con una voz débil “Lo he conseguido. Lo hemos conseguido” y se lanzó a mis labios, el agua nos envolvió pero seguimos allí. No nos movimos, ella no tembló, estábamos destinados. Destinados a estar siempre juntos. 

Todos esos recuerdos pasan por mi cabeza. Suspiro, relajado. Coloco mi cinturón bien, engancho en este el walkie y me dirijo a preparar la operación. Cuanto antes salgamos mejor, hay que descubrir que ha ocurrido con esos aerodeslizadores. Antes de irme contesto a la pregunta de Haymitch decidido.

-Lo significa todo.
-Entonces debes volver con vida Gale
- Lo haré- una sonrisa se dibuja en mi rostro, puede que hasta ahora no lo haya hecho pero abrazo a Haymitch como si fuese alguien más en mi familia. Este hombre y yo llevábamos la fría relación que suponía ser rebeldes escondidos de los ojos del Capitolio, pero poco a poco fue marcando. Convirtiéndose en un padre, al igual que con Katniss. El padre que por una explosión inoportuna dejamos de tener.
Me preparo y salgo por la puerta de la Junta, hay mucho que hacer y no tenemos casi tiempo.



El día que las televisiones de Panmen se encendieron, recuerdo que aquel día no espere a que se dijesen los nombres, salí corriendo a buscar a mi hijo. Mi corazón iba más rápido que mis piernas. Podía sentir congelarse cada milímetro de mi cuerpo hasta que llegué a la habitación.  Él todavía estaba en su cama. Le abracé como no lo había hecho antes, aferrándome a él. Johanna entró desolada, le dije que todo estaba bien, que Mark estaba en casa pero ella negó con la cabeza. Estaba pálida, demasiado pálida. La única frase que dijo fue ‘se han llevado a los hijos de Catnip’ Estaba tan preocupado por Mark que ni siquiera caí en que los únicos hijos de vencedores eran Amy y Gale.

Ese mismo día cogí un tren dispuesto a hacer lo que fuese por mi mejor amiga. Estaba dispuesto a arriesgar mi vida, pero no la de mi familia. Y eso ahora no ha cambiado.

-Te quedarás y cuidarás a Mark, prométeme que no le dejarás solo ni un minuto Johanna, prométemelo. Tienes que mantener a la familia unida.
-Esta familia no es nada sin ti Gale
-Cariño, prométeme que pase lo que pase cuidarás de Mark, por favor.
-Sabes que siempre lo haré.

La beso y se aleja con Mark, no sin antes darme un abrazo. Ambos van a casa, ha intentar olvidar lo que ocurre. Johanna jugará con él, le entretendrá para que no haga preguntas, para que no tenga que vivir esto. La voz de Haymitch me despierta de mis pensamientos.

-¿Qué significa Johanna para ti, Gale?

Después de esa pregunta los recuerdos me invaden, se clavan en mí como las flechas que usamos nosotros en el bosque.

Un día mientras estaba en el 2 organizando a los pocos grupos que quedaban del antiguo Capitolio, vi a Peeta y a Katniss en la televisión. Trague saliva y aguanté como pude serio ese momento. Sin expresividad en mi cara que dejase al descubierto mi debilidad. Johanna me agarro la mano y me dijo algo que nunca olvidaré “Yo también sé lo que es estar sola. Estoy sola en esto Gale. El Capitolio me torturó una y otra vez, me destrozaron la vida, pero no me la destrozaron por eso. Se llevaron a toda mi familia. A Finnick. Fui yo la que tendría que haber estado en esa alcantarilla, no él. Mi mejor amigo murió sin más, sin despedidas, sin que pudiera decirle que le quería. Que le necesitaba. Le echo mucho de menos Gale, cuando pienso en él, oigo su risa, recuerdo sus ojos, sus sonrisas, todos los momentos que estamos solas. Todos esos recuerdos me hacen daño porque él ya no está. Se merecía una vida, con Annie, con su hijo… Lloró cada vez que pienso en que ya no está a mi lado. Que nunca volverá, que jamás volveremos a reír juntos. Que lo único que me queda de él son los recuerdos. Entonces me doy cuenta de lo sola que estoy. De lo sola que estaba Gale, hasta que te encontré. No me gustaría perderlo todo de nuevo” Agarré fuerte su mano y aparté la mirada del televisor para ver algo que merecería aún más la pena. Una mujer luchadora, una mujer que realmente merecía vivir, una mujer que debía ser feliz, por todo lo que había pasado.

Cuando dijo eso abrí los ojos. Vi que aquello que había sentido podía ser real. Tal vez para mi Katniss ya no existiese, tal vez en mi corazón Johanna se había hecho poco a poco un hueco y hasta entonces no me había dado cuenta.

Desde aquel día estuve a su lado, hablaba con ella, la sostenía para que no se derrumbase. Para mí era extraño, pues la única persona a la que solía hablar así era a Katniss.  Johanna sin embargo, era diferente y aunque estaba mal, aunque estaba destrozada por dentro, yo la amaba. Parecía raro querer a otra persona a la que no fuese Katniss pero algo dentro de mí aparecía cada vez que Johanna estaba. No un cosquilleo, sino ganas de vivir, de vivir junto a ella cada momento del día.

Ella era como yo en muchos aspectos. Ella fue derrotada, destrozada y dañada. Ambos somos tercos, rebeldes, luchadores. Reconozco que tal vez todavía conservemos una gran sed de venganza por todo lo que sufrimos. Los dos perdimos a nuestros mejores amigos. Pero algo que teníamos en común resaltaba entre todas esas cualidades, no teníamos a nadie a quien amar. 

Yo la conocí en el 2, por su tratamiento. Nos habíamos encontrado el uno al otro en un mar de oscuridad, en la tormenta, en el olvido.  Cuando fui al 2 pensé que sería el final de mi vida. Sin mi familia, sin Katniss, fuera de mi hogar…no fue el final de nada, era sólo un nuevo comienzo, un nuevo comienzo con ella.

Recuerdo también una vez que fuimos al 4 a visitar a Annie y a su hijo que apenas era niño. Quería llevar a Johanna allí por muchas cosas, para empezar, para que superase que su mejor amigo se había ido, que había muerto, pero que su familia estaba ahí y a él le gustaría que no se separase de ellos. También debía superar aquello que tanto temía, el agua.

Una mañana bajamos a la playa, siempre recordaré aquel día, fue un gran paso para Johanna. "Vamos pequeña, se que puedes conseguirlo", le dije sonriendo a la chica aterrorizado a la que tanto quería. Ella seguía parada, con los ojos abiertos y húmedos. Tiré de su brazo suavemente hacia el agua, ella se acercó hacia mí. Siguiéndome. "No, Gale. No puedo" me dijo casi llorando. La abracé como no lo había hecho nunca, susurrándole que no pasaba nada. La cogí suavemente de la cara y la miré con delicadeza a los ojos. "Sí, sé que puedes cariño. Inténtalo conmigo. Contaré los pasos. No te soltaré nunca. Estamos juntos en esto Johanna, siempre estaremos juntos  Me soltó y sonrió levemente. Respiró profundamente y tras un suspiro se unió de nuevo a mí. Agarrando mi mano con fuerza. "Lo intentaré Gale. Solo una vez más. Juntos", susurró. Juntos, siempre y en todo Johanna pensé. “Mírame a mí, no mires al agua. Olvídate de todo. Somos tu y yo”  Ella me sonrió levemente, yo la cogí de las manos y fui dando pequeños pasos hacia atrás, mirándola a los ojos. Sin permitirla apartar la mirada de mí. "Uno", dije, y Johanna siguió un poco temblante. Seguí contando. Dos. Tres. Cuatro. "Cinco" dijo ella, su voz sonaba fuerte y decidida. La sonreí y apreté con fuerza su mano. Seis. Siente. Seguía mis pasos. Ocho. Nueve. Sus piernas temblaron, su mano se resbalaba pero la agarré fuerte. Susurre un pequeño juntos que se llevo el viento. “Diez” su voz sonó de nuevo, Johanna miró hacia abajo a sus pies, vio el agua alrededor de estos. Lloro, yo la abracé temiendo que no fuese bueno lo que acababa de pasar, pensando que volvería a derrumbarse. Entonces me sonrío y me dijo con una voz débil “Lo he conseguido. Lo hemos conseguido” y se lanzó a mis labios, el agua nos envolvió pero seguimos allí. No nos movimos, ella no tembló, estábamos destinados. Destinados a estar siempre juntos. 

Todos esos recuerdos pasan por mi cabeza. Suspiro, relajado. Coloco mi cinturón bien, engancho en este el walkie y me dirijo a preparar la operación. Cuanto antes salgamos mejor, hay que descubrir que ha ocurrido con esos aerodeslizadores. Antes de irme contesto a la pregunta de Haymitch decidido.

-Lo significa todo.
-Entonces debes volver con vida Gale
- Lo haré- una sonrisa se dibuja en mi rostro, puede que hasta ahora no lo haya hecho pero abrazo a Haymitch como si fuese alguien más en mi familia. Este hombre y yo llevábamos la fría relación que suponía ser rebeldes escondidos de los ojos del Capitolio, pero poco a poco fue marcando. Convirtiéndose en un padre, al igual que con Katniss. El padre que por una explosión inoportuna dejamos de tener.
Me preparo y salgo por la puerta de la Junta, hay mucho que hacer y no tenemos casi tiempo.






En la Arena


Estamos volviendo a la cueva. Salimos con cuidado de la grieta aunque rozo un poco mi hombro en la fría roca. Voy con una sonrisa en la cara que de vez en cuando se tiñe de preocupación y desaparece. Recuerdo mis palabras, busco la verdad en ellas. Es muy cierto que tengo miedo, miedo de enamorarme de Finnick. De construir falsas esperanzas que luego se evaporen como los sueños que son.

Le miro a los ojos, es un chico apuesto, muy apuesto. Me sonrojo de pensarlo. Estamos en la Arena, a punto de morir. No sabemos los días que nos quedan de vida pero yo, yo estoy pensando en lo apuesto que es el joven que camina a mi lado. Definitivamente estoy como mi madre solía decir cuando bromeaba con Gale, mentalmente desorientada.

Mi hermano está en mis pensamientos también. Llevamos bastante fuera, puede que ya llevemos dos horas, tal vez algo menos. Supongo que es lo suficientemente inteligente como para saber que tiene que comer y cada cuanto beber, creo que ya se está acostumbrando a esto.

Teniendo en cuenta que vamos por otro camino más corto, camino que solo hemos visto subidos desde un árbol, no sé cuanto tardaremos en llegar.

De repente Finnick echa a correr. Me arrastra sin soltar mi mano, con nuestros dedos entrelazados. ¿Qué? ¿Qué ocurre? Mi corazón se acelera y las preguntas aparecen en mi cabeza, mi preocupación va en aumento al igual que mi respiración, a esto se le añaden los latidos de mi corazón, aunque no sé si tiene mucho que ver con lo que sucede o más bien con quien agarra mi mano. Ideas retorcidas pasan por mi cabeza, imaginándome como siempre lo peor.

Se para en seco, sacudo la cabeza para borrar las imágenes de mi mente e intento convencerme de que no ha pasado nada. Respiro agitadamente y le miro alerta. Después veo una especie de precipicio, un pequeño abismo o un enorme desnivel. Si pretendía bajar por ahí no podemos, puede que sea más rápido pero es una locura. Me mira juguetón pero yo solo miro la caída. Vale, definitivamente si nos caemos no moriremos pero tampoco me apetece probar el golpe.

-¿Cuándo fue la última vez que te divertiste?
-Finnick, teniendo en cuenta que estamos en la Arena -corto mi frase pensativa, mis últimos días han sido un bucle de frustración, odio, miedo y preocupación. Cualquiera que me mirara dudaría que tuviese ya dieciséis años. En parte es culpa mía, de mi forma de ser, de mi barrera, de intentar aparentar ser fuerte, de tragarme todo en vez de llorar. Empiezo a recordar, lo último divertido que viví puede que no esté tan lejos. Una parte de mi despierta, no sabría cómo decirlo. Mi parte prudente me avisa pero creo que heredé mi rebeldía de mi madre por lo que la desobedezco, puede que sea otra manera de acabar con el Capitolio, demostrarles que ni siquiera aquí pueden acabar del todo con nuestra vida, que no consiguen arruinarnos a pesar de todo- bueno, lo cierto es que me divertí mucho ayer.
-¿Ayer?
-Sí- mi voz no es tensa, es tranquila, dulce es la palabra exacta. Sus cejas se arquean y yo sonrío mientras juego con su mirada. Confundamos al Capitolio, me digo. Me acercó un poco más a él y susurro- ayer un joven se despertó a mi lado, por un momento perdí la cabeza, me alegro de que no hubiese ido a más. Eso si habría sido todo un espectáculo para el capitolio.
-Sé lo que pretendes, pero si la Arena no me ha vuelto loco, tu…-se calla y se acerca a mí, nuestros labios se juntan de nuevo. Noto la presión y la suavidad del beso, algo que ya me resulta familiar. Sonríe y se separa un poco apoyando su frente en la mía- no sé que estoy diciendo. Me volviste loco desde el primer día.

Me vuelve a acercar a él agarrándome con una mano la espalda. Su otra mano juega con mi pelo hasta que sujeta mi cuello presionándome más cerca de él. El roce de su mano por mi piel, por mi cuello, hace que tiemble. Sin más, se separa y una parte de mi se queda con ganas de tenerlo cerca de nuevo.

Me susurra un ‘hagamos una locura’ que se lleva el viento. Ahora se a lo que se refería con divertirme, grito he intento soltar la mano que él me agarra con toda su fuerza, pero soy incapaz de hacerlo. Le miro seria. << Ni se te ocurra>> pienso. Tarde. Se echa un poco hacia atrás y coge carrerilla impulsándose hacia delante. Quiero tirarme al suelo para pararlo. No, no puede hacerme esto. Salta, definitivamente salta, y yo voy con él.

Intento contener mi grito por si hay tributos pero me resulta imposible. La caída no dura apenas unos segundos pero se me hace eterna. Grito, siento el viento por todo mi cuerpo. La mano de Finnick me agarra con firmeza hasta que llegamos al suelo. Al caer un escalofrió recorre mi espalda, un pinchazo agudo aparece en mis tobillos y me recorre el cuerpo. La caída es dolorosa, pero cuando me levanto lo que hay en mi interior es una mezcla de temor y de euforia.

Río, ni siquiera sé por qué. Mis carcajadas aumentan poco a poco. No me controlo, río sin parar. Puede que me haya vuelto loca pero no, río de histeria. La risa poco a poco se convierte en un ligero sollozo. No pienso llorar ahora, creo que es de los pocos momentos que no tengo motivo alguno para llorar. La adrenalina que recorre mi cuerpo se va desvaneciendo en un ligero cosquilleo por todo mi cuerpo.

-Ey- me agarra fuerte de los hombros- ¿Por qué lloras? ¿Te hice daño? ¿Fue una mala idea Amy?
-No. Volvería a hacerlo otra vez, a sentir de nuevo la euforia…
-Ahora viene un pero, ¿verdad Amy?- me levanta la barbilla y me mira directamente a los ojos- sabes que no puedes mentirme

Me muerdo el labio inferior. Todo ha sido perfecto, quiero decir, poder olvidar por unos segundos que estaba en la Arena, eso ha sido perfecto. Pero no puedo explicarle lo que he visto mientras caía. Por un momento pensé que moriría, en parte sabía que no iba a pasar,  la adrenalina que recorría mi cuerpo me aseguraba que estaba viva. Más viva de lo que me he sentido hasta ahora. Libre es otra palabra que podría usar para describirlo. Libre.

Mi cabeza empezó a traer recuerdos, también sueños. Es frustrante, jamás me sentiré igual de viva de nuevo y sentir eso me ha hecho pensar. Pensar en que no tiene sentido nada. Sin quererlo vuelvo al mismo bucle de siempre, me encierro en mi misma, pienso una y otra vez que no tengo futuro, pienso que moriré. Miro la realidad, a mí alrededor, estamos en la Arena. Nada de eso ha cambiado, y eso hace que quiera derrumbarme. Pero aquí sigo de pie. Frente a él, que me sostiene de los hombros esperando mi respuesta y me recuerdo que debo ser valiente, valiente como lo fue mi madre. Tengo que hacer que se sienta orgullosa, tengo que sacar esperanzas del menor rastro de sonrisa que vea, tengo que hacer que ella me vea feliz. Porque así no se culpará tanto, porque así tal vez piense que no lo estoy pasando tan mal. Porque la quiero, y debo hacerlo por ella.

-No es nada Finnick. Ya sabes, mi miedo-me mira curioso. Leo su pregunta en la mirada ‘¿Tu miedo?’ y me parece mentira que aún no sea capaz de entender mis palabras, pues intento ser lo más sincera que puedo. Apoyo mi cabeza en su pecho y él acaricia mi pelo, dándome un suave beso en la frente. Me siento culpable de haberlo mantenido lejos de mí tanto tiempo. Simplemente lo admito, ya sabes cuál es mi miedo Finnick, decido contestar en un pequeño susurro-A enamorarme de ti, lo decía realmente en serio.

Después comenzamos a caminar.

El sol me agobia un poco y siento con facilidad que me quedo sin respiración con cada paso. La fatiga está comenzando a apoderarse de mí y eso es un hecho más que evidente. Los brazos me pesan y mis pies se están volviendo cada vez más torpes y lentos. Incluso si estoy con el brazo en la misma posición empiezo a recibir extraños calambres que hacen que tenga que moverlo.

Siento también, de vez en cuando, un ligero pinchazo que me recorre todo el cuerpo pero ni siquiera le doy importancia. Se lo que es, lo que significa. Es la Arena, que te desgasta cada día. Adelgazamos excesivamente porque comemos menos, nuestras manos dejan de ser tan suaves. Nuestros cuerpos se vuelven más ágiles pero a veces son demasiado pesados debido al cansancio. La Arena te envejece, se notan ojeras en la cara, por pequeñas que sean. Se te nota en cada movimiento y cada palabra. A veces estamos sucios, y por desgracia, los que nos escondemos entre los árboles del bosque solo podemos lavarnos al anochecer con la lluvia.

Al cansancio y a la suciedad te acostumbras, incluso tu estómago a pasar hambre, pero hay algo a lo que no te acostumbras con el paso de los días, a ocultar ese miedo que quiere salir. Porque saber que vas a morir es duro, pero no saber cuándo sucederá es aún peor.

Una parte de mí quiere tumbarse y descansar, sin nadie que le hable ni le moleste. La otra siente la necesidad de hablar con el chico que camina delante, porque es la única manera de distraerse, la única manera de salir de un mundo tan real y absurdo. De esta situación que carece de cualquier sentido, que para unos resulta dramática y por el contrario, para otros es más que cómica.

Camino con sencillez, un paso, después otro. Primero una pierna a la que sigue la otra. Sin detenerme. Cuanto antes lleguemos a la cueva, antes descansaremos. Es mi único pensamiento. Mi movimiento ya es involuntario, he dejado de pertenecerme. No soy yo quien manda, sino mi instinto. Me muevo porque sé a dónde tengo que llegar y porque sé que si me paro, no sobrevivo.

No hay que detenerse nunca, no hay que confiarse, herir o ser herido. Matar o morir. Son las reglas de la Arena. Es lo que te hace sobrevivir cada mañana. Es lo que te hará volver a casa.

Comienzo a pensar en cosas que no debería. Y cuando lo hago, siento que debería convertirme en la chica fría que demostraba ser. Porque mi frase lleva la verdad grabada a fuego, tengo miedo. El amor es peligroso, te nubla la vista, te desconcentra, hace que tus actos no sean los que quieres que sean de verdad. Te marca, te identifica, vive por ti. Hace a tu cerebro pensar en una sola cosa. Hace que dependas de ello, como si al quitártelo, dejases de respirar. Hace que te vuelvas loco, que seas capaz de hacer cosas inimaginables, aunque tu vida corra peligro al hacerlas. El amor es peligroso. Y en este momento siento que es así, que si nos atacasen y él muriese, quizás yo dejaría de respirar.

Estamos viviendo una pesadilla, esto es la guerra, ha dejado de ser un juego. Tanto dentro de la Arena, como fuera, las cosas están cambiando. La gente muere aquí, y pronto morirán fuera. Todo se moviliza, la llama atiza fuerte, esperando la ocasión de estallar y prender fuego a este mundo tan frágil y débil.

Los Juegos del Hambre ya no son simples juegos para mantener a la población en su sitio, ya no son tan si quiera una muestra de poder. Son un desafío, una amenaza directa que busca respuesta. Es solo un movimiento para empezar una guerra. Una chispa para que Panem arda entre llamas de muerte. Entre las llamas del Capitolio, y ni este, ni los rebeldes podrán pararlas. Será demasiado tarde. Es demasiado tarde. La guerra no existe ahora, pero existirá al acabar los Juegos. La guerra nos implica a todos, a los que morimos y a los que sobreviven.

Siento la necesidad de hablar para así mantenerme lejos de esos pensamientos. Porque una guerra significa la implicación de mucha gente que me importa, y ahora mismo pensar en eso, me hace débil.


-Si tuviésemos mentores tal vez esto sería mucho más fácil- miro a Finnick, nada más hacerlo, me siento estúpida. Mi manera de romper el incomodo silencio entre nosotros es ridícula y sin sentido, pero si seguía callada, pensando  sin más seria aun peor- quizás podríamos tener todo lo que quisimos sin riesgos, ya sabes, agua, comida, incluso algún arma...
-Puede que tengas razón, Amy. –Se queda un minuto callado, miro al suelo y noto como nuestros pasos van coordinados, no sé si él se dará cuenta. Si me concentro puedo oír el mismo flujo de respiraciones, como si fuésemos uno solo. Sus palabras llegan poco después, con un tono de voz algo curioso y una sonrisa tan solo de la comisura lateral que conozco lo suficiente, incluso demasiado- ¿Qué le pedirías? ¿Qué te gustaría que te mandasen?
-No sé, algo para mi hermano, algo que le mantuviese a salvo, ¿y tú?
- Nada
-¿Nada?- su respuesta me ha sorprendido, intento comprenderle, descifrar ese ‘nada’ pero no consigo entender por qué razón no pediría absolutamente nada. Le miro con más curiosidad que ninguna otra cosa, esperando su respuesta- ¿Cómo que nada?
- Teniendo en cuenta que estoy en la Arena, tengo todo lo que necesito.
- Finnick, tenemos comida y agua, un refugio, pero siempre puedes pedir algo, una medicina, un arma...
-No me refería a la comida cuando decía que tenía todo lo que necesitaba-me mira fijamente y me siento incapaz de apartarme de él, siento como su mirada sostiene la mía y soy incapaz de moverme ni un centímetro, está tan cerca que si me inclinase un poco le rozaría y eso me desconcentra- me refería a ti Amy.


Y en ese momento lo pienso. Pienso que a veces le odio, por saber decir en cada momento justo lo que necesitaría oír para sentirme mejor. Le odio por ser tan perfecto y por cómo me hace sentir cuando estoy con él. Le odio por hacerme sentir más viva cuando en realidad estoy muerta. Por verme hermosa cuando estoy sucia, rota y con rasguños más que notables. Por querer mantenerme a salvo, cuando a mí a penas me importa ya. Le odio sí, y no es justo porque él no tiene la culpa, pero es la verdad. Le odio en especial por no poder compartir un futuro, un futuro juntos.


-A veces me gustaría decirte que me pasaría el resto de mi vida contigo. –Cuando pronuncio esa frase mi voz se va apagando poco a poco como si me quedase sin energía, hasta que la última palabra es un tímido susurro. No sé porque le he dicho eso. No sé porque hablo, pero mi garganta pica, escuece y las palabras salen de ella con una sensación de alivio. Es la misma sensación del agua pasando por una garganta sedienta. Es como si las palabras que salen de mí fuesen tan sinceras que me curasen a su paso- A veces me gustaría decirte que me encantaría ir a la playa del 2, llevarte al bosque o enseñarte el lago al que me solía llevar mi madre de niña. Me encantaría visitar tu casa y que tu visitases la mía, como han hecho siempre la gente normal en los distritos. La gente normal que tiene la suerte de estar allí ahora.
-¿Pero?
-Pero luego recuerdo que no somos normales, que no tenemos la suerte de estar en nuestro distrito. -Nuestro paso es el mismo, ni siquiera hemos parado. La conversación es sincera, no va a ninguna parte. La estarán viendo millones de personas, quizás. Pero no paro, tengo la necesidad de hablar con Finnick. Aún así, evitamos la mirada, los dos sabemos como acaba esto- Y que aún, no sé cómo, pero tengo que conseguir que mi hermano vuelva a casa, y eso, ya sabes, implica que los dos...
-Chsss, no lo digas- ¿parece enfadado? No, dolido es la palabra que buscaba mi mente. Se para y se agacha a mi lado, apartando un mechón de pelo que cae en mi rostro. Intento mirar hacia mi derecha desviando la vista y concentrarme en otra cosa con la mirada completamente perdida. Pero es imposible concentrarme cuando el esta tan cerca. Cuando le miro a esos hermosos ojos, veo que han cambiado. Esa es la mirada que pone cuando intenta arreglar las cosas o intenta ayudarme. Quiere animarme, lo sé. Es una mirada suave, tranquilizadora e incluso algo bromista- Mirándolo por el lado bueno, no nos será difícil pasar el resto de nuestra vida juntos. Será una promesa fácil de cumplir teniendo en cuenta que no sabemos cuánto tiempo nos queda.
-Tributo estúpido
-Mirarme-y aunque quiera, no puedo evitar hacerlo- yo te prometo Amy, que pasaré lo que me queda de vida a tu lado, que no me cansaré ni un solo minuto de intentar convencerte. Y cuando llegue el momento sabré que al menos lo intente y podré irme tranquilo sabiendo que tu hermano volverá a casa. Y que, aunque a mí me duela en parte, eso a ti te hará feliz.
-A mí también me dolerá en parte.
-¿El qué?
-Perderte


Siento la presión de sus manos. Como una se entierra en mi cabello y la otra empuja con fuerza mi espalda a su pecho. Sinceramente podría quedarme allí para siempre, deseando que ese momento sea eterno.

Sé que ha acabado cuando me da un beso en la frente, no sé cuándo exactamente hemos comenzado a comunicarnos sin hablar, pero le entiendo. Ese beso significa que todo estará bien, significa que debemos continuar, así que emprendemos el camino de nuevo.

Los minutos pasan y se pegan a mi cuerpo como el calor. Siento que la camiseta está sudada y que no avanzamos. De vez en cuando sigo el procedimiento y subo a un árbol para comprobar que estamos a salvo.

Lo cierto es que no tardo si quiera unos segundos en llegar a la parte alta de los árboles. Parece que mi rutina diaria ya forma parte de mí y eso me empuja a una mayor agilidad. Ya no me cuesta, ya no noto el dolor en las manos. Simplemente subo, y lo curioso, es que cuando estoy arriba del todo, me siento libre por una milésima de segundo.

Bajo con cuidado al haber visualizado la zona. Finnick está con un pie apoyado en el árbol, y la otra pierna recta. Al ver que bajo me sonríe, me dan ganas de gritarle y preguntarle por qué no estaba vigilando, pero sé que si no lo hacía sería por algo. Él no nos pondría en peligro, así que me relajo y le devuelvo una sonrisa torcida.

Caminamos de nuevo, siguiendo nuestro camino. No debe quedar mucho para llegar, pero el cansancio que arrastro puede conmigo. Veo la larga explanada que se extiende justo antes de llegar  a la ladera de los matorrales. Siento la necesidad de correr y llegar cuanto antes. Pero Finnick es más precavido y se asegura de inspeccionar la zona antes. Cuando comprobamos que todo está solo, seguimos avanzando.

Decidimos parar dos minutos a la sombra de un árbol metidos hacia el bosque. Un desnivel nos da ventaja y nos colocamos debajo de él para mantenernos ocultos por si acaso. Apoyamos nuestras espaldas y descansamos estirando las piernas. Tengo los músculos tan tensos que siento que si los golpean se romperían sin más.

Finnick  me hace una señal que entiendo fácilmente. Si estamos cerca de la cueva podemos gastar el agua que tenemos, o al menos un poco para saciar nuestra sed. Le paso a él primero el botellín que al contrario que otras veces, cede y bebe en primer lugar. Cuando siente que es suficiente para mantenerse, me lo pasa. Veo que ha sido poco lo que ha bebido, y yo hago lo mismo para mantener el agua el mayor tiempo posible. Aún así, es una tontería no beberla teniendo en cuenta los botellines que hay en la cueva así que insisto en que beba más y al cabo de un rato, acaba cediendo.

Mojo un poco mi mano y refresco mi nuca y mi pecho, el calor me está matando, consumiéndome poco a poco y esa sensación al refrescarme es como respirar de nuevo sin esa manta asfixiante. Finnick imita mis movimientos mojándose la nuca y la frente.

Sentimos la necesidad de quedarnos un poco de tiempo descansando. Como si hubiéramos corrido durante horas, aunque no lo hayamos hecho. Apoyo mi cabeza y cierro los ojos. Finn comienza a dibujar círculos en mi mano pero de repente cesa, eso me obliga a abrir los ojos, vacilante, y mirarle. Su expresión es extraña, antes de que pueda preguntar se lleva un dedo a la boca en señal de silencio. Se oyen unos pasos.

Finnick se asoma cuidadosamente y comprueba que efectivamente hemos oído bien. Me levanto y veo tan solo a un tributo, no sé si alguien le acompaña porque Finnick ha hecho que me agache de nuevo.


-¿Ahora qué hacemos? Puedo ver a un tributo unos metros, necesitamos pasar por ahí para volver a la cueva.
-Bueno, yo tengo un arco. No se tu pero yo, yo quiero ver a mi hermano y la única forma de llegar es pasando por ese tributo. No pienso correr el riesgo de que siga por esta zona, estamos cerca y eso implica poner en peligro a Gale así que saldré ahí y luchare hasta que suene un cañonazo, el suyo o el mío.
- No pienso dejar que hagas eso
-Tampoco te he pedido que lo hagas
-Amy, de aquí no te mueves.
-Mi padre siempre ha dicho que soy muy cabezota- Me levanto pero Finnick es más rápido y tira de mi hacia abajo tapándome la boca
-Agáchate-se queda unos segundos callado, escuchando atentamente pero sin soltarme a pesar de que lo intente. Decido parar y hacerle caso porque al fin y al cabo, es realmente lo más sensato, el se levanta para comprobar que ocurre, simplemente pronuncia dos palabras- se va.
-Está bien, déjame ver- asomo la cabeza un poco y compruebo que se aleja en dirección contraria. Me rindo- esta vez no habrá lucha.


Nos levantamos y continuamos caminando. Me pregunto cuando he cambiado, cuándo he comenzado a no preocuparme por luchar, cuándo luchar ha sido mi primera idea, incluso antes de huir.

Finnick señala algo. Por fin veo los matorrales de lejos, ha sido largo. Demasiadas horas fueras, demasiado tiempo sin abrazar a Gale. Una sonrisa me viene al saber que le veré en pocos minutos. Entraré a la cueva con todo lo que hemos conseguido y podré preparar mucha comida para que recupere fuerzas, para que coma hasta que siente que está completo. Aceleramos el paso sin darnos cuenta. Dejamos poco a poco la explanada atrás, no estoy atenta a ruidos ni nada porque las ganas de llegar son más grandes que mi prudencia. Finnick agarra mi codo empujándome hace delante en señal de apoyo, y cuando llegamos sonreímos agotados. Pienso comer, sentarme, descansar y dormir durante varias horas. Pero también quiero jugar con Gale, necesito a mi hermano pequeño a mi lado por lo menos un par de minutos.

Él retira los arbustos y yo entro la primera. Oigo como coloca las ramas de nuevo, lentamente. Puedo escuchas cada uno de sus pasos acercándose, noto como entra y aunque no le veo, sé que está sonriente de estar aquí de nuevo. Pero yo no, porque cuando él choca contra mí, ya que me he parado, yo estoy lejos. Estoy demasiado lejos.


-¿Qué ocurre? ¿Por qué te has…-su frase se corta al adelantarme y ver lo mismo que veo yo, me mira con los ojos muy abiertos y solo una palabra sale de él, una que ni yo puedo decir- no…


Durante un segundo eterno, todo se vuelve negro. Todo suena distante, como si estuviese bajo el agua. Y a pesar de que mis ojos están más abiertos que nunca, no son capaces de ver absolutamente nada.

Siento que me tiemblan las manos y no soy capaz de apartar  la vista, el temblor se hace más y más fuerte y se extiende por todo mi cuerpo. Cuando llega a mis piernas siento un cosquilleo que me avisa de que perderé el equilibrio y caeré. Pero no me importa. Creo que nada me importa ahora. Esto es culpa mía, lo sé por esa voz interior que me está quitando la respiración como castigo. Noto que alguien me está cogiendo de los hombros y que me mueve para que despierte, pero no quiero despertar. No quiero enfrentarme a la realidad, no quiero enfrentarme a la muerte.
Sigo quieta con los ojos fijos, en frente de mi se colocan unos ojos color mar. Soy capaz de ver sus labios desde lejos, los cuáles, pronuncian mi nombre. Pero sigo lejos, demasiado y no puedo volver, ni siquiera quiero volver. Siento la necesidad de irme ya, que todo acabe, yo ya lo he dado todo y a cambio, también lo he perdido.

Quiero apagar mi llama, mi lucha, mis sentimientos. Dejar de sentir este dolor pero no para, cada vez se hace más intenso. Ni siquiera sé cuantos minutos estoy parada y lejos pero el dolor acaba trayéndome de vuelta, porque el dolor es más fuerte que yo. Porque ya no tengo fuerzas.

Me doblo sobre mi misma y hago un intento de colocar mi mano en mi corazón porque duele. Caigo de rodillas tan fuerte que noto como rozan en el suelo, pero a penas lo siento. No es más dolor que el que ya estoy sufriendo. No escucho nada, nada en absoluto. Me llevo las manos a la cabeza y agarro mi pelo. Comienzo a hiperventilar, con dificultad. Mi respiración se convierte en un sollozo que me ahoga y acaba saliendo un grito de mí. Las lágrimas caen y no muestro ninguna intención de pararlas. Quiero que caigan al suelo, que se entierren bajo él y que el dolor se vaya con ellas. Pero no lo hace. Me balanceo hacia delante y hacia atrás, hiperventilando, llorando y gritando. Porque duele, realmente duele.

El dolor es asfixiante, Siento que me ahogo y mi cabeza me dice que respire calmadamente, pero el dolor dice que no, que no lo haga, que no respire. El problema es que estoy de acuerdo con el dolor. Quiero dejar de respirar para que todo cese. Mi pecho sube y baja demasiado rápido, tengo que abrir la boca para coger algo de aire pero cuando lo hago grito. Me vuelvo a doblar sobre mi estómago ya en el suelo, agarro mi cabeza de nuevo pero unas manos me lo impiden. Están calientes, yo estoy fría, demasiado fría.

Esas manos me sujetan con firmeza, veo que alguien se baja y se coloca a mi altura, y comienza a abrazarme con fuerza. No veo nada por las lágrimas pero me imagino a mi padre, a mi madre, aunque sé que en realidad es Finnick. Él es el único que está aquí ahora.

Y yo lloro, lloro como si eso calmase el dolor. Me acaricia la cabeza y comenta que está bien, que todo está bien. Pero es mentira, yo sé que es mentira, porque siento como me estoy muriendo. Poco a poco.

El problema es que el amor mata, y si yo dejo de respirar, quizás él lo haga también.

Pero no puedo más, y noto que mis ojos se cierran y que las fuerzas se van. Noto que el frio que recorría mi cuerpo se relaja por el calor que aporta Finnick. Y sin más ya no soy yo, soy solo un cuerpo. Amy no está. Amy se ha ido. Amy ha muerto.


Noto el frío,  pero no noto el dolor. Se ha ido, ha desaparecido junto a mí. Pero sigo aquí, respirando, lo que me indica que estoy viva. Aún  así, no abro los ojos. No soy capaz de hacerlo. Como si mis párpados no recibiesen órdenes. Como si hubiese dejado de ser yo, como si ya no mandase sobre mí misma.

Me noto lejos, porque en realidad estoy lejos. Pero una voz me llama, cada vez que pronuncia mi nombre es como si me acercase.

-Amy, Amy vuelve por favor. Despierta.

<<Estoy dormida. Debo estarlo. ¿Qué ha ocurrido?>>

La voz sigue en mi cabeza, vacilante y cada vez, más y más fuerte. Siento que estoy apartada de todo. O más bien perdida, no me encuentro a mí misma, no soy capaz de volver a mí. Con un gran esfuerzo abro los ojos confundida. Realmente confundida.

Estoy acurrucada entre los brazos de una persona que me está acariciando con la mayor delicadeza posible. Levanto la mirada y me encuentro con unos ojos rojos y llenos de lágrimas.

-Amy, lo siento tanto. No tenía ni idea. Y no sonó ningún cañonazo, no entiendo cómo ha podido ocurrir. Tu insistías en volver y yo, yo te entretuve –su voz se corta, como si le doliese pronunciar esas palabras- puedes odiarme, se que lo haces.

<<¿Por qué iba a odiarte>>

No soy capaz de articular ninguna palabra. Sigo quieta, mirándole. No sé de qué habla ni que ha ocurrido. Siento una laguna en mí, intento recordar. Y cuando lo hago, un pinchazo de dolor viene. Leve, tan solo trae un recuerdo y se va. Un recuerdo que hace que gire completamente la cabeza y que me coloqué de pie apoyando mis manos en la fría roca del suelo para impulsarme.

Avanzo unos pasos y con cada paso abro más los ojos. Como si estuviese soñando, porque si fuese verdad dolería y no, no siento ningún dolor. Es más, no siento nada. Es como si fuese tan solo un cuerpo, uno sin sentimientos.

Caigo de rodillas. Y me quedo observando, porque es lo único que puedo hacer. Me pregunto a mi misma por qué no corro, por qué he abandonado tan rápido, por qué no hago absolutamente nada. Y no lo entiendo, es como si todo hubiese acabado. Pero tal vez sea así, todo ha acabado.

Soy incapaz de reaccionar. Mi cabeza ordena cosas que mi cuerpo no hace. Pero este es el juego. De esto se trata ¿no es así? Unos mueren, otros sobreviven. Un ganador. Un vencedor. Una vida a cambio de las demás. Sea cual sea el precio, sea quien sea el muerto. Es un juego, y todos los juegos tienen que acabar. El problema es que a veces, cuando el juego acaba, tú no eres quien ha ganado. Tan solo eres un perdedor, y aquí, aquí pierdes tu vida.

Y sin más todo me golpea en la cabeza. La entrada, la situación, el dolor y ese sentimiento de culpa. Y después, nada. Como si me hubiese apagado. Como si no sintiese más. El frio y el dolor se fueron, y quedé yo.

Noto como una mano descansa sobre mi hombre, y quiero apartarla. En el fondo quiero llorar y gritar. Quiero romper algo, e incluso, querría matar a alguien. Pero estoy ahí, de rodillas, callada y sin hacer absolutamente nada.

Finnick se agacha, y me coge la mano. Siento su calor y mi frío. Su tacto, ese contacto. Pero en mi no despierta nada. Ni una chispa, ni nada como lo que horas antes no cesaba en mi interior. Su mano dibuja círculos en la mía. Y vuelvo a ser incapaz de apartarla.

Pienso en mi madre, en mi padre. Pienso en Haymitch y en Gale. Incluso pienso en mi misma. Pero soy incapaz de encontrar nada, no hay nada en mí. Solo vacio, un gran vacío que se extiende.

Consigo tragar saliva y mirarle a la cara. Ojos cerrados y manos en la cabeza. Tan pequeño. Tan frágil. Tal dulce. Descansa acurrucado. En silencio. Descansa lejos de aquí.

Los recuerdos me invaden. Cómo jugábamos, como reíamos, como disfrutábamos de cada momento. Nos escondíamos en la casa cuando llegaba la hora del baño, nos escapábamos al bosque el primer día de la escuela. Siempre hacíamos todo juntos. Nada lograba separarnos, ni aunque fuese por unos minutos.

Yo le protegía, frente a todo. Cualquier mal, cualquier daño. Lo alejaba de lo que fuera que supusiera ponerle en peligro. Estaba siempre encima de él, atenta a cualquiera de sus movimientos. Porque era pequeño, porque era frágil. Porque quería evitar algo como esto.

Recuerdo la primera vez que le llevé al bosque. Nuestra madre se enfado tanto por escaparnos que al día siguiente no nos movimos de casa. Él corrió detrás de una ardilla pensando que podría alcanzarla, pero se cayó y se puso a llorar. Le cogí en brazos y le dije que no pasaba nada, y sin más se quedo dormido mientras sus lágrimas caían hasta mi hombro.

También recuerdo las tardes en el lago. Nuestros padres descansaban tranquilos mientras nosotros jugábamos en el agua. Gale tragaba mucha ya que no sabía nadar muy bien, pero no tardo mucho en aprender.

Recuerdo los largos inviernos. Como nos quedábamos dormidos con las historias que nos relataban nuestros padres. Dormidos en el suelo, con  el calor de la chimenea y abrazados como los hermanos que eramos. Recuerdo llevarle a clase cada mañana y despedirme de él como si no le volviese a ver. Quién diría que eso sucedería.

Alargo la mano, que tiembla tanto que parece que va a romperse. Rozo su pelo y su cabeza y acto seguido las lágrimas brotan. Todos los sentimientos escondidos aparecen. Es como si al desear que el dolor se fuese, lo hubiese hecho y se hubiese llevado todo con él. Pero todo vuelve, y cuando vuelve lo hace con más fuerza, intensificado. No se puede apagar la humanidad, está ahí, para hacernos daño. Porque ser humano es ser débil, porque ser humano es ser frágil, porque ser humano, significa que puedo romperme en cualquier momento. Aún así me muero la lengua para no derramar más lágrimas que quieren caer.

Me tumbo a su lado ignorando a Finnick y le abrazo como hacía cada noche para que se durmiese. Me quedo ahí llorando, perdiendo la noción del tiempo. No soy consciente de que Finnick se ha ido hasta que veo que estoy completamente sola. Sola es la palabra.

Vuelvo a acariciar a mi hermano. Me levanto a por unos botellines. No presto atención a nada. Es como si actuase en un mundo lejano en el que me muevo por moverme. Sin pensar en lo que hago o por qué lo hago. Mis pies se mueven lentos, mis manos son torpes. Me agacho y cojo los botellines. Voy hasta él, hay uno medio lleno con lo cual debió bebérselo tal y como le dije. Porque era obediente y se quedó esperando a que llegase. Solo que no llegué.

Grito de dolor y caigo de nuevo doblada sobre mis rodillas. Lloro una vez más y sin fuerzas el sollozo va cesando y me arrastro hasta mi hermano. Abro los botellines y con un trozo de camiseta comienzo a limpiar todo su cuerpo. Primero su dulce cara, sus brazos, sus piernas. Al acabar parece casi humano.  Pero solo lo parece.

Vuelvo a tumbarme a su lado y el agotamiento me consume hasta que consigo caer en el sueño mientras las lágrimas caen como lo hace el agua en una noche lluviosa y fría. Aunque he de decir, que más que sueño, encuentro pesadillas.

-Amy, despierta por favor. Me iré si quieres, pero tienes que despertar- oigo su voz, y pienso que es un sueño, por fin un bonito sueño, pero no cesa. No se calla. Continua.- Amy…

Abro los ojos y sobresaltada veo la figura de un Finnick desgastado. Ojos rojos y caídos, llenos de dolor, ojeras pronunciadas. Tiene un corte en el brazo el cual, ha ignorado. Se nota por el hilo de sangre seca que ha quedado en su fuerte brazo. Tiene el pelo alborotado. Intenta sonreirá con ternura, pero apenas me mira, cuando ya ha apartado la mirada.

-Que tengo la culpa y que me odias, son hechos evidentes Amy- abro la boca para decir algo pero las palabras no salen de mí, incapaz de pronunciarlas si quiera- te he traído algo de comer. Sé que ahora quieres rendirte, creí que así, por lo menos, no será el hambre lo que acabe contigo. También aseguré la zona, para que no tuvieses ningún encontronazo con otros tributos. Recorrí parte de la Arena y no me crucé con nadie. He pasado la noche pensando, y al final decidí acercarme para despedirme. Porque te mereces un perdón por lo que he hecho.

<<Tú no has hecho nada, ha sido el capitolio>>

Pero las palabras no salen.

Me da un suave beso en la frente, y distingo unos brillantes ojos que contienen las lágrimas. Y sé que quiero que se quede, porque ahora lo necesito. Y sé que no es culpa suya. Es más, me odio a mí misma, ni siquiera le odio a él. Pero me quedo callada y parada. Sin decir nada, tan solo consigo bajar la mirada porque odio ser la causante de esa mirada, del dolor que el mismo está sufriendo en silencio.

Se levanta y se va, veo que se aleja. Deja los cuchillos, deja la mochila. Absolutamente abandona todo. Incluso me abandona a mí.

Y entonces mi corazón se acelera. Toda la burbuja que se había creado a mí alrededor estalla. Mi respiración se acelera y noto como me tiembla la mayor parte del cuerpo. Creo que son imaginaciones mías pero levanto la vista. Él también se ha girado desconcertado. Su mirada es casi como la mía, una mezcla de asombro e incredulidad. Y entiendo que tal vez sea verdad, que no me he vuelto loca. Necesito comprobar que es cierto, que mi cerebro no me está jugando una mala pasada. Oigo una respiración, no es la de Finnick, no es la mía. Me giro desconcertada, veo como el pecho de mi hermano sube y baja con dificultad.


-No sonó ningún cañonazo-consigo susurrar- porque no había muerto nadie.


Finalizo la frase y me muevo deprisa. Pero no soy la única, Finnick se mueve casi tan rápido como yo. Levanta un poco su cabeza y le da de beber. Yo, mientras, enrollo un trozo de camiseta, para mojarlo y refrescar con el su cuerpo. Por un momento todo ocurre tan rápido que consigo centrar mi atención en algo, ya no somos nosotros los que movemos nuestros cuerpos, lo hace nuestro instinto, nuestro instinto de supervivencia. Ya no somos dueños de nosotros mismos.

Sigo oyendo la respiración. Eso me hace reír y llorar, de histeria, o tal vez de alegría. Ni siquiera yo misma soy capaz de entender lo que me ocurre. El cúmulo de emociones que se está desencadenando en mi interior es mucho más que algo indescriptible, es algo imposible. Y pienso que es un sueño, pero agarro fuerte su pequeña mano y compruebo que es verdad. Puedo rozar su piel, puedo tocar su mano, puedo sentir que el calor vuelve débilmente, puedo sentir que se mantiene vivo, que sigue a mi lado.


-Está vivo, es de verdad, está vivo…


Y con esas palabras oigo otros sollozos que no son los míos. Giro la cabeza levemente. Me pregunto por qué Finnick llora, pero no necesito respuesta, porque realmente lo único que me importa ahora es Gale. Porque es quién centra mi atención en este momento.

Me quedo mirando como su pecho sube y baja por miedo a que pare. Y los minutos pasan, las horas también. Quinientas teorías pasan sobre mi cabeza, pero solo una tiene sentido. Mi hermano está lleno se extrañas picaduras, las cuales no tienen muy buena pinta. Son mutos, seguramente lo hiciesen insectos creados por el Capitolio, es lo único que de verdad cobra sentido.

Me los imagino en un laboratorio, investigando la manera de crear un monstruo peor que ellos. Que haga tanto daño físico como emocional. Perdiendo horas y recursos en investigar formas de matar a la gente en vez de curarla, en vez de salvarlas. Recuerdo una frase que leí una vez en un libro de clase “el peor enemigo del hombre, es el hombre en sí mismo”. Y ahora se cuán de cierta resulta esa frase.
Eso hace que les odie más aún. Hace que piense que de verdad tienen el poder. Hace que crea que es mas culpa mía de lo que ya por sí imaginaba. Porque es su manera de demostrar que soy una pieza, solo una de sus juegos. Y lo odio, cada vez con más fuerza. Centro todas mis emociones en eso, como si lo único que pudiese sentir fuese ese odio que se cierne en mí.

Desvío mis pensamientos porque al pensar en el Capitolio me encuentro peor de lo que estoy. Así que pienso en algo más familiar, en mi casa, en el distrito 12. Pienso en la alegría que se habrá llevado mi madre, supongo que será tan inmensa como la mía. Porque en realidad, lo que yo siento no puede describirse con palabras. Simplemente he vuelto a nacer, vuelvo a estar viva. O por lo menos, hasta que pienso en cómo saldremos de esta.

Muevo la cabeza para despejarme y veo que Finnick le está dando la pomada a mi hermano. La aplica en cada una de sus picaduras con delicadeza. Debería ser yo quién hiciese eso pero mis piernas no responden a mis movimientos, mi cerebro no ordena lo que yo quiero hacer. Veo como le coloca en el saco y le deja con cuidado. Como si fuese tan frágil como el cristal. Después se mueve hasta donde están las provisiones y deja la pomada. Veo que comienza a hacer algo más pero yo apoyo mi cabeza en la pared y cierro los ojos trayendo recuerdos felices junto a mi hermano, porque los recuerdos es lo único que ahora mantiene viva mi esperanza, y lo único que en verdad, me mantiene viva a mí.

Un olor a comida haciéndose hace que mi estómago que había permanecido cerrado, haga un intento de abrirse. Noto con él, el escozor de mi garganta por lo haber bebido nada  durante tanto tiempo y trago saliva como si ello fuese a calmar la sed que tengo. Respiro hondo para calmarme un poco y alejarme de nuevo de la oscura situación que se vive ahora mismo a mi alrededor.


-Deberías comer algo- abro los ojos. Soy consciente de que Finnick sigue aquí a pesar de que me dijo que se iría, y lo agradezco, porque en parte, él también me mantiene con vida- Amy, no tienes por qué hablarme si no quieres, ya te he dicho que entiendo que me odies. Todo esto fue mi culpa.
-No fue tu culpa- me sorprendo a mi misma pronunciando esas palabras, pero supongo que necesito decírselo, así que no paro- ha sido el Capitolio. Ellos han hecho esto. Ellos nos han hecho esto.


Y si hay alguien más que sea culpable soy yo, pero eso no lo digo, prefiero callarme antes de entablar una discusión en la que comentaría que yo no tengo la culpa de nada. A pesar de que yo no estuve con Gale, como le había prometido. Fallé a mi promesa. Fallé a mi madre, a mi padre, a Haymitch y sobre todo, fallé a mi hermano. Y con todo ello, me falle a mí misma.


-Tienes que comer -repite cargándome sobre sus brazos. Me lleva hasta una hoguera improvisada que en otra ocasión apagaría corriendo para que otros tributos no la viesen reflejada fuera, pero que en esta ocasión agradezco por el calor que desprende ya que me hace sentir casi humana- he cocinado algo, quiero que comas Amy. Por favor.
-No puedo.
-Sí puedes y lo harás. Tienes que conseguir fuerzas para llevar a Gale a casa ¿recuerdas?


Una lágrima cae al pensar en ello. Porque ambos sabemos que no lo conseguiré. Pero accedo y asintiendo acerco un poco de carne a mi boca, reprimiendo mis ganas de vomitar la comida. Pero he de recuperar fuerzas para llevar a mi hermano a casa, sé que allí le curaran y todo volverá a ser como antes. Tiene que serlo.
Cuando acabo Finnick me está mirando. Él está tan destrozado como yo casi, y no ha dormido nada durante el día, al contrario que yo. Está agotado, yo lo sé, y él lo sabe.

Ojeras notables, morados por el cuerpo y heridas superficiales y aún así, es increíblemente apuesto. Resulta extraño que pueda serlo estando demacrado, pero la perfección no debe ocultarse con facilidad por lo que parece.
Siento la necesidad de hacer algo por él.


-Deberías dormir.
-No lo haré. Tengo que cuidaros.
-No te he pedido que lo hagas, Finnick.
No pretendía decir eso, se que le ha herido. No sé por qué actúo de esa manera, me arrepiento al instante de la brusquedad de mis palabras. Quizás Finnick tenga razón y le odie por lo ocurrido, quizás soy yo quien no quiere darse cuenta de que es así.
-Puedo irme si lo prefieres Amy, solo tienes que pedírmelo y lo haré.
-No quiero que lo hagas-las palabras salen secas pero sinceras, evito su mirada aunque lo que de verdad quiero es tumbarme entre sus brazos y olvidarlo todo- tan solo descansa.


Se levanta y se sienta al lado de Gale. Se queda observándolo.  <<¿Qué haces?>> pienso, y me acerco hasta donde están, colocándome en el lado contrario.


-Tú estás más agotada que yo. Duérmete, te despertaré a mitad de la noche. Hay que vigilar que no deje de respirar.

Discutir no servirá de nada. Así que decido quedarme observando también. Sabe que no dormiré, pero no insiste. Y yo tampoco insisto. El silencio invade la cueva y tres respiraciones son lo único que resuena. Y yo rezo en silencio, esperando seguir escuchando tres.

Pasan los segundos, su pecho sube y baja. Me relajo cuando ocurre. Pensando que si sigue así quizás se salve. Pero en el fondo sé que es imposible, como lo es el hecho de que algún día nos rescaten. Sé que en algún momento sonará un cañonazo y mi corazón se parará. Así que sigo pensando en silencio, evitando derramar más lágrimas. Ya han caído demasiadas a causa del Capitolio, me niego a darles más.
Vuelvo a mis pensamientos, lo hago calmada hasta que la oscuridad vuelve a ellos, y tiñe de negro la dulce esperanza que cabía en mi interior.

<<Mi hermano está muerto>>

No, no está muerto, pero a este paso morirá. Mi cabeza no para de discutir y la que oye esos pensamientos no es otra si no yo. Querría relajarme, dejar de estar enfadada, pero no puedo evitarlo. Y me pongo en lo peor como hago siempre, como lo he hecho hasta ahora.

¿Nunca podremos estar a salvo los tres? Si no es Finnick herido, es mi hermano luchando por su vida… Desearía morir y acabar con todo esto, desearía que a mí me pasase lo que le ocurre a ellos. Que la gente que me importa no tuviese que salir herida.

Necesito irme de aquí, lo necesito ya. Es la primera noche desde que mi hermano esta así y no puedo pegar ojo. Finnick se durmió hará unos minutos agotado de esperar. No le culpo por nada de esto, pero me culpo a mí misma. Por estar con él en vez de cuidando a Gale.

Tengo que alejarme. Decido salir de nuevo, con suerte esta vez llevaré algo de caza que nos pueda servir para más tiempo. No pienso salir de la cueva hasta que mi hermano... Realmente no me alejaré mucho más de lo necesario, pero no puedo estar parada, no si mientras estoy pensando.

Cojo mi arco, tapo la entrada, rutina que se ha convertido en parte de mí, en parte de esta vida rodeada de llamas. Salgo tranquila, relajada. Sujeto el arco con la mano pero sin fuerza, podría caerse en cualquier momento con facilidad. Sin ganas, recuerdo que he salido a cazar, pero me doy cuenta de que no estoy prestando atención al bosque.

Pero eso, es algo que yo ya sabía. Inconscientemente he actuado de manera egoísta, mirando por mí. Esa es la verdad. He salido porque no puedo quedarme parada y ver como Gale va perdiendo fuerzas hasta que no le quede ninguna. Porque si sigo ahí seguiré matándome por dentro, porque la culpabilidad no se irá pero su vida sí que lo hará, y no sé si quiero estar para verlo si no puedo evitarlo.

Esos pensamientos me atraviesan duramente, consigo parar de pensar y cuando quiero abrir los ojos estoy corriendo. Sin rumbo.

Sofocada, me paro jadeante bajo la protección de un robusto árbol. Echo las manos sobre las rodillas, con la respiración no sólo alterada por la carrera sino también por el miedo que invade mi cuerpo. No dejan de repetírseme destellantes imágenes de Finnick herido, de mi hermano muerto… Con manos temblorosas, me tapo los ojos en un intento de secar las lágrimas que no son capaces de salir. Me he centrado tanto en ser fuerte, en evitar todo pensamiento o sentimiento, en sobrevivir que ni siquiera soy capaz de sentir otra cosa distinta al miedo.

Pasado un tiempo me acurruco contra la corteza del rugoso árbol, apoyando la cabeza sobre este e intentando evadirme por unos segundos. Soplo mis heladas manos tratando de hacerlas entrar en calor, pero la noche es fría.  Pienso en silencio y contemplo el falso cielo que se alza sobre mí, a veces desearía volver a ver el acogedor cielo del doce bajo el cual jugué tiempo atrás. Oigo el inicio del himno de Panem y lo pienso, es el momento de revivir la pesadilla, de mostrarnos, por si no había quedado claro, el recuento de muertos que hoy han caído. Respiro agobiada pues no quiero verlas, días atrás aparecieron las caras de tributos a los que yo maté, y al verlas ahora me vendrán a la cabeza de nuevo esos momentos en los que acabé con vidas. Pero algo me obliga a abrir los ojos y observar. Así, una a una, voy revisando caras que antes tenían vida, recuerdo sus voces y pienso en las familias que ahora estarán llorando su perdida. Por supuesto, eso pasará tarde o temprano con la mía, pero prefiero no pensar en ello. Siento un vergonzoso alivio al saber que los míos no han aparecido arriba todavía, un suspiro al recordar a William, Joel y Cristina se me escapa, sin saber cómo reaccionaré al ver sus caras. -¿Faltará mucho para que aparezca ahí mi cara?- me pregunto temblorosa.

Estoy a punto irme, cuando lo oigo. Pisadas, bajo las cuales crujen ruidosamente las secas hojas y algunas ramas caídas. Así que, corro con energías que creía perdidas. Olvidando mi frío, olvidando mi tedio, olvidando mis miedos. Tal vez esta sea mi respuesta, mi respuesta a cuanto tardaré en aparecer en ese cielo. Lo único que tengo claro es que deseo alejarme de estos tributos sedientos de mi muerte, lo único que pienso es llegar hasta Finnick y Gale.

La negra noche debería ayudarme a camuflarme, a esconderme, a escapar, pero por algún motivo solo consigue ponerme más nerviosa, haciendo que me sienta más perdida. Las ramas me rasgan la piel con cortes superficiales que casi no se ven a simple vista. Tropiezo torpemente varias veces aun manteniendo el equilibro aunque acabo cayendo a causa de una raíz que sobresale del suelo. Ni si quiera la he podido ver, una sombra se materializa en la oscuridad mientras giro sobre mí misma. Mis manos son rápidas y agarran de nuevo el arco, recuperando una flecha que hay en el suelo. Tenso la cuerda y espero a que mi objetivo se acerque. Tan solo consigo ver una figura pero no tardo en lanzar la flecha. La figura no se mueve, no grita. Espero algo pero tan solo recibo silencio. Comienzo a preguntarme si fue todo imaginación mía y me acerco cuidadosamente.

Colocó el arco en la espalda para coger la flecha que está clavada en… una mochila. <<Trampa, trampa, trampa>> solo esa palabra rebota en las paredes de mi mente. Giro tan rápido como puedo cogiendo a la vez el arco pero recibo un puñetazo. Caigo al suelo por el inesperado golpe en la cara, un pinchazo recorre mi barbilla y llega hasta la sien donde se hace más fuerte. Voy a levantarme cuando noto la presión de una negra bota en mi muñeca. Quiero retorcerme del dolor que causa pero me mantengo serena y palpo la zona con la otra mano en busca de una roca o algo con lo que poder golpear. Antes de que pueda hacer nada me arranca el arco con dificultad y se encarga de lanzarlo lejos. La flecha que estaba en la mochila la deje a pocos centímetros y cuando caigo en la cuenta, mi mano es más rápida que yo misma y ya la sostiene con fuerza, llevándola hasta la pierna del tributo que tengo encima. Eso hace que grite y se zarandee un poco. El arrancársela me da la suficiente ventaja como para girar sobre mi misma y liberarme. Pero aunque debería correr, aunque la antigua Amy hubiese huido. Una ira y un odio que no consigo descifrar de donde viene se apoderan de mí y me obliga a lanzarme contra el tributo. Con fuerza caigo encima, consigo derribarla y tumbarla.

Estoy encima de la que ahora, reconozco como Cathy. La golpeo tan fuerte como puedo, una vez seguida de otra. Sintiendo un reconfortante dolor en mi puño, al chocar con su cara. Al principio se resiste pero me doy cuenta de que pierde fuerzas.

<<Yo no soy así>> y mis golpes cesan al pensarlo. Pero esto es la Arena, donde nos convertimos en animales. Herir o ser herido. Cazar o ser cazado. Jugar o perder. Matar o morir. No se trata de sobrevivir, se trata de cómo hacerlo.

Un golpe seco hace que regrese a la realidad, con pocas fuerzas Cathy se ha levantado, se apoya sobre una de sus piernas y se pasa la mano por el labio apartándose la sangre. Escupe y me mira con odio. Se lanza hacia mí y me da con la rodilla en el estómago, pero no reacciono con dolor. La golpeo seguidamente en la cara y con una patada en la pierna haciéndola retroceder y caer sobre la rodilla al suelo. Aún así no es suficiente, es más rápida y coge una roca, imitando mis pasos de antes, y me consigue golpear en la espalda y al levantarse, de nuevo recibo un golpe en el estómago. Hace unas semanas estaría muerta, ahora solo me doblo durante unos segundos del dolor. Pienso en la palabra caos mientras intento respirar. En la palabra desastre al sentir que podría no salir de esta. En la palabra esperanza al ver una borrosa imagen de mi hermano.

Sé que mis ojos están llorando porque a penas veo, pero eso no me impide llegar hasta Cathy. La golpeo con odio y la derribo, con el puño la golpeo tan fuerte como puedo una y otra vez. Un destello que viene de su cintura me hace comprobar que lleva un cuchillo. Mi mira rápido, leyendo mis intenciones y grita intentando librarse de mí. Agarro sus dos muñecas con una mano y con la otra alcanzo el cuchillo.
<<Somos animales. Somos supervivientes. Matamos para vivir. Tenemos que hacerlo>> me digo, herir o ser herido, cazar o ser cazado. Ella es la presa, yo el depredador. La locura me ciega, el odio me consume, el dolor me atrapa y la ira, la ira mueve el cuchillo hasta su garganta. Compruebo la sangre caliente que se derrama por mi mano.

Soy una asesina, nunca quise convertirme en lo que soy ahora.

Me odio a mi misma casi tanto como odio al propio Capitolio, ahora que mi hermano está muerto no soy yo. Parece que Amy se fue con él. Soy una sombra, consumida por el odio, apoderada por la ira. Y eso, no es ni mucho menos bueno.
Miro los ojos de Cathy que están abiertos y mirando a un vacio inexistente, como si la lejanía la salvara de la muerte. Veo su camiseta teñirse de rojo, la raja que hay en mi ceja hace que una línea de sangre también recorra mi cara.

Me quedo al lado de su cuerpo pensativa. Estoy delgada, mucho más delgada que antes, aunque mis brazos son más fuertes. Apuesto a que hay ojeras que cubren mi cara. Tengo heridas y moratones y sangre seca que cubre todo mi cuerpo y dolor, hay dolor por todo él.

Soy una persona cambiada, por fuera estoy rota, desgastada. Son solo heridas y sangre, pero sigo viva. En cambio, por dentro he muerto hace tiempo.


Es madrugada aún cuando llego a la cueva. No sé la hora exacta porque el bosque es tan frondoso en algunas zonas que la vista es ciega y no eres capaz de ver ni un mínimo rayo de sol o de luz de la luna, lo cual te confunde.

No tardo en retirar las ramas agotada, y al entrar no pienso en nada. Suelto mis armas mirando mis manos fijamente y recordando lo que han sido capaces de hacer. Pero es así, me repito para sentirme menos culpable.

Miro a Finnick, evito a mi hermano pero acabo acariciando su dulce cara hasta darle un beso de buenas noches antes de acostarme sobre la fría roca. Y no puedo evitar pensar que es fría, pero que no lo es tanto como yo.

Me consumo en un profundo sueño que se apodera de mi, alejando el cansancio y los pensamientos y llevándome a un sitio de paz y tranquilidad.

Abro los ojos en ese momento, sobresaltada, mi respiración estaba acelerada, notaba como unas pequeñas gotas de frío sudor rodaban por mi frente y mi cuello, bajando con lentitud, lo que me recordaba a cuando...

Borro esos pensamientos, simplemente he despertado en mitad de la noche como otras tantas veces, repito en mi cabeza.

Quizás sean pesadillas que no recuerdo o la culpabilidad que me mata por dentro. Pero necesito descansar, he de hacerlo. Y ya es tarde, demasiado tarde para cambiar lo que ha sucedido.

Miro alrededor de la cueva. Un pequeño escalofrío me recorrió al ver a mi hermano, dormido, indefenso, con el cuerpo llevo de extrañas picaduras que lo apartan de mi poco a poco. Estoy tan centrada en no perder a mi hermano que no me doy cuenta de que Finnick también está despierto. Él es el único que consigue darme seguridad, pero ahora no. Está sentado, tembloroso, parece un niño pequeño. Pero un niño asustado. Verle así hace que me rompa a pedazos. Me acerco a él con cuidado y me siento en frente, manteniendo una ligera distancia entre nosotros. Le miro atentamente y él parece no darse cuenta. Sin más sube la cabeza, sus ojos confusos parece que miran tristes al pasado, no parece el Finnick que yo conozco. El Finnick divertido, distraído y juguetón.

Ahora simplemente está destrozado. Sentado en un suelo frío con la cabeza entre las manos, ocultándolas en sus rodillas. Eso hace que se me corte la respiración. Hace que quiera abrazarle, que quiera consolarle, e incluso hace que quiera llorar. Llorar porque verle así me duele. Y aún no entiendo por qué.

Traga saliva y levanta la cabeza. Pero no me mira a mí, tan solo mira hacia otro lado, nervioso. Me pregunto si he hecho algo para que esté así. Me pregunto si soy la culpable de que el brillo de sus ojos se haya ido. Tal vez fuese dura con él por lo de mi hermano, quizás esté así por ello.

Su voz me rescata de mis pensamientos como innumerables veces ha hecho antes, pero está vez su voz tan solo es un pequeño susurro.


-Solo ha sido una pesadilla.
-¿Una pesadilla? –Puedo notar en mi voz que realmente estoy sorprendida, no esperaba esa respuesta- ¿Por qué no me has despertado?
-No quería preocuparte
-¿Desde cuándo tienes pesadillas?
-Te sorprenderías- una sonrisa irónica aparece en su rostro. Ha dicho que me sorprendería, repito. Agarro su mano y la acaricio por encima. Le había tomado por el chico fuerte, duro pero a la vez dulce, jamás supuse que tuviese pesadillas, ni imaginé que estuviese asustado por algo. Se le ve tan tranquilo siempre, tan seguro. Todo este tiempo ha tenido pesadillas y yo ni siquiera he sido capaz de darme cuenta de ello. Soy egoísta. Creo que ve por la expresión de mi cara que me siento culpable, intento parecer inexpresiva, borrar cualquier rastro para que no se sienta mal, pero como siempre, él se da cuenta- no te preocupes, las tengo desde niño Amy. Es solo que ahora han cambiado, ahora son diferentes.
-¿Desde niño?-algo se mueve en mi interior. Su voz es apenas un hilo, se rompe ha cada palabra y temo que se rompa él también- Finnick, ¿de qué son tus pesadillas?


Baja la mirada triste. Parece asustado por algo, parece destrozado. No debería haber preguntado. Me siento fatal, le veo tan hundido, él está realmente mal y no puedo hacer nada. No debería haber preguntado, repito en mi cabeza. Podría decir con certeza que dolor es lo único que soy capaz de leer en sus ojos.


-Finnick, sabes que puedes confiar en mí.


Un minuto de silencio ocupa la cueva. Un minuto que se me hace eterno. Quiero volver a decirle algo pero también necesito que confíe en mí, así que simplemente espero, hasta que habla.


-¿Tu madre te ha contado cómo murió mi padre? –latidos disminuyendo, escucho sus palabras, se me para el corazón. Claro que  lo ha hecho, yo misma le pregunté una mañana que se despertó con sus pesadillas.  El padre de Finnick era muy importante para mi madre, de eso estoy segura. Recuerdo el dolor de sus palabras cuando me hablaba de él, es el mismo dolor que tiñe ahora las palabras de Finn. Siento que me voy a romper en pedazos- cada noche, de pequeño, soñaba con mi padre. Al principio estábamos en una sala, yo corría a abrazarlo. Cuando estaba a punto de llegar la sala desaparecía, aparecíamos los dos en una alcantarilla y allí imaginaba como fue su muerte. Siempre era lo mismo. Despertaba llorando y gritando su nombre.
-Finnick… -me doy cuenta de que no hay palabras que continúen la frase. De que solo puedo mirarle a los ojos y permanecer callada. De que no hay palabras que salgan de mi- yo…
-Ahora han cambiado –continúa hablando, lo que en parte me alivia pues no sé qué decirle- Esta noche no he soñado con mi padre.


<<¿Qué es eso tan malo que sueñas?>> pienso <<¿Por qué no me lo quieres contar?>>


-Eso está bien ¿no? –dudo un momento, vacilo ante la pregunta pero recuerdo su frase anterior ‘ahora son diferentes’. Pongo mi mano en su pómulo y acaricio suavemente su cara para tranquilizarle. Le obligo a levantar la vista y a mirarme a los ojos- Finnick, ¿de qué son tus pesadillas ahora?


No mira a otro lado, no evita mi pregunta, me mira a los ojos. Sus ojos se oscurecen, el terror se ve en ellos. Y sin más empieza a hablar.


-Te imagino muriendo de mil formas diferentes, nunca puedo hacer nada para salvarte y ni te imaginas el dolor que siento cuando me despierto. Es como si me faltase algo, es como perder mi propia vida.

Pienso en lo que acaba de decir. Sus palabras me han dejado sin respiración. Quiero decirle que no tiene de que preocuparse, que no voy a morir, pero ambos sabemos que es mentira.

En este momento desearía parecerme más a mi padre. Mi madre y yo nunca hemos sido demasiado buenas con las palabras, sin embargo padre… No sé qué hacer, me tiembla el labio inferior. Tengo que enfrentarme a esta situación sola y por una vez en mucho tiempo admito que necesito la ayuda de mis padres. Puedo sobrevivir, puedo cazar, puedo incluso… la palabra no quiere salir de mi, pero lo hace. Puedo matar. Pero, ¿Por qué no soy capaz de hablar con Finnick de esto? ¿Por qué no puedo hacer nada?


Estoy inmóvil, preocupada. Las palabras no van a alejar sus pesadillas, mis palabras no harán que se tranquilice. No sé qué hacer, así que me limito a hacer lo único que sale de mí. Me acerco a él con cuidado, y beso sus hermosos labios una vez más.


No recuerdo muy bien como acabe tumbada en las rocas y tan dormida como estaba hace un segundo. Me incorporo y veo a Finnick, tan relajado que, cualquiera que le viese ahora, dudaría que anoche estuviese de aquella manera.

Me levanto a lavarme un poco la cara con uno de los botellines porque me encuentro algo cansada e incluso mareada, y como siempre digo, aquí hay que estar en plena forma si quieres sobrevivir. Odio esa sensación continua de mareo, todo se vuelve negro por un momento y es como si la cabeza se te fuese por unos instantes, lo cual, no es nada agradable. La sensación cuando se me pasa es bastante reconfortante. Acto seguido me dedico a cambiar a mi hermano, le lavo y le curo esas heridas que parecen empeorar por momentos. Está tan frío que parece hielo, está tan frío que parece que su vida ya se esté yendo.

Por detrás noto que alguien se agacha y me sujeta la mano, me quita el bote con la pomada y comienza a hacer lo que estaba haciendo yo anteriormente. He debido quedarme muerta en un punto fijo mientras pensaba en mi hermano, porque ni siquiera me había dado cuenta de que Finnick ya se había despertado.

Me siento a observar la escena apoyada en las rocas, le cuida como si fuese hermano suyo. Lo cierto es que todo lo que me importa podría centrarse ahora mismo en esa escena. Son mi debilidad, pero son mi punto fuerte a la vez. Suena irónico, pero es que esta vida es ironía en sí misma.

Me vienen a la cabeza mis padres. Encojo mis rodillas y las sujeto con los brazos, entrelazados como si me diesen protección. Les echo tanto de menos que duele. Les quiero decir tantas cosas que jamás podré que me hiela la sangre. Un último abrazo, una última vez para escuchar el precioso sonido de las carcajadas de mi padre, la risa acogedora de mi madre, ver sus sonrisas, sentir su calidez, su protección, su amor. Un minuto para sentir todo ello de nuevo y podría irme tranquila. Un minuto para decirles lo mucho que les quiero o lo mucho que me importan y podría irme en paz, sin miedos.

Es increíble cómo puedes depender de otras personas. Lo que impacta que ya no estén a tu lado. Lo que descubres cuando sientes que has perdido lo que en realidad te daba a ti la vida.

Pienso en el amor de mis padres. Ese amor eterno que todos comentaban. 
Nací escuchando sus hazañas, crecí orgullosa de ellos. Sabiendo que no había nada mas grande que el amor de mi familia, porque había superado tanto… era algo indestructible, parecía imposible de romper, imposible de separar. Éramos los cuatro, desde y para siempre. Y eso era lo más REAL que había en mi vida.

-Finnick, un día mi padre le pregunto a mi madre, ¿me amas real o no real?

Me sale tan solo que ni siquiera me da tiempo a pensar en por qué lo he dicho. Finnick, que estaba guardando ya todo, lo deja en el suelo con cuidado y se acerca a mí. Cuando está en frente de mi  suspira, noto como respira hondo, veo que nervioso se toca el pelo pasándose por encima la mano. Se ha apartado de mí, sus brazos no abrazan mi cuerpo como innumerables veces, esta vez están tensos. Con cuidado me incorporo un poco más y le levanto la barbilla hasta que nuestros ojos se juntan. Su mirada dice tantas cosas, muestra de todo, de todo menos indiferencia. Temor, nervios, amor. Él ya me lo ha dicho, me lo ha demostrado y es hora de que yo me rinda, no quiero irme sin decírselo.

Sin decirle que no puedo parar de pensar en él. Sin decirle que me he acostumbrado a su olor, a tenerle cerca, a mirarle a los ojos y dejar escapar una sonrisa que me hace sentir estúpida. Sin decirle que sueño despierta con el día en el que aparezca por detrás y me abrace, tras darme un beso en el cuello como suele hacer aquí. No puedo olvidar cuanto se preocupa por mí, tampoco cuando me abriga si nota que tengo frío  Las veces que ha mostrado interés, acercándose a mí a pesar de todo. Sin tener en cuenta nada ni a nadie. Tengo mucho que decirle, como por ejemplo que estoy harta de dejar escapar oportunidades, aquí dentro he aprendido que la vida es cuestión de segundos y yo ya la he desperdiciado bastante. Supongo que el primer día tendría que haber sido más segura de mí, menos responsable y más egoísta. Tendría que haberle dicho lo que sentía, que me ponía nerviosa, que me encantaba que me hablase o estuviese cerca, que a su lado los segundos se hacían eternos o que su sonrisa me encantaba. Aún no sé si es una broma del destino, el acabar aquí con él y ambos, encerrados. Pero sé que me he cansado de todo, que ya no soy la misma, que he aprendido una y otra vez de mis errores y que él, él es el error que quiero cometer.

Digamos que lo complicado es reunir el valor para hacerlo, pero si hay algo que sé, es que esta vida es para los valientes.

-Finnick lo que yo intento decir es que yo… -oigo un pitido constante, como cuanto enciendes un micrófono, me pongo la mano en el oído y miro a Finnick- ¿has oído eso?
-¿El que Amy? –me mira extrañado, yo intento descubrir que es ese sonido, doy una ojeada a todo el refugio pero no encuentro nada. Él me agarra la mano y gira mi cabeza hasta que me encuentro de nuevo con sus ojos, esos ojos en los que el mar se refleja, que hacen que desconecte del resto del mundo. -Yo no he oído nada, lo único que he oído es a ti, y no has acabado de…
- Buenos días tributos, por fin todos habéis despertado –algo interrumpe a Finnick. Es el sonido que oí antes pero seguido de una voz. Esa voz la reconozco, es su voz, es la voz de Clover, un escalofrió recorre todo mi cuerpo, mi espalda- bueno, espero que os alegréis de escuchar mi melodiosa voz. Vengo a daros buenas noticias. Tras nuestro intento fallido de juntaros y dadas las consecuencias, hemos decidido hacer un banquete. Sé que la idea de los insectos mutados no salió del todo bien, somos conscientes de la equivocación, la idea era que huyeseis pero el veneno era demasiado fuerte como para ello. Aun así, no somos tan crueles como muchos pensáis, tras escuchar algún cañonazo decidimos parar. Eliminamos los insectos. Muchos de vosotros nos debéis ahora mismo la vida. Vuestra recompensa por lo sufrido es el banquete. Este tendrá lugar mañana en la Cornucopia por lo que los tributos que están allí deben irse de inmediato. Cada mochila contiene lo que necesitan los tributos, medicinas, u otras cosas que convienen. Por si lo dudáis, la fiebre no se irá y los síntomas tampoco, solo irá a peor hasta que, el afectado por este veneno, muera. Cada mochila estará marcada con un número, si queréis salvar a los vuestros os deseo un feliz baño de sangre. Que la suerte esté de vuestra parte, tributos.

La voz se corta, respiración agitada, recibo la información y la proceso. Intento ordenar mis ideas. Incapaz de encontrar un orden lógico en mi ajetreada mente, la cual ahora necesita ser más sensata que nunca. ¿Una cura? ¿Para Gale? Mi mirada se desvía de inmediato al indefenso niño que se encuentra tumbado dentro de un saco. Creo que mis ojos se han abierto y siento que me encuentro a miles de kilómetros del lugar en el que estos. Mis manos tiemblan débilmente, aunque no lo suficiente como para que nadie más que yo se dé cuenta. También siento un sudor frío bajando por mi cuello en forma de lentas gotas que simulan la tortura de lo que ahora mismo siento en mí. Mis pensamientos vuelven, ¿cómo un niño tan pequeño ha podido pasar por cosas tan horribles? No voy a permitir que siga así, no voy a dejarle morir, prometí que le sacaría de ahí y eso es lo que va a pasar. Me pongo en pie de inmediato, creo que mi cuerpo está actuando antes de recibir las órdenes porque tiene muy claro lo que debo hacer. Así que le sigo, sabiendo a lo que tengo que enfrentarme lo mejor sería actuar rápido, y esta es la forma de hacerlo. Pensando poco, pero sí lo suficiente. No tardo ni un segundo en levantame cuando un no, recorre toda la cueva. Miro de donde viene, Finnick esta cabreado, suplicante. Pero sé que nada de lo que me diga hará que cambie de opinión. Yo ya decidí hace mucho cual era mi papel y sé de sobra cual es mi final.


-No vas a ir, ¿me oyes? No te dejaré ir. Me da igual lo que me digas, me da igual que sea tu hermano, tú no pondrás un pie en ese banquete.
-¡Es mi hermano Finnick! ¿Qué esperas? No voy a quedarme parada a ver como muere.
-No va a morir -¿qué? No doy crédito a lo que oigo, si no voy a por la cura cómo no va a morir. No tardo ni medio segundo en averiguar lo que está pensando. Sus ojos hablan por él, no necesito que lo diga en alto.  Ya sé lo que pretende y eso si que no voy a permitirlo– voy a ir yo Amy.
-No, no vas a ir Finnick, no hay nada de qué hablar – empiezo a recoger la mochila y preparo el arco, quiero tenerlo listo todo para mañana.
-Exacto. No hay nada de qué hablar, me importas demasiado como para poner tu vida en riesgo así que dame una sola razón por la que no deba ir en tu lugar- viene hasta donde estoy, intento aguantarme las lágrimas y lo hago, mis ojos ni siquiera se humedecen. Tengo que ser fría, tengo que protegerle. Él me agarra del brazo y me mira a los ojos, siento que no voy a poder pero he de hacerlo por él, me mira extrañado y entonces parece que haya descubierto algo, no sé qué le pasa pero antes de que pueda replicar sigue hablando- Me amas, ¿real o no real? – no, todo menos esa frase, no puedo creer que me haga esto – me contaste la historia, yo no necesito responder la pregunta  Amy, me la contaste porque eres tú la que necesita responderla.
-No es real Finnick –su expresión cambia, no parece creérselo aunque su mirada tiene un aire de tristeza.
-Entonces ¿por qué nos besamos? –se acerca más y aprieta mis muñecas aunque no demasiado fuerte- Dime entonces, ¿por qué no quieres que vaya?
-También me bese con William y eso no quiere decir…
-Se que no quiere decir que le quisieras, estuvimos un día entero discutiendo cuando me lo contaste pero tú te interesabas porque te creyera, tú querías que te creyera.
-Finnick no le des más vueltas. No me importas nada. Todo este tiempo, tan solo me has importado como aliado. No tenemos futuro. Ni tú, ni yo, y mucho menos juntos. Ya te lo dije una vez Finnick. Fue un error. Todos esos besos han sido solo un error. Esto es espectáculo, ¿recuerdas? – mi voz se va cortando hasta que parece más débil que nunca, pero la retomo con más fuerza que antes, porque tengo que protegerle. Aunque esto nos mate a los dos.- Sabes que de aquí solo sale uno con vida, no quiero que vayas porque no tengo ningún derecho a dejar que te juegues la vida por nosotros, si hubiese sido otro tampoco le dejaría. No hay nada más aparte de eso, iré yo y no hablaremos más del tema. Lo siento, Finnick. Así es el Juego, solo sale uno y será mi hermano.
-No, soy yo el que lo siente. Siento no poder creerte.
Nuestra conversación ha acabado, se va por la entrada de la cueva sin decir nada, veo como sale y tan solo me quedo parada, observando la oscuridad de la noche.


Mi estado de ánimo es ahora mismo algo completamente indescriptible. Estoy ausente, siento que ya no pertenezco a este mundo. Siento que puedo soportar más daño porque ya no me afecta. Porque estoy muerta, muerta por dentro. Y en poco tiempo, lo estaré por fuera.

Reacciono, tengo prisa. Ahora no puedo hundirme, me lo prohíbo. Decido dejar la mochila, es mejor no llevar nada, cogeré rápidamente la medicina y volveré. Preparo el arco al lado de donde suelo dormir, nada más levantarme lo cogeré y saldré de la cueva. El himno del Capitolio me sobresalta, miro fuera, esta noche no ha muerto ningún tributo. Eso significa que hay más a los que enfrentarme. No tengo miedo a pelear, a luchar, a morir… solo tengo miedo de una cosa, perder a Gale y eso no puede ocurrir. La lluvia empieza. Salgo fuera para rellenar los botellines.

Finnick no está, no ha podido irse, no ha podido hacerme esto. Me calmo, respiro hondo. Es culpa mía, no puedo reclamarle nada. Si mañana no vuelvo habré perdido las dos cosas que más me importan en este mundo. A mi hermano y la oportunidad de decirle a Finnick lo que siento. Me gustaría poder decírselo, decirle que a su lado me siento bien, que cuando le miro algo recorre mi cuerpo poniéndome nerviosa, que le necesito a mi lado, que cuando estoy entre sus brazos me siento afortunada, que solo pensar en él hace que una sonrisa aparezca en mi rostro, pero no puedo, no quiero que se arriesgue por mi y sé, que si se lo digo no habrá vuelta atrás.

El agua roza mi piel refrescándome y me dispongo a llenar los botellines. Cuando lo hago entro de nuevo en la cueva. Gasto dos en limpiar a mi hermano, le refresco todo el cuerpo y mojo de nuevo el trozo de camiseta que le pusimos para bajarle la fiebre. Cuando está todo listo le unto un poco de la pomada que queda, casi se ha acabado y las picaduras de su cuerpo siguen igual. Quizás se note un poco la mejora pero desde luego, hasta que no se tome la medicina, no podrá salvarse.

Me quedo un rato observándole en silencio. Jamás podría vivir en un mundo en el que mi hermano no estuviese. Cansada de mis pensamientos decido acostarme ya que mañana necesitaré fuerza. Mis últimos pensamientos se extienden a ese mundo de sueños en el que aparecemos al cerrar los ojos. Mis padres, mi hermano, Gale, Haymitch, Finnick, toda la gente que me importa aparecen en un sueño que poco a poco se va tiñendo de una pesadilla que comienza atormentándome con todas esas personas que han muerto por mi culpa. 



232 comentarios:

  1. ¡Una historia increíble!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. HOLA.Escribes genial.
      En donde puedo encontrar la segunda parte del libro.Me gustaria leerlo todo del tiron no por capitulos.
      Responde rapido por favor.

      Eliminar
  2. ¡Me encanta esta historia! Me la leí entera en un solo día, escribes genial, de verdad.
    Síguela en cuanto puedas, ya estoy deseando ver si consiguen salir de la arena :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿En un solo día? ¡Increíble!
      El siguiente no lo publique en 'historia completa' pero puedes verlo en el blog normal hasta que actualice. Muchas gracias Paula, anima mucho leer estas palabras :)

      Eliminar
    2. Cuál es el blog normal?

      Eliminar
    3. http://losjuegosdelhambrecontinuan.blogspot.com.es/

      Eliminar
    4. Yo igual lo empeze leyendo a las 10 de la noche y a las 5.57 de la mañna lo termine de leer todo y ya tenia que evantarme. Paara ir a laa uni

      Eliminar
  3. me ha encantado!!a pesar de las faltas es perfecto y emocionante y me encantaria ver como acaba la historia.
    NO PONGAS FIN A TU CREATIVIDAD!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias ! Intento no poner nunca faltas aunque no digo que no se me colase alguna :$
      Gracias de nuevo :)

      Eliminar
  4. esta genial pero no serian los 77º juegos del hambre

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias !
      Mmm creo que no, los 75º juegos del hambre fueron los de Katniss, Peeta, Finnick etc y los 76º que serían los de la nieta de Snow nunca se llego a saber si se hicieron por eso puse los 76º aunque podría ser :)

      Eliminar
  5. Me encanto la historia muero por saber que pasa despues :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias :) Seguiré publicando !

      Eliminar
    2. me encanta tu historia de verdad, de todas las que he leído la tuya sin duda es la mejor. Sigue publicando por favor!!(:

      Eliminar
    3. ¡Muchísimas gracias!
      Lo haré cuando pueda :)

      Eliminar
  6. Wow esta increible esta hostoria ya estoy deseando saber que pasa despues No dejes de escribir : D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias ! :) Escribiré en cuanto pueda !

      Eliminar
  7. pff. Me encantaa! Esta genial, de verdad que si. Tienes el espiritu de Suzanne, y esto ya es decir. Escribes genial. Si sigues así serás una buenisima escritora :D Ah, por cierto, una pregunta. Cada cuando publicas un nuevo capitulo??

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿El espíritu de Suzanne? Creo que acabo de morir a causa de este comentario. ¡ Muchísimas gracias ! Me sonrojas de verdad, publicaré uno por semana a partir de ahora, es poco pero es todo lo que puedo hacer, serán mas largos por supuesto ^^

      Eliminar
    2. No importa tu historia es increible

      Eliminar
  8. la verdad es que tienes mucha imaginacion :), me encanta la historia ,pero real mente lo estoy pasando mal por que tengo un niño de 5 años y la verdad no me lo imagino alli :(, gracias por escribir y sigue a sin. saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mil gracias a ti por leer la historia, me alegra de que te guste tanto ^^
      ¡ Muchas gracias por tu comentario !

      Eliminar
  9. He encontrado tu blog hace poco realmente me encantó. Cada dia que lo leo me engancho más a tu historia. Me gustaría mucho que sigas escribiendo tal y como lo haces hasta ahora, porque nos haces ver que los juegos del hambre no terminan, que siguen ahí porque tu has inventado esta historia. Muchas gracias por crear este blog y seguir escribiendo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti por leer esta historia, entrar cada día y por si eso fuera poco encima me escribes estas hermosas palabras. No dejaré de escribir :)
      ¡ Muchísimas gracias Anonimo !

      Eliminar
  10. Eso estuvo super!! es perfecta! sigue asi... ya no aguanto para leer el final!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias ! Publicaré nuevo cap. mañana mismo ^^

      Eliminar
  11. Me encanta como escribes, podrias ser la sucesora de suzanne collins pero bueno esta fantastica la historia sigue asi podiras llegar muy lejos muchas felicidades

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias !
      Oh, sucesora de suzanne collins es lo más bonito que me han dicho :$ GRACIAS

      Eliminar
  12. Tengo que actualizar esta página y añadir los nuevos capítulos. Lo haré en cuanto pueda ^^

    ResponderEliminar
  13. Me ha gustado mucho esta historia, espero con ansias ver la continuación :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, intentaré publicar hoy mismo :)

      Eliminar
  14. Me encanto no se de donde sacaste el don pero WOW me encantaria leer lo que sigue y te digo que se que te as inspirado en Collins y yo me e inspirado de ti.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Don? No se yo eh... :)
      ¡ Muchísimas gracias de verdad ! ¡ Que ilusión !

      Eliminar
  15. Oye cada cuanto publicas me muero por seguir leyendo y te digo algo te podria mandar un e-mail ya que como me e inspirado en ti lo podrias leer y decirme que opinas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡ Muchas gracias ! :')
      Claro, puedes mandármelo al correo de contacto.
      Muchos lo hacen !
      Publico los viernes de momento :)

      Eliminar
  16. Simplemente me ENCANTA

    ResponderEliminar
  17. Así o mas hermoso? *o*
    Enserio, parece escrita por Collins!
    Adoro tu forma de escribir, el como te expresas
    Ya espero el siguiente capítulo :3

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que mas hermoso para el siguiente :)
      ¡ Muchísimas gracias ! No se si será para tanto, pero es muy importante lo que me dices :$
      Gracias :3

      Eliminar
  18. Hola, tengo 12 años y me he leído los tres libros, me encanta el tuyo y me gustaría saber cada cuánto publicas.Me encanta en lo que has convertido al personaje de Amy y el de Finnick; podria ser una bonita historia de amor...Pero tú eres la autora!
    A mi también me encanta escribir y me parece que tu obra es genial me paso mucho tiempo leyendo y esto meengancho tanto que no pude parar y te quiero pedir a ti lo mismo.
    Sigue escribiendo y cuenta con mi apollo te veo publicando el libro en poco.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola anónimo.
      A ver... por partes...

      ¡ Muchísimas gracias por este pedazo de comentario ! ¡ Que ilusión !

      Primero decirte que publico los viernes a no ser que ocurra algo, en ese caso se adelantará o atrasará :)

      Segundo, me alegra que te encanten los personajes, no puedo desvelar nada pero estoy segura que os gustará lo que ocurra.

      Por último decirte, que sigas escribiendo y que dudo que lo haga tan bien como dices pero me agrada leerlo. Me esfuerzo en mi trabajo e intento mejorar, es mas, creo que hay un gran cambio desde el primer capitulo. Este libro es imposible de publicar pero sería maravilloso.

      Un saludo enorme, y gracias.

      Eliminar
    2. Me alegro.de que hayas leído mi crítica, ya que no suelo estar mucho en internet pero he encontrado tu blog y me encanta
      He recomendado tu libro a mucha gente y estoy segura de que pronto mucha gente conocerá tu historia.Mis amigas y yo siempre nos hemos quejado de ese final alternativo tan amplio y esta historia es preciosa.
      Nunca hay que subestimarse y me encanta y al parecer mucha gente me apoya.Gracias por el dato de publicación.
      Estoy segura de que conseguirás publicarlo.
      Sigue así.

      Eliminar
    3. ¡ Muchas gracias por recomendarlo ! Eso es fantástico porque no sé como darlo a conocer y la verdad, resulta muy complicado.
      Espero que sea así y pronto vea nuevos lectores en el blog, sería fantástico que más gente pudiese leerlo.

      Gracias de nuevo, agrada mucho leer comentarios de este tipo.

      Eliminar
    4. Recomendarlo es decir mucho di un empujoncito,lo hubieran encontrado igualmente.La mejor manera de hacerlo saber es esta, está genial lo que haces ya que te permite recomendarlo en las redes sociales.
      De nada,a mi me agrada leer lecturas de este tipo.

      Eliminar
  19. me as dejado con la intriga

    ResponderEliminar
  20. muy buena tu historia aunque al principio pense que se parecia a el blog los juegos del hambre el retorno me confirmaste que las diferencias le ganan a las cimilitudes segui escribiendo lo ases genial

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si bueno, resulta que ese blog esta creado dos meses después que el mio por lo que el suyo se parecería a este y no al revés.
      Muchas gracias, seguiré escribiendo :)

      Eliminar
  21. esto lo escribio zusane collins o tu te lo has inentado ???
    pr que esta muy bonito e interesante

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me lo he inventado yo, tambien lo he escrito, me alegro de que te guste :)

      Eliminar
  22. me encanta esta genial. continuala porfavor :)

    ResponderEliminar
  23. INCREÍBLE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!, no te molesta que te de algunos nombres que se me ocurrieron, si te molesta solo borra el comentario y si te molesta Perdón....
    Bueno:
    Wins Blooms
    Runa Hiwtore
    Gayna Akaida (Medio rara xD)
    Fira Merida
    Meridia Trinket
    y bueno esos son si crees crear nuevos personajes para tu fabulosa historia estaría extremadamente agradecida que uno de ellos tuviera alguno de estos nombres

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. hola YO HICE EL COMENTARIO DEL 26 DE ENERO DE 2013 DE 20:00.
      Y SE ME OLVIDO DECIRTE QUE ME ENCANTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!
      SoS una susanita collins INCREIBLE ME ENCANTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!! (ya estoy repitiendo porque no hay palabras!! XD)
      ojala que publiques un libro y te hagas re famosaaaa!!! mucha suerte y QUE NUNCA IMPIDAS ESPRESAR TUS SEMTIMIENTO Y SIGUE ESCRIBIENDO QUE PARA MUCHA GENTE ERES LA MEJOR!!! QUE TU CREATIVIDAD NUNCA DESAPARESCAA!! Forever que la suerte es te siempre te tu ladooo!!!
      MIL GRACIAS MI NOMBRE ES: Kat RivEraz (Es real el nombre :))

      Eliminar
    2. ¡Muchísimas gracias!
      No me molesta realmente los nombres, aunque no sé si meteré nuevos personajes importantes.
      De nuevo, gracias, Kat. Ojalá pudiese publicar un libro algún día pero eso resulta imposible, aún así increíble que pienses que escribo así, anima mucho.
      ¡Un saludo!

      Eliminar
  24. Hola! queria felicitarte por lo bien hecha que esta la historia, de verdad me gusta mucho, y agradecerte porque desde que termine sinsajo me quedaron muchas dudas. Ademas estaba como triste jajaja, tu historia parece que fue relatada por Susanne. Es genial tu imaginacion, espero que sigas publicando. Besos, mucha suerte.
    Lu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchísimas gracias Lu!
      Agradecerte a ti por leer, me ha hecho mucha ilusión tu comentario, seguiré publicando en Abril :)

      Eliminar
  25. Esta bien padre :') Se te van las faltas de ortografía terrible pero esta hermosa. La acabé de leer en 3 horas :) Sigue escribiendo! Muero por saber que va a pasar con Finnick

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias :)
      Siento lo de las faltas, no me daré cuenta :S

      Eliminar
    2. Cuando termine de leer los libros fue así de ¿Y ahora que hago con mi vida?, tu historia es igual de buena así que me provoca el mismo sentimiento D: Por favor no dejes de escribir ...

      Eliminar
    3. Ai, muchísimas gracias la verdad :)

      Eliminar
  26. muy buena la historia es increible!... una pregunta vengo recien onociendo este blog y ya me lei todo jajaj pero cada cuanto publicas un capitulo nuevo?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias ! Publico de nuevo en Abril :)

      Eliminar
  27. Woow me encanto encontar este blog enserio que me quede muy clavada igual que con los libros de Collins espero que sigas escribiendo en un futuro deberias pensar en sacarlo en un libro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias ! Ojalá pudiese :))

      Eliminar
    2. Tiene rason faviola deberias sacar un libro

      Eliminar
  28. realmente eres genial parece que eres Suzanne Collins tu historia me encanto no sabes como me encantaria que se hiciera pelicula con todos los actores realmente buena. Serias una gran escritora: Cuando la lei por primera vez crei que de verdad era de una escritora profesional pero ahora me doy cuenta de tu talento

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias !
      A mi si que me encantaría :')
      No lo soy, ya podría serlo, sería fantástico :)

      Eliminar
    2. muy bien oye una duda cuantos años tiene Amy ?

      Eliminar
  29. Cuando sigue con la historia
    Me encanto

    ResponderEliminar
  30. que paso despues quiero saber porfavor escribe mas finick y amy se casan? porfavor esribe cuando puedas

    ResponderEliminar
  31. Increible historia.. ya quiero saber el final...

    ResponderEliminar
  32. oye una cosa que no me queda clara... ¿que la hacen a Amy? cuando no aparece en la sala de entrenamiento .. es una duda que tengo
    un beso y me encanta ojala hicieran una pelicula de tu historia jaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, ojala se hiciera.
      Como se cita en el libro, lo mismo que a Johanna, es decir, agua y corriente eléctrica...

      Eliminar
  33. que castigo le hicieron a Johanna??

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Agua y corriente eléctrica, se cita en el libro :)

      Eliminar
  34. De verdad me encanta. Al principio pensé que esto lo había escrito Suzanne.. eres increíble y espero que en un futuro llegues a ser escritora por que la verdad se te da genial. Espero que sigas con la historia. Me leí todos los capítulos en 3 horas y me encanto la verdad. Estoy muy entusiasmada por saber que pasa con Amy y Finnick por que me encanta su historia.
    ESTOY RECOMENDADO TU HISTORIA A TODOS MIS AMIGOS FAMILIARES CONOCIDOS... espero que llegues lejos y ojala esta historia algún día pudiese llegar a sacarlo en un libro
    Un beso de Alba.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchísimas gracias Alba!
      Aquí no están los 52 capítulos porque hace bastante que no actualizo la página, pero puedes encontrarlos en 'Capitulos'

      Gracias por recomendarme, me haría mucha ilusión que esto lo conociese más gente. Sobre mi escritura, creo que exageras, pero me ha encantado tu comentario :)

      Eliminar
    2. No exagero ni un poco sobre tu escritura enserio. Eres buenisima
      ¿Cuando publicaras el proximo capitulo? Lo espero ansiosa.

      Eliminar
    3. Sí que lo haces. Pues he publicado hoy así que paciencia porque estoy de exámenes :)

      Eliminar
    4. Jaja enserio no lo hago eres maravillosa!! Okey esperare ansiosa jejeje suerte con los examenes!

      Eliminar
  35. enserio eres genial la lei en un dia publica maaaaaaaaaass que pasa despues gale los interrumpe?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En capítulos están los demás es que hace mucho que no actualizo la página de la historia completa.
      Muchas gracias :)

      Eliminar
  36. O.O Diooos esto que eees???
    Esta chulisimoo,pero no es de suzanne collins no?
    Me gustaria que lo publicaran como otro libro de ellaaaa<33

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No, es mía, Collins no escribe tan mal.
      A mi si que me gustaría, muchas gracias :)

      Eliminar
  37. Lo primero: está genial
    Lo segundo: me he quedado con la intriga y no se donde está la continuación, me podrías ayudar?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo primero: muchas gracias
      Lo segundo: http://losjuegosdelhambrecontinuan.blogspot.com.es/p/capitulos.html ahí tienes todos los capítulos publicados hasta ahora :)

      Eliminar
  38. Hola porfavor me gustaria que siguieras cn la historia y saber si saldran de la arena pliss siguela estoy ansisosa un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, no puedo decirte si saldrán o no, tendrás que leer hasta el final :)

      Eliminar
  39. ME HE LEIDO TODO! :-)
    No sé de donde sacas tanta imaginación. Escribes genial, de hecho, parece que eres la propia Suzanne Collins! CREO QUE CON ESTO VAS A LLEGAR AL...INFINITO Y MÁS ALLÁ! :-P

    espero darte toda la energía para que sigas así, me muero de ganas por ver que pasa aunque no quiero llegar al final!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias :)
      Siempre comparándome con Suzanne Collins, si se enterase, estaría ofendida.

      Bueno, queda bastante pero algún día tiene que llegar el final :)

      Eliminar
  40. Es simplemente... INCREÍBLE!! Yo creo que todos los demás que han comentado y yo por supuesto estamos deseando que continúes con esta grandiosa historia por que no tengo ni palabras para describirte como me siento ahora mismo. Eres genial tia, sigue así y mucho ánimo espero poder tener contacto contigo por cierto me llamo Lidia(:
    BESOS!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias Lidia, en verdad, tus palabras animan muchísimo :)
      Gracias una vez mas y espero, sinceramente, que no te canses nunca de leer. Un saludo.

      Eliminar
  41. simplemente, el mejor blog que he leido en toda mi vida

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tengo un problemaaa!!! cuando le doy a "capítulos" bajo hasta el ultimo y me pone que el ultimo en publicar fue el 54 (el ultimo que leí fue este, el 54)y mis amigas dicen que no, que el ultimo en publicar ha sido el 57 y esque no hay manera, tambien voy a intentar conectarme a la red desde otro ordenador y te cuento valee? Besitooos, Paz.

      Eliminar
    2. Muchísimas gracias :)
      Paz, eso es porque no he debido actualizar los capitulos, lo miraré a ver, gracias por el aviso. Aun así puedes verlo dando a HOME.

      Eliminar
  42. Tengo un problemaaa!!! cuando le doy a "capítulos" bajo hasta el ultimo y me pone que el ultimo en publicar fue el 54 (el ultimo que leí fue este, el 54)y mis amigas dicen que no, que el ultimo en publicar ha sido el 57 y esque no hay manera, tambien voy a intentar conectarme a la red desde otro ordenador y te cuento valee? Besitooos, Paz.

    ResponderEliminar
  43. wow, eres la 2a mejor escritora de tidos los tiempos (despues de suzanne claro) sigue asi, y llegaras muy lejos, no dejes de escribir, tienes mucho talento, tu admiradora numero 1: maria

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ai, pues muchísimas gracias. Es todo un placer leer este tipo de cosas Maria :)

      Eliminar
  44. Hola soy una niña de 13 años que en un año se a leido los juegos del hambre 3 veces. Y como buena fan de Susanne e de decir que eres igual que ella. Con tus capítulos me e enganchado igual que con los 3 libros (que no es poco). Y como mucha gente que a leido tu blog te animo a que sigas escribiendo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, es todo un honor escuchar algo como que ''me parezco a Suzanne en cuanto a forma de escribir'' lo cierto es que anima muchísimo, espero que sigas leyendo :)

      Eliminar
  45. Hola tengo 14 años y me encanta tu libro me he terminado todo lo que has escrito en solo dos dias porque es fantastico de verdad que escribes muuuuuuuuy bien quiero que sigas porque no puedo esperar a seguir leyendo de verdad que me encamtaaaa haces que olvide todos mis problemas cuando seguiras???
    Besos y mil gracias por un libro tan estupendo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, ha sido increíble lo que has dicho y me alegro muchísimo. Seguiré en cuanto pueda, este verano me trae de cabeza la verdad :)
      Un saludo !

      Eliminar
    2. dios me has respondido jhsjdbejshag

      Eliminar
  46. Holaa! Lo primero que quiero decirte es que me encanta tu blog! Tu historia es fantástica y estoy ansiosa por leer todos los capítulos que queden hasta el final.
    Lo segundo que soy nueva en blogger desde hace unos días y que me encantaría que te pasases por mi blog y me dieses tu opinión (:
    Un beso!
    historiasdepelicula.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo primero decirte que muchísimas gracias y lo segundo decirte que me pasare en cuanto pueda a ver tu blog :)

      Eliminar